UNA IGLESIA SALUDABLE

“¿Con qué actitud estamos sirviendo hoy?”

Esa fue la frase final del editorial de la semana pasada.
¿Pudo reflexionar en esta semana sobre qué actitud de servicio estamos
teniendo hoy?
Creo que algunos líderes, para seguir el pensamiento anterior, se
apropian de sus tareas y responsabilidades dentro de la iglesia como si fueran los dueños de la misma.
El único que puede decir “Mi Iglesia…” o “mis ovejas…” es su Creador, su Fundador y por lo tanto el ÚNICO DUEÑO, es Cristo. Los demás somos “siervos”. La mayor parte de las desavenencias dentro de una iglesia,
están vinculadas con un enfermo sentimiento de apropiación indebida del Ministerio de la iglesia ya sea en su totalidad como en forma parcial.
Cuando escribo “totalidad” me refiero al falso concepto de propiedad que algunos expresan diciendo “esta es mi iglesia” o “es la iglesia de
fulano de tal”.
Esta actitud enfermiza ha llevado a la iglesia a diversas divisiones que partieron de dentro mismo de ella y propiciada por quienes se decían sus conductores o líderes. Al perder la identidad bíblica de “Mayordomos”, ese vacío llevó a buscar otros modelos extra bíblicos. Esta condición
interna de la iglesia, me lleva a la tercera y última reflexión.

Creo, según el diagnóstico que hago al observarme a mi mismo y a otros, que hay una seria “pérdida de identidad comprometida”, lo que genera cristianos que administran su vínculo con la iglesia, su apoyo
financiero a ella y su testimonio a otras personas no cristianas, en forma carnal. Diría que son “más o menos cristianos”.
Según una encuesta de opinión pública de Gallup, son una minoría los que se declaran cristianos. De ellos, apenas entre el 6 y el 10 por ciento son “cristianos espiritualmente comprometidos”. Sólo el 25% está
dispuesto a dar el 10% de sus ingresos a la iglesia a la que pertenecen, sin embargo el 75% restante declaró que lo “más importante de sus vidas es Dios y la iglesia”.
En los días que estamos viviendo hoy, necesitamos un mayor
compromiso de nuestra parte, mantener una mejor relación con Dios a diario, medir nuestras acciones, perseverar en ser mejores cristianos cada día e involucrarnos en servir a otros. La iglesia será realmente saludable cuando cada uno de nosotros haga de Cristo su verdadero modelo de vida y lo aplique para si mismo.

Pr. Lemuel Larrosa

Tomado del Heraldo de la Piebu

4 Ago '13

Deja un comentario

*