HISTORIAS DE ULTRATUMBA 2 –

Aunque las consideraciones vertidas en la Parte 1 puedan parecer un ejercicio de pensamiento medieval, los temas relacionados a la vida después de la muerte y la supervivencia de la personalidad humana tras la última frontera siguen teniendo vigencia; una vigencia cada vez mayor en esta época posmoderna, de desencanto y desesperanza, pero a la vez de búsqueda de una respuesta a los enigmas de la vida, respuesta que la ciencia y el racionalismo en sus diversas formas no pudo dar. Ahí salen las llamadas historias de ultratumba.

Las historias de ultratumba forman parte de la cultura popular de muchas naciones, y aún dentro de un mismo país toman forma diversa según a qué estrato social pertenecen y qué nivel cultural tienen quienes las cuentan, quienes las escuchan, y quienes las creen. En una sociedad fuertemente secularizada y mayormente agnóstica, con un agnosticismo práctico que se ocupa del aquí y ahora, sin preocuparse por el momento de lo trascendente ni del más allá, pero que se aleja de una minoría atea rabiosamente militante, las historias de ultratumba, que se inscriben dentro de lo que se ha dado en llamar por estas latitudes “historias mágicas”, representan un alto momentáneo en una existencia vertiginosa, superficial, groseramente materialista; significan detenerse un instante frente a una puerta entreabierta, y atisbar otro universo posible, la eventualidad de que la vida del hombre sobre la tierra sea algo más que el ciclo que se inicia en el vientre materno y finaliza en la tumba. En un mundo que ha perdido la fe en la religión, pero que busca desesperadamente recuperar la espiritualidad como dimensión legítima de la existencia humana, las historias de ultratumba constituyen un sucedáneo de las viejas creencias religiosas; dan la oportunidad de creer en algo, de creer que hay algo más, de contactarse con lo místico, de tener esperanza ante la muerte de un ser amado que se ha llevado un fragmento de nosotros, o ante la perspectiva de nuestro propio fin. Vistas por algunos como reivindicación de las clases oprimidas, denuncia de antiguas injusticias impunes, o persistencia en la memoria de personajes que no lograron mayor trascendencia (resumen demasiado escueto, y por ende injusto, por lo extenso y profundo del estudio que de este fenómeno han hecho algunos autores), destacan en estas “historias mágicas” la característica que les da su nombre: la presencia constante de la sobrenaturalidad. Nada es normal, todo es inexplicable, en estas historias; lo que podría ser visto como superstición e ignorancia por los sectores “cultos” y “académicos”, es defendido por los estudiosos de los relatos populares como expresión de las clases despreciadas, que crean sus propios códigos para conservar la memoria de sus experiencias de vida. Dice el psicólogo social Néstor Ganduglia: “… puede que en las páginas de este libro, apenas una sombra de la fascinante tradición oral viva que lo motiva, usted sólo pueda ver un montón de creencias absurdas, supersticiones y pintoresquismos folklóricos. No se preocupe: la mayoría de los académicos también piensa lo mismo. El que no sabe, no ve. Yo tuve que aprender muchísimas cosas para poder ver más allá del pasto y el árbol, dejar que la palabra de la gente me fuera armando lentes nuevos con los que empezar a mirar el mundo mágico, y comprender las razones y contenidos de la memoria colectiva que late en cada relato de aparecidos, brujas y lugares encantados”. 1

Más allá de las elucubraciones de tipo psicológico, o aún filosófico, a nosotros nos interesa sobre todo el aspecto espiritual de estas historias, su relación con lo religioso, y contrastar uno de los tipos más populares de historias mágicas, las historias de ultratumba, con el basamento de la Palabra de Dios que establecimos extensamente en la Parte 1 de este ensayo. Las historias de ultratumba toman múltiples formas, y sus detalles pueden variar y multiplicarse, pero todas parten de un hecho básico común: la presencia persistente del alma de un difunto en una casa o edificio, o en las inmediaciones del lugar donde murió, que aparece fundamentalmente por las noches, en forma fantasmal, generando un sobrecogimiento de terror en el mortal que tiene la dudosa fortuna de ser testigo de su aparición.

Las leyendas populares acerca de apariciones espectrales provenientes del Otro Mundo tienen siglos (o milenios) de ser contadas en las ruedas de relatos y fogones; dinámicas, se van modificando con el paso del tiempo y según los rasgos culturales de las comunidades en las que son contadas, incluidas sus creencias religiosas. También es cierto que antiguas creencias sobreviven al cambio cultural y hallan su lugar en el nuevo orden de ideas, una y otra vez. El cristianismo no es ajeno a esto; dice Philippe Walter: “En la periferia del cristianismo bíblico existe, en efecto, una memoria arcaica de tradiciones, de “supersticiones” y de leyendas que forman una auténtica mitología y que no poseen ninguna justificación bíblica. En la Edad Media, esos ritos y esas creencias constituían el lenguaje natural de un pueblo que no leía la Biblia. Integraban un marco que le permitían concebir el mundo y lo sagrado. Lo esencial de esta materia mítica procedía en realidad de la memoria “salvaje” de los pueblos europeos y, gracias a la Iglesia, pudo incorporarse en la letra y el espíritu de la Biblia. Así fue como, en el interior mismo del cristianismo medieval (que no debe confundirse con una mitología), se elaboró una auténtica mitología cristiana”.2 Puede criticarse a este autor que diga pudo incorporarse en la letra y el espíritu de la Biblia, al referirse a la memoria de los pueblos europeos paganos, a sus mitos y supersticiones precristianas, pero debe interpretarse la expresión como diciéndonos que esos mitos y supersticiones se incorporaron en realidad a la práctica religiosa cotidiana de los pueblos ahora “cristianos”. En el curso de su libro, el autor mencionado se refiere sobre todo a la mitología celta, procurando demostrar la gran medida en que ésta permeó la cultura cristiana medieval, mediante la introducción de sus mitos y personajes legendarios, a menudo bajo el disfraz de figuras sagradas para la cristiandad. En relación a esta mitología, y viniendo al tema de las historias de ultratumba, cabe destacar una celebración pagana, vinculada a una fiesta que persiste hasta nuestros días: la festividad de Samain, la noche del 1º de noviembre de nuestro calendario, combatida por la Iglesia mediante la implantación del All Hallows Day (Día de Todos los Santos); la víspera del Día de Todos los Santos (All Hallows Evening) deriva en el Halloween moderno, fiesta de disfraces pretendidamente inocente e infantil, en la que no obstante los motivos de los adornos y disfraces tienen que ver exclusivamente con la brujería, la muerte y las apariciones espectrales de ultratumba. Al respecto dice Walter: “En el antiguo calendario irlandés, la fiesta del 1º de noviembre lleva el nombre de Samain… Es el momento en que los seres del Otro Mundo tienen permiso, transitoriamente, para visitar a los vivos, pero es también el momento en que los vivos pueden tener acceso, furtivamente al Otro Mundo”; y agrega luego: “Samain y Halloween postulan ante todo la existencia de Otro Mundo (que no debe confundirse, de manera precipitada, con el mundo de los muertos, ni siquiera con el paraíso o el infierno). Éste es el mundo donde habitan las hadas y los aparecidos… Samain y Halloween permiten el diálogo con el Otro Mundo. Autorizan la aparición de una magia más o menos peligrosa, vinculada con una transformación de las estaciones y una especie de fractura en el tiempo”.3

Pero el fenómeno de las historias de ultratumba trasciende fechas del calendario. Uno de los medios que es moldeado y a su vez moldea las creencias de las personas que no tienen una posición filosófica y/o religiosa o doctrinal definida ante la vida, es el arte; fundamentalmente, el cine. Con su innegable poder para impactar mediante la imagen, el cine ha tomado argumentos de la literatura, de narraciones creadas por escritores que recogen las creencias y supersticiones populares y les dan forma, o directamente de esas creencias y supersticiones, surgiendo así guiones sazonados con elementos antiguos e ideas nuevas sobre el tema. Entre estas producciones, muchísimas, que encajan en los géneros relacionados de terror y suspenso sobrenatural, además de las clásicas historias de vampiros, demonios y monstruos venidos de una dimensión paralela, destacan las siempre presentes historias de ultratumba. Para comentar, a modo de ejemplo, vamos a tomar un título del género terror; un clásico, por lo retorcido y extraño del argumento, y por lo grotescamente sangriento de los asesinatos cometidos por el fantasma de turno. Nos referimos a “Superstición”. En esta película de 1982, el espectro de una bruja ejecutada tres siglos antes de manera “incorrecta” (ahogada en un lago en vez de quemada en la hoguera), azota una familia, establecida en una casa junto al lago en cuestión. Lo interesante es que, aún hace algo más de tres décadas, los guionistas contemplaban la introducción de símbolos cristianos como defensa frente al espectro, el cual se disolvía y alejaba cuando alguien enarbolaba una cruz (al mejor estilo vampiresco). No obstante esto, el fantasma homicida se ceba en un pequeño grupo de pastores protestantes (¡!), personajes principales de la película, todos los cuales, pese a las cruces y a la supuesta fe que profesan, terminan pasando a “mejor vida”, asesinados por el espíritu desbocado de la vieja bruja.

Este recurso de una defensa basada en símbolos cristianos desaparece en producciones más recientes; notoria (y obviamente) en películas basadas en leyendas populares japonesas. En el terror japonés destaca la figura del onryo, un “espíritu que permanece en este mundo por venganza”4. Sea en las versiones originales japonesas, o en las copias hechas en Estados Unidos, el núcleo argumental es siempre el mismo: el onryo, alma de un muerto que persiste en un sitio, por ejemplo una casa, como “maldición” del lugar, se ha transformado en un fantasma revanchista, que “venga” su muerte asesinando injustificadamente a cuantos se le crucen delante. “El concepto no debe entenderse a la manera occidental. La venganza de un fantasma japonés no va necesariamente dirigida al sujeto que la provoca. Esto explica por qué muere un inocente tras otro cuando el onryo comienza a hacer de las suyas en la película”4. Así, se trate de El Grito, Agua Turbia, La Llamada (en realidad The Ring: El Anillo), cuando uno ha visto alguna de estas, parece que las ha visto todas. Merece destacarse el hecho de que en El Grito 1, el hombre de la policía de Tokio que investiga las muertes en la casa maldita, y reconoce la presencia del onryo, afirma que contra esa maldición no hay nada que se pueda hacer; mientras, en La Llamada 2, de manufactura norteamericana, los guionistas encuentran un método para que, al final, los protagonistas se libren definitivamente del agresivo espectro. Culturas distintas con diferente enfoque de la vida, sin duda.

Y en nuestra visión cristiana del asunto, vienen otra vez a la mente aquellas almas que clamaban venganza contra sus asesinos, según Apocalipsis 6:9-11. En lugar de ser enviadas en procura del desquite, estas almas reciben de Dios vestiduras blancas, y la orden de continuar su descanso, hasta que un plan superior se consume. Sin duda, una visión mucho muy diferente.

En otro orden están las producciones de suspenso sobrenatural. En este tipo de historias, la presencia persistente de las almas de los difuntos no tiene propósitos agresivos, sino más bien entregar un mensaje o requerir un servicio de los vivos; en general, la resolución de un asunto pendiente. Quizás merece mencionarse en primer lugar el tratamiento del tema que hace J. K. Rowling en las historias de Harry Potter. En las mismas, los fantasmas son parte del personal del Colegio Hogwarts; pasean, saludan, charlan, cuentan cómo fue su muerte, manifiestan envidia de los mortales que aún pueden saborear la comida, comentan los sucesos del día, etc. La desmitificación y trivialización que hace la autora de un asunto que, habitualmente, es “de miedo”, se ve jalonada, primero, por una llamativa explicación de la presencia de los fantasmas en el castillo. En “La Orden del Fénix”, uno de ellos explica que “decidió no aceptar” su muerte, por lo cual no quiso o no se atrevió a “seguir adelante”5; una explicación que parece destinada a despertar una sensiblería tipo “new age”. En segundo lugar, puede leerse en “La Cámara Secreta” una escena que no llegó a las pantallas de cine: Harry y sus amigos van a las mazmorras del castillo para participar del “aniversario de muerte”, es decir, de la celebración de los quinientos años de la ejecución de uno de los fantasmas, nada menos que la noche del 31 de octubre. La narración de la fiesta de los espectros es un relato sumamente oscuro.6 Por supuesto, no se puede esperar otra cosa de historias tan bizarras en las que sus personajes practican la brujería, celebran Halloween pero también Navidad, se van de vacaciones en Semana Santa (sin mencionarla), tienen contacto permanente con lo sobrenatural, y jamás hablan de Dios.

Un clásico del género de suspenso sobrenatural, con la presencia de espíritus de difuntos que rondan a los vivos, es sin duda alguna “Sexto Sentido”, de 1999. La frase con que el asustado niño refiere al psicólogo que le asiste la causa de sus conflictos: “veo gente muerta”, se ha popularizado enormemente. Este niño, que según la historia tiene el nada envidiable “don” de ver y oír a los muertos, se ve constantemente asediado por fantasmas que le aterrorizan, hasta que comprende qué es lo que quieren, y una vez que les ayuda, los fantasmas se van para siempre. Esa es, más o menos, la base argumental de la serie “Ghosts Whisperer” (almas susurrantes, o almas que susurran), cuya protagonista, también “dotada” de la capacidad de comunicarse con las almas de los difuntos, les ayuda a resolver cuestiones pendientes, luego de lo cual estas almas pueden “seguir hacia la luz”. Más allá de las elucubraciones psicológicas que puedan hacerse, los guiones de estas producciones no son alegóricos; en cada uno de esos mundos de ficción, los fantasmas son realmente espíritus de muertos que molestan a los vivos, hasta que se les ayuda a lograr la “paz”, y entonces se van.

Siguiendo en esta línea, tenemos semanalmente por televisión cable, nada menos que en el Canal Discovery, un canal serio que emite documentales culturales de alto nivel, un programa titulado, justamente, “Historias de Ultratumba”. Lo interesante acá es que no se trata de una obra de ficción, sino de recreaciones hechas con actores de sucesos pretendidamente reales; sucesos que tienen como común denominador la interacción de personas comunes y corrientes con fenómenos sobrenaturales, provocados por espíritus de difuntos; espíritus que rondan una casa o, como en un capítulo muy original, un cementerio. Durante el transcurso de la historia, la recreación de los hechos alterna con el testimonio de los verdaderos protagonistas, quienes relatan sus experiencias escalofriantes con el o los aparecidos. No deja de ser llamativo, para el enfoque que estamos dando a este tema, que cuando los moradores de una casa “embrujada” por uno de estos espectros solicitan ayuda para deshacerse del mismo, casi nunca dejan de aparecer representantes del cristianismo. En uno de los capítulos de la serie aparece un grupo de personas que llegan, Biblia en mano, refiriendo ser un equipo que se dedica profesionalmente a limpiar casas y lugares habitados por espíritus, o algo así (unos verdaderos cazafantasmas); en dicho capítulo estos personajes, de conducta algo extravagante, combinan lecturas de pasajes de la Biblia, oraciones a Jesucristo y ritos esotéricos, para desalojar el fantasma. En otras entregas de la serie llega, a solicitud de la familia, un sacerdote o pastor (cuando se anima, pues en algunos capítulos el ministro cristiano se niega a ir); generalmente los ministros cristianos, o se asustan y se van de inmediato, o intentan sus ritos y oraciones, los cuales son inefectivos, ya que el fantasma sigue impertérrito en el lugar, molestando y asustando. Al final, la solución la trae un brujo o médium, que sí logra desalojar al fastidioso espectro (sin que falten historias en las que el susodicho médium nada puede hacer, y la familia debe abandonar la casa). Esto trae a la memoria la película inicial de la trilogía “Poltergeist”, en la que, luego que un equipo de parapsicólogos confiesa su fracaso y se retira, aparece una médium asegurando poder solucionar el problema; pero para eso, recomienda a la familia hacer todo lo que ella diga, y “olvidar sus creencias cristianas”. Pero en el caso de la Historias de Ultratumba que emite el Canal Discovery, las que, según ya se dijo, se presentan como basadas en sucesos reales, hay un mensaje implícito pero muy claro, que se le hace llegar a la audiencia que gusta de esta clase de historias sobrenaturales, en todo lugar donde el programa se emite. Esta clase de programas pretende ser el testimonio de un Otro Mundo, de una dimensión de ultratumba a la que van las almas de los seres humanos que mueren, lo que sería un mensaje positivo, ya que representaría el testimonio esperanzador de que hay vida más allá de la muerte. Pero esa vida, una mera continuación de la existencia consciente, manifestada como una sombra espectral que vaga en lugares oscuros y silenciosos, que solo o predominantemente aparece por las noches (lo cual impresiona más como un síntoma del universal temor del ser humano a la oscuridad que un requisito a cumplir por el aparecido), una vida cargada de amargura y llena de la necesidad de comunicarse con los vivos, pero que solo puede lograr esa comunicación espantando y aterrando a los mortales, esa clase de vida, no trae en absoluto esperanza ni consuelo. Solo hace ver la muerte como más terrible, pues está sería la puerta por la que inexorablemente se deberá pasar a una existencia en la que todo lo bello se ha perdido para siempre, y solo resta la amargura, la nostalgia y la soledad. Y estas consideraciones valen también para las historias mágicas de origen autóctono; es decir, las que han empezado a contarse hace varios años por la televisión, y se han recogido en la literatura, aquí en Uruguay. Ante la perspectiva de tal “vida de ultratumba”, uno se pregunta si no es mejor una muerte que sea como dicen los ateos que es: la disolución definitiva de la personalidad, y nada después.

Pero hay otro mensaje más preocupante en estas Historias de Ultratumba mediáticas que se pueden ver en la televisión por cable: según estas pretendidamente historias reales, ese Otro Mundo de ultratumba está más allá del control o del alcance del poder de la fe cristiana. Llama la atención que en esta serie los ministros cristianos fracasen casi invariablemente en controlar y expulsar al fantasma perturbador, para traer alivio y paz a las familias en cuestión. Los que sí lo logran son brujos, médiums, parapsicólogos, o algo de eso. Para un ateo, todo esto es una enorme ficción, y no da para más análisis; para una persona que se fascina con lo sobrenatural (¿y quién no?), y más si es alguien crédulo (independientemente de su nivel de educación formal), esta clase de cosas puede moldear sus creencias, haciendo que traslade lo que ve en la pantalla a la vida real, bajo la forma de una fe muy personal y no estructurada, en la que el mensaje de Cristo no halla cabida, porque lo vio débil e ineficaz. Para un cristiano con penetración espiritual, está clara la intención, el espíritu, que se esconde detrás de esto: el desprestigio del cristianismo y la implantación y diseminación de una espiritualidad pagana, que incluye el contacto con los muertos y la comunicación con otras entidades sobrenaturales, en la misma bolsa en la que están también la adoración de dioses paganos precristianos, el culto a los ovnis, el satanismo, etc. Todo, en nuestra visión cristiana, un multiforme engaño de inspiración satánica, que tiene como objetivo al ser humano, para apartarlo de Jesucristo, el único camino de salvación eterna.

Recordemos que, como vimos en la Parte 1, los espíritus de los muertos, según la Biblia, están confinados en sitios ajenos a, y sin contacto con, este mundo; pero Satanás puede, según Job 1:7: “rodear la tierra y andar por ella”. Al respecto, el apóstol Pedro dice: “… vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8); y el apóstol Pablo expresa: “… que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros, pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Jesús dijo que Satanás es “mentiroso y padre de mentira” (Juan 8:44).

No es nueva esta pretensión de los practicantes de la magia y la brujería, de poseer mayor conocimiento o poder para manejar las fuerzas del mundo sobrenatural, que los ministros cristianos. También dice Pablo: “… iré pronto a visitaros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos, pues el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1 Corintios 4:19,20). No es novedosa esta pretensión de los practicantes del ocultismo, de manejar un poder superior; pero es algo que no se comprueba en los hechos.

El Dr. Kurt E. Koch, un teólogo luterano que realizó por varias décadas campañas de evangelismo en Alemania y Suiza, publicó en 1968 el libro Ocultismo y Cura de Almas, en el que efectúa un estudio detallado de la fenomenología sobrenatural con la que se encontró en sus actividades evangelísticas. Si bien el énfasis del Dr. Koch está en el estudio del fenómeno del ocultismo en su más amplia concepción, y por tanto incluye cosas como la telepatía, la psicoquinesia, la adivinación, la astrología, la magia, el demonismo, y otras, también aparecen y destacan en su libro, los fenómenos de aparición de fantasmas y comunicación con los muertos. Por “oculto” se entiende “algo que traspasa el límite de las experiencias sensibles: los fenómenos racionalmente incomprensibles. Las apariciones, que penetran en el terreno metapsíquico y metafísico, o las relaciones entre el espacio sensible y el trascendental o metafísico”.7 Lo valioso de esta publicación es el enfoque que le da el autor, quién no examina los fenómenos paranormales por el simple gusto de curiosear en esa área, sino que lo hace con el propósito de ofrecer una guía para la consejería y atención pastoral de aquellas personas que, por involucrarse en prácticas ocultistas (magia, brujería, espiritismo o contacto con los muertos), resultan psicológicamente dañadas y espiritualmente perturbadas. Para eso, con un criterio pocas veces utilizado en la literatura evangélica, comienza por dudar del fenómeno sobrenatural, y dice: “Ha de procurarse comprobar, en primer lugar, si existe realmente el fenómeno ocultista”8; insiste también en buscar una explicación natural al fenómeno, y aconseja: “no debe recurrirse al terreno de más allá de los sentidos mientras sea posible obtener de ellos una comprensión racional… El recurso precipitado de atribuir lo inexplicable a la esfera sobrenatural, es apartarse de la voluntad divina, subestimando el valor de los sentidos y de las fuerzas intelectuales que Él nos ha confiado”9; reconoce que mucho de lo que ignorantemente consideramos sobrenatural puede tener su origen en disturbios psíquicos, y llega a expresar: “Entender si puede darse al enfermo toda la ayuda necesaria por métodos espirituales, o si el pastor debe capitular en este deber y enviar a todos los enfermos psíquicos al neurólogo”10 (por neurólogo debe entenderse psiquiatra, o neurólogo y psiquiatra; algunos términos utilizados por el Dr. Koch pueden resultar anacrónicos, pues su obra tiene más de cuarenta años, y también puede haber defectos de traducción). Sometido a discusión cada caso desde el punto de vista médico y psicológico, y descartados así muchos fenómenos que reciben explicación racional, queda aún lo que el autor llama un “resto inexplicable”. De este resto inexplicable surgen muchos relatos que encuadran perfectamente en lo que hoy llamamos historias mágicas, o más específicamente, historias de ultratumba; algunas de éstas resultan muy pintorescas, pues por su origen geográfico (Alemania, Suiza), suelen ser historias de fantasmas en mansiones y castillos. Ejemplo de este tipo es el siguiente:

            “En una conferencia evangélica de académicos que se celebró en Herrenalb, en otoño del años 1951, se suscitó una discusión entre los pastores y los médicos sobre el problema del ocultismo. Estaba presente el director de un semanario de gran tirada el cual contó que su hermana poseía un castillo en la región de Silesia en el que a menudo se aparecía el fantasma de una mujer joven que corría hacia las escaleras, subía por ellas, y desaparecía en el corredor superior. De momento la historia no me interesó, ya que corren muchas historias semejantes de supuestos antepasados que rondan por los castillos que antaño fueron su morada; pero en un momento del relato oí que el nombre del castillo era Lubowitz. Entonces me acordé de un escrito de Eichendorf que había leído años atrás sobre este castillo. Eichendorf se encontraba con algunos de sus amigos velando precisamente ante el lugar donde acostumbraba aparecer el trasgo. Dice que mientras se hallaban hablando de cosas triviales se abrió la puerta y una mujer joven y esbelta entró por ella y corrió rápidamente escaleras arriba. Había en la casa un criado nuevo que nada sabía de ese duende y al ver a la joven dama la siguió con una lámpara para iluminarle las escaleras; pero, de repente, un grito espantoso se dejó oír en todo el castillo. Tan pronto como se hubieron repuesto de su espanto, Eichendorf y sus amigos corrieron al lugar de donde había partido, y hallaron al criado tendido sobre el suelo, muerto; en su rostro se veía la expresión de un terrible espanto. Este hecho tuvo lugar en el año 1810. La última dueña del castillo de Lubowitz lo abandonó cuando los rusos se aproximaban, en el año 1944. Con la historia del director de la revista se nos garantiza la permanencia de un mismo fantasma residente en el mismo lugar por espacio de 134 años”.11

Una historia de este tipo puede alternarse con uno o dos ejemplos autóctonos, sin que notemos más que diferencias menores:

            “En Rincón de Aparicio, en el corazón del departamento de Lavalleja, hay todavía una casa en ruinas que alguna vez perteneció a Juan y a su mujer. La relación entre los dos nunca fue muy buena, el hombre era muy bruto y cada tanto había escándalo en el pago por las palizas que la doña se llevaba en el lomo. La última fue la peor, cuando Juan le descubrió a su mujer un romance con el que ella quiso remediar en algo la tremenda soledad de su existencia, casi enteramente dedicada a cuidar la quinta, mimar al perro y penar en vida a la sombra de un canelón que ella quería mucho. Tan dura fue la paliza que la mató, y cuando se dio cuenta de lo que había hecho, el hombre enterró a su mujer y corrió por el pago la voz de que ella se había ido con la madre que vivía en Melo. Así hubieran quedado las cosas, sino fuera porque Juan se despertó una noche con el dormitorio alumbrado por un resplandor intenso, como si fuera de día, pero a las dos la mañana. Se levantó de un salto y quedó boquiabierto con la bola de luz que salía de abajo de la cama, azul y chisporroteante, que le hizo tiritar en pleno verano y salir disparado por la puerta estrecha de la casa. Por allí salió también aquel resplandor redondo, mientras el marido lo veía meterse entre las hojas del canelón y al perro caminar tranquilo atrás de la luz y moviendo la cola. La luz volvió a salir muchas veces más, hasta que los vecinos entendieron y el hombre supo que no había cómo escaparle a aquello y se entregó solito a la policía”.12

            “Según cuenta la tradición oral, el espíritu de Clarita quedó prisionero en el edificio en que la joven fue recluida. Tal vez a raíz del maltrato recibido, el ánima o la “energía” de esta mujer deambula de aquí para allá en las instalaciones de la casa. Por esta razón, el Museo de Bellas Artes Juan Manuel Blanes es en la actualidad el escenario de una serie de fenómenos misteriosos. Algunas veces, el fantasma de Clarita se aparece en las inmediaciones del Museo. No es difícil, dicen muchos testigos, sorprender durante los atardeceres y las noches a su aparición recorriendo el florido Jardín de los Artistas, lugar predilecto de sus travesías de ultratumba. En todas las ocasiones, Clarita aparece vestida con los mismos atuendos de color blanco que portaba durante el tiempo de reclusión en el altillo”.13

Sin embargo, hay otros relatos en la experiencia del Dr. Koch que exhiben una evolución diferente, cuando acciona un grupo de cristianos auténticos; veamos dos:

            “Entró en una casa pastoral un nuevo pastor. Pronto se dieron cuenta, tanto él como su esposa, que a veces se encontraba en una cierta habitación de la casa un hombre de edad avanzada y de pelo rojizo, que desaparecía tan pronto como se abría la puerta y alguna persona entraba en la habitación. Además de esta aparición visible, también se oían a veces en el corredor ruidos como si alguien rozara el suelo y lo rascara. No tan sólo ellos lo notaron sino que algunas veces había sido también observado por gente venida de visita a la casa pastoral. Después de practicar una investigación cuidadosa se llegó a la conclusión de que el hombre del pelo rojo era idéntico a la descripción que se hacía del anterior pastor y que, según la opinión de la gente del pueblo, había llevado una mala vida. El nuevo pastor, que era un creyente fiel, llamó a algunos cristianos para que se juntaran con él en oración en el lugar de las apariciones, teniendo por resultado que tal fenómeno desapareció rápidamente”.14

“Un joven que tenía cierta simpatía por el cristianismo perdió a su mujer y después de dos años se casó de nuevo. Con su primera esposa vivía completamente feliz, pero desde su nuevo matrimonio era molestado por las noches con la aparición de la difunta, que procuraba acercársele en el plano sexual. El hombre fue a consultar el caso al pastor, y exhortado por éste, decidió seguir a Cristo y le confesó públicamente. El pastor, que era un misionero popular muy conocido, desde que empezó a orar por (esta persona), experimentó raras tentaciones similares. Una noche, además de ver un fantasma femenino, sintió como una corriente que le bajaba por la espalda. Empezó a gritar a la aparición que se fuera en el nombre de Jesús, y así sucedió. A partir de aquella noche, no solo el pastor, sino también el hombre que acudió a él en busca de ayuda, dejó de tener más apariciones de su fallecida esposa”.15

Cuentos, fantasías para pasar el rato, leyendas, o relatos con vestigios de algún verdadero suceso paranormal de base, los primeros ejemplos no van más allá de una narración, escalofriante pero superficial, a veces con algún resabio de moraleja, otras sin él. Sin embargo, en las historias de fantasmas del libro del Dr. Koch aparece un elemento que está ausente en las historias mágicas autóctonas, cuyo único fin parece ser entretener, y dar a conocer estos relatos populares (o popularizables y mediáticos), para captar audiencia con un programa televisivo diferente, hecho acá, que nos cuenta el mismo tipo de historias de ultratumba, pero “nuestras”. Nos referimos a un elemento que sí está presente en las historias de ultratumba que pueden verse semanalmente en el Canal Discovery, y que mencionamos antes: la participación de ministros religiosos cristianos convocados por los “damnificados”, aquellos que tienen que soportar al fantasma en su hogar, para ser librados del mismo. En la serie Historias de Ultratumba, como dijimos, los ministros cristianos casi siempre fracasan; en el libro del Dr. Koch, casi siempre triunfan (casi siempre; en el capítulo que habla sobre el pacto de sangre, el autor es muy franco al confesar que aquellos que “vendieron su alma al diablo” no pudieron ser liberados de ninguna manera).

Aunque a muchos puedan sonarles insólitas y medievales cosas como la brujería, el pacto de sangre con el diablo o la búsqueda del contacto con el más allá, éstas siguen existiendo con toda su fuerza. Fruto de la ignorancia y la superstición, o de una posmoderna cosmovisión que, huyendo de la aridez del racionalismo, busca beber conocimientos y experiencias extraordinarias en un espiritualismo profano y sin cánones religiosos. Podemos interpretar la efectividad de los pastores cristianos en expulsar a los fantasmas, según el libro de un teólogo cristiano, o su fracaso, según las Historias de Ultratumba mediáticas del Canal Discovery, como expresión de propaganda de una ideología religiosa definida (a favor del cristianismo, o anticristiana, respectivamente); podemos interpretarlo en una forma “light”, o superficial, como un error al atribuir las perturbaciones sobrenaturales a un origen “diabólico”, acorde a las tradiciones cristianas, y pretender exorcizarlas (lo que en definitiva sería una interpretación “poscristiana”, compatible con la noción de haber superado la doctrina cristiana, y por lo tanto, anticristiana). En este caso estaríamos más próximos a aceptar la hipótesis espiritista como explicación de los fenómenos sobrenaturales; por lo menos, de aquellos que caen en lo que el Dr. Koch llama “resto inexplicable”. Es decir, que se trata de auténticos espíritus humanos descarnados, almas de difuntos que regresan para contactarse con los vivos, o que andan “por ahí”, y acuden cuando son convocados. Ésta es una interpretación que vería el Otro Mundo no como un lugar de existencia árida, solitaria y vacía, sino como un lugar de luz y felicidad al que todos van al morir (independientemente de cómo hayan vivido), y donde hasta los malos son buenos, porque finalmente “aprenden”.

Podemos interpretar todo como un gran engaño, una simple fantasía, cuyo objetivo es, como ya fue dicho, entretener y pasar el rato.

Podemos pensar que los fracasados ministros de la serie Historias de Ultratumba fallaron porque no eran auténticos en su fe, y aquí nos acercamos más a una visión cristiana del tema; también el Dr. Koch habla de pastores profesionales, cuya fe y entrega a la doctrina cristiana era tan débil o inexistente, que incluso llegaron a practicar el ocultismo. Y aquí, cuando hablamos de autenticidad, tenemos que recordar otra vez a los hijos de Esceva (“A Jesús conozco y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?”; Hechos 19:15). Es decir, si realmente hay un mundo espiritual maligno (y como cristianos creemos que lo hay), no podemos enfrentarlo en el nombre de Cristo, salvo que estemos realmente llenos y revestidos del Espíritu de Jesucristo.

¿Qué debemos creer de las historias de fantasmas, duendes, poltergeists, aparecidos? Si realmente hay en ellas un fenómeno sobrenatural, si entran dentro del “resto inexplicable” de Koch, ¿qué son? ¿Estamos los cristianos habilitados a creer que son los espíritus de los muertos que siguen cerca de nosotros? Pero ya vimos que, según la Biblia, los espíritus de los muertos se han ido. Algunos están recluidos en el Seol, el Hades, el Infierno; y los salvos, están en la eterna bienaventuranza junto a Jesús. ¿Entonces?

Debemos concluir, entre otras cosas, que no tenemos respuestas para todo. Y como en otros asuntos sobrenaturales, lo más saludable y positivo desde el punto de vista cristiano es ceñirnos a la Biblia, la Palabra de Dios, que en este tema específico manda claramente: “No sea hallado en ti quién… consulte a los muertos” (Deuteronomio 18:10,11). Cualquier intento de comunicación con el mundo de los espíritus, en la buena fe de que en el otro lado vamos a contactar a nuestros bienintencionados seres queridos fallecidos, puede redundar en un peligroso relacionamiento con el reino de otra clase de espíritus, aquellos de los que la Biblia nos advierte con palabras tales como: “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). La última parte del texto, huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, que podría parafrasearse como ejércitos (huestes) de espíritus malignos (espirituales de maldad) en el aire, o en la atmósfera (en las regiones celestes), nos da la pauta de la cantidad, ubicuidad y proximidad de estos seres malignos, emisarios de Satanás, el gran enemigo de Dios y enemigo de los hombres a quienes Dios ama. Están ahí para engañar, con el fin de apartar al hombre y la mujer de Jesucristo, el único Nombre en que podemos ser salvos, y conducir así al ser humano a perdición eterna. Recordemos una vez más, antes de terminar: las almas de los difuntos se han ido a otro lugar; Satanás en cambio puede rodear la tierra y andar por ella, y sus ejércitos de espíritus malignos andan en el aire, a nuestro alrededor.

Que no nos fascinen, ni nos atraigan, ni tampoco nos atemoricen las historias inexplicables que pretenden hacernos creer en Otro Mundo, distinto de aquel que Dios nos ha revelado en su Palabra. Ante cualquier experiencia de este tipo, sigamos el consejo del apóstol Pablo: “No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Efesios 5:11).

 

Bibliografía consultada.

Las citas bíblicas fueron tomadas de la Santa Biblia, Versión Reina Valera, Revisión 1995.

1. Ganduglia N.; Historia mágicas del Uruguay interior; Editorial Planeta; Montevideo, 2008; Pág. 13.

2. Walter P.; Mitología cristiana; Editorial Paidós; Buenos Aires, 2004; Pág. 13, 14.

3. op. cit., pág 43, 45.

4. ¿Por qué son todas iguales?; www.cinefantastico.com/articulo.php?id=29

5.  Rowling J.K.; H.P. y La Orden del Fénix; Ediciones Salamandra; Barcelona, 2004; Pág. 884

6. Rowling J.K.; H.P. y La Cámara Secreta; Ediciones Salamandra; Barcelona, 2002; Pág. 116-120.

7. Koch K.E.; Ocultismo y cura de almas; Editorial Clie; Barcelona, 1990; Pág. 27.

8. op. cit., Pág. 25.

9. op. cit. Pág 23.

10. op. cit. Pág 25.

11. op. cit. Pág 137.

12. Ganduglia N.; Historia mágicas del Uruguay interior; Editorial Planeta; Montevideo, 2008; Pág.  167.

13. Lockhart G., Moraes D., Voces Anónimas; Montevideo, 2008; Pág. 161.

14. Koch K.E.; Ocultismo y cura de almas; Editorial Clie; Barcelona, 1990; Pág. 137.

15. op. cit. Pág 124.

 

Imagen: Harry Potter

5 Ago '14

Hay 1 Comentario.

  1. batman
    10:15 pm Agosto 6, 2014

    que tema la muerte! todos queremos creer que hay algo más, que no termina con la muerte física, pero nadie pudo probar la existencia de nada. Podremos creer por fe que tenemos vida eterna, pero probar que así es no. Es imposible.
    Me gustan las películas con toques de magia, se que no existen tales cosas pero me entretienen. Algunas de la películas mencionadas aquí a mi me gustaron. No aquellas que son muy tenebrosas, esas no me gustan.
    Harry Potter no estuvo mal. La autora de los libros no usó criaturas tan diferentes a las que usó el autor de El señor de los anillos o incluso el Hobbit.
    Es un libro para niños y también para adultos.
    no se qué nos depara la muerte, espero que vida y que sea mejor , para que no tengamos que inventar mundos fantásticos que nos saquen de la triste realidad que vivimos tantas veces.

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