EL ARREPENTIMIENTO

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de vuestra ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan.  Hechos 17:30

Este estudio trata con un tema básico de la historia bíblica de la redención: el arrepentimiento. Es tan importante considerarlo, que sin arrepentimiento es imposible abrazar la gracia del perdón.

Toda la Biblia trata acerca de la diferencia entre el hombre y Dios, entre el carácter pecador y la santidad divina; entre la contaminación y la pureza. Hay un sólo plan y un sólo mediador capaz de saldar esta brecha entre Dios y el hombre: Cristo. Aunque todo hombre puede alcanzar esta bendición, el camino que abre la catarata de gracia es el arrepentimiento. Veamos  de qué se trata.

La necesidad de arrepentimiento

Podemos encontrar personas que no sienten necesidad de confesar ninguna falta ante otros; aunque es muy poco probable que  alguien se comporte rectamente con el prójimo siempre y en toda ocasión, es posible que no le haya provocado ninguna acción dañina.

Suponiendo además que no haya deseado conscientemente el mal de nadie, así y todo la Biblia manifiesta que todo hombre se encuentra en una posición de rebeldía contra la soberanía y la autoridad de Dios debido a su condición de pecador. A modo de ejemplo, recordemos cómo lo expresó Jesús en cierta ocasión leyendo Lucas 13:1-5.

El pecado consiste en creer que tenemos derecho de hacer con nuestra vida lo que nos plazca, actuando independientemente de la voluntad de Dios, expresada en su ley.

¿Desde cuándo estamos en esa situación? Desde el Edén. Toda la imagen de Dios en nuestro ser (cuerpo, alma y espíritu) ha sido deteriorada, desfigurada y arruinada como consecuencia del pecado. No sólo padecemos enfermedades y dolencias físicas, sino que hemos perdido la brújula de la moral divina y por naturaleza amamos el pecado; el pecado  ha ofendido a Dios y ha deteriorado a la creación entera. Por esa razón, nuestra alma, que es imperecedera, se halla apartada de la comunión con Dios para toda la eternidad.

Según la Biblia, estamos espiritualmente muertos y carecemos de fuerza y capacidad para mejorarnos a nosotros mismos, en cambio estamos expuestos a la ira de Dios y sin obras capaces de aplacarla. La historia del joven rico es una buena ilustración de alguien que se creía justo en su propia justicia hasta que Jesús le mostró la codicia de su corazón, advirtiendo que violaba así el décimo mandamiento.

Si somos honestos, descubrimos qué humillante es tener que confesar a Dios nuestras faltas, y tener que admitir que hemos pecado y que, como todo el mundo, tendremos que comparecer ante Dios y declararnos culpables ante su presencia.

Qué difícil resulta admitir que nos encontramos en la misma situación de un violador, ladrón o asesino; pero la realidad es que no podemos librarnos del pecado (Jer. 13:23). Es interesante comprender que sólo cuando el Espíritu Santo nos da su luz, recién somos capaces de reconocer nuestro estado tan humillante. Dios no repara en imágenes fuertes al describir nuestra condición, por ejemplo “gusanos de podredumbre” (Job 25:6) o “llaga podrida” (Is 1:4-6) o “bestias ignorantes y estúpidas” (Sa 73:22). No es una exageración, la eternidad nos aguarda: cerca o lejos de Dios por siempre (Dt 32:29).

Definición de arrepentimiento

Cuando Jesús vino al mundo, su predicación comenzó diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Tenemos que cambiar de parecer en lo respectivo al pecado y sus consecuencias y si lo hacemos debemos apartarnos del pecado y acercarnos a Dios.

En el Antiguo Testamento las palabras que se traducen arrepentimiento son: nacham y shub. La primera significa lamentarse  y llegar a deplorar algo (como Job 42:6); usualmente sugiere sentir un dolor profundo como el que padecemos ante una pérdida.

La segunda significa “volverse” y apunta a la responsabilidad del hombre que se arrepiente de cambiar el rumbo y dirigirse a Dios (Jos 24:23, Jer 4:14, Os 10:12). Esta palabra combina los dos requisitos del arrepentimiento: volverse del mal e inclinarse hacia Dios y Su voluntad.

El Salmo 51 es toda una descripción completa; se puede reconocer que arrepentirse no sólo es contristarse y lamentarse sino tomar una firme decisión de volverse a Dios, repudiando el pecado personal.

En el Nuevo Testamento las palabras que expresan arrepentimiento son: metanoeo, metamelomai y metanoia. Se asocian a un cambio religioso y ético en el modo de creer; incluyen ciertamente un componente emocional de contrición y remordimiento pero el énfasis está dado fundamentalmente en “un cambio de idea que lleva a un cambio de conducta”. En nuestro idioma el énfasis está dado en el aspecto emocional (el dolor que produce), pero la importancia fundamental de esta acción está dada por el cambio de conducta.

Admitiendo la culpa

Cuando el pecador asume su responsabilidad por su condición, resulta que se pone del lado de Dios y en contra de sí mismo. No busca chivo expiatorio, se condena a sí mismo según la regla divina. Siente gran tristeza, pero ésta es una tristeza particular porque conduce a la salvación (2ª Co 7:10, Mt 5:4).

Seguidamente viene la confesión, una que no esconde nada y finalmente una decisión firme de abandonar el pecado y ser libre. La prueba de un arrepentimiento verdadero se manifiesta porque ha ocurrido un cambio radical y comenzamos a andar en caminos de justicia (Mt 3:8).

Consecuencias del arrepentimiento
Dios es soberano de la salvación, Él sólo establece los términos de la misma: a menos que el pecador se arrepienta y crea al evangelio, no hay perdón. Pero justamente Dios quiere que seamos impotentes ante Él porque así obrará Su justicia. Dice Isaías 66:2 “Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”.

Cristo vino a buscar y salvar a este tipo de pecadores (Is 55:6,7).

El arrepentimiento es una acción constante en todo hijo de Dios, ya que es un modo de pensar permanente, un continuo aborrecimiento del mal. Si no experimentamos esta continua necesidad podemos ser entonces los ejemplos bíblicos del que recibe la semilla de la Palabra pero crece entre piedras y finalmente se seca (Mr 4:5, 2ª Pe 2:20-22). La Biblia también dice “¡Cuidado que no haya en vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo! Así que si el arrepentimiento es genuino, durará toda nuestra vida aquí.

¿Qué produce arrepentimiento?

Debemos recordar que el arrepentimiento es un regalo, un don de Dios que vuelca el Espíritu Santo sobre nuestra mente. Pero existen medios por los cuales Dios obra esta posibilidad en nuestras mentes.

Por ejemplo: la Palabra de Dios, la Biblia es un instrumento. Dice la Biblia que el Espíritu Santo convence de “pecado, justicia y juicio” y lo hace cuando alguien lee o escucha la Biblia (Ro 1:16 y 10:17; 1ª Pe 1:23). Hebreos 4:12 y 13 presenta las características y acciones de la Palabra actuando en nuestro ser, porque la Palabra de Dios no es letra muerta, al contrario ¡tiene vida!

Y no sólo es viva sino que tiene poder para actuar según Dios quiere (Is 55:11). Ese poder es eficaz, o sea que logra aquello que Dios quiere transformar: trae convicción, discierne entre el bien y el mal. Dice un autor que la Palabra de Dios hiere y da vida, y que no ofrece atajos.

Es necesario encontrarnos con la muerte que produce nuestro pecado para rogar que Dios nos dé nueva vida en los méritos de Cristo. Por ello es necesario que todos muramos con Él en la cruz dejando allí todo aquello que causa nuestra alienación de Dios. Muchas veces nuestro orgullo impide que veamos con claridad este camino, pero la Biblia es enfática: “humíllense en la presencia del Señor y entonces Él los exaltará”. Cristo debió pagar un alto precio al sustituirnos en esa muerte vil y cruenta; no despreciemos su favor, porque la única justicia que Dios acepta es la que se pagó en la cruz en los méritos de su Hijo amado.

Las consecuencias del arrepentimiento

“Por sus frutos los conoceréis” decía el Señor. Debemos sentir una aversión profunda por el pecado, no por un pecado particular sino por todo aquello que ofende a Dios y a Jesucristo. Lee Ez 20:43.

El verdadero arrepentimiento produce un profundo pesar, una tristeza santa como la que sintió Pedro cuando negó a su maestro tres veces. Además, cada día el arrepentimiento nos conduce a reconocer y confesar cada pecado particular que hayamos cometido (Pr 28:13, 1ª Jn 1:9).

Finalmente el verdadero arrepentimiento es volvernos del pecado, es sentir un rechazo a continuar en el mal camino, es huir de todo aquello que nos impulse a pecar y es buscar hacer aquello que Dios manda en comunión con otros hermanos (2ª Ti 2:22). Es andar en justicia y santidad (Ef 4:24, Tit 3;8, He 12:14). Dios nos llamó para apartarnos y usarnos para Él (1ª Ts 4:7). Nos preguntamos qué fuerza hace posible que nos inclinemos al bien rechazando el pecado, respondemos: la misma fuerza que resucitó a Cristo de los muertos (Ef1:19-20).

Conclusión

En el momento de la regeneración (que es un milagro único e irrepetible obrado por el Espíritu en nuestra vida) se manifiestan claramente tanto la fe como el arrepentimiento.

Ambos obran para darnos convicción de salvación y cambio de conducta. Enfatizar sólo el arrepentimiento puede dejar la idea de que hay que sentir cierto dolor o derramar lágrimas o dejar todo pecar antes de poder creer. Enfatizar sólo la fe sin arrepentimiento puede dejar la impresión que se puede creer en Jesús sin tener que preocuparse por la forma de vida.

La doctrina del arrepentimiento no es popular y muchas veces se omite en las predicaciones como si fuera posible separarla de la fe. Nuestro Señor les dijo a sus discípulos, así como a nosotros también, que siguieran su ejemplo en la predicación del arrepentimiento y la remisión de pecados por medio de la fe en Cristo porque ese era su ministerio mientras estaba en la tierra.

Su primer mensaje según lo registra Marcos 1:15 fue “el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Y sus últimas palabras a sus discípulos y a nosotros fueron que el arrepentimiento y la remisión de pecados por medio de la fe en Cristo debían ser predicados en su nombre entre todas las naciones comenzando en Jerusalén (Lc. 24:46-48).

Nuestro Señor no tenía miedo de llamar a los hombres a arrepentirse, y nos ha comisionado a nosotros para que hagamos lo mismo. Entonces anhelamos proclamar a todos los hombres que deben arrepentirse y creer en el nombre de Cristo para la remisión de sus pecados.

Alejandra Montamat
/ ABA

Bibliografía:
Este estudio se ha basado extensamente en el libro Arrepentimiento bíblico. L R Shelton Jr. Chapel Library
Se recomienda la lectura de la predicación de Charles Spurgeon: Confesión con la boca. Public Domain
Serie Psalms: Thinking and feeling with God. John Piper. Traducción por Desiring God.

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Alejandra Lovecchio de Montamat,  es médica endocrinóloga y docente. Miembro de la Iglesia Evangélica Bautista de Once en Buenos Aires donde participa del ministerio de enseñanza con una clase de Escuela Bíblica Dominical. Casada con Daniel Montamat, madre de Gustavo y Giselle.
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6 Feb '13

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