NOÉ: Entre la controversia y el fastidio – Por Alvaro Pandiani –

Puedo perdonarle el ser polémica; lo que no le perdono es ser tan aburrida.

Era inevitable ir a verla, atraído por ser la versión cinematográfica del cataclismo bíblico que divide la historia del mundo antiguo en la fase cuyo desarrollo nos trajo finalmente a la civilización actual, y un mundo antediluviano de duración incierta – ya que no adherimos a la cronología de Usher ni similares – en el cual los hombres desarrollaron formas de civilización acerca de las cuales el Génesis de la Biblia es muy escueto, y también lo son otros textos religiosos antiguos; un mundo antediluviano en el cual bien podrían caber todos los avances del conocimiento, la ciencia y la tecnología – y hasta incluir la galáctica Atlántida – que les gusta postular a los fanáticos de lo oculto, misterioso y esotérico. Y después de verla, voy a opinar, pero no como crítico – no lo soy – sino como espectador, un espectador en quién se había generado expectación por ver, no sólo el diluvio creado por los efectos especiales que los estudios de Hollywood son hoy día capaces de hacer, sino también para ver cómo se trataría una historia bíblica como la de Noé y el diluvio. La historia – que para muchos es leyenda – de un fin del mundo provocado no por guerras atómicas, asteroides que colisionan con la Tierra o invasiones alienígenas, sino por agua, mucha agua, esa misma agua que en la actualidad amenaza faltarnos; y administrado no por el azar, la mala voluntad de los hombres o por extraterrestres pendencieros, sino por el Creador, un Creador defraudado por la conducta caprichosa y malvada de sus criaturas.

“Vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón sólo era de continuo el mal; y se arrepintió Jehová de haber hecho al hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Por eso dijo Jehová: Borraré de la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo, pues me arrepiento de haberlos hecho” (Génesis 6:5-7). Así planteado, el fin del mundo que Dios decidió ejecutar involucraba no sólo a la humanidad, gran responsable del desagrado del Creador, sino también a los animales, víctimas inocentes del pecado humano, que por alguna razón iban a llevar su parte del castigo en el propósito original de este apocalipsis del mundo antediluviano. ¿Por qué? preguntaría algún amante y defensor de los animales; ¿por qué no un castigo más selectivo, que alcanzara sólo a los seres humanos? ¿Y por qué no un castigo aún más selectivo, que alcanzara sólo a los humanos pecadores, y dejara libre a los justos? Curiosamente, la destrucción del mundo propuesta por Dios mediante el diluvio no afectaba – ni siquiera mencionó – a los animales marinos. Esto parece obvio, en una destrucción del mundo por agua, pero merece destacarse, en el contexto de las interrogantes planteadas. La devastación propuesta – todo lo que habitaba la faz de la tierra borrado como si nunca hubiera existido – evidencia la magnitud del pecado y la maldad de la civilización levantada por el hombre en aquellos tiempos, fueran cuales fuesen sus logros; tal maldad sólo era pasible de una destrucción total. Sin embargo, aún siendo tal la dimensión del cataclismo, que los animales marinos no estuvieran entre los objetivos a ser destruidos, y por lo tanto sobrevivieran – por lo que la destrucción no sería universal para el mundo – constituía un elemento de esperanza; el otro elemento de esperanza, más importante aún para la raza humana, lo constituía el arca que Dios ordenó construir a Noé. Luego del veredicto pronunciado sobre la especie humana, tal como se lee en el pasaje bíblico del Génesis que reprodujimos, el escritor sagrado nos informa: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (6:8); y ese “pero” contiene esperanza, pues introduce la excepción a la sentencia: un ser humano sobrevivirá, junto con su familia, y con él la humanidad tendrá la oportunidad de un nuevo comienzo. ¿Por qué Noé halló gracia ante los ojos de Dios, y fue agente de salvación para otras siete personas emparentadas con él?

Las Sagradas Escrituras dicen que Noé fue un hombre justo – ecuánime, íntegro, honrado, incluso incorruptible – que caminó con Dios, es decir que gozó de una especial comunión con Él (Génesis 6:9). También que era un hombre de fe, pues “cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvaría” (Hebreos 11:7); este pasaje asimismo dice que por esa fe, Noé “condenó al mundo”. Esta aseveración, que la fe de uno pueda “condenar” a otros, es llamativa y tiene una explicación sencilla: la fe del que cree condena a quién no cree; entonces, lo que el escritor de Hebreos dice es que los contemporáneos de Noé no creyeron a Dios, quién había anunciado el cataclismo por venir, o no le creyeron al patriarca cuando daba razón de porqué construía el arca, o ambas cosas. Este punto es importante para compararlo con algo que se ve en la película. Pero el Noé bíblico, único digno ante los ojos de Dios de sobrevivir al fin del mundo, es paradigma de otros personajes posteriores que escaparon a una catástrofe, como Lot y su familia, librados de la aniquilación de Sodoma y Gomorra, o la ramera Rahab con su familia, salvados de la destrucción de Jericó. Más aún, Noé se ha vuelto un antecedente tipológico – o representativo – de Jesús, es decir, de Aquel por cuyos méritos otros pueden ser salvados, en este caso de la condenación eterna, y el arca de Noé en figura de la Iglesia, entrando a la cual los creyentes en Cristo están seguros, protegidos tanto de la maldad del mundo como de los juicios por venir, expresión de la ira de un Dios justo sobre la humanidad pecadora. Ese carácter de tipo – arquetipo, prototipo, paradigma de lo por venir, “sombra de lo venidero” (Hebreos 10:1) – y la evidente moraleja o enseñanza moral del relato del diluvio (a saber: Dios es infinito en misericordia, pero la maldad humana puede llegar a colmarle la paciencia, con desastrosas consecuencias para los seres humanos), como tantos otros relatos sumergidos en ese pasado remoto de los primeros capítulos del Génesis, llegados a través de la tradición oral, han proyectado la narración de aquel cataclismo al terreno de la leyenda, llegando a considerarse que relatos de este tipo tienen un exclusivo tono moral, sin base histórica alguna. Esto demuestra el comentarista de cine del diario El País de Montevideo, cuando en el artículo sobre la película Noé hace algunas observaciones que exceden la crítica cinematográfica; dice: “Quienes creen en la literalidad de los once primeros capítulos del Génesis, y en su precisión histórica, pueden objetar con razón que la película no dice la verdad. Es difícil convencer a esa gente de algo que la mayoría de los cristianos (casi todos los católicos y buena parte de los protestantes) y naturalmente todos los no creyentes saben desde hace tiempo: que la narración bíblica es una revisión en clave monoteísta de tradiciones mesopotámicas más antiguas (en particular la historia de Utnapishtim, de La epopeya de Gilgamés), y que se trata en definitiva de una de las tantas versiones de una tradición extendida con variantes entre varios pueblos: el mito griego de Deucalión, el indio de Manu y otros. El objetivo de los escritores sagrados fue comunicar conceptos religiosos y no una historia de la humanidad primitiva” (www.elpais.com.uy/divertite/…/primitiva-version-mundo-comienzo.html‎). No cabe duda que la literalidad de los primeros capítulos del Génesis está sometida a revisión y debate desde hace mucho tiempo, y que su aceptación como documento histórico tiene que estar apoyada por la fe en la Palabra de Dios, más que en lo que la arqueología o la geología puedan decir hasta el momento, en este caso, sobre el diluvio. Incluso, en la propia literatura evangélica “seria” puede leerse cómo algunos estudiosos han postulado que el diluvio, bien que cataclísmico, no haya destruido la totalidad del globo terráqueo, sino sólo la Mesopotamia y zonas adyacentes (Diluvio; Nuevo Diccionario Bíblico. Ediciones Certeza. USA. 1991. Pág. 362-65). Sin saber exactamente de dónde saca el crítico que la mayoría de los cristianos (casi todos los católicos y buena parte de los protestantes) sabe esto – que el Génesis no es literalmente histórico – sí podemos estar de acuerdo en que el objetivo primordial de los escritores sagrados es comunicar “conceptos religiosos”, o más exactamente, un mensaje espiritual – la existencia y unicidad de Dios, y su interés constante en sus criaturas – y también un mensaje moral – ese interés también incluye el bien, el mal y la justicia, justicia que ese Dios velará por imponer y mantener.

Sin embargo, así como es verdad que el relato del diluvio también está presente en otras culturas primitivas de la Mesopotamia (tablilla sumeria de Nippur con el relato del rey Ziusudra; Épica de Atrahasis; Historia del Diluvio de la Épica de Gilgamés, en la cual aparece el nombre Nahmzuli, derivado de la raíz nhm, emparentada con el nombre Noé), así como en la mitología griega y la hindú, también leemos, concretamente en relación a los relatos sumerios, que “estos relatos cuneiformes evidencian semejanzas con Gn 6-9, hecho que se explica posiblemente por ser referencias a un acontecimiento histórico verídico” (op. cit.). En otras palabras, sólo quién se empeñe en restarle confiabilidad a la Biblia como documento histórico puede negar que corresponda a otra cosa que una leyenda el relato de un hecho, que también aparece en varias fuentes antiguas, correspondientes a distintas culturas y diversas religiones, relatos que tienen variantes y diferencias, pero también tienen semejanzas notables. Catalogarlo sin más como leyenda parece más bien nacido de una posición filosófica personal, de la necesidad de ser políticamente correcto, o del deseo de hacerle los mandados al racionalismo de la modernidad, o a la espiritualidad libre de reglas de la posmodernidad.

En cuanto a los estudiosos, en el artículo Barco muy grande y lleno de bichos (www.elpais.com.uy/que-pasa/barco-grande.html‎), también aparecido en relación a la película Noé y cuya base es un artículo del diario británico The Guardian, se nos dice que el profesor Irving Finkel, presentado como “el mayor estudioso del tema”, está “107% seguro” de que el arca nunca existió. Este erudito, que aparece en la foto mostrando una tablilla cuneiforme de tres mil setecientos años de antigüedad, en la que justamente hay instrucciones para construir una gran barca de tres mil seiscientos metros cuadrados de superficie, explica luego que en realidad el arca era una barca circular; se infiere entonces que lo que nunca existió es el arca clásicamente representada como un gran barco, algo obvio pues arca se refiere a un arcón, cajón o ataúd, no a una nave. Pero después el artículo dice “La tableta, sin embargo, es anterior al relato del Antiguo Testamento, por lo que Finkel confirma que la historia bíblica es la síntesis de una antigua leyenda cuyos primeros registros hablan de la historia de un alerta roja divina, un arca construida por un solo hombre, claramente anterior a la Biblia. Ese origen recién se descubrió en el siglo XIX”. Este argumento se repite, a veces como comentario editorial: que las fuentes de hechos similares a los relatados a la Biblia son anteriores a la misma Biblia; si el objetivo es restar confiabilidad a la Biblia como Palabra inspirada por Dios (como si se dijera: eso que dice ahí, ya otros lo habían dicho), es un argumento bastante simplista. En este caso concreto, el  libro del Génesis es atribuido a Moisés, tanto por la propia Biblia como por la tradición; el Comentario Biblico Moody dice: “Sería difícil hallar un hombre en todo el período de la historia de Israel que estuviera más cualificado para escribir esta historia. Instruido en toda la sabiduría de los egipcios (Hch 7:22), Moisés fue preparado de forma providencial para comprender todos los registros disponibles, manuscritos y narraciones orales” (Pfeiffer, Charles; Editorial Portavoz. USA. 1993. Pág. 11); y agrega un poco más adelante: “Con mucha probabilidad, fueron muchos los registros orales y escritos disponibles, llegando hasta muy atrás en la antigüedad, que pudo examinar aquel distinguido erudito hebreo, cuya educación egipcia y cuyos estudios post-graduados en la región del Monte Sinaí le hicieron consciente de las corrientes significativas del mundo”. Puesto que Moisés vivió en algún momento entre los siglos 14 y 12 a.C. (las fechas no son exactas), es evidente que el registro bíblico es posterior a tradiciones orales e incluso documentos escritos, de los cuales se nutrió el escritor sagrado. Que dicho escritor sagrado haya contado con la inspiración plenaria del Espíritu de Dios para garantizar la certidumbre de que el texto constituía revelación divina, es un artículo de fe; pero eso no quita que, cuando los primeros hebreos comenzaron a poner por escrito las historias con las que alimentaban su fe y sus creencias, el relato de los orígenes del mundo, la vida, el hombre y la ascendencia de Israel, un relato acorde a lo que en ese momento podían comprender según la visión del universo que tenían, debieran recurrir a fuentes mucho más antiguas, registradas en tablillas, jeroglíficos u otras formas de escritura primitiva, o mediante la trasmisión oral. Esto es evidente en el caso del diluvio, un evento fechado tentativamente entre el tercer y el cuarto milenio antes de Cristo (www.answersingenesis.org/sp/articles/cm/v4/n1/noahs-flood‎; ec.aciprensa.com/wiki/Diluvio‎). No hay contradicción en esto.

Ahora, la película; sí, es una versión libre, muy libre. Es, se podría, decir, “el evangelio de Noé según Darren Aronofsky” (el director de la película). Es decir, no la historia bíblica del diluvio, sino una versión de la historia del diluvio según el realizador cinematográfico. Una versión que dista de lo que se lee en la Biblia, y esto fue lo que provocó el desagrado de las comunidades cristianas, sobre todo católicas, como puede leerse por ejemplo en el artículo El Vaticano entiende que “la película Noé desperdició una gran oportunidad”: “La película ha irritado la sensibilidad de las instituciones católicas estadounidenses por su caracterización “antojadiza” de Noé y su familia” (http://www.lr21.com.uy/cultura/1168533). Algo similar se expresa en el artículo Noé, una película no apta para Semana Santa, donde leemos: “Los grupos más conservadores de la Iglesia vieron con malos ojos esta película, argumentando que la historia se tergiversa y pierde el mensaje de fondo (por eso se le catalogó de anti-bíblica)” (www.guioteca.com › Cine). En relación a versiones cinematográficas de historias bíblicas ya decíamos hace casi diez años, cuando comentamos aquel otro film tan polémico que fue La Pasión de Cristo (más polémico incluso que éste): “Las representaciones de la vida de Cristo según los cineastas, están sujetas a la subjetividad propia de las expresiones artísticas… Una película sobre la vida de Cristo es una obra de arte cinematográfico; por lo tanto puede ser sometida a juicio estético (es bella o no; está bien o mal hecha). Y por lo tanto, es subjetiva; esto es, estará hecha de acuerdo al modo de pensar o sentir del director o realizador de la película” (La Pasión de Cristo; una opinión. Publicado en esta misma página). De igual forma, en esta versión de Noé y el diluvio el realizador introduce conceptos e inquietudes muy actuales; y quizás sea válido desde su punto de vista, desde este punto de vista: usar la historia del fin cataclísmico del mundo antiguo para expresar la preocupación por aquellas conductas y omisiones en que la humanidad está incurriendo en la actualidad, y que podrían determinar el advenimiento de una catástrofe de grandes proporciones que destruya la civilización y arruine el planeta; ahora no por la ira divina, sino por nuestra propia estupidez.

Y aquí un paréntesis: aunque como cristiano adhiero a la escatología bíblica, y creo que un final vendrá sobre este mundo, y ese final, administrado por Dios, será de acuerdo a lo escrito en los libros apocalípticos de la Biblia, la realidad actual de daño pertinaz y continuado al medio ambiente provocado por nuestra civilización, y la displicencia para hacer algo que remedie la situación demostrada por la mayoría, sobre todo la mayoría de los poderosos y de quienes – líderes políticos, industriales, empresarios – sí podrían hacer algo, pese a las reiteradas advertencias, evoca una frase del dramaturgo y filósofo alemán Friedrich von Schiller, quién dijo: “Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano” (akifrases.com/frase/129592‎).

Sí, el Noé de Aronofsky contiene un alegato ecológico. La película va desgranando la historia de la creación, el pecado original, dando luego más énfasis al fratricidio de Caín, y la formación de dos líneas de descendencia de la pareja humana original, los hijos de Caín y los hijos de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, nacido luego de la muerte de Abel según la Biblia. Y el relato pone el acento en características de ambos linajes, con los cuales la mayoría de los teólogos estarían de acuerdo: la justicia – en cuanto rectitud de proceder – de los hijos de Set, y el pecado de los hijos de Caín, expresado como forma de vida, como práctica continuada de la maldad. Pero del linaje de Caín se dice algo más interesante: que ellos formaron una civilización “industrial”, referencia que parece fuera de lugar, pues en una historia situada en tiempos tan primitivos no cabe imaginarse una civilización “industrial” tal como hoy en día la entendemos; sin embargo, la mención de Génesis 4:22 sobre Tubal-caín, descendiente de Caín de quién se dice que fue “artífice de toda obra de bronce y de hierro”, así como puede hablarnos de una forma primitiva de herrería, también podría sugerir algún tipo de desarrollo técnico del mundo antediluviano, no enteramente conocido. En suma, en ese mundo desconocido, el realizador localiza una cultura industrial que agota los recursos de la tierra, por lo que el mundo declina y la civilización de los cainitas degenera en la violencia, llegando al canibalismo. La alusión a lo que sucede en la actualidad con nuestra propia civilización, y a lo que podría llegar a pasar en un futuro cercano, es muy clara. Pero el alegato ecologista de la película no queda ahí, pues el Noé personificado por Russell Crowe, una vez en el arca con su familia, llega de alguna manera a la convicción de que el Creador en realidad le había ordenado construir el arca para salvar a “los inocentes”; ¿quiénes son estos inocentes? Los animales, que habrían sido salvados del diluvio para tener la oportunidad de vivir en un mundo libre de la presencia de humanos. Por supuesto, esto es el Noé según Aronofsky, pero no es lo que dice la Biblia, en la cual la sentencia abarca incluso a los animales – excluyendo los seres del mar – que son destinados a la destrucción. Sin embargo, aunque el crítico de El País de Montevideo que ya citamos escriba, casi burlonamente: “El Dios del Antiguo Testamento solía estar más preocupado por cosas como la idolatría, el pecado carnal… o la violencia. El equilibrio ecológico no estaba entre sus prioridades” (www.elpais.com.uy/divertite/…/primitiva-version-mundo-comienzo.html‎), sí hay pasajes bíblicos que hablan, por ejemplo, contra la tala indiscriminada de árboles (Deuteronomio 20:19), a favor del buen trato de los animales (Proverbios 12:10), y acerca del “descanso” de la tierra sometida a la producción agrícola (Levítico 25:4-6). Este es uno de los ejemplos que aconsejan que, antes de hablar de la Biblia, conviene primero leerla; y también podría decirse al señor crítico que el Dios del Antiguo Testamento estaba preocupado por la contaminación provocada por la violencia, la inmoralidad y la idolatría, porque polución industrial en aquel entonces no existía. Pero el alegato ecologista de la película, que lleva a construir un Noé persuadido de que a Dios sólo le interesa salvar los animales, nos presenta al personaje con características que son por completo desconocidas en el Noé bíblico. Además de ver en la pantalla un Noé que no duda en recurrir a la violencia extrema para defender sus convicciones y su familia – al punto de perpetrar una verdadera matanza en la puerta del arca – una vez que el diluvio ha barrido con el mundo se muestra insensible al clamor desesperado de los últimos sobrevivientes, aferrados a la cima de una montaña cercana al lugar donde flota el arca; y esto, a pesar de que su hijo Sem le ruega ayudarles, pues “hay lugar” en el arca. Noé los abandona, no porque Dios le haya revelado que sólo él y su familia fueron elegidos para salvarse, sino porque ningún humano debe salvarse – ni siquiera ellos – pues considera que esa es la voluntad de Dios. Por esa misma razón, cuando la esposa de Sem le informa que está embarazada, aunque la creían estéril – el “milagro” hecho por Matusalén (Anthony Hopkins) está fuera de concurso – cuando se entera que su nuera está embarazada, y razona que si tiene una niña podría ser madre y reiniciar el linaje humano, Noé está dispuesto a matar a la bebé apenas nazca. Aquí se sugiere que la voluntad de un Dios tan poderoso como para destruir el mundo puede frustrarse por el amor de una pareja de jóvenes, y por un viejo con poderes paranormales – Matusalén, que parece más el viejo brujo de la montaña que un patriarca – pero no sólo eso; un patriarca venerado como el Noé bíblico – justo, perfecto, hombre de fe, pregonero de justicia – aparece como un fanático religioso delirante, dispuesto a matar inclusive recién nacidos, si entiende que esa es la voluntad de Dios. Vale agregar a esto la observación de Tubal-caín, que va de “polizón” en el arca – originalidad del realizador de la película – cuando dice que Noé se preocupa por los animales, y mientras tanto deja morir niños fuera del arca. Realmente, aunque sea como expresó la actriz Emma Watson – que personifica a la nuera de Noé – al decir: “Darren quería crear algo realmente original y no algo como cualquiera de las otras historias bíblicas” (www.elpais.com.uy/sabado-show/hija-adoptiva-noe.html‎), a uno se le ocurre que las originalidades del realizador se salieron de madre, y la deformación de la figura bíblica – histórica o legendaria, no importa, pero sí venerada – es excesiva, innecesaria, y tal vez hasta ofensiva.

No falta una pincelada de conceptos modernos, inexistentes en la época en la que, presumiblemente, se produjo el diluvio. Concretamente, hay una insinuación no verbal a la teoría de la evolución. Cuando Noé y su familia están a salvo en el arca, y él se reúne con ellos alrededor del fuego – visión clásica del fogón nocturno donde se cuentan historias – el patriarca les narra la historia de la creación. Pero mientras lo hace, imágenes de la formación de la vida se van sucediendo, y así puede verse, durante la referencia al inicio de la vida en el mar, cómo aparecen organismos unicelulares, que luego van cambiando en animales marinos, y después estos animales pasan a la tierra en forma de reptiles, que sin solución de continuidad cambian en mamíferos, hasta que, cuando se habla de la creación del hombre, vemos simios saltando de rama en rama. En síntesis, una fugaz e inteligente introducción del evolucionismo teísta, o del creacionismo evolucionista, que queda en las imágenes, dejando el resto librado a la interpretación personal del espectador.

Mención aparte merecen los nefilim. Esos seres, los gigantes o titanes de la antigüedad, constituyen uno de los misterios del mundo antiguo, a medio camino entre el mito y la realidad de un mundo primitivo poco conocido; al respecto de su existencia leemos: “No se han encontrado restos arqueológicos que arrojen luz sobre esta cuestión, a menos que se considere que los esqueletos de Neanderthal de fecha paleolítica encontrados en las cuevas del monte Carmelo lo sean” (Gigante. Nuevo Diccionario Bíblico. Ediciones Certeza. USA. 1991. Pág. 552). Los gigantes legendarios de la antigüedad, a los que se alude en varios pasajes del Antiguo Testamento, son mencionados en el capítulo 6 del Génesis, justo aquel en el cual el escritor sagrado comienza a hablar del diluvio; allí hay una referencia al origen de estos seres, como fruto de la unión entre los “hijos de Dios” y las “hijas de los hombres”. Como desde antes del nacimiento de Cristo se viene discutiendo qué significa en este contexto la expresión “hijos de Dios” – si ángeles caídos o descendientes de Set – no vamos a entrar en eso. Los nefilim o gigantes de la antigüedad, caso de haber existido, habrían sido, según la interpretación que se elija, u hombres particularmente grandes y poderosos, o híbridos entre humanos y alguna clase de seres celestiales. En cualquier caso, si los hijos de Dios fueron ángeles caídos como algunos interpretan, no eran los nefilim, sino sus padres. Los gigantes de la película Noé de Aronofsky son una rara especie de criaturas enormes, formados de roca y barro, con seis brazos y un núcleo luminoso, que parecen escapados de la Tierra Media de Tolkien. Se los presenta como ángeles caídos; pero, ¿cuál fue su pecado?: apiadarse de los seres humanos expulsados del Edén, y acercarse a los mismos para ayudarles. Además de otra “originalidad” desmadrada del realizador, aquí parece haber otro comentario editorial no verbal de su parte, pues la inferencia es que el Creador no sólo castiga el pecado, sino también la compasión mostrada al pecador. La frutilla de la torta es que estos gigantes se vuelven aliados de Noé y le ayudan en la construcción del arca; y cuando el cataclismo se avecina y los cainitas quieren arrebatar a Noé y su familia el arca, los nefilim luchan hasta la muerte en defensa del patriarca, y así alcanzan su redención personal, regresando al cielo. Si los ángeles caídos tendrán alguna vez una oportunidad de redención, la Biblia no lo dice; y aunque hay grupos cristianos de influencia marginal que postulan el universalismo, una salvación final universal de todos los seres morales creados por Dios, no es posible afirmarlo en base a las Sagradas Escrituras, por lo que esta visión queda como una fantasía romántica y bienintencionada, sin asidero alguno en la Biblia o en la doctrina judeocristiana.

No puede dejar de llamar la atención que el Creador de todas las cosas, y administrador del juicio que trae la catástrofe sobre el mundo, no es llamado en ningún momento “Dios”; tanto los hombres como los nefilim se refieren a Él sólo como – justamente – Creador. Desde el primer momento esto me impresionó como parte de una estrategia del realizador para lograr la aceptación más amplia posible de su obra; una expresión de apertura y una apelación a la tolerancia religiosa. Esta impresión la confirma la propia Emma Watson al decir: “él usa la palabra `creador` en la película, porque esta película no sigue un dogma religioso específico o doctrina. Su mensaje es muy universal y muy inclusivo” (www.elpais.com.uy/sabado-show/hija-adoptiva-noe.html). Sin embargo, y a pesar de las buenas intenciones – con olor a marketing – el propósito no se logró, pues así como en las comunidades cristianas la película cayó mal, como vimos, en el mundo musulmán las cosas fueron peor, pues Noé fue prohibida en varios países islámicos: Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahrein, Indonesia y Malasia (http://www.lr21.com.uy/cultura/1168533); también en Egipto una organización islámica pidió a las autoridades prohibir la película (www.elpais.com.uy/divertite/…/islamistas-piden-prohibir-pelicula-noe.ht…).

En suma, Noé no es una película religiosa, no es una película que acerque el relato bíblico de una forma visual, ni es una película hecha para inspirar fe; como decía uno de los artículos citados, no es una película para Semana Santa (aunque se haya estrenado unos días antes de dicha semana). Ese mismo artículo dice: “hay que aclarar un punto, “Noé” no es una película que busque graficar e inmortalizar un relato y mensaje de la Biblia; es simplemente una cinta con un guión inspirado en relatos del Antiguo Testamento”. Todo bien con eso, aunque la lejanía del Noé bíblico y el drama que le tocó vivir, según la Biblia, sea enorme respecto al Noé fílmico y la historia que allí se cuenta; a tal punto que parece que el guión inspirado en relatos del Antiguo Testamento sólo toma, en realidad, el nombre del personaje principal, y el hecho del diluvio como cataclismo apocalíptico. Pero más revelador es lo que el mismo artículo sigue diciendo: “Noé no es una película para Semana Santa, pero no por eso menos recomendable para quienes gustan de los nuevos tratamientos a historias clásicas y los relatos transgresores a la tradición de la Iglesia”. Ese último elemento, la referencia a un relator transgresor a la tradición de la Iglesia, da la clave de la intencionalidad, sino filosófica, por lo menos en cuanto al mercadeo. Parece que la película Noé utiliza un expediente que sirvió mucho al autor de El Código Da Vinci: el atacar el dogma de la Iglesia, de modo de atraer a lectores  y espectadores que tienen una relación amor – odio con esa Iglesia, y a los que tienen posturas directamente antagónicas hacia la misma, de modo de transformar tales historias transgresoras en éxitos de ventas y de taquilla.

Eso es el Noé de Aronofsky, en definitiva; una vez filtrados los alegatos filosóficos, ecologistas y evolucionistas, lo que queda es un producto comercial de la industria del entretenimiento. Con eso presente, uno puede disfrutarlo tranquilamente.

O no; a mí me aburrió.

30 Abr '14

Hay 3 Comentarios.

  1. Verito
    9:51 pm Mayo 4, 2014

    Hola, interesante artículo sobre la película y aporte de información necesario, ya que muchos no saben ni manejan la información usada por detractores de la Biblia.
    Es cierto que el protagonista no es el personaje bíblico propiamente dicho, pero tengamos en cuenta que nada en el cine es fiel 100% a la historia o personajes que del libro original se sacan. Siempre hay libertad artística… No estoy defendiendo esa libertad, pero tampoco me quita el sueño. Está basada en Génesis…. tan solo eso… Rescato de la película el interés que despertó en el público por leer el relato bíblico. Hay sumo interés en conocer los relatos bíblicos. Muchos quisieron ver si Noé era tal como esta peli lo mostraba, así como en otras películas con raíz histórica nos motiva a buscar información del personaje o situación. Al menos eso hago y se de muchos amigos y conocidos que también lo hacen.
    Quien va a ver esta película, lo hace por Russell Crowe, la espectativa o lo “épico” más que por el relato bíblico. No me parece aburrida, tampoco bíblica.

    Lo malo de este tipo de películas es que hay quienes luego hacen “ley” de la historia y se quedan con eso. Para ellos Noé era así como Russell Crowe lo personifica. Un “Gladiador” bíblico, si se entiende lo que digo…

    Se que la iglesia católica se rasgó las vestiduras por esta película, como así también parte de la iglesia protestante, pero en realidad suelen haber más disparates dentro de las instituciones mencionadas que en toda la extensión de esta película.

    gracias.

  2. Ale.G
    10:39 am Mayo 5, 2014

    No me había planteado ver este film, pero ahora pienso verla porque me dio curiosidad. Entiendo lo que se dijo sobre un gladiador bíblico y es que Crowe lleva ese estigma del personaje rudo, pero es buen actor y supongo que no tiene culpa de que el realizador cambiara la historia bíblica. La actriz mencionada, ni siquiera daré opinión porque le quedaba mejor el personaje en el mundo de Harry Potter. puede ser que el cine agotó su capacidad de crear nuevas historias y recurre al libro de libros que contiene grandes historias e increibles personajes reales. No tiene sentido lo que dice el crítico de cine en el periódico, hacen una busqueda rapida en internet del tema y encuentran (lo acabo de hacer) miles de resultados con decenas de relatos similares al bíblico, pero ninguno puede asegurar la antiguedad de nada, quién es más viejo que quién, etc. Los cristianos creemos, punto. El cine que se limite a entretenernos.

  3. Franca
    12:19 am Mayo 9, 2014

    me ha costado mucho leer todo este artículo, pero ha valido la pena. La película es buena, si tenemos en cuenta a lo que aspiraba ser. No es bíblica, eso nadie puede dudarlo, pero prefiero estos temas en el cine que otros más controversiales. Temas como el matrimonio homosexual, aborto o consumo de la marihuana tan de moda.
    El cine es para disfrutar. Si no es del gusto de alguien este estilo cinematográfico es mejor que vaya a ver otra pelicula.

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