LA NAVIDAD DEL FIN DEL MUNDO


– Álvaro Pandiani –

¡Y se terminó la Cuenta Larga!

¡Feneció el Calendario Maya! Llegó el 21 de diciembre de 2012, y se fue. ¡Y aquí estamos! Ríos de tinta, auténtica y virtual, corrieron durante los últimos años sobre las profecías mayas, y lo que decían, anunciaban, pronosticaban: el tiempo de un gran cambio, el fin da la civilización, o el fin del mundo (aunque tanto los científicos, como los propios descendientes de los mayas insistían en que la Cuenta Larga del Calendario Maya no anunciaba nada de eso). Artículos, ensayos, libros enteros que se vendieron a montones, proporcionando jugosas ganancias a escritores, editores y libreros, y también programas documentales que poblaron canales de televisión “culturales” – Discovery, History, NatGeo, etc. –, e incluso películas de cine apocalíptico como la monumental superproducción “2012” (aunque monumental era la decepción que producía verla), todo para el consumo de un público posmoderno desprovisto de una fe bien cimentada, ávido de espiritualidad y fascinado por lo esotérico; un público formado por una vasta mayoría de personas superficiales y materialistas, que viven el día a día sin preocuparse por la suerte de su propia alma frente a lo trascendente, o sin siquiera saber si existe lo trascendente, o si tienen un alma. Ya lo decíamos, hace más de tres años: Es comprensible que todo esto genere preocupación, inquietud,  ansiedad y hasta miedo en las personas que ni están firmes en una fe provista de una doctrina sólida acerca de los tiempos finales, ni en un materialismo cerrado que excluye toda consideración de lo místico como parte de la realidad. Cada vez que estos temas llegan a la pantalla chica, o a publicaciones impresas de amplia circulación, la gente no sabe exactamente qué creer; si ignorar displicentemente estas cuestiones, o preocuparse y quizás hacer algo, sin saber qué (2012, o el fin de todas las cosas, publicado en este sitio web en 2009).

Ahora, el negocio de las profecías mayas se terminó. Aunque no es probable que todos renuncien al lucro que surge de explotar este tema; probablemente habrá quienes pretendan buscarle la vuelta para estirar unos meses más la expectativa por el fin del mundo supuestamente anunciado por los mayas. Y si no es eso, será otra cosa. No olvidemos que todavía tenemos a Nostradamus, a San Malaquías, y seguramente algún otro que aparecerá. Como siempre habrá “personas descaminadas, temerosas y confundidas”, habrá también quienes procuren explotar en provecho propio ese temor y confusión, y el anhelo de poner la fe en algún lado. También, entre esos tales que intentarán lucrar con la incertidumbre y la credulidad de otros, surgirán y seguirán apareciendo predicadores religiosos, ya previstos por las Sagradas Escrituras al hablar de individuos que “por avaricia harán mercadería de ustedes con palabras fingidas” (2 Pedro 2:3).

Preocupémonos de no contarnos entre los tales.

Parecía que ésta iba a ser la navidad del fin del mundo; un veinticinco de diciembre silencioso, entre las ruinas humeantes de la civilización, o sin nadie en el mundo que evocara el recuerdo de la especie humana, si es que quedaba mundo. O tal vez, una navidad que ya no sería navidad, pues la llegada de otras fuerzas cósmicas cambiaría tanto el acervo cultural de la raza humana, que las viejas religiones (entre ellas el cristianismo) desaparecerían como por arte de magia, o todo sería reinterpretado, tal que lo que creemos mutaría en algo por completo diferente – y por supuesto, más “elevado” – de aquello que constituye ahora nuestra fe. Seguro que esta última opción les fascinaría a los opositores y enemigos del cristianismo. Pero por lo visto, ésta será una navidad más.

Empero, ésta podría no ser una navidad más; ésta podría ser una navidad diferente, hecha distinta por la fe en aquel cuyo nacimiento recordamos en esta fecha (aunque como siempre aclaremos que la verdadera fecha es desconocida, efectivamente, el veinticinco de diciembre sirve para recordar al Salvador que nació en Belén). Que ésta no sea la navidad del fin del mundo no debe, simplemente, provocarnos alivio. El fin del mundo puede llegar individualmente, cuando a cada uno le llega la hora de partir de esta tierra. Y como el verdadero fin del mundo anunciado por la Biblia, acerca del cuál no hay noción de fecha, ni aproximada siquiera, el fin individual tampoco tiene fecha.

Entonces, vivamos siempre prestos a encontrarnos con el Señor, y vivamos agradecidos por lo que el Señor ha hecho por nosotros. En esta navidad agradezcamos al Señor Jesús por haber venido a estar entre nosotros, a predicar el Reino de Dios, a mostrarnos el amor del Padre, a morir por nosotros para traernos el perdón y la vida eterna.

Agradezcamos al Señor Jesucristo por haber nacido en Belén.

 

Imagen: google

22 Dic '12

Hay 1 Comentario.

  1. Juan Pablo
    9:30 pm enero 6, 2013

    ESTA ES LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, SIEMPRE HABRA A QUÉ TEMER Y UNO QUE INVENTE UN FIN PRÓXIMO EN BENEFICIO DE SU BOLSILLO O BIEN POR PURA IDIOTEZ.
    ES IMPORTANTE MANTENERNOS FIRMES EN LO QUE CREEMOS O VALORAMOS, PORQUE SI PRESTÁRAMOS ATENCIÓN A TODOS LOS AVISOS DEL “FIN”, NO PODRÍAMOS SEGUIR ADELANTE CON NUESTRA VIDA.

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