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	<title>Iglesia en Marcha &#187; Haiti</title>
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	<description>Noticias Cristianas</description>
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		<title>HAITI UN AÑO DESPUÉS</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Apr 2011 02:46:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Haiti]]></category>
		<category><![CDATA[HAITI UN AÑO DESPUES]]></category>

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		<description><![CDATA[La esperanza surge cuando los misioneros nacionales predican el evangelio La esperanza de Haití está en la predicación del evangelio por parte de las misiones nacionales, las cuales dan al país el apoyo que necesita, indica la directora de Haití en Christian Aid, Rae Burnett. Ella dirigió la operación de emergencia ante el terremoto mortal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: black; font-family: Arial; font-size: x-small;">La esperanza surge  cuando los misioneros nacionales predican el evangelio </span></p>
<p><span style="color: black; font-family: Arial; font-size: x-small;">La esperanza de Haití  está en la predicación del evangelio por parte de las misiones nacionales, las  cuales dan al país el apoyo que necesita, indica la directora de Haití en  Christian Aid, Rae Burnett. Ella dirigió la operación de emergencia ante el  terremoto mortal del año pasado y está en contacto regular con las misiones  nacionales que cuentan con la asistencia de Christian Aid.</p>
<p>&#8220;Millones de dólares fueron invertidos en el  país, pero la ayuda humanitaria por sí sola nunca resolverá los problemas de  Haití&#8221;, dice Burnett. &#8220;La destrucción fue masiva. Un  millón está sin hogar. Naturalmente hablando, la situación es desesperada. Pero  el evangelio de Cristo trae esperanza.<br />
&#8220;Como directora de Christian Aid para África, lo he visto una y otra vez&#8221;, dice Burnett. &#8220;Un misionero nacional lleva el evangelio a un  área. Los aldeanos responden y se planta una iglesia. Poco a poco, vemos como la  luz de Cristo impregna sus vidas, y estas cambian. Su vida espiritual afecta a  su vida física y las condiciones se transforman. Cristo se refleja a través de  ellos. No se les impone un cambio desde el exterior. Nuestro trabajo es  proporcionar los medios financieros para que los misioneros locales puedan  cumplir lo que el Señor les ha llamado a hacer en su país. A medida que nuestras  ofrendas llevan alivio al sufrido, se abren las puertas para que el ministro del  evangelio también pueda predicar.<br />
&#8220;Sabía que Haití había sido poblada por  esclavos africanos, pero aún así me sorprendí al ver las similitudes. La cultura  y la mentalidad es 100% africana. Los vudú, traídos de la patria y se mezclaron  con el catolicismo romano, lo que produjo oscuridad, miedo y desesperanza. El  evangelio es la única respuesta, y es llevado a través de misioneros  nacionales.&#8221;</p>
<p>Haití está dividido en diez &#8220;distritos&#8221;,  como nuestros  estados. Dado al gran sismo de hace un año, Christian Aid ha respondido con ayuda de emergencia para reparar un  vehículo de la misión, que sirve como una ambulancia en el Oeste, para  reconstruir una iglesia en el Norte, y para alimentar a las víctimas sin hogar  en una ciudad de carpas en Puerto Príncipe.</p>
<p>&#8220;El alcance de estos  ministerios afecta todo el país de Haití&#8221;, dice Burnett, &#8220;pero las necesidades son enormes. Las necesidades  más grandes actualmente son ayuda médica y alimentos. Mientras, las personas  están reconstruyendo sus casas e iglesias.&#8221; Las contribuciones para ayudar a los  misioneros nacionales de Haití se están recogiendo a través del Internet o  llamando a Christian Aid.<br />
Los brotes de cólera  continúan debido al agua contaminada, y hay una gran necesidad de cloro,  desinfectantes para las manos, y pastillas de purificación de agua, dice un  líder nacional en Cayes.</p>
<p>&#8220;Por favor, ayúdeme a ayudar a mi gente&#8221;,  declara. &#8220;El suministro de estas cosas simples ayuda a mantener con vida a  algunas personas. Abre las puertas para que podamos explicar y ministrar el amor  de Jesús. Estoy orando para obtener más ayuda.&#8221;<br />
Se necesita con urgencia el  apoyo misionero. Sólo $100 al mes ayudarán a sostener un obrero misionero  cristiano que brinde servicios médicos ($1,200 al año). Huérfanos y niños con  hambre pueden ser sostenidos por $50 al mes o $600 al año. &#8220;Los costos de todo  son mucho más altos, a raíz del terremoto&#8221;, explica Rae.</p>
<p>Otras necesidades urgentes en este momento son  $20,000 para un vehículo de cuatro ruedas, $15,000 para la reparación de un  orfanato, y $20,000 para una escuela en Puerto Príncipe. El edificio que tenía  la iglesia anteriormente fue destruido, y estaba situado en un terreno  alquilado, el ministerio quiere comprar un terreno para construir un templo  propio. El costo total de la sede del ministerio, compuesto por una sala de  reuniones, y viviendas para los trabajadores es de $120,000.</p>
<p>Christian  Aid Mission fue fundada en  1953 por Bob Finley. En la actualidad asiste a 796 misiones nacionales que  tienen 80,000 misioneros nacionales que trabajan entre 3,000 tribus y naciones.  Christian Aid es un enlace a las misiones nacionales  en los países pobres como Haití, donde el pueblo de Dios necesita ayuda  financiera para ministrar a  millones de sus compatriotas que sufren. </span></p>
<p><span style="color: black; font-family: Arial; font-size: x-small;">Por donaciones llamar  al 1-434-977-5650</span></p>
<p><span style="color: black; font-family: Arial; font-size: xx-small;">Fuente: Primicias de  Christian Aid</span></p>
<p><strong><strong><span style="color: blue; font-family: Arial; font-size: xx-small;">Iglesia En  Marcha.Net</span></strong></strong></p>
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		<title>MISERIA INDESCRIPTIBLE &#8211; Parte 2</title>
		<link>http://www.iglesiaenmarcha.net/2010/05/miseria-indescriptible-parte-2.html</link>
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		<pubDate>Sat, 01 May 2010 22:45:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Alvaro Pandiani]]></category>
		<category><![CDATA[Haiti]]></category>
		<category><![CDATA[Misión a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[mision medica]]></category>
		<category><![CDATA[Misión Médica a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[MISIONES]]></category>
		<category><![CDATA[OM]]></category>

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		<description><![CDATA[Informe final de la Misión Humanitaria Médica Haití de Operación Movilización (OM) Marzo 2010. Dr. Álvaro Pandiani. El jueves 11 de marzo todo el equipo uruguayo, más la canadiense mencionada (Sally), una colaboradora norteamericana, los traductores haitianos y el coordinador de campo (Claude), salimos a bordo de un pequeño y bastante incómodo microbús hacia un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><br />
</strong></p>
<p>Informe final de la Misión Humanitaria Médica Haití de Operación Movilización (OM)</p>
<p>Marzo 2010.</p>
<p>Dr. Álvaro Pandiani.</p>
<p>El jueves 11 de marzo todo el equipo uruguayo, más la canadiense mencionada (Sally), una colaboradora norteamericana, los traductores haitianos y el coordinador de campo (Claude), salimos a bordo de un pequeño y bastante incómodo microbús hacia un destino más allá de las montañas que rodean Puerto Príncipe: la región de Mirebalais. El Dr. Eddy Delaleu también fue, en un vehículo aparte junto con algunos colaboradores personales.</p>
<p>El viaje duró aproximadamente dos y media a tres horas, por una carretera bastante bien conservada que discurre por las montañas, lo que nos permitió contemplar algunos de los más hermosos paisajes de montes y valles de Haití. En la zona montañosa vimos cuarteles de cascos azules nepaleses. Cruzadas las montañas, llegamos a un pequeño poblado, dependiente de la ciudad de Mirebalais, en el que había un gran mercado rural, tipo feria. Allí nos detuvimos y ocupamos un predio al aire libre, adyacente al mercado, donde iniciamos la asistencia médica, bajo los árboles. El trabajo se extendió desde las diez de la mañana hasta las 4 de la tarde, atendiéndose alrededor de doscientos pacientes. Dos de estos debieron ser trasladados por presentar afecciones graves: una niña de cuatro años con una neumonía, y un recién nacido gravemente deshidratado. Al final del trabajo subimos al microbús a los niños con sus respectivas madres y los llevamos hasta la ciudad de Mirebalais; ésta nos impresionó más ordenada y limpia que Puerto Príncipe. Para llegar al hospital debimos cruzar un arroyo en el que vimos gran cantidad de gente bañándose y lavando ropa; el cruce debió hacerse por un puente accesorio, casi al nivel del agua, pues el puente principal había colapsado. Según pudimos saber, el Hospital de Mirebalais había sido un centro asistencial administrado por los haitianos, hasta que cubanos y venezolanos en conjunto, aproximadamente once años atrás, se hicieron cargo del mismo, modernizándolo y transformándolo casi en un centro de tercer nivel de atención. Allí nuestros pacientes fueron recibidos por la directora (cubana) del centro, luego de lo cual nos retiramos.</p>
<p>El viaje continuó atravesando otra vez Mirebalais, en sentido contrario. Salimos por otra carretera, y luego de aproximadamente una a una y media hora, tomamos un camino de tierra que discurría por lo que los haitianos llaman “forrest” (bosque), y para nosotros era francamente selva; luego de una viaje de otra hora y pico, que incluyó el cruce del lecho de un río casi seco, para lo cual no había puente, por lo que el microbús debió introducirse en el agua, llegamos a una comunidad parroquial cristiana, enclavada en medio del “forrest”, o como ellos decían “en el medio de la nada”. Allí nos alojamos hasta el día siguiente; nos fueron asignadas habitaciones, contamos con grandes latones con agua de tanque para bañarnos en duchas a medio construir (prácticamente a la intemperie; afortunadamente ya había caído la noche), y luego comimos y tuvimos nuestra reunión a la luz de las velas. Todo fue hermoso, maravillosamente exótico.</p>
<p>Ese día tuvo, sin embargo, una nota tremendamente negativa. Durante la asistencia en el mercado notamos que la gente que había concurrido por asistencia se mostraba muy demandante, generándose a cada rato altercados con los colaboradores locales, que trataban de organizar la fila. Llamó la atención ver a algunas personas con dinero en la mano. Con profunda consternación supimos que <strong>se le estaba cobrando</strong> a la gente por la asistencia médica, que nosotros brindábamos en forma gratuita. Junto con eso tuvimos la confirmación de algo que habíamos sabido el día anterior por medio de Ray Cooper: las aspiraciones políticas del Dr. Eddy Delaleu llegaban a su postulación como Presidente de Haití para el año 2011.</p>
<p>Allí donde nosotros estábamos brindando asistencia médica humanitaria gratuita a una comunidad pobre, sin acceso a servicios básicos y sin recursos, una comunidad golpeada por el infortunio y la miseria, otros estaban cobrando dinero. Peor aún, lo que nosotros hacíamos como una obra de misericordia, inspirada en el Espíritu de Jesús e impregnada de amor cristiano, otros lo estaban usando para anunciar a un político como candidato. La consternación que sentimos todos los integrantes del equipo uruguayo dio paso al rechazo al sentirnos utilizados de esa manera; la primera reacción fue detener allí mismo la tarea. Pero se optó por poner paños fríos, y aguardar a que llegara la noche para hablar con Claude Fillingham, el coordinador del campamento y representante del fundador de ACTS. Algunos llegamos a pensar que ACTS, una organización estadounidense con fachada de entidad religiosa y humanitaria, podía estar apoyando las ambiciones políticas del Dr. Delaleu, como una vía de canalizar los intereses del gobierno de su país de origen (Estados Unidos) en Haití. Pero a pesar de todo se siguió haciendo el trabajo; se siguió ofreciendo la asistencia médica. Se hizo así, porque la gente estaba allí; la consideración fue que habíamos recorrido miles de quilómetros para llegar hasta ese lugar a ayudar a esas personas, y lo que decidimos fue hacer lo que habíamos ido a hacer. Y gracias a Dios se hizo. Luego de eso, tuvimos los dos pacientes graves mencionados, a los que, estamos convencidos, la intervención de nuestro equipo salvó la vida.</p>
<p>Esa noche hablamos con Claude sobre el tema. El norteamericano no solo negó saber nada de lo que había pasado, sino que su disgusto y angustia al enterarse de la manera en que había sido usada la obra de misericordia realizada fue tal, que llegamos a preocuparnos por su salud. Claude prometió que la situación se iba a aclarar a cómo diera lugar. Por nuestra parte, le aclaramos la posición del equipo uruguayo, y nos dimos por satisfechos con sus palabras.</p>
<p>Al Dr. Delaleu hacía horas que no lo veíamos.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>El viernes 12 de marzo amaneció muy temprano, y pudimos ver que estábamos casi al pie de unas montañas boscosas; el alba creciendo detrás de esas montañas fue un espectáculo hermoso que nos regaló aquella mañana en Haití.</p>
<p>Atendimos allí, en ese lugar “en el medio de la nada”, no obstante lo cual desde las seis de la mañana empezó a aparecer gente, que siguió afluyendo sin que supiéramos de dónde. Atendimos en total trescientos doce pacientes, debiendo suspender la tarea por la hora, dado que los coordinadores no querían que nos cayera la noche fuera de Puerto Príncipe, y debimos ir nuevamente a Mirebalais para llevar desde allí otros dos pacientes: un niño de alrededor de diez años con un cuadro compatible con meningitis, que lucía muy grave (otra imagen de lo peor de África, en Haití), y un anciano con una neumonía también grave. Ambos fueron llevados al Hospital de Mirebalais, donde fueron recibidos gentilmente por la doctora cubana en funciones de directora, quién con amable sonrisa nos pidió que en el futuro volviéramos solo como visitantes.</p>
<p>Llegamos al campamento entre las seis y las siete de la tarde. Nos encontramos con la llegada de otro equipo proveniente de los Estados Unidos. En la reunión de la noche, uno de los coordinadores locales dijo que el equipo uruguayo podía ser reconocido porque siempre estaba haciendo una de tres cosas: tomando mate, cantando o riendo. Así nos veían, según este coordinador. En días sucesivos sabríamos que ellos estaban observando también otros aspectos de nuestra conducta y accionar, y que un poderoso testimonio estaba siendo dejado por el equipo, en medio de aquel campamento.</p>
<p>Esa noche el equipo norteamericano llegado el martes anterior, que debía abandonar Haití al día siguiente (sábado 13), se encontró con que la aerolínea que trabajaba en convenio con ACTS, por la cual los equipos provenientes de Estados Unidos habían obtenido sus pasajes, había roto dicho convenio; por lo tanto, todos los hombres y mujeres que debían volver a Estados Unidos al día siguiente se encontraron varados en Haití. La desesperación de aquellas personas era verdaderamente conmovedora, y a varios de ellos les manifestamos nuestra solidaridad y apoyo en oración.</p>
<p>Ante esta situación, y sabiendo que nuestra vía de salida de Haití y regreso a Uruguay era por completo independiente de ACTS, personalmente me sentí como protegido en un capullo, en el hueco de la mano del Señor. Extrañamente sereno en medio de la universal desesperación, traté de expresar a quienes estaban en semejante trance que oraríamos por ellos, y que el Señor les daría la solución. Todos los uruguayos lo hicieron así, y en nuestra reunión nocturna de trabajo oramos por ellos.</p>
<p>Aquella noche, el generador siguió funcionando hasta mucho después de medianoche.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>El sábado 13 de marzo se realizó, como todos los sábados, asistencia en la Clínica solo durante la mañana, atendiéndose alrededor de un centenar de pacientes. Ese día hicimos contacto (por segunda vez en realidad) con el coronel Carlos Ramírez, comandante de la Base de la Fuerza Aérea Uruguaya en Haití, quién nos invitó a visitar la base y cenar en la misma. La tarde de ese sábado fuimos trasladados en una camioneta de OM – Haití por el hermano Wilson Joseph hasta la  Base referida, a la que llegamos a las 7 de la tarde. Allí conocimos oficiales de la  Fuerza Aérea y también de la Policía Uruguaya allí destacados como parte de la  MINUSTAH (dos oficiales de Policía que estaban alojados en la Base de la Fuerza Aérea debido a que habían perdido sus alojamientos por causa del terremoto). También conocimos allí a un uruguayo que trabaja como piloto de helicóptero para el WFP (World Food Programme – Programa Mundial de Alimentación) de la ONU. Cenamos en el Casino de Oficiales de la Base, regresando al campamento de ACTS próximo a las once y media de la noche. Volvimos en dos camionetas de la ONU, acompañados por los dos oficiales de Policía, y por el Coronel Ramírez en persona, junto a su chofer. Es de destacar el operativo que montaron para el regreso (sobre todo los policías, que salieron con equipo y armamento), y que el viaje se hizo en medio de una atmósfera de tensión ya que, como se mencionó, supuestamente había toque de queda, pero sobre todo porque, según nos contaron, los haitianos rechazan cada vez más la presencia del personal de Naciones Unidas, llegando a apedrear y atacar sus vehículos. Gracias a Dios, llegamos al campamento sin sufrir incidentes.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>El domingo 14 de marzo en la mañana fuimos llevados por el hermano Wilson Joseph al culto en su Iglesia (Eglise Methodiste de Thor). El servicio se desarrolló en francés, proporcionándonos los hermanos algunos traductores al español.</p>
<p>Me es imposible no destacar el hecho de que, frente mismo a la Iglesia, a escasos metros de la entrada, una casa de grandes proporciones había caído hasta quedar reducida a escombros, mientras que el templo de la Iglesia se había mantenido en pie. En la misma entrada del templo había carpas de gentes sin hogar, allí refugiadas.</p>
<p>También es de destacar lo que experimentamos durante el canto desarrollado por los haitianos; aunque cantaban en su idioma, que apenas comprendíamos, el Espíritu del Señor se movió de una manera maravillosa, sacudiendo y quebrantando el corazón de todos.</p>
<p>Esa tarde fuimos invitados a almorzar en la  Iglesia, y compartimos un rato muy ameno y fraternal con los hermanos de esa congregación, que nos recibieron y trataron con mucho amor y consideración. Posteriormente, el hermano Wilson Joseph nos llevó a un lugar donde pudimos comprar artesanías y recuerdos para nuestras familias. Regresamos al campamento al anochecer.</p>
<p>La tarde de ese domingo estuvo jalonada por otro hecho peculiar. Reunidos circunstancialmente algunos de nosotros, junto con colaboradores norteamericanos del área de administración de la Clínica, el Dr. Eddy Delaleu hizo referencia a lo sucedido el jueves anterior en el mercado rural, y enfáticamente deslindó toda responsabilidad con quienes habían estado cobrando a las personas por la atención médica, agregando que se encargaría de que algo así no volviera a ocurrir.</p>
<p>No hicimos comentarios.</p>
<p>El día libre y la compra de recuerdos nos hicieron sentir la proximidad del fin de la misión; sin embargo, aún quedaban varios días de trabajo.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>El lunes 15 de marzo atendimos en la  Clínica. Dado que ese día un equipo formado fundamentalmente por integrantes del grupo llegado desde los Estados Unidos el viernes anterior había partido hacia un punto fuera de Puerto Príncipe (cuyo nombre no nos fue comunicado, o no retuve si lo fue), no contamos con todos los traductores, y por lo tanto el trabajo se vio limitado. Aún así, atendimos casi cuatrocientos pacientes.</p>
<p>La noche de ese día llegó otro nutrido y variopinto grupo proveniente de los Estados Unidos. A cargo del mismo venía el Dr. Martin Thornton, quién desde ese día asumió (para mi tranquilidad) el cargo de Director Médico de la Clínica. El Dr. Thornton hablaba algo de español, y se reveló como un hombre muy sencillo y humilde, con el cual pudimos entablar un agradable vínculo. Este colega ponderó mucho el trabajo realizado por el equipo uruguayo, apenas al día siguiente de haber llegado; dicho tan rápido parecía una formalidad, pero según nos manifestó, su ponderación surgía de lo que le habían contado los coordinadores de la Clínica, fundamentalmente Claude. Thornton también nos compartió, al tercer día de su llegada, las impresiones que estaban dejando en todo el personal de la Clínica nuestros devocionales matinales; agregó que le gustaría lograr algo similar con su equipo, algo que le resultaba difícil por lo grande y heterogéneo de su grupo, cuyos integrantes procedían de diferentes puntos de los Estados Unidos. Esto también nos dio la pauta del testimonio cristiano que estábamos dejando, en forma espontánea y no planificada, entre los integrantes del staff de ACTS y Operación Hope, los cuales, como ya se dijo, no eran todos cristianos.</p>
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<p>El martes 16 de marzo partimos nuevamente en el microbús hacia la pequeña ciudad de Leogane,  a la que arribamos tras aproximadamente dos horas de viaje. Junto al equipo uruguayo fueron dos o tres enfermeras estadounidenses, que atendían por su lado y ocasionalmente consultaban con alguno de los médicos uruguayos, y también la canadiense Sally, la cual, como se dijo antes, siempre estaba junto a nuestro equipo. La asistencia allí se hizo, nuevamente, al aire libre; vimos algunos casos clínicos interesantes, que fueron comentados en la reunión de trabajo de la noche, pero no fue necesario trasladar a ningún paciente a un centro hospitalario. Atendimos, en total, cuatrocientos sesenta y cinco pacientes. Regresamos al campamento en Puerto Príncipe con la caída del sol.</p>
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<p>El miércoles 17 de abril fue nuestro último día de trabajo en Haití; iniciamos la tarea en el horario habitual, contando con aún menos traductores, pues algunos se habían ido con la segunda Clínica Móvil. Desarrollábamos nuestra tarea con normalidad cuando, sobre las once de la mañana, supimos que el equipo de la Clínica Móvil regresaba pues, según nos contaron, no encontraron en el lugar al que habían ido las adecuadas “condiciones de seguridad” para trabajar. Dado que este equipo, formado íntegramente por miembros del grupo recién llegado de Estados Unidos, volvió a la Clínica, nos propusieron ser relevados en el trabajo ese día; ante esto, decidimos continuar hasta el mediodía, para luego suspender nuestra tarea médica definitivamente.</p>
<p>En la tarde nos reunimos con Wilson Joseph y Marc-hancy Saintcharles, yendo con ellos al <em>Auberge du Québec</em>, en cuyo restaurante compartimos una muy buena velada,  en la que compartimos nuestros testimonios, e impresiones sobre el trabajo evangelístico y espiritual en Haití. Volvimos al campamento de ACTS antes de la caída del sol.</p>
<p>En la noche regresó el grupo que había partido la mañana del lunes anterior hacia un campo de trabajo fuera de Puerto Príncipe. Entonces nos enteramos que habían atravesado por situaciones difíciles, pues pasaron carencias diversas, y además les había tocado recibir personas gravemente enfermas y el equipo <strong>no había llevado médicos</strong>; no supimos las causas de la mala planificación del trabajo de este grupo, no nos fueron comentadas, y tampoco las preguntamos.</p>
<p>Esa noche, en la reunión de trabajo del campamento, se anunció nuestra partida para el día siguiente. El hermano Pablo Vázquez compartió espontáneamente unas palabras, y cantó por última vez entre aquellas personas.</p>
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<p>El jueves 18 de marzo nos levantamos muy temprano, pues no estábamos seguros si el transporte llegaría a las siete, o a las diez de la mañana. Luego de nuestro tiempo devocional, desayunamos y nos dispusimos a aguardar. Mientras, se multiplicaban las despedidas, que ya habían comenzado la noche anterior, y de las cuales las más emotivas fueron con los traductores haitianos que habían trabajado tan estrechamente con nosotros, y con Claude, que tan difícil situación tenía aún que enfrentar como representante de ACTS en el lugar. Llegaron las ocho de la mañana, y el lugar de espera de la  Clínica ya estaba lleno de gente, de pacientes haitianos que venían a consultar, a buscar la ayuda médica que allí se les pudiera dar, sin que les cobraran por la misma. Dentro de la Clínica seguía el trabajo, la intensa rutina de trabajo, de asistencia de pacientes que llegaban en un goteo continuo y al parecer interminable. En tanto, nosotros aguardábamos, con nuestros equipajes prontos, y las carpas ya limpias y entregadas.</p>
<p>Finalmente, a las diez de la mañana llegó la camioneta de Servitur, con Peter al volante. El dominicano metió el vehículo casi hasta el fondo del terreno, y Claude vino tras él diciéndole un montón de cosas en inglés, tal que al verme Peter me dijo: “no sé qué quiere este norteamericano, me está volviendo loco”. Sin embargo, todo anduvo bien; cargamos maletas y bolsos, y luego de más despedidas emotivas, a las diez y veinte de la mañana (once y veinte, hora dominicana), los ocho uruguayos más Sally Kupp, la enfermera canadiense, abandonamos la Clínica.</p>
<p>El viaje a Santo Domingo nos llevó varias horas, incluida una que perdimos en la frontera haitiano – dominicana, tal que llegamos a la capital siendo casi las ocho de la noche. Entonces fuimos a cenar a un restaurante al que nos llevó Peter (a quién invitamos a comer con nosotros): el  <em>Adrián Tropical</em>, a orillas del mar.</p>
<p>Del <em>Adrián Tropical</em> fuimos a la casa de los pastores que nos habían alojado a nuestra llegada, llegando a las once y media de la noche. Allí pernoctamos.</p>
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<p>El viernes 19 de marzo a las tres de la madrugada estábamos en pie. En ese momento, reunidos los nueve, oramos por Sally, quién recibió a Jesús en su corazón. A las tres y media Peter llegó con la camioneta para trasladarnos al aeropuerto. Entonces nos separamos definitivamente de Sandra y de Sally, quienes permanecieron en República Dominicana unos días más.</p>
<p>En el aeropuerto de Santo Domingo tuvimos nuestro penúltimo devocional, y tras un vuelo de unas dos horas en un avión de COPA Airlines, estuvimos otras tres horas en tránsito en el aeropuerto de Panamá, donde tuvimos nuestro último devocional como equipo. Luego abordamos otro vuelo de COPA hacia Montevideo.</p>
<p>Llegamos al aeropuerto de Carrasco a las 21:15, según estaba previsto. Luego de la despedida, el equipo se separó para reunirse con sus familias.</p>
<p>0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000</p>
<p><strong>Reflexiones finales.</strong></p>
<p>Es imposible participar de una tarea de este tipo, y no quedar profundamente sensibilizado por la realidad con la que se toma contacto al llegar al lugar mismo de la calamidad, y atender directamente a los que sufrieron y sufren las consecuencias del desastre. Como ya fue expresado, los días son intensos, bien que el trabajo es agotador. Pero también se viven intensamente, no solo en el aspecto del trabajo médico, sino también en el humano, en el relacionamiento con los enfermos, y sobre todo en este caso, con los colaboradores y coordinadores locales. Nosotros creíamos que debíamos evangelizar a cada paciente a la manera tradicional, mediante una presentación hablada, extensa y pormenorizada del evangelio de Cristo, y cuando las dificultades derivadas de la barrera idiomática, las limitaciones impuestas por la organización bajo cuya égida trabajamos, y la propia intensidad del trabajo asistencial, entorpecieron ese ideal de cómo debía ser la “evangelización”, eso repercutió en el ánimo de todos. Sin embargo, como ya fue expresado también, por la gracia de Dios el grupo estaba dejando un testimonio de amor cristiano que permeó los corazones de muchas personas, y las reacciones y devoluciones a ese testimonio vinieron de direcciones inesperadas: los traductores, y el personal extranjero de ACTS en Haití; en algunos casos también, por supuesto, de los propios pacientes.</p>
<p>Estoy seguro que serán inolvidables para todos los miembros del grupo uruguayo las palabras de agradecimiento de los traductores haitianos; ninguno de ellos dejó de mencionar la inmensa gratitud que sentían hacia nosotros por haber dejado nuestro país y recorrido miles de quilómetros con el fin de ayudar al pueblo haitiano. Recuerdo a uno de ellos diciendo “gracias, gracias, gracias”; a otros preguntando si alguna vez volveríamos a Haití; a otros más solicitando que los recordáramos en nuestras oraciones, y también pidiendo que no les olvidáramos.</p>
<p>Uno de los testimonios más removedores y conmovedores llegó vía e-mail, cuando ya estábamos de regreso en Uruguay. Ray Cooper nos contaba que uno de aquellos traductores haitianos dijo a los líderes de ACTS: <em>“No creo que yo sea cristiano. Crecí en un hogar, cristiano, leí la Biblia, fui a la Iglesia, pero no tengo a Cristo en mi corazón como el equipo uruguayo. Yo quiero tener lo que ellos tienen en su corazón”</em>. El mismo Claude Fillingham, nuestro “Base Camp Commander”, quién cuando terminábamos de cargar las maletas en la camioneta de Servitur y ya partíamos se acercó y me dijo: <em>“los voy a extrañar, muchachos”</em>, escribió en la certificación del trabajo que realizamos (entre otras cosas): <em>“Fue con gran compasión y dedicación que el equipo trabajó para hacer cambios significativos en la salud física, mental y espiritual del pueblo haitiano”</em>.</p>
<p>Y nosotros le damos gracias a Dios por haber podido dejar ese testimonio; a Él sea la gloria.</p>
<p>Antes de finalizar, merece destacarse otro aspecto del trabajo del equipo uruguayo de OM en Haití: el funcionamiento fue tan armónico, la unidad de propósito y de espíritu tan evidente, que varios de los extranjeros con los que allí trabajamos nos preguntaron si es que veníamos trabajando juntos desde tiempo atrás. Y no era ese el caso; no fue ese el caso. La unidad nació, creo, de la unanimidad en el sentir que nos reunió para viajar juntos y trabajar juntos allá en Haití. La <em>compasión y dedicación</em>, a la que se refirió Claude Fillingham, nacieron del anhelo, la intención y las ganas de hacer con amor, en el nombre del Cristo en el que creemos, una obra de misericordia a favor de personas necesitadas de ayuda.</p>
<p>Otra vez, a Dios sea la gloria.</p>
<p>Para finalizar, quiero citar algunos conceptos vertidos en el informe final de la Misión a Sri Lanka, en el año 2005, informe en el cual a su vez cité algunas ideas que escribí por primera vez cuando regresé de El Salvador, hace nueve años. Tienen que ver con las perspectivas de futuro para misiones humanitarias de este tipo, realizadas desde Uruguay; entonces escribí que estas misiones podrían constituir incluso: un ministerio; una forma particular de servicio a Dios, a través de este servicio de atención médica al prójimo, en situaciones tan particulares como las que surgen después de un desastre natural, o provocado por el hombre. Tras un terremoto, un maremoto, o una guerra. Algunos ya lo ven como tal. El inicio de un ministerio; algo nuevo, por lo menos para nosotros los uruguayos. No un trabajo misionero tradicional; un ministerio de predicación, evangelismo, plantación de iglesias o apoyo a la iglesia local. Más bien, un servicio de amor puesto en marcha ante la emergencia. Ante la emergencia del sufrimiento, la enfermedad, el desastre y la tragedia. Un ministerio que consista en poder salir a cualquier punto del planeta para tender la mano a quién ha sido golpeado por una realidad devastadora y cruel, sin importar su cultura, nacionalidad, religión, ni siquiera su idioma, porque siempre hay una manera de comunicarse. El amor de Dios en acción, llegando a cualquier lugar del mundo desde este pequeño país. Se pudo en El Salvador…se pudo en Sri Lanka (y ahora también en Haití), porque esta idea loca está, creo yo, en el corazón de Dios. Por eso sé que lo hecho no fue en vano, que fue útil, que dará frutos. Pero… también en Uruguay debe dar frutos…El fruto más importante será la continuidad de este ministerio médico humanitario, allá donde la necesidad surja y podamos ir, como parte del Cuerpo de Cristo, tendiendo una mano que alivie el sufrimiento y enjugue las lágrimas, donde sea. Por ahora, una utopía. En manos de Dios, ¿quién sabe?</p>
<p>Hoy, luego de haber estado en Haití, después de haber visto lo que vi y hecho lo que hice, sigo pensando de la misma manera.</p>
<p><strong><strong><span style="font-family: Tahoma; color: blue; font-size: xx-small;">Iglesia En  Marcha.Net</span></strong></strong><span style="font-family: Arial; font-size: x-small;"> </span></p>
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		<title>MISERIA INDESCRIPTIBLE &#8211; Parte 1</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Apr 2010 18:19:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Dr. Alvaro Pandiani]]></category>
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		<description><![CDATA[Informe final de la Misión Humanitaria Médica Haití de Operación Movilización (OM). Marzo 2010. Dr. Álvaro Pandiani. La madrugada del jueves 4 de marzo de 2010, a las 4:09, partió desde el Aeropuerto Internacional de Carrasco el equipo de la Misión Humanitaria Médica Haití de Operación Movilización (OM &#8211; Uruguay), integrado por siete profesionales de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Informe final de la Misión Humanitaria Médica Haití de Operación Movilización (OM).</p>
<p>Marzo 2010.</p>
<p>Dr. Álvaro Pandiani.</p>
<p>La madrugada del jueves 4 de marzo de 2010, a las 4:09, partió desde el Aeropuerto Internacional de Carrasco el equipo de la Misión Humanitaria Médica Haití de Operación Movilización (OM &#8211; Uruguay), integrado por siete profesionales de la salud cristianos evangélicos uruguayos: Álvaro Pandiani – médico (jefe de equipo), Lázaro Sánchez – enfermero (segundo jefe del equipo), Mauricio Amaral – médico (tesorero), Inés Montesano – médico (tesorera), Matías Lateulade – médico (encargado de insumos médicos), Pablo Vázquez – enfermero (encargado de insumos médicos), y Silvana Vargas – enfermera (encargada de insumos generales).</p>
<p>Abordamos el vuelo de COPA Airlines rumbo a Panamá, en cuyo aeropuerto hicimos conexión con otro vuelo de COPA hacia Santo Domingo, adonde llegamos a las 13:10 (hora de República Dominicana). Llevábamos con nosotros 150 kilos en insumos médicos, adecuadamente rotulados como tales, los cuales pasaron sin costo por gentileza de la aerolínea; vimos la mano de Dios sobre nuestra misión desde el inicio en esto, así como en el hecho de que todos los bultos de insumos (eran 19 bultos, algunos muy “abultados”), y todos nuestros equipajes, llegaron a destino sin problemas, y no perdimos ni debimos reclamar nada ante las oficinas de la compañía aérea.</p>
<p>Nos recibió en el aeropuerto Sandra Romaniuk, enfermera y misionera uruguaya que había viajado hacia Haití con el equipo de Proyecto América el 26 de enero pasado, y que tras una semana de trabajo allí se trasladó a Santo Domingo, donde aún permanecía, y quién cumplió un importante papel coordinando nuestro alojamiento en la capital dominicana hasta el día siguiente, y el traslado hacia Puerto Príncipe, así como el itinerario inverso, una vez finalizado el trabajo. Sandra se unió al equipo como encargada de insumos generales, junto a la hermana Silvana Vargas.</p>
<p>Junto con Sandra venía el pastor Zorrilla (hijo). Nos trasladamos a la casa de dichos pastores, en Santo Domingo Norte, donde nos alojamos. Esa tarde hicimos una breve recorrida por el barrio, fundamentalmente procurando soluciones al problema de las comunicaciones con Uruguay. En la noche, luego de cenar con la familia que nos alojó, tuvimos nuestra primera reunión de trabajo, con la presencia del pastor Zorrilla, un verdadero patriarca negro que nos ilustró abundantemente sobre la situación espiritual y política de su país, y luego hizo una sentida oración por el equipo.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>El viernes 5 de marzo nos levantamos a las cuatro de la mañana y tuvimos nuestro primer devocional, los ocho juntos. Luego de un desayuno frugal, salimos hacia Puerto Príncipe en una camioneta equipada con tráiler, perteneciente a la empresa dominicana de transportes Servitur, con un chofer profesional de nombre Peter, cuyo don de gentes y solvencia en el camino nos llevó a solicitar que la empresa lo enviara para el regreso, lo que obtuvimos.</p>
<p>El viaje a Puerto Príncipe insumió aproximadamente unas 8 a 9 horas, incluyendo 2 horas que estuvimos detenidos en la frontera, en un escenario bizarro compuesto por un camino en pésimo estado, por momentos sendero de tierra, cerca de la orilla sucia de un lago de aguas estancadas, sobrevolado por cuervos; nuestro vehículo estuvo largo rato detenido junto a enormes camiones de la Cruz Roja Dominicana, el WFP (Programa Mundial de Alimentación), y otras organizaciones humanitarias, vehículos particulares (autos, camionetas, microbuses), numerosas motos en las que viajaban una, dos, tres o cuatro personas, que se metían a bocinazos por todas partes, cientos de peatones particulares, policías, soldados dominicanos en uniformes similares a los usados por USA en Irak, y algunos cascos azules de la ONU. El cruce de la frontera se logró finalmente gracias a la decisión (por momentos prepotente decisión) con que nuestro chofer ignoró las más elementales leyes de tránsito y se lanzó a contramano en tercera y cuarta fila por la izquierda, hasta atravesar la línea del borde, sin que a ningún representante de la autoridad de frontera le llamara la atención: solo reaccionaban indicándonos por dónde pasar; parecían interesados nada más en que nos fuéramos de allí. De hecho, pasamos sin ser registrados y sin que fueran chequeados ni sellados nuestros pasaportes.</p>
<p>El cruce de la línea fronteriza fue impactante por el abrupto cambio de paisaje; el aceptable orden del lado dominicano se transformó en un opresivo espectáculo de hacinamiento, precariedad y pobreza, palpable en el miserable mercado público que bordeaba la ruta. Eso más el pésimo estado de la carretera y la evidente pobreza del suelo, colinas de caliza con escasa vegetación, incrementaban la sensación de haber ingresado a un país indigente, desafortunado, en el que la calamidad era una realidad cotidiana.</p>
<p>Y aún no habíamos llegado a Puerto Príncipe.</p>
<p>El impacto visual que representó la llegada a la capital solo fue superado por el impacto moral que produjo circular por las calles de la ciudad, atestadas de vehículos y de gente. Lo primero que llena el paisaje al entrar a Puerto Príncipe son los extensos campamentos que bordean las vías de tránsito; literalmente, miles de personas sin hogar se hacinan en esos campamentos, refugiándose en tiendas de todo tipo, algunas bien armadas, y otras simples lonas tendidas entre palos y cuerdas para protegerse de los elementos. Los enormes campamentos de refugiados sin hogar fueron una constante que vimos por toda la ciudad; ya en el sector urbano propiamente dicho, estos campamentos se ubican casi exclusivamente en predios de organizaciones diversas, en general religiosas, tales como terrenos de iglesias (católicas y protestantes), pero también organizaciones humanitarias, como un campamento de grandes proporciones que vimos en un gran predio perteneciente a Médicos Sin Fronteras. Por lo general, estos terrenos están cercados por altos muros y protegidos por portones que se cierran durante la noche, y algunos tienen custodia de hombres armados con escopetas; esto debido a la grave inseguridad que se vive en Puerto Príncipe, sobre todo por las noches, tema sobre el que hay más para contar.</p>
<p>Aquella primera recorrida por las calles de la ciudad resultó abrumadoramente gráfica. Las palabras que mejor definen el estado de la capital y su gente son: precariedad y miseria. Precariedad que antecede los terribles efectos del terremoto del 12 de enero pasado, y que se ve en el deplorable estado de deterioro de las calles, la casi inexistencia de veredas, la decadencia de las edificaciones que aún siguen en pie, entre las que alternan por todas partes los escombros y restos derruidos de los edificios que cayeron; todo tiene un aspecto general sucio y empercudido, un aspecto de abandono, de absoluta falta de mantenimiento, de inexistencia de servicios públicos. A esto se añade la profusión de zanjones y cañadas utilizados como vertederos de basura por los habitantes de la ciudad, en el fondo de los cuales, en varios lugares, pudimos ver piaras de cerdos alimentándose de los deshechos allí arrojados.</p>
<p>Allí viven millones de haitianos, a los que vimos en esa primera tarde en Puerto Príncipe moverse a pie o en vehículos, en medio de un tránsito caótico y desenfrenado, junto al cual el tránsito de Sri Lanka (que nos había puesto los pelos de punta) parece bastante ordenado, y el tránsito de Montevideo es un remanso de quietud y respeto a las leyes. Los haitianos manejan a lo loco, siempre avanzan primero, desconocen las más elementales normas de tránsito, se meten a contramano a bocinazos, se lanzan a los cruces sin mirar (vimos muy pocos cruces con semáforos), entran o salen de las avenidas sin importarles quién viene, hacen cambio de frente en plena calle, atestada de vehículos que circulan en ambas direcciones, deteniendo el tránsito hasta acabar su maniobra, y los pocos policías que vimos, frustrados, poco y nada pueden hacer. En los embotellamientos, que son permanentes, buscan pasar lanzándose a contramano, y cuando la fila también está bloqueada, se lanzan más hacia la izquierda buscando la otra fila (y el que viene de frente que frene o se las arregle), y así hasta llegar a subirse a la vereda del otro lado, y los peatones a buscar refugio. Cuando finalmente quedan embotellados, se bajan de los vehículos, se hacen indicaciones, discuten a los gritos, que parece que ya se toman a golpes de puño, y luego se saludan y siguen tranquilamente su camino.</p>
<p>Así viven millones de haitianos, en medio del caos y la precariedad, y a muchos los vimos parados en las calles, a veces en grupos, de brazos cruzados, sin nada que hacer aparentemente, con la falta de expectativas y la desesperanza en los ojos; existiendo en medio de una miseria que por momentos roza lo indescriptible.</p>
<p>Finalmente, frente al Aeropuerto de Puerto Príncipe encontramos por “casualidad” a Ray Cooper, nuestro contacto de OM – Estados Unidos, quién junto a Marc-hancy Saintcharles, de OM – Haití, nos condujo a la  Clínica de ACTS World Relief, en el barrio Carrefour, calle Diquini 63, frente al Hospital Adventista. Allí empezamos a comprender por fin el contexto en el que íbamos a trabajar. ACTS World Relief es una organización humanitaria estadounidense de extracción religiosa adventista, en donde trabajan personas de diversas denominaciones cristianas, algunos cristianos nominales, e incluso no creyentes (o por lo menos, no practicantes). El director del campamento era Claude Fillingham, enfermero de origen estadounidense, que llevaba en Haití casi 2 meses, habiendo llegado pocos días después del terremoto del 12 de enero. El director médico en ese momento era el Dr. Brown, también estadounidense. La Clínica funciona en la sede de la  OHFCOH (Operation Hope For the Children Of Haití), entidad fundada por el Dr. Eddy Delaleu, un haitiano de aspecto culto y refinado, que se presentó en todo momento como cristiano. La sede consistía en una casa de grandes dimensiones, muy bien construida pues no mostraba signos de daño derivados del reciente terremoto. La casa y los terrenos circundantes están retirados aproximadamente unos cincuenta metros de la calle, siguiendo una senda de tierra enmarcada por altos muros que la separan de las fincas vecinas; antes de llegar se atraviesa una cañada de unos tres metros de ancho, por unos dos a dos y medio metros de profundidad, increíblemente atiborrada de basura. El interior de la casa cuenta con una oficina de administración, abierta a todos los integrantes del staff; una oficina de dirección, solo para los jefes y coordinadores; áreas de asistencia con hasta diez estaciones (no divididas en consultorios), más una estación privada para exámenes físicos de áreas sensibles al pudor; farmacia; cocina, y tres baños, de los cuales dos contaban con duchas. La casa tiene un patio posterior, vedado al público en general, en el que se realizaban cada día las reuniones de trabajo, a las 7:30 y 19:30 horas; este patio estaba a su vez enmarcado por una cinta amarilla similar a las líneas de demarcación policial, tras la cual se encontraban las carpas del personal extranjero. No supimos sino hasta los últimos días que los haitianos que trabajan como voluntarios para ACTS (traductores y personal de seguridad), <strong>no podían</strong> traspasar esa línea; solo podían hacerlo los miembros de la familia haitiana que trabajan como caseros (y viven) en la finca.</p>
<p>Ese viernes 5 la reunión de trabajo se realizó en el interior de la casa debido a la lluvia; luego se nos asignaron dos carpas en el fondo del predio, en el límite de la zona de césped y a escasos metros de la cañada antes mencionada, de la que el terreno no estaba aislado pues el muro divisorio estaba derruido casi en toda su extensión. En esa zona del predio se contaba con dos duchas de campaña, que fueron una verdadera ayuda cuando la continua llegada de equipos desde Estados Unidos y Canadá, que llegó a elevar el número de residentes transitorios de la finca a más de treinta personas, hizo colapsar el servicio de los baños del interior de la casa.</p>
<p>Debido a lo estrecho de las carpas que nos habían asignado, el hermano Pablo Vázquez pasó esa primera noche en una tienda individual, llevada por la hermana Silvana Vargas, y las damas utilizaron otra carpa, también accesoria, para proteger sus pertenencias de la lluvia. Esa noche tuvimos nuestro primer contacto con la comida vegetariana (arroz con soja), que elaboraba en el hospital un equipo de cocineros di rigido por un chino (a quién nunca conocimos), comida que nos acompañó durante nuestras dos semanas de estadía en Haití. El agua que bebíamos (lo único que había para beber) procedía del suministro de agua de la finca, a través de un filtro purificador eléctrico, que funcionaba mientras estaba encendido el generador, entre las seis de la mañana y las diez y media, a veces las once de la noche.</p>
<p>Es decir, que la casa no tenía suministro de agua potable ni energía eléctrica. En los siguientes días sabríamos que esa es la situación de gran parte de Puerto Príncipe.</p>
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<p>El sábado 6 de marzo comenzamos el día con un devocional del equipo. Fue nuestro primer día de trabajo en Puerto Príncipe. Dado que los sábados la Clínica de ACTS funciona solo hasta el mediodía, ese día la tarea fue liviana, realizándose asistencia de unos 40 pacientes aproximadamente, trabajo que se realizó entre las 8:30 y las 11:30 horas. Si bien los coordinadores del trabajo ya nos habían advertido que ese día sería “suave”, por ser sábado, nos llamó la atención en función de algo que nos había sido dicho el día anterior por algunos de los extranjeros que ya estaban en el lugar: cuando informamos que nuestro período allí sería de dos semanas, se sorprendieron y contestaron que ahí todos iban por una semana, pues nadie aguantaba más de ese tiempo.</p>
<p>Luego del trabajo en la Clínica, todos nos trasladamos, junto a los traductores haitianos y parte del personal estadounidense y canadiense, al Orphelinate Apostolique, lugar en el que se realizó asistencia de aproximadamente 60 huérfanos, así como reparto de alimentos y juguetes. Los principales problemas de los niños eran las infecciones parasitarias, tanto intestinales (helmintos, o gusanos), como cutáneas (micosis, u hongos; escabiosis, o sarna); esta fue una constante que vimos a lo largo de todo nuestro tiempo de trabajo en Haití, tanto que, en algunas ocasiones, con los niños procedíamos a tratar en forma sistemática las parasitosis intestinales.</p>
<p>El resto de la tarde de ese sábado lo empleamos en ordenar y clasificar el material que habíamos llevado hasta allí, y colaborar en organizar la farmacia de la Clínica, con la que necesitábamos tomar contacto, dado el trabajo que se avecinaba.</p>
<p>No obstante esa tarea, algunos de nosotros fuimos hasta el <em>Dolimart</em>, supermercado de características similares a los nuestros, que la Providencia había colocado a unas pocas cuadras de la Clínica. Visitamos reiteradamente ese supermercado, obteniendo en él cosas para el desayuno, ya que ACTS solo proveía el almuerzo y la cena; también fue una bendición tenerlo cerca para conseguir alimentos los días en que debíamos salir a realizar la “Clínica Móvil”, ya que en esas oportunidades ACTS no se encargaba de conseguir comida para los profesionales de la salud extranjeros, ni tampoco para los traductores haitianos. Cabe agregar que los traductores eran (son) pieza fundamental del equipo asistencial, pues sin los mismos nos habría sido imposible la comunicación con los pacientes, a nosotros y a otros extranjeros, pues el haitiano medio habla el creol o criollo haitiano, un dialecto que mezcla francés con términos africanos y nativos, y resulta casi incomprensible. Cuando supimos que los días de Clínica Móvil la organización no proveía comida para nadie, y dado que ya sabíamos que los traductores <strong>no cobran nada por su tarea</strong>, pues son voluntarios, decidimos asumir el gasto de su alimentación en esos días. Sin embargo, gracias a Dios, no siempre fue esa la situación, como más adelante se reseñará.</p>
<p>La visita de esa tarde al <em>Dolimart</em>, en realidad la segunda, tenía como objetivo la compra de un teléfono celular con el que poder comunicarnos con Uruguay, cosa que no pudo concretarse pues en horas de la tarde de sábado ninguna oficina de las empresas de telefonía celular haitianas estaba abierta. El problema de las comunicaciones con nuestro país quedó resuelto rápidamente, sin embargo, pues Ray Cooper llegó con un chip de celular que se colocó al teléfono móvil de la hermana Sandra Romaniuk, el cual pasó a ser de esa manera y hasta el final de nuestro período de trabajo, el teléfono del equipo uruguayo.</p>
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<p>El domingo 7 de marzo la Clínica permaneció cerrada. Comenzamos el día con el devocional del equipo, que consistía en lectura y comentario de uno o más textos bíblicos por parte de uno de los miembros del equipo, luego de lo cual orábamos juntos. Cada día un miembro diferente del equipo estaba encargado del devocional, y al momento de regresar cada uno había tenido la oportunidad de compartir dos veces la reflexión bíblica y la oración.</p>
<p>A media mañana nos reunimos en el mismo patio donde se realizan los encuentros de trabajo, todo el equipo uruguayo y algunos otros, di rigidos por David Hendrick; éste es un estadounidense cuya función en el lugar era ser una especie de “arregla todo”, o encargado de mantenimiento. También demostró ser alguien con profundas inquietudes espirituales; esa mañana nos predicó un breve estudio bíblico sobre la relación del hombre con Cristo, y en adelante se acercó a nuestro grupo cada vez que pudo, sobre todo en los devocionales de la mañana, y en las rondas de canto por la noche, cuando todo el trabajo terminaba y en los ratos libres el equipo uruguayo ponía una nota de música y canciones que había estado totalmente ausente en ese campamento hasta ese momento (y que tal vez ahora esté otra vez ausente).</p>
<p>El mismo Hendrick nos llevó en la tarde de ese domingo a una visita de recorrida por el Hospital Adventista. Esta visita tuvo como único fin <strong>conocer</strong> el lugar, dado que, según nos enteramos, existía un enfrentamiento entre las cúpulas de Operación Hope y el Hospital, por lo que al personal extranjero de ACTS le estaba totalmente vedado trabajar allí. Esto fue reiterado varias veces por el Dr. Eddy Delaleu; sin embargo, unos diez días después, algunos médicos provenientes de los Estados Unidos pudieron acceder a trabajar en dicho Hospital. No fue ese nuestro caso, pues nosotros seguimos haciendo la tarea en la  Clínica, así como el trabajo externo en lugares inhóspitos, hasta el final.</p>
<p>Esa noche dos de nosotros experimentamos otra dimensión de trabajo en Puerto Príncipe. Por las noches, personal de la Clínica entregaba gratuitamente raciones de comida. Se trataba de una cantidad excedente de las mismas raciones que comíamos todos, extranjeros y haitianos que trabajan para ACTS, en bandejas descartables cerradas; no eran sobras del plato de nadie. Esas raciones se llevaban en camión cada noche, en número de doscientas a trescientas, a alguno de los campamentos de refugiados sin hogar que, como ya fue dicho, pululan en la ciudad. La noche de ese domingo el hermano Pablo Vázquez y yo participamos en dicha actividad, repartiendo raciones en un campamento de refugiados de enormes proporciones, absolutamente a oscuras. Una vez allí, y luego de unos primeros momentos en que debido a lo avanzado de la hora (más de las 10 de la noche), no obteníamos respuesta, empezaron a afluir grandes cantidades de hombres, mujeres y niños, demandando insistentemente más y más bandejas de comida, convirtiendo la experiencia en algo propio de esos documentales que muestran las hambrunas africanas. Las raciones desaparecieron en pocos minutos, y entonces debimos subir rápidamente al camión y salir de allí. En los días siguientes todos los miembros del equipo uruguayo pasaron por la experiencia de la entrega de comida; en algunos casos, los voluntarios fueron insultados cuando la comida se terminó, debiendo largarse rápidamente del lugar.</p>
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<p>El lunes 8 de marzo el trabajo se inicio algunos minutos antes de las 8:30 (hora oficial de apertura de la Clínica), y se prolongó hasta las 17:30. Pudimos atender a todos los haitianos que concurrieron a solicitar asistencia. También estaba el Dr. Brown, en lo que fue su último día de trabajo; cabe destacar de este colega estadounidense que él tenía su vuelo de regreso marcado para la mañana de ese día, pero en la universal desorganización que sufre Haití, su vuelo fue pospuesto primero para la hora 17, y luego para las 19:30; y el Dr. Brown ocupó su tiempo restante en trabajar atendiendo pacientes. También comenzó a trabajar ese día otro médico estadounidense, el Dr. Andrew Hooper; sobre este colega supimos que ya había estado antes en la Clínica de ACTS, cumpliendo tareas como director médico de la misma durante doce días, pero debió regresar a su país por haber contraído una enfermedad infecciosa intestinal, cuyos efectos se notaban aún, sobre todo por su marcada delgadez.</p>
<p>La intensidad del trabajo de ese lunes nos enfrentó a otra de las realidades de la atención de salud en Haití. Si bien lo que hicimos fue atención primaria, y la mayoría de los casos atendidos procuramos resolverlos en la primera consulta, como sucede en todos lados, nos enfrentamos reiteradamente a la necesidad de solicitar exámenes paraclínicos, tales como radiografías de tórax, ecografías, o exámenes de sangre; cuando eso ocurría, nos encontramos con que algunos pacientes, carentes por completo de recursos, <strong>no tenían adonde di rigirse</strong> para realizarse dichos estudios. Esto debido a que no existe en Haití un servicio de salud pública, como tenemos en Uruguay, adonde el pobre y el indigente puedan di rigirse para su asistencia, y donde se les efectúe (pese a las dificultades por todos conocidas) todos los exámenes que estén indicados hacer, en forma gratuita. Con consternación comprobamos de primera mano algo que en realidad ya sabíamos: como en muchos países del mundo, quién no tiene para pagar, no recibe la asistencia que necesita.</p>
<p>Para paliar este problema ayudó mucho un encuentro fortuito que tuvimos en la puerta del <em>Dolimart</em> con tres colegas, un cubano, un salvadoreño y un chileno, integrantes de un equipo de ayuda médica humanitaria que para nosotros, a partir de ese momento, fue el de “los cubanos”; esta gente estaba instalada en un colegio, a doscientos metros de la Clínica, y tenían aparatos para realizar en forma gratuita electrocardiogramas, ecografías, e incluso radiografías (si bien este último no estaba operativo en esos días). Con gran amabilidad nos ofrecieron sus servicios, y muchos de nuestros pacientes fueron derivados a ese lugar para realizarse estudios a los que, de otra manera, no habrían podido acceder.</p>
<p>Otro aspecto de relevancia que merece ahora mencionarse es el relativo a la respuesta obtenida de parte de las autoridades de ACTS a la inquietud de todos, expresada por algunos de los miembros del equipo, acerca de la posibilidad de entregar literatura cristiana de tipo evangelístico a cada paciente que atendíamos. Los coordinadores nos pidieron tiempo para consultar con sus supervisores. La respuesta fue que podíamos hablar con la gente acerca de Jesús y orar con ellos, pero no se permitía la entrega de material evangelístico por escrito. Al ser ACTS una entidad de extracción adventista, pensamos que el problema podía ser la diferencia de denominaciones, por lo que nos planteamos proponerles entregar evangelios de Juan, o por lo menos selecciones bíblicas, en idioma creol; pero esto fue imposible, pues OM – Haití no contaba con ningún material, y no pudimos averiguar si había una Sociedad Bíblica Haitiana, o algo similar. Finalmente, el testimonio fue oral, evangelizando, orando por las personas, o por lo menos bendiciéndolas en el nombre del “buen Dios” (aprendimos a hacerlo en creol, y los haitianos entendían bien la intención del saludo). Algunos miembros del equipo se sintieron desanimados al principio, al pensar que no se estaba cumpliendo con esa parte de la misión. Hacia el final veríamos que, al contrario, el testimonio de amor que se estaba dando dejaría, y dejó, una muy profunda huella en muchas personas, cuya magnitud aún no hemos podido mensurar.</p>
<p>En la reunión de trabajo de aquella noche nos dijeron que habíamos atendido más de cuatrocientos pacientes. Allí también supimos que, al haber partido el Dr. Brown, el siguiente director médico de la  Clínica sería el jefe del equipo uruguayo (quién esto escribe), que en los próximos días pasó a ser, para los norteamericanos en el lugar, el <em>“doctor Al”</em>.</p>
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<p>El martes 9 de marzo el equipo uruguayo trabajó en la Clínica entre las 8 de la mañana y las 4 de la tarde, atendiéndose trescientos setenta pacientes. Cabe anotar que la dinámica de trabajo era tal, que no solo los médicos ocupaban las estaciones de asistencia, sino también el personal de enfermería, quienes veían a los enfermos primero y les realizaban los controles pertinentes, para luego verlos en conjunto con alguno de los médicos y cumplir las indicaciones que recibían. Dado que todos los enfermeros y enfermeras del equipo uruguayo son técnicos con amplia experiencia y completamente confiables en su desempeño, no tuvimos problema con este sistema de trabajo, que dinamizó y facilitó mucho la tarea.</p>
<p>Esa noche llegó un equipo de dieciséis personas desde los Estados Unidos, entre los que había dos médicos, varias enfermeras, y también personas especializadas en el trabajo con niños (maestros, animadores, etc.). En la reunión de esa noche se nos informó que ese día la ONU había elevado el alerta de seguridad a nivel 2. Esto quería decir que se recomendaba a los extranjeros en Puerto Príncipe no salir solos por la noche; además, supuestamente habría un toque de queda entre las diez de la noche y las seis de la mañana, aunque nunca supimos a ciencia cierta si este toque de queda existió o no.</p>
<p>La nota diferente de esa noche la puso la obtención de una guitarra que dormía en la oficina de dirección. A la ejecución de Mauricio Amaral se sumó el entusiasmo de Pablo Vázquez en la alabanza, tal que todo el equipo uruguayo cantó con ganas, y así fueron recibidos los norteamericanos, que llegaron mirando todo con cara de asombro y consternación. Esa nota de música y alabanza, como ya fue dicho, estuvo presente cada día, hasta el último que el equipo uruguayo permaneció allí.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>El miércoles 10 de marzo nos tocó por primera vez la Clínica Móvil; nos trasladamos con nuestros traductores y acompañados por Claude al local de una Iglesia Bautista, donde atendimos entre las nueve de la mañana y las 4 de la tarde, asistiendo doscientos ochenta pacientes. Ese día nos acompañó también Sally Kupp, una enfermera canadiense que llevaba en Haití aproximadamente unos diez días; esta joven había viajado sola desde Canadá para trabajar en ayuda humanitaria, y a partir de ese día siempre acompañó al equipo uruguayo, llegando a integrarse casi como una más de nuestro grupo. Ya en República Dominicana, antes que nuestro equipo abandonara la isla, Sally recibió a Jesús en su corazón.</p>
<p>Ese día celebramos el cumpleaños de la doctora Inés Montesano, y para romper la rutina, el hermano Ray Cooper nos invitó a cenar en el hotel en que él estaba alojado, el <em>Auberge Du Québec</em>, un suntuoso hotel (no sabemos de cuantas estrellas pero seguramente no menos de cuatro), que constituía una verdadera isla de lujo en medio de la universal miseria. Por lo que pudimos ver el <em>Auberge Du Québec</em> es, al igual que el <em>Dolimart</em>, único o casi único en su especie allí en Puerto Príncipe. La velada se prolongó hasta bien entrada la noche; a la tranquilidad inicial por habérsenos dicho que contaríamos con un vehículo para regresar al campamento, siguió la incertidumbre cuando nos informaron que la camioneta estaba rota. En conclusión, regresamos caminando en medio de las sombras de la noche (auténticas sombras, pues no existía alumbrado público, ni luces en las casas; tan solo algunas linternas que llevaban los miembros del equipo). Hicimos el camino, pues, adivinando para esquivar pozos y zanjones, dado el pésimo estado de las calles, observando corrillos de haitianos que ignoraban el supuesto toque de queda, conversando a la luz de una vela, o en la oscuridad. El regreso del equipo se realizó bajo escolta de un grupo de haitianos, y se completó sin incidentes.</p>
<p><strong>(Continúa).</strong></p>
<p><span><span><span><span><span><span><span><span><span style="font-size: xx-small;"><span style="font-family: Tahoma;"><span style="color: blue;"><strong>Iglesia En  Marcha.Net</strong></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></p>
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		<title>PROYECTO AMÉRICA NUEVAMENTE VA A HAITI</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Mar 2010 03:38:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Noticias Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[ayuda a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[AYUDA PARA HAITI]]></category>
		<category><![CDATA[Haiti]]></category>
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		<description><![CDATA[Desde el miércoles 12 hasta el miércoles 19 de mayo, estará viajando hacia Puerto Príncipe, Haití un segundo equipo de Proyecto América para realizar la segunda etapa de trabajos de ayuda humanitaria. Este nuevo equipo estará integrado por un número mayor de voluntarios de Uruguay, razón por la cual se pide colaboración especial para ayudar con el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><br />
Desde el miércoles 12 hasta el miércoles 19 de  mayo, estará viajando hacia Puerto Príncipe, Haití un segundo equipo de Proyecto  América para realizar la segunda etapa de trabajos de ayuda humanitaria.</p>
<p>Este  nuevo equipo estará integrado por un número mayor de voluntarios de Uruguay,  razón por la cual se pide colaboración especial para ayudar con el costo de los pasajes.</p>
<p>Quienes puedan colaborar deben depositar en las siguientes  cuentas:</p>
<p>Cuenta en Dólares: Banco República - Sucursal Nº 041 - 185 810</p>
<p>Cuenta en pesos:   Banco República - Sucursal  Nº 041 - 018 1618</p>
<p>(Los depósitos se deben hacer a nombre  de Carlos Scaglia)</p>
<p><span style="font-family: TahomaB; font-size: xx-small;"><strong><span style="color: blue;"><span style="font-family: Tahoma; font-size: xx-small;">Iglesia En Marcha.Net</span></span></strong></span></p>
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		<title>HAITÍ</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 02:04:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alvaro Pandiani]]></category>
		<category><![CDATA[Dr. Pandiani]]></category>
		<category><![CDATA[Haiti]]></category>
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		<description><![CDATA[Una vez más esta aventura de emprender una misión médica humanitaria, arrancando de cero, sin respaldo gubernamental y sin contactos, se concreta. Una vez más, con el apoyo y patrocinio de la oficina uruguaya de Operación Movilización, fundamentalmente con el compromiso invalorable de su Director el Pastor Alejandro Las, la idea que anidó en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><br />
Una vez más esta aventura de emprender una misión médica humanitaria,  arrancando de cero, sin respaldo gubernamental y sin contactos, se concreta. Una  vez más, con el apoyo y patrocinio de la oficina uruguaya de Operación  Movilización, fundamentalmente con el compromiso invalorable de su Director el  Pastor Alejandro Las, la idea que anidó en el corazón de algunos médicos y  enfermeros cristianos evangélicos de Uruguay, comprometidos con Dios y con su  obra, cristaliza en la Misión Humanitaria Médica Haití.<br />
Algunos tal vez  dirán: “lo de Haití ya pasó; ¿por qué no van a Chile?”. La respuesta es muy  simple: porque el Señor nos llamó a ir a Haití, y en un mes y medio se  concretaron contactos en el extranjero, en Estados Unidos, en República  Dominicana y en el mismo Haití, que parecían imposibles al inicio de esta  aventura; aventura que comenzó el 21 de enero pasado y a 9 días del terremoto,  cuando la idea de un proyecto de este tipo, que repitiera las para nosotros  memorables experiencias de El Salvador y Sri Lanka, sedujo al Pastor Las, e  involucró nuevamente a Operación Movilización. El Señor nos llamó a ir a Haití,  y en un mes y medio se logró financiar, en base a ofrendas y donaciones, un  proyecto cuyo costo total asciende a alrededor de U$S 15.000 (quince mil dólares  americanos).<br />
La organización y preparación de esta misión médica humanitaria  cristiana, más vertiginosa que la de Sri Lanka, que nos llevó tres meses y  medio, conoció momentos en los que parecía que nada salía, nada se movía, los  contactos no se hacían, y el proyecto debía ser cancelado. Pero se continuó  adelante, esperando y recurriendo a aquello tan importante, de lo que los  cristianos tanto hablamos, pero que a veces poco practicamos: la fe. Una vez más  aprendimos (yo personalmente aprendí) a esperar en el Señor. En solo siete  horas, al momento de escribir estas líneas, siete cristianos evangélicos,  profesionales de la salud uruguayos, partimos hacia Puerto Príncipe. Los  doctores Mauricio Amaral, Inés Montesano y Matías Lateulade, y los enfermeros  Lázaro Sánchez, Silvana Vargas y Pablo Vázquez, junto con quién esto escribe,  trabajaremos en el Hospital que Operación Movilización ha establecido en esa  ciudad, con el fin de llevar alivio a las víctimas de aquel terremoto del 12 de  enero, desalojado ya de las noticias por lo sucedido en Chile.<br />
“¿Por qué no  van a Chile?”. La respuesta es muy simple: porque más allá de los grados en la  escala de Richter, Haití es el país más pobre de las tres Américas, allí los  muertos ascienden a más de doscientos mil, y los damnificados, a millones.  ¿Podemos nosotros hacer la diferencia? La respuesta es la misma que hace cinco  años, cuando fuimos a Sri Lanka tras el Tsunami, momento en que los números de  muertos y damnificados abrumaban: para aquellos que lleguemos a tocar con  nuestro arte, nuestro oficio y nuestra ciencia para curar, o por lo menos  aliviar, pero sobre todo con la palabra de esperanza en Jesucristo, seguramente,  como en El Salvador, como en Sri Lanka, haremos la diferencia.<br />
Desde el  Uruguay se puede. Cuesta mucho, muchísimo más que desde el primer mundo, pero se  puede. Hace cinco años enviar ocho uruguayos durante un mes hacia el otro lado  del mundo parecía un imposible. Sin embargo, nosotros lo hicimos; evidencia  insuperable de que el Dios de los imposibles estaba con nosotros. Con ese  pensamiento lanzamos este proyecto, y otra vez, Dios nos respaldó. ¡Gloria y  gracias a Dios por ello!<br />
Agradecemos a todos aquellos que nos apoyaron, que  creyeron que este proyecto estaba en la voluntad de Dios, que ofrendaron para  que se concretara, que oraron por nosotros, y que estarán orando mientras  estemos en el campo de trabajo.<br />
Nos vemos a la vuelta.<br />
Álvaro  Pandiani.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>Está todo claramente dicho por el Dr. Pandiani, sólo nos resta pedir a  nuestros lectores que recuerden a nuestros hermanos en oración, sabiendo que  estarán llevando alivio a tantos haitianos que lo necesitan.<strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>¡Seamos parte de este equipo, unidos en  oración!</em></strong> <em><strong></strong></em> <em><strong></strong></em></p>
<p><span style="font-family: Arial; font-size: x-small;"><em><strong><span style="font-family: Tahoma; color: #0000ff;">Iglesia En Marcha.  Net</span></strong></em></span></p>
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		<title>PROYECTO AMÉRICA &#8211; Nuevamente a Haití</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Mar 2010 02:36:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Noticias Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[ayuda a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[Haiti]]></category>
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		<description><![CDATA[Desde el miércoles 12 y hasta el miércoles 19 de mayo, estará viajando hacia Puerto Príncipe, Haití un segundo equipo de Proyecto América para realizar trabajos de ayuda humanitaria. En su reciente viaje del mes de enero a Haití, se brindó atención médica especializada en el corazón de Puerto Príncipe, donde se reunieron rápidamente miles de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><br />
Desde  el miércoles 12 y hasta el miércoles 19 de mayo, estará viajando hacia Puerto  Príncipe, Haití un segundo equipo de Proyecto América para realizar trabajos de  ayuda humanitaria.</p>
<p>En su reciente viaje del mes de enero a Haití, se brindó  atención médica especializada en el corazón de Puerto Príncipe, donde se  reunieron rápidamente miles de refugiados hambrientos y desesperados.</p>
<p>En ese lugar se priorizaron los casos de  personas con diversas enfermedades y con desnutrición avanzada, sobre todo se  pudo atender la tragedia de muchos niños haitianos con sarna, se entregaron  miles de medicamentos, sillas de ruedas, muletas, y andadores.</p>
<p>También se  realizó reparto de canastas de alimentos no perecederos entre la población, y  reparto de miles de bidones de agua potable; mientras, por otros lados, equipos  encargados de la logística de Proyecto América se encargaban del armado de  carpas en los campamentos de refugiados, y el  traslado de heridos, entre  otros.</p>
<p>El nuevo equipo estará integrado por un número mayor de voluntarios de  Uruguay. Los cupos son limitados   El costo del evento es de U$S 760, setecientos  sesenta dólares americanos, y el último plazo para inscribirse es el viernes 12  de marzo con una seña de U$S 100.</p>
<p>Los interesados por favor comunicarse urgente con  la oficina de Proyecto América. Tel.- 900.17.43 &#8211; Cel.- 094.25.93.62 - Colonia  1243 esquina Yi &#8211; Montevideo &#8211; Uruguay <strong></strong></p>
<p><span style="font-family: TahomaB; font-size: xx-small;"><strong><span style="color: blue;"><span style="font-family: TahomaB; font-size: xx-small;">Iglesia En Marcha.Net</span></span></strong></span></p>
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		<title>EL AMOR DE LOS CORAZONES ANGUSTIADOS</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 21:24:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[ABA]]></category>
		<category><![CDATA[Dolor incomprensible]]></category>
		<category><![CDATA[Haiti]]></category>
		<category><![CDATA[Por Neville Callam]]></category>

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		<description><![CDATA[Del Secretario General&#8230; Mi corazón se rompió cuando descubrí que uno de mis antiguos profesores, John Rawls, uno de los más grandes filósofos del siglo XX, tropezó en su fe cuando se topó con el problema del mal. Parecía haber perdido su camino, al tratar y no poder aceptar el problema de la teodicea. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Del Secretario General&#8230;</strong></p>
<p>Mi corazón se rompió cuando descubrí que uno de mis antiguos profesores, John Rawls, uno de los más grandes filósofos del siglo XX, tropezó en su fe cuando se topó con el problema del mal. Parecía haber perdido su camino, al tratar y no poder aceptar el problema de la teodicea. En sus ensayos, que fueron publicados póstumamente, descubrimos su lamentable, aunque comprensible, fracaso en la fe. ¿Por qué hay tanto dolor en el mundo cuando hay un Dios omnipotente?</p>
<p>Quizás muchos aún luchan con esta misma pregunta cuando reflexionan sobre lo que ha ocurrido en Haití en los últimos días.</p>
<p>Haití es un país con una orgullosa historia – ¡consiguió su independencia después de derrotar a los ejércitos de Francia, Gran Bretaña y España!</p>
<p>Fue el primer país en liberar a todos los esclavos en la tierra y en abolir el cruel sistema que alguna vez los esclavizó.</p>
<p>Fue el primer país en garantizar la libertad de cada persona esclavizada al  poner los pies en su tierra.</p>
<p>Fue el primer país en reconocer la igualdad de derechos para todos los seres humanos cualquiera sea su género, situación económica u otra condición.<br />
¡Haití no es un lugar común! Si ha visitado el país y ha visto la creatividad plasmada en sus pinturas y esculturas, su arte y artesanía, si ha encontrado el amor y la alegría que su gente muestra a pesar de su situación económica, usted sabe que Haití es un lugar extraordinario.</p>
<p>A lo largo de su historia, Haití &#8211; el país con el mayor número de creyentes bautistas en el Caribe &#8211; ha conocido el dolor y la angustia. Las razones son muchas y complejas, e incluso antes del terremoto, el camino no iba a ser fácil.<br />
Aunque podemos pasar mucho tiempo buscando una explicación para la tragedia en Haití &#8211; y es probable que no encontremos respuesta que nos satisfaga completamente &#8211; hay que recordar que hay algo más que podemos hacer. Podemos hacer algo para ayudar a traer el cambio a millones de Haití. ¡Y podemos hacer algo ahora!</p>
<p>Días después del terremoto, los bautistas estaban ayudando las operaciones de rescate. Todavía están ahí, repartiendo provisiones de ayuda y vamos a seguir comprometidos, haciendo todo lo posible para ayudar a la reconstrucción de Haití mientras los días pasan. Si envía su donación a la Ayuda Mundial Bautista, contribuirá a que los haitianos puedan cantar una canción nueva y mirar al futuro con esperanza.</p>
<p>Cuando nos enfrentemos a tragedias, como la de Haití, actuemos en las mejores tradiciones de solidaridad humana. Sólo después de haber hecho lo que deberíamos hacer, podremos permitirnos luchar con los difíciles problemas que las generaciones han tratado y no han podido comprender.</p>
<p>Y vamos a considerar el desgarrador problema del dolor &#8211; con la certeza de que estamos comprometidos a hacer todo lo que podamos para ayudar a superar el terrible dolor que otros sienten y sentimos con ellos. El amor también puede derramarse de los corazones angustiados.</p>
<p>Por Neville Callam</p>
<div><span style="font-family: Arial; font-size: xx-small;">Fuente: ABA Noticias /<strong><span style="color: #3366ff;"> <strong>Iglesia  En Marcha.Net </strong></span></strong><span style="font-family: Arial; color: purple; font-size: x-small;"> </span></span></div>
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		<title>MISIÓN HUMANITARIA MÉDICA HAITÍ – OM &#8211; Ya están en Misión</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jan 2010 00:03:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alvaro Pandiani]]></category>
		<category><![CDATA[ayuda a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[Dr. Pandiani]]></category>
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		<category><![CDATA[Médicos a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[Misión Humanitaria Médica Haití.]]></category>
		<category><![CDATA[Misiones a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[Misones OM]]></category>
		<category><![CDATA[OM]]></category>

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		<description><![CDATA[El Dr. Álvaro Pandiani nos informa que ya está confirmada la salida para el jueves 4 de marzo. Estemos orando por este equipo. Operación Movilización (OM) – Uruguay, Agencia Internacional Misionera, Educativa y de Trabajo Social y Humanitario, también quiere sumarse a la ayuda internacional, tanto secular como de grupos cristianos, que desde el terremoto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="color: #ff0000;">El Dr. Álvaro Pandiani nos informa que ya está confirmada la salida para el jueves 4 de marzo. Estemos orando por este equipo.</span></strong></p>
<p>Operación Movilización (OM) – Uruguay, Agencia Internacional Misionera, Educativa y de Trabajo Social y Humanitario, también quiere sumarse a la ayuda internacional, tanto secular como de grupos cristianos, que desde el terremoto del 12 de enero pasado se ha hecho presente en Haití.</p>
<p>OM de Estados Unidos ha establecido un Hospital Cristiano en Puerto Príncipe, en el cual estará trabajando un grupo de médicos y enfermeros cristianos evangélicos uruguayos, varios de ellos con experiencia en misiones médicas humanitarias patrocinadas por OM Uruguay previamente (El Salvador, terremoto de 2001; Sri Lanka, Tsunami de 2004).</p>
<p>La Misión Humanitaria Médica Haití de OM – Uruguay tiene como objetivo desarrollar asistencia médica para la población haitiana en general en todo aquello que esté al alcance de los insumos médicos con que se cuente, acompañando el trabajo humanitario médico con el mensaje de consuelo y esperanza en Nuestro Señor Jesucristo. El costo estimado del proyecto, incluyendo pasajes desde Uruguay, alimentación, y transporte del equipo: es de aproximadamente U$S 15.000 (quince mil dórales americanos, este monto no incluye insumos médicos a ser utilizados en el campo de trabajo). El número de profesionales de la salud uruguayos que trabajarán como voluntarios (sin recibir remuneración), es de ocho personas (cuatro médicos y cuatro enfermeros). El equipo desarrollará sus tareas en Haití durante dos semanas.</p>
<p>La meta es disponer de los recursos financieros para el día 28 de febrero próximo. Para que este proyecto pueda seguir en marcha hasta su concreción, necesitamos del apoyo de todas las Iglesias Cristianas Evangélicas, entidades cristianas, y agencias de servicio en el evangelio uruguayas e internacionales. Por eso, les invitamos a apoyarnos mediante sus oraciones y ofrendas, integrándose a este emprendimiento misionero humanitario impregnado de amor cristiano, para ayudar a las víctimas y damnificados de un desastre natural que ha provocado una situación trágica y desgraciada en la nación haitiana.</p>
<p>Para colaborar con este proyecto, están abiertas dos cuentas en el Banco de la República Oriental del Uruguay (BROU) a nombre de <strong>OM</strong> – Uruguay ellas son: Nº <strong>172-012086-8</strong> (en pesos uruguayos) y la Nº <strong>172-012087-6</strong> (en dólares). Se agradece a quienes usen esta forma de apoyo al proyecto, que avisen la fecha del depósito llamando a las oficinas de <strong>OM</strong> a los teléfonos 359-7163; 099 221 881 o al e-mail: <strong><span style="color: #0000ff;">finance@uy.om.org </span></strong></p>
<p>Álvaro Pandiani – Lázaro Sánchez.</p>
<p><strong><strong><span style="font-family: Tahoma; color: blue; font-size: xx-small;">Iglesia  En Marcha.Net</span></strong></strong></p>
<p><strong><strong><span style="font-family: Tahoma; color: blue; font-size: xx-small;">Foto: Cruz Roja España<br />
</span></strong></strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>ALABANZA A DIOS &#8211; En medio de la tragedia</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jan 2010 01:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Noticias Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[CRISTIANOS EN HAITI]]></category>
		<category><![CDATA[Haiti]]></category>

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		<description><![CDATA[En medio de la desesperación el domingo los haitianos levantaban sus manos al aire pidiendo a Dios que aliviara su dolor. La catedral principal de la ciudad, construida en 1750, ahora es una pila de escombros. Por esta razón  la parroquia celebraría un servicio improvisado en la acera, cerca de un parque público donde decenas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><br />
En medio de la desesperación el domingo los haitianos levantaban sus  manos al aire pidiendo a Dios que aliviara su dolor.</p>
<p>La catedral principal de la ciudad, construida en 1750, ahora es una pila  de escombros. Por esta razón  la parroquia celebraría un servicio improvisado en  la acera, cerca de un parque público donde decenas de personas sin hogar  acampan.</p>
<p>Posiblemente el sermón del obispo sea la su tarea más difícil, se trata de  llevar un mensaje de esperanza a muchos que lo han perdido todo.</p>
<p>“Tenemos que mantener la esperanza”, dijo el obispo Marie Eric Toussant,  aun reconociendo que no tenía recursos para ayudar a aliviar el sufrimiento de  sus feligreses, y sin saber aún si la histórica catedral volverá a ser  reconstruida.</p>
<p>Las iglesias juegan un papel muy importante en la sociedad haitiana. Por  esta razón el Presidente René Préval convocó a los líderes religiosos y de  negocios el sábado en la estación de policía que se ha convertido en su cuartel  general. El propósito de la convocatoria fue para pedir a las iglesias que se  centraran en mantener a la gente alimentada, pero le dio poca orientación sobre  lo que el gobierno estaría haciendo.</p>
<p>“Ellos todavía están tratando de averiguar qué hacer,” dijo el Obispo  Episcopal de Haití, Zache Duracin.</p>
<p>En Port-au-Prince el domingo, algunas personas parecían demasiado  preocupados por la supervivencia, o demasiado confusas, para pensar en la  iglesia.</p>
<p>Un hombre joven que vive en el parque frente al palacio presidencial con  miles de personas sin hogar parecía perplejo cuando le preguntaron si iría a la  iglesia.<br />
“¿Es el domingo?”, Dijo.<br />
Sin embargo, otros haitianos pasaron la mañana en busca de consuelo  espiritual.</p>
<p>Llevando su Biblia, recorrieron las polvorientas calles a pie en busca de  reuniones de oración al aire libre. Las Iglesias que destaban en pie, que una  vez estuvieron llenas de feligreses apasionados estaban vacías.</p>
<p>Por otro lado, tres mujeres de edad llegaron alrededor de las nueve con  vestidos muy limpios y sin arrugas buscando un servicio.</p>
<p>Pero en su lugar encontraron una reunión de tema físico y no espiritual.  Más de 1.200 personas que estaban acampando en el campo de fútbol del campus, y  en un bosque de sombra, escuchaban a un hombre con un megáfono y guantes de  látex informando al grupo sobre normas de higiene.</p>
<p>Más tarde, llegaron más personas y de izquierda, incluidos Dorsainvil José,  de 53 años, que llevaba una Biblia de cuero rojo con su cabeza envuelta en una  venda dijo:</p>
<p>“Nos gustaría orar, pero no hemos encontrado a nadie”.</p>
<p>El Obispo Duracin dijo que ;a organización y la supervivencia siguen siendo  las prioridades tanto para las personas como para las instituciones.</p>
<p>“La mayoría de las iglesias están abajo”, dijo, que se calcula que más de  100 de las 140 iglesias episcopales se habían derrumbado. “Casi no hay lugar  para el culto o la oración”.</p>
<p>La gente tiene miedo de entrar en los edificios, incluidas las iglesias,  que no se derrumbaron, dijo, incluido él mismo. Su casa fue completamente  destruida, así que él estaba durmiendo en una de las tiendas de campaña que  fueron distribuidas a cerca de 40 familias.</p>
<p>Dijo que desde el terremoto, no se había dado un sermón único y estaba  todavía tratando de averiguar qué decir. Cuando se le preguntó qué partes de la  Biblia que había estado considerando últimamente, respondió rápidamente:  “Job”.</p>
<p>Como Job, que perseveró por la muerte y la destrucción, el obispo Duracin  dijo que  espera que Haití pronto encuentre una manera de seguir  viviendo.<br />
“Tenemos que buscar las oportunidades de la catástrofe”, dijo.  “Tenemos que llorar. Tenemos que sufrir. Pero tenemos que levantar porque la  vida tiene que continuar”.<br />
<strong></strong></p>
<div><span style="font-family: Arial; font-size: x-small;"><span style="font-size: xx-small;">Fuente: Cristianos.com /</span> <strong><span style="font-family: Tahoma; color: #0000ff; font-size: xx-small;">Iglesia En Marcha.Net</span></strong></span></div>
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		<title>URGENTE &#8211; Proyecto América en Haití</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 21:20:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fede</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[ayuda a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[Haiti]]></category>
		<category><![CDATA[Misión a Haití]]></category>
		<category><![CDATA[Procyecto América en Haití]]></category>
		<category><![CDATA[proyecto america]]></category>

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		<description><![CDATA[El próximo martes 26 de enero enviarán un equipo de ayuda humanitaria de avanzada a la zona de desastre en Haiti. El mismo estará integrado por personal médico, enfermeros y voluntarios. La idea es trabajar en varios frentes al mismo tiempo. En primer lugar dos contenedores repletos de medicina, agua potable, alimentos y ropa estan yendo hacia república [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong> El próximo martes 26 de  enero enviarán un equipo de ayuda humanitaria de avanzada a la zona de desastre  en Haiti.</p>
<p>El mismo estará integrado por personal médico, enfermeros y  voluntarios.</p>
<p>La idea es trabajar en varios  frentes al mismo tiempo.</p>
<p>En primer lugar dos contenedores repletos de  medicina, agua potable, alimentos y ropa estan yendo hacia república Dominicana,  concretamente a Puerto Plata, que no es la capital, sino otro puerto más cerca  de la frontera.</p>
<p>Los voluntarios llegarán a Santo Domingo y a  Santiago, los dos principales aeropuertos de República Dominicana.</p>
<p>¿Por  qué Dominicana y no Haití? Bueno, Haití ahora es zona de guerra. Lo que las  noticias muestran es una muy pequeña parte de lo que está sucediendo. Es  imposible llegar en avión a Puerto Príncipe, capital de Haití, si no se tiene  autorización del army americano.</p>
<p>Por eso Proyecto América va a  instalarse con su equipo en la frontera, en una ciudad que se llama Jimaní,  donde hay un campamento internacional de las naciones unidas.</p>
<p>Allí están  llevando miles de heridos del terremoto. Así que un grupo va a hacer base allí y  va a estar trabajando directamente con estas personas en los hospitales.</p>
<p>Los médicos ayudando en la salud, y los demás voluntarios armando carpas  para los que ya están bien y no tienen donde quedarse, junto con la distribución  de frazadas, alimentos no perecederos, y algún medicamento que necesite pos  atención.</p>
<p>Al mismo tiempo, desde Jimaní, parte del grupo se trasladará  hacia Puerto Príncipe para poder asistir especialmente en hospitales  evangélicos, en el mismo esquema que en la frontera. Atendiendo a los  lesionados, y repartiendo suministros, junto al armado de carpas para los  refugiados.</p>
<p>El equipo de Proyecto América, como siempre, estará integrado  por latinos, en su gran mayoría de Estados Unidos, pero también desde México,  Colombia, Venezuela, República Dominicana y otros países. Por supuesto, con  presencia de uruguayos.</p>
<p>Actualmente Proyecto América ya  tiene personal especialmente enviado a la zona de desastre, para hacer todos los  contactos.</p>
<p>Con motivo de esto estamos recogiendo una ofrenda especial en  pesos  y en dólares para ayudar con el costo de los pasajes.</p>
<p>Atención.-  Este dinero debe ser depositado en esta semana y antes del lunes 25 de  enero</p>
<p>Cuenta en Dólares.- En el Banco República  -  Nº 041  &#8211; 185 810 -   A nombre de Carlos Scaglia.</p>
<p>Cuenta en pesos .-  En el Banco República    -  Nº 041 -  018 1618 &#8211; A nombre de Carlos Scaglia</p>
<p>Por información: <span style="color: #0000ff;"> pa.conosur@gmail.com</span></p>
<p>Tu aporte, por pequeño  que sea es fundamental. No dejes de apoyar a este grupo de hermanos que irán a  cumplir una misión que nos compete a todos.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong><span style="font-family: Tahoma; color: #0000ff; font-size: xx-small;">Iglesia En  Marcha.Net</span></strong></p>
<p><strong><span style="font-family: Tahoma; color: #0000ff; font-size: xx-small;"><span style="color: #808080;">Foto:www.telegraph.co.uk</span><br />
</span></strong></p>
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