DE AMORES E IDEOLOGÍAS – El amor cristiano en tiempos electorales

– Álvaro Pandiani –
Comienza a escribir estas líneas al día siguiente de un nuevo episodio de violencia entre militantes de distintos partidos políticos, en la recta final para las elecciones nacionales en Uruguay. Apenas ayer, sábado 18 de octubre, un flash informativo de uno de los canales de televisión abierta anunciaba la noticia acerca de agresiones físicas entre militantes del Partido Nacional y el Frente Amplio; como resultado, tres militantes de cada colectividad política habían sido detenidos por la policía. Enrareciendo más el asunto, un jerarca del Ministerio del Interior, militante de una agrupación del Frente Amplio, criticó abiertamente a los nacionalistas en su cuenta de Twitter, provocando la reacción de un diputado del Partido Nacional, quién salió a la prensa a censurar el hecho. Este episodio de violencia entre militantes de diferentes partidos no es ni el primero; si mal no recuerdo, la prensa ha recogido al menos dos hechos aislados de este tipo, previo al de ayer. Militantes de una de las dos colectividades políticas recién mencionadas también participaron en los anteriores; es decir, hay un partido político que ha estado involucrado en todos estos episodios, pero no lo menciono por no parecer tendencioso.
Uruguay es un país que se ha caracterizado siempre por una cultura cívica madura, por el respeto y la tolerancia hacia el adversario político, visto como un rival y un oponente, pero no como un enemigo al que es necesario destruir. En nuestro país ha quedado en un pasado que contabiliza más de cien años la época en que los desacuerdos políticos y las rivalidades entre partidos se dirimían con revoluciones y batallas campales, a lanza y sable; también creemos haber dejado atrás un pasado más cercano, de apenas cuarenta años atrás, pero igualmente doloroso, en el que una organización guerrillera intentó tomar el poder, desencadenando una dictadura militar que se prolongó más de una década. Los uruguayos en general nos hemos sentido siempre orgullosos de nuestro proceso político electoral, limpio y cristalino, elogiado por observadores extranjeros, en el que la deferencia, la mesura y la urbanidad distinguieron las relaciones entre los actores políticos, así como entre los adherentes de los distintos partidos. Y estoy seguro que todos esperamos que estos hechos, menores y aislados, no auguren un deterioro progresivo de dichas relaciones entre políticos y adherentes a los partidos. Deterioro progresivo que sí caracteriza ya las relaciones entre las personas que conviven en nuestra sociedad, un declive que se ha instalado hace muchos años y que prosigue su camino descendente ante nuestros ojos, jalonado por el irrespeto de las normas, la no asunción de deberes y responsabilidades, la pérdida gradual de esa convivencia pacífica que hizo de Uruguay un país seguro y tranquilo, señero en la región y el continente.
Un buen amigo, sociólogo y cristiano evangélico, haciendo una rápida aproximación de este problema emergente, me hablaba de un creciente nerviosismo ante la eventualidad de perder el gobierno por parte de la militancia frenteamplista, y un cierto triunfalismo, sobre todo de los militantes del Partido Nacional. Esas podrían ser las causas desencadenantes de hechos como el que comentamos, bajo las cuales subyace un problema más profundo: dos visiones de la realidad, dos perspectivas de la vida, dos proyectos de país, diametralmente opuestos e incluso antagónicos. Un mal de fondo, causas precipitantes, y estos hechos puntuales, a los que podríamos agregar por ejemplo las agresiones verbales, las discusiones sobre temas de campaña entre adherentes de distintas colectividades políticas que terminan en disputas encendidas, y hasta el temor de algunas personas a poner en sus autos adhesivos que lo identifiquen como simpatizante de un partido, ante la idea de que su vehículo sea vandalizado; todos podrían ser síntomas incipientes de un mal que conduzca a la población del país a una fractura y enfrentamiento con dolorosas pérdidas, como en otras épocas.
En más de una oportunidad, desde esta y otras tribunas, he preconizado que los cristianos evangélicos deberíamos tener algún tipo de participación política. Desde por lo menos el año 2007, cuando la primera aprobación de una ley de despenalización del aborto – al final vetada por el entonces presidente Tabaré Vázquez – y cuando la intentona por parte del Banco de Previsión Social de imponer cargas tributarias a las iglesias. El ataque al valor básico de la vida humana que significó el aborto – tal como lo entendemos los cristianos, sin desatender otras realidades sociales y económicas vinculadas a este problema, endémico en nuestro país – y la embestida contra la conformación de la familia tradicional que, también entendimos, significó la Ley de Unión Concubinaria, premonitoria de lo que vendría después, me llevó a considerar que algún tipo de compromiso con la realidad del país debíamos tener los cristianos evangélicos, además de predicar la Biblia en campañas y por algunos medios de comunicación, y de la tarea social que, desde distintas ONGs evangélicas, se venía realizando y se realiza desde hace mucho tiempo. Por supuesto, debí vencer mis propias inhibiciones al respecto, la cultura imperante en el pueblo evangélico acerca de que el cristiano y la cristiana, comprometidos con la extensión del Reino de Dios, no debían involucrarse en modo alguno con las cosas “del mundo” o “de esta vida”; cultura, es decir, concepción y práctica habitual, que aún muchas personas de fe evangélica sostienen, según hemos podido ver por los comentarios a los artículos sobre política y fe publicados en estos años, y sobre todo en este 2014 electoral.
En el año 2009 pudimos ver, y también en este año de campaña electoral, el involucramiento de pastores y líderes del pueblo evangélico con los distintos partidos y candidatos; incluso el ingreso de hermanos de fe evangélica al Parlamento. Esto me gratificó, pues para mí fue la demostración de que aquella postura que empecé a sostener en el 2007 no era una idea peregrina. Aunque yo personalmente no milito en ningún partido, pues lo tengo vedado por la Constitución por ocupar un cargo público – al que accedí por concurso – acompañé ese progresivo compromiso de las fuerzas vivas del pueblo evangélico con el quehacer político del país. De eso se trataba, de estar donde se discuten y promulgan las leyes que rigen la convivencia de todos los uruguayos que habitamos la República, para hacer oír y tener en consideración los principios éticos cristianos, el recto proceder basado en el decálogo moral de la Biblia. Si otros adhieren a una moral alternativa, los cristianos adherimos a esta moral; y nadie puede privarnos de nuestro derecho a expresarlo, entendí. La salvedad a tener en cuenta, tanto en 2009 como ahora, era no involucrar la iglesia, en cuanto grupos de creyentes congregados para adorar a Dios, y en cuanto locales – o templos – de reunión, en la campaña política. Así fue recomendado por el Consejo de Representatividad Evangélica del Uruguay; y en lo personal, acompañé tal recomendación.
Sin embargo, en esta recta final hacia las elecciones nacionales, la campaña política se ha metido en la iglesia; y se ha metido de la peor manera. Las pasiones partidarias que enfrentan a los militantes de los distintos partidos parecerían haberse colado en el pueblo evangélico, generando tensiones entre algunos cristianos que adhieren con fervor a uno u otro candidato. Esto es muy diferente a lo que sucedía hace veinte o treinta años atrás, cuando los cristianos evangélicos consideraban (considerábamos) las iglesias como santuarios donde la política no podía entrar en ninguna forma.
Pese a mi pensamiento de estos últimos siete u ocho años, he llegado a pensar que tal vez estábamos mejor así.
No puedo omitir un hecho concreto, que me llevó a pensar de esta manera los últimos días. La semana pasada compartí en Radio Transmundial diversos conceptos basados en el artículo Uruguay bien vale una misa, publicado en esta página en junio pasado. Es verdad, en dicho artículo me expreso en términos muy críticos y contundentes sobre el partido que ahora está en el gobierno, por la debacle moral que ha propiciado y que todos los cristianos apegados a la Biblia conocemos y lamentamos; mencioné que había escuchado por radio a un dirigente frenteamplista hablar de “paradigmas superados”, en relación al matrimonio igualitario, y haciendo uso de mi legítima libertad de expresión me permití cuestionar que el país entero deba considerar superados ciertos paradigmas – es decir, prototipos, modelos o ejemplos de conducta moral – sólo porque un grupo los considere superados. Eso no estaba en el artículo Uruguay bien vale una misa; lo que sí estaba, y lo dije también, es que la filosofía marxista, en otros países, fracasó miserablemente. Por esa columna radial recibí como devolución o respuesta una agresiva carta, firmada por un pastor cuya identidad me reservo, de una iglesia evangélica de Uruguay que tampoco voy a nombrar, en la cual fui acusado de poco serio, engañador, manipulador, mezquino, miserable, malintencionado, liviano espiritual, desconocedor de la Biblia, y de propugnar un sistema político que representa los valores cristianos, cosa que no sale ni en el artículo ni en la columna radial. También me recomendó la lectura de un par de filósofos – uno de ellos al menos de izquierda – y luego del apóstol Pablo (!!), invitándome a propiciar debate sobre los temas que “verdaderamente dañan el evangelio”, como la avaricia, el egoísmo, la falta de solidaridad, el manejo del dinero – todos temas que he tratado a lo largo de los años, aquí y en Transmundial – pero entre los cuales no incluyó, parecería que selectivamente evitó, los grandes temas que propiciaron la participación política creciente de los evangélicos, a saber: aborto, perspectiva de género, matrimonio igualitario, marihuana, todos incluidos de leyes votadas por la mayoría parlamentaria del Frente Amplio. Evidentemente, el firmante de la carta es un simpatizante frenteamplista, y reaccionó por suponer en mí algún tipo de afiliación política con alguno de los partidos tradicionales, e interpretar los conceptos de la columna radial como una forma velada de proselitismo para esos partidos – con los que tampoco me une ningún vínculo – en vez de lo que era: una declaración de puntos de vista acerca de la política, su vínculo con la fe, y los frutos que, en mi opinión como cristiano, nos dejan estos gobiernos del Frente Amplio.
Pero un problema más profundo subyace también aquí. Este hecho puntual, que no es aislado, pues he oído de situaciones similares, ¿son también síntomas incipientes de un mal que conduzca al pueblo evangélico a una fractura? ¿Es posible, es concebible, que la pasión política y el fervor partidario nos lleve a enfrentarnos y agredirnos, bien que sea verbalmente, evocando tiempos de rivalidades y cismas que dañaron la Iglesia del Señor, desacreditándola hasta el día de hoy por tales hechos del pasado? ¿El partidarismo político está por encima del amor de Cristo? Es legítimo manifestar ideas y opiniones, en uso del derecho a la libertad de expresión que nos garantiza la democracia; discrepar con respeto y altura también es legítimo, sin agravios ni insultos, sin agresiones ni amenazas, sin provocar resquemores que lleven a distanciamientos y enemistades. Si las cosas llegan a estos extremos, es mejor llamarse cada uno a silencio y reflexión, en oración y meditación delante del Señor; todos nosotros, y especialmente los que participamos en decir cosas que provocan reacciones, cuando ni lo que se dice ni lo que se contesta se condice con al amor de Cristo. Tal vez no estemos tan maduros para entrar en la arena de la opinión y la militancia política como al principio creímos; no sé. Tal vez sea necesario un proceso, hasta que el amor de Cristo subyugue nuestros corazones, y sepamos perdonarnos unos a otros, y recibir al que opina y actúa diferente.
En tiempos de Jesús había una gran enemistad y distanciamiento entre los judíos, orgullosos de su elección como pueblo escogido por Dios, y los gentiles (no judíos), arrogantes por su sabiduría y poder. Pero cuando Jesús de Nazaret culminó su obra, y una nueva fe reunió en un solo pueblo a los seguidores de Cristo, tal distanciamiento dejó de tener sentido. El apóstol Pablo escribió, refiriéndose a Jesucristo: “Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades… para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (Filipenses 2:14,15). Independientemente de banderías políticas y resultados electorales, esperemos y trabajemos porque esa obra de Cristo conquiste otra vez nuestro ser, y someta toda pasión y entusiasmo partidario a su eterno e incomprensible amor.
Porque en definitiva, para los creyentes y a los efectos de la obra de Dios, eso es infinitamente más importante.

19 Oct '14

Hay 9 Comentarios.

  1. Vero
    11:44 pm Octubre 19, 2014

    No es secreto que los uruguayos son apasionados por varias cosas y entre ellas podemos mencionar fútbol y política. Ningún uruguayo se resiste a pelear por defender a su equipo de fútbol o sus ideas políticas. Lo malo es que en política defendemos lo que otros creen es lo mejor para nosotros y vamos y los votamos. No es novedoso y no creo que sea tan así lo que dice de que el nerviosismo está en filas del Frente y el triunfalismo en los blancos. Hay en los dos partidos por igual las dos cosas, es mucho lo que se juegan y representa SU vida!!!!

    Debo discrepar con usted en algunas cosas, como las razones para que la dictadura se instalara en Uruguay. Ni unos eran tan malos, ni los otros tan buenos…
    De todos modos los cristianos debemos ejercer nuestro derecho al voto, debemos opinar, debemos entender y conocer a cada candidato, para votar con inteligencia y conocimiento. No porque nos “gusta” la cara de uno o el jingle del otro. No es fácil, lo se, pero debemos intentarlo. En cuanto a evangélicos que ocupan sitios en el parlamento… no me convencen nada! He conocido a más de una persona cristiana que estuvo en listas con los colorados y luego se pasó a los blancos, tal vez en la próxima decida ser frenteamplista. Estas personas persiguen el poder, como los demás que hacen política, no son mejores y no voy a malgastar mi voto en ellos.

    Quien le escribió a usted una carta insultándole, no merece la pena… un tarado importante, sin ninguna duda, pero vea usted que aun así tiene derecho a opinar… mundo generoso el nuestro…
    No le digo tarado porque le haya sugerido leer filósofos, es buena lectura para conocer y entender el mundo de hoy también. La filosofía es parte del ser humano. Personalmente prefiero incluso a un filósofo secular que a uno cristiano… pero este es otro tema.
    De la diferencia de pensamiento nos enriquecemos, no es que vamos a estar de acuerdo en todo, pero vamos a entendernos a pesar de discrepar. Uno no puede opinar sin conocimiento.

    No escuché mucho sobre las peleas que menciona al inicio del artículo, pero tampoco es tan grave, es en el fragor de la batalla! Estan nerviosos ambos y tiene lógica.
    Todo gobierno hace “algo bien” y “algo mal”, o mucho bien y algo mal o viceversa. Votemos concientemente y seamos ciudadanos activos en todo, porque solo podemos afectar e impactar en la sociedad haciendo lo que tengamos que hacer. Solo ir a la iglesia, sentarnos a escuchar el sermón, cantando y orando no alcanza, porque eso no nos define como ciudadanos, ni siquiera como cristianos.

    Espero que este tema de para discutir sanamente y enriquecernos todos.
    Bendiciones.

  2. Sembrador
    5:43 pm Octubre 20, 2014

    Un comentario sobre el aporte de Vero, con el cual estoy en casi todo de acuerdo. No hay en el artículo un análisis de las causas que nos trajeron la dictadura, en realidad. La referencia, muy breve, es a los momentos históricos en que hubo lucha armada. Por supuesto que la dictadura militar tuvo otras causas, además de la guerrilla tupamara. Por ejemplo las ideologías de izquierda que se extendían cada vez más, sin configurar movimientos armados, y la fuerte influencia norteamericana por evitar nuevas “Cubas”. No veo en el artículo que se diga que los tupas fueran malos, o los militares buenos. De hecho al llamarla por su nombre, diciendo: dictadura, se está dando la pauta que estos muy buenos no eran. En cuanto a que los tupas no eran tan malos… no sé; robaron, secuestraron, asesinaron, y atacaron las instituciones de un estado con gobierno democráticamente elegido. Y ahora, además, demostraron ser unos ineptos para gobernar, jajaja.
    Si algún frenteamplista se enoja por esto último que escribí, por favor, dirija sus insultos y amenazas a nombre de: SEMBRADOR.
    Y si algún frenteamplista cristiano me quiere insultar, porfis, después de hacerlo, pedile perdón al Señor, mi hermano.

  3. Sembrador
    4:41 pm Octubre 22, 2014

    ¿Cómo hago para registrarme en el foro y opinar en el debate Los cristianos y las elecciones? Le estuve dando la vuelta y no hubo caso, seguro estoy haciendo algo mal u omitiendo algo.

  4. IEM
    5:29 pm Octubre 22, 2014

    Sembrador, en verdad no estás haciendo nada mal, es que no está permitiendo registrarse a los visitantes. En cuanto esté solucionado podrás hacerlo!

    Gracias!

    IEM

  5. Sembrador
    6:46 pm Octubre 24, 2014

    ¿El foro estará para el ballotage? jeje, saludos.

  6. IEM
    3:57 pm Octubre 25, 2014

    Esperamos que antes… Depende de quien desarrolla para el sitio…

    IEM

  7. Anabelle Silva
    5:40 pm Octubre 25, 2014

    Intenté opinar en el foro y no pude porque no se como registrarme. Ahora veo que no es un problema de mi máquina. Dr. Pandiani, gracias por poner el tema en discusión. El amor cristiano debería regir todos nuestros actos, pero el fútbol, la religión y la política nos enfrenta de tal forma que nos volvemos casi enemigos. Eso ocurre dentro y fuera de la iglesia. Una lástima.

  8. Sembrador
    5:50 pm Octubre 28, 2014

    Hola, se me complicó de nuevo el foro, no puedo entrar a dejar otra opinión (che, no será que me echaron sin avisarme, ¿no?).

  9. ALFISH FAWXTY AYALA FONSECA
    11:13 pm Noviembre 28, 2014

    !Si en el Uruguay llueve, por mi Colombia no escampa ¡Hermanito ALVARO PANDIANI, Ustedes no son los únicos que sufren de ese mal¡ Por lo que se ve. El mío, un país tan diverso en cuanto a regiones, religiones, culturas, costumbres, ideologías, credos, quereres, pareceres, razas (crisol de), es un país que aún se da el “lujo” de tener la intolerancia y la intransigencia de guerrillas retrógradas y fratricidas, con mentalidades trasnochadas, contumaces y carniceras, así se aplauda el que una facción de éstas hoy esté en Cuba negociando la paz nacional con algunos “representantes del gobierno” de turno, conformado, aproximadamente, en un 33%, por miembros, fichas y figurones de la oligarquía y la plutocracia: (paramilitares, narcotraficantes, contrabandistas, evasores, hackers, chuzadores, contratistas, piramidistas, estafadores, lavadores de dólares, codueños de paraísos fiscales, saqueadores del erario público, múltiples exponentes de la delincuencia y del delito, etc.), que han querido “re-fundar la patria”. Triste realidad, pero esa es la élite que nos gobierna, y legisla en pro y en defensa de sus intereses particulares. Ya esas plagas están demasiado difundidas en el mundo y no hay antídoto, pesticida ni remedio posibles con que se las pueda erradicar y, ni siquiera, combatir. No digo que nos resignemos; mas sí aconsejaría (y aspiro) a que nos convenzamos de que las cosas no van a mejorar por la obra y o el querer humanos. No perdamos el tiempo y las energías pidiendo en oración al Gran Dios “YO SOY” de Éxodo (3:14-16) que nos sea propicio y nos dé todo lo contrario a eso. Sí creo, firmemente, que esa no es Su Santa Voluntad. El Señor Jesús, hace más de dos mil años, lo anunció y no le hemos atendido. O, tal vez, sea que aún hoy no le hayamos entendido. Recordemos lo que consta en Mateo 23:37 “! Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste¡” Ni olvidemos lo que reza en Mateo 24:10: “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán”. Ni desdeñemos que Él también dijo: “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (24:12). Tanto en la familia como en la sociedad (y, dentro de ésta, en la Iglesia), cosas tales como la división, el odio, la intolerancia, la corrupción, las aberraciones sexuales, la supremacía de los deseos carnales sobre el verdadero amor sano entre parejas heterosexuales (neo Sodoma y Gomorra), la traición, el amor al dinero (avaricia), al poder y sus conexos o afines, son el factor común o (“pan nuestro”) de nuestros días. ! No nos extrañemos por eso¡ Tampoco soslayemos que el Señor Jesús dijo que “los enemigos del hombre serán los de su (misma) casa” (Mateo 10:36). Cada vez me convenzo más acerca de que no hemos entendido algo, tan escritural como profético, y es que en este mundo estamos de paso, en un tránsito, haciendo el curso para una vida mejor; somos “extranjeros y peregrinos” (1ª Pedro, 1:11). Pero nos aferramos es a que Dios haga nuestra voluntad, y no queremos someternos a su Ley para hacer nosotros Su Voluntad. Por algo Él dijo, en su paso por esta Tierra, (a ciertos escribas y fariseos de Jerusalém, como lo dice a los del Israel eclesial de hoy, donde hay mucho trigo pero, también, abundante cizaña): “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15: 8-9). Muchos creen orar al recitar el “Padrenuestro” cuando, sin estar conscientes, dicen “Hágase Tu Voluntad, en la Tierra como en el Cielo”, mas (en el fondo de cada ego) se le quiere “torcer el brazo” a Dios para que haga nuestra voluntad terrenal o carnal y no la suya, buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).
    No veo mal ni critico que el cristiano participe en política, pues también dice Dios, el Señor Jesús, por la pluma de uno de sus apóstoles: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Romanos 13:1-2). Maravillosa sencillez con la que se manifiesta la sabiduría divina, al decir: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Marcos 12:17). Tristemente, abunda tanto necio y tanto sabio en su propia opinión, que ha llegado a hacer carrera y dogma doctrinal la frase “el cristiano no tiene nada qué hacer metiéndose en política”. Éstos creen que “es mejor que la política se meta con el cristiano”. Tanto desobedecen a la Escritura inspirada por el Gran Dios “YO SOY” que se dan el lujo de hacer lo contrario a Su Voluntad, ignorando y menospreciando lo que, por pluma de otro de sus apóstoles, mandó que hiciéramos, a saber: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por Él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien”. “Porque esta es la Voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios”. “Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey” (1ª Pedro, 2:13-16). Las personas que se oponen a que el cristiano ejerza su “legítimo derecho a elegir y ser elegido”, son auténticas piedras de tropiezo (tal como lo fueron los escribas y fariseos del tiempo del Señor Jesús en la Tierra, al punto que los cuestionó públicamente). En aquel entonces, Él les dijo: “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas¡ Porque cerráis el Reino de los Cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando”(Mateo 23:13; Lucas 11:52). Para dar tranquilidad y transmitir seguridad a sus discípulos y apóstoles, les dijo: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes YO os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:19). El Señor Jesús, “la Luz del mundo” (Juan 8:12), dijo que los verdaderos cristianos “no son del mundo” (Juan 17:14, 17), sino que -por la comunión existente entre éstos y Él-, ellos también “son la luz del mundo” (Mateo 5:14).
    Como en la antigüedad, hoy también hay fariseos, y cizaña mimetizada entre el trigo. Aunque el Señor Jesús también señaló que “por sus frutos” se conocerían (Mateo 7:16). Quienes se oponen a, y hasta prohíben, que el cristiano de hoy ejerza sus derechos políticos, son los fariseos modernos y la cizaña camuflada entre el trigo, que no entran e impiden que otros entren el el Reino de Dios. Es fácil identificarlos, pues se comportan como pirañas en estanque de arenques; devoran y ahuyentan a las almas que buscan a Dios en Jesús, y en el prójimo, y quieren permanecer en Él. El Señor Jesús jamás mandó que nos devorásemos unos a otros; al contrario, lo que sí dijo fue: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como YO os he amado” (Juan 15:12; 15:17). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:15, 16). “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él” (Juan 3: 17).
    ¡Mil Bendiciones, hermanito ALVARO PANDIANI ¡
    Atte., Alfish Fawxty Ayala
    Barranquilla. – Colombia. 2014-11-28

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