TAMBORES DE GUERRA SANTA OTRA VEZ

 – Álvaro Pandiani –

Hace un par de años abordamos el tema de la relación actual entre el cristianismo y el islam desde un ángulo sorprendente e insólito: la provocación lanzada desde filas cristianas hacia los seguidores del profeta; el hecho concreto: Terry Jones, un pastor evangélico, amenazó quemar públicamente el Corán, libro sagrado de los musulmanes, el 11 de setiembre de 2010, aniversario del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. En esa oportunidad reflexionamos sobre el amor, el odio y la violencia extrema, así como acerca de lo que la Biblia dice del llamado y misión de un pastor de almas, un predicador del evangelio, que es un discípulo de Jesucristo; también sobre si el Dios que invocaron tanto los soldados cruzados que fueron a combatir en Tierra Santa, como una Iglesia que a lo largo de varios siglos se mostró belicosa e intolerante, se correspondía con el Dios que nos presenta la Biblia. Y concluimos que el Dios de las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, el Dios que los cristianos creemos es el Creador del universo y el Padre de nuestro Salvador Jesucristo, no es el Dios de la guerra santa, de las cruzadas, del choque con el mundo musulmán, ni en la Edad Media ni en el presente, ni de las atrocidades cometidas, tanto entonces como ahora. Es, en cambio, un Dios justo, misericordioso y lleno de amor.

En aquella oportunidad disecamos la figura de Terry Jones, pastor de una iglesia de Gainesville, Florida, Estados Unidos de América, pero sobre todo su actitud, una actitud desafiante y provocativa (apareció en televisión abierta, sentado en su oficina y trabajando en su computadora, pudiendo verse sobre su escritorio una pistola de grueso calibre). También contrastamos la actitud y conducta de Jones con lo que dicen las Sagradas Escrituras acerca de cuál debería ser el proceder de un ministro de Dios (predicar el amor y el perdón de Dios, “pues tal es su misión en razón de su ministerio, de su llamado y vocación”).

En estos últimos tiempos el mundo musulmán se ha visto convulsionado por la difusión de una película titulada “La inocencia de los musulmanes”, producida y realizada en Estados Unidos por un grupo de cristianos coptos (egipcios), con apoyo de cristianos evangélicos de Siria, Turquía, Pakistán y el propio Egipto. En dicha película Mahoma es presentado (según los comentaristas) como un asesino violento, con rasgos de homosexualidad y pedofilia. Sólo alguien que sea un absoluto ignorante del fundamentalismo musulmán, y de la forma en que reaccionan los seguidores de Mahoma ante el más mínimo “agravio” (el simple hecho de predicar a un musulmán para procurar “convertirlo” se considera delito), podría alegar que no habría imaginado el estallido nuclear social que el filme provocó en los países islámicos: ataques como el perpetrado contra la embajada norteamericana en Libia, en el que murió el embajador Christopher Stevens (justo un personaje querido por el pueblo libio por su apoyo en la revuelta contra Gadafi), atentados, incendio de iglesias, y numerosas personas muertas.

También en oportunidad de la reflexión a propósito de Terry Jones, hubo quién dejó un comentario muy crítico para con la postura del artículo, destacando la agresiva intolerancia del fundamentalismo islámico, tal que parecía sugerir que merecía y requería una respuesta proporcionada. Como en ese mismo blog otros lectores contestaron adecuadamente las críticas, me abstuve de emitir opinión o defender la postura de aquel ensayo sobre el tema.  Postura que tengo ahora la intención de renovar, desde una óptica más amplia pero siempre basándome en lo escrito en la Biblia.

Indudablemente, como ya se sugirió, una película de las características de La inocencia de los musulmanes es una provocación para millones de personas para las cuales su fe islámica y la figura de Mahoma son sagradas; millones de personas entre las que hay muchas, muchísimas, dispuestas a matar y morir en respuesta a una provocación tan sacrílega. A esta provocación se agregó la del semanario francés Charlie Hebdo, que publicó caricaturas “con Mahoma desnudo en posiciones “osadas”, en referencia al film norteamericano La inocencia de los musulmanes” (www.elpais.com.uy/…/otra-burla-a-mahoma-acrecienta-la-furia).

La primera aproximación adecuada a este asunto de las provocaciones es tener en cuenta la enseñanza de Jesús de Nazaret conocida como la “regla de oro”: “todas las cosas que quieran que los hombres hagan con ustedes, así también hagan ustedes con ellos” (Mateo 7:12). Enseñanza que podríamos parafrasear, aplicándola a la presente situación, de la siguiente manera: “todas las cosas que NO quieran que los hombres hagan con ustedes, así TAMPOCO las  hagan ustedes con ellos”. Basta pensar qué sentimos los cristianos cuando alguien denigra o se burla públicamente de la figura de Jesucristo; y en este mismo tenor, podríamos preguntarnos cuándo los musulmanes se han burlado públicamente de la persona de Jesús, como sí lo hacen otros, provenientes del mundo occidental (merece recordarse que entre los seguidores del Islam, Jesús es respetado como profeta de Dios, aunque inferior a Mahoma). Si miramos las provocaciones entre cristianos y musulmanes, debemos reconocer que las mismas han pasado más por un ataque a los seguidores de las respectivas figuras sagradas de cada religión, Jesús o Mahoma, que a las figuras mismas. Pero los ataques a la persona de Jesucristo han provenido sobre todo de las culturas que alguna vez fueron cristianas, del racionalismo y ateísmo surgidos como reacción contra una religión organizada, oficializada por siglos, intolerante y prepotente; el principal ataque ha sido el dirigido a “probar” que Jesús de Nazaret no habría sido un personaje histórico. Curiosamente, los judíos conservadores no han recurrido a este argumento, sino que, basándose en documentos antiguos propios, aceptan que Jesús de Nazaret sí fue un personaje histórico, pero un falso mesías y falso profeta; apenas un mago y un engañador. También de las culturas otrora cristianas han surgido ataques que denigran la Biblia como Palabra de Dios. De entre los musulmanes, o de las culturas islámicas, han surgido también quienes han hablado (o escrito) denigrando a Mahoma o el Corán, aunque comprensiblemente mucho menos en cantidad – por lo menos que hayan trascendido al mundo occidental –; me viene a la memoria el escritor indio Salman Rushdie, de familia musulmana y hoy caballero del imperio británico, por cuya muerte aún se ofrece una recompensa de tres millones de dólares en el mundo islámico, a causa de su novela Los versos satánicos, publicada en 1988, en la cual el autor muestra un Mahoma dubitativo, negociando con la sacerdotisa de La Meca el ingreso de tres diosas del panteón preislámico a la religión musulmana, como arcángeles de Alá (es.wikipedia.org/wiki/ Los_versos_satánicos).

Tal vez haya otros, pero es probable que la mayoría no haya salido ni nunca salga a luz. Esto es comprensible; baste pensar en lo que le pasaría a quién se atreviera a hablar contra Dios, Cristo, la Biblia o la Iglesia en la época de la Santa Inquisición – como de hecho le pasó a muchas personas que discreparon con la Iglesia en aquellos tiempos; tiempos de ignorancia y oscurantismo, de intolerancia e imposición de ideas y creencias oficiales por medios seculares. También en tales tiempos, durante la Edad Media, se produjo lo que, y ya lo citábamos hace dos años, se denominó la “injustificada agresión” de las Cruzadas, el ataque militar reiterado de la cristiandad occidental contra el mundo islámico (Hindley G. Las consecuencias. En Las Cruzadas, Peregrinaje Armado y Guerra Santa. Ediciones B, S.A., Barcelona, 2005. Pág. 385-393); pero agresión injustificada, según muchos, si se olvida que las conquistas musulmanes en el norte de África y Oriente Medio, durante los siglos VII y VIII, se llevaron adelante en tierras anteriormente cristianas.

¿Cómo ve hoy día el mundo musulmán a occidente? El historiador Hindley, citando lo escrito por el libanés Amin Maalouf en Las cruzadas vistas por los árabes, nos trasmite una reflexión escalofriante: “Parece claro que el Oriente árabe sigue viendo en Occidente a su enemigo natural. Contra ese enemigo, cualquier acción hostil – ya sea política, militar o basada en el petróleo – no se considera más que una legítima venganza”. Al leer cosas como ésta, parece comprensible la reacción de un lector, que en el blog del artículo anterior de esta temática, hace dos años, me escribía: Al hermano Álvaro, le invito que así como critico el error de este pastor, critique también cómo los islámicos secuestran niñas de cristianos y las obligan a matrimonios con musulmanes para obligarlas a cambio de religión, o cómo los que se convierten al cristianismo tienen que huir porque su vida corre peligro. ¿Por qué atacamos tan duro un error de un cristiano, y callamos ante la maldad del islamismo?. Reproduzco este pasaje de su comentario, en primer lugar porque es la opinión de una persona, y como tal me merece mucho respeto; segundo, porque más allá de los ejemplos que ofrece – secuestro de niñas para obligarlas a casamientos con musulmanes, y el peligro de vida que corre un musulmán que se convierte a Cristo – el lector pregunta por qué callamos ante la maldad del islamismo. Y quizás deberíamos contestar que callamos ante la maldad de los musulmanes, de la misma manera que callamos ante la maldad de los cristianos; o porque estamos ocupados tratando de corregir la maldad de los cristianos, nuestra propia maldad. Tal vez si nos dedicáramos a echarles en cara a los musulmanes sus maldades, ellos tendrían mucho que decir de nosotros también; y tal vez sería mejor que la relación entre el cristianismo y el islam fuera un beligerante intercambio de recriminaciones e insultos, y no de misiles y coches – bomba. Y tampoco olvidemos otra cosa: el mundo posmoderno, nacido de las cenizas de una civilización otrora “cristiana”, se corta las venas clamando por los derechos humanos y reivindicando a los marginados, pobres y oprimidos. Pero ese mismo mundo posmoderno y poscristiano, revolviéndose indignado contra un cristianismo aún vital y pujante, al que ve todavía impertinentemente vivo, nos señalaría con el dedo a nosotros, los cristianos, exigiéndonos que en todos esos temas (secuestro de niñas, mutilaciones de sus órganos genitales como sucede en Nigeria, etc.), miráramos las cosas desde el punto de vista de la cultura islámica, no desde el nuestro – pues la Palabra de Dios ya no es universal, en su concepto. En otras palabras: tolerancia, respecto a la diversidad, banderas del posmodernismo vigente en occidente, aunque en el “oriente árabe” tales banderas no existan (para muestra basta un botón: mujeres parlamentarias uruguayas de izquierda, que aquí defienden la perspectiva de género, el aborto y la homosexualidad, cuando fueron a Irán se colocaron obedientemente el velo sobre la cabeza).

Llegada la reflexión a este punto, parece oportuno mirar la Biblia para ver si encontramos alguna orientación sobre la más adecuada postura cristiana en una relación tan espinosa y accidentada a lo largo de la historia. Al respecto, me viene a la memoria el pasaje de Mateo 17:24 – 27, en el que los cobradores del impuesto del Templo abordan a Pedro – con la cortesía habitual de los recaudadores de impuestos – y le increpan si acaso su “maestro” pagaría o no el impuesto del Templo (tributo de dos dracmas – el equivalente de dos jornales de un campesino – que todo israelita adulto debía abonar una vez al año para el mantenimiento del Templo de Jerusalén). Cuando Pedro, después de asegurarles que su maestro pagaría, se encuentra con Jesús, éste lo conduce a razonar que Él, como Hijo de Dios, no estaba en realidad obligado a ese pago. Sin embargo, agrega que para no ofender a los representantes de la autoridad religiosa nacional, pagará. Acto seguido, da a Pedro las directivas para que éste consiga el dinero (media un milagro de precognición, o demostración de omnisciencia, o incluso omnipotencia, en el modo en que se obtiene el dinero, pero no es ese el tema de esta reflexión). Interesa destacar la actitud de Jesús: Él no quería ofender a los cobradores de impuestos, o a aquellos a quienes estos representaban. La ofensa podía darse ante una negativa de Jesús a pagar el impuesto, o más probablemente al declararles que no pagaría por ser Hijo de Dios. Esta aseveración habría sido, indudablemente, una provocación para las autoridades religiosas de Israel. Y Jesús, en ese momento, no quiso provocarlos. Esto es llamativo, al ser éste el mismo Jesús que en otras oportunidades declaró públicamente ser el Hijo de Dios, y también quién en otra ocasión llamó a los fariseos y escribas hipócritas, víboras, ciegos, entre otros apelativos (Mateo capítulo 23). ¿Qué mayor provocación que tales calificativos dirigidos a los sacrosantos personeros de la religión nacional? ¿Cuál es la diferencia entre el episodio de los cobradores del impuesto del Templo, y el discurso dirigido a los líderes religiosos en Mateo 23? Una respuesta a esto podría ser la siguiente: el discurso a los líderes religiosos fue pronunciado en Jerusalén pocos días antes de la crucifixión, cuando Jesús sabía que su tiempo se terminaba y había unas cuantas verdades pendientes de ser dichas, y que debían ser dichas a oídos de todo el pueblo, aunque eso significara una provocación. En el caso de los cobradores del impuesto del Templo, tal provocación era innecesaria.

Esta idea, que una provocación innecesaria no forma parte del espíritu trasmitido por Jesús a sus seguidores, podría servir para evaluar la pertinencia, y el carácter genuinamente cristiano o no, de cosas como la quema del Corán, las caricaturas de Mahoma, o la película “La inocencia de los musulmanes”. ¿Es aplicable este principio de no provocar innecesariamente, en la relación con los seguidores del islam, que por lo visto siguen viendo al occidente “cristiano” como enemigo (aunque occidente ya no es muy cristiano que se diga)? ¿Es aplicable, cuando los musulmanes siguen actuando con abierta intolerancia, con amenazas y sentencias de muerte, contra los cristianos residentes en los países islámicos, y contra todos los que ellos entienden son culpables de blasfemia, apostasía o sacrilegio contra sus figuras sagradas? Más allá de las “maldades” del islam, que en aquella ocasión hace dos años nos señalaban, cabe preguntarse si es pertinente que nosotros veamos a los musulmanes como “enemigos”, por lo menos si para iluminarnos al respecto recurrimos a las enseñanzas de Jesús y al cristianismo bíblico (no al de las Cruzadas, sino al cristianismo bíblico). Y si ese fuera el caso, si verdaderamente por ser nosotros cristianos los musulmanes son nuestros enemigos, entonces deberemos referirnos una vez más a lo dicho por Jesús en el Sermón del Monte: “amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). Mandato de Jesús que ha sido sistemáticamente desobedecido por los cristianos a lo largo de los siglos.

Salvo por aquellos que, en obediencia a ese mandamiento y a la Gran Comisión, “provocan” a los musulmanes con la única “provocación” necesaria y legítima: compartiendo con ellos el evangelio del amor y el perdón de Dios en Jesucristo, muchas veces a riesgo de sus vidas.

Que ellos sean nuestro ejemplo.

Imagen tomada de la web: Desde mi escritorio
16 Nov '12

Hay 3 Comentarios.

  1. laura
    7:35 pm noviembre 17, 2012

    Muy de acuerdo con usted. No es necesario provocar. El pastor Jones no está bien enfocado en lo que el evangelio predica. Una verdadera lástima porque así es que nos ponemos al mismo nivel que los musulmanes. La mejor defensa nunca puede ser un ataque, al menos en estos temas…

  2. Anibal
    7:23 pm noviembre 18, 2012

    Los pastores de Estados Unidos piensan que pueden señalar con su dedo acusador porque se creen los salvadores del mundo y ya sabemos que no es así. Es cierto que no todos son iguales, pero a menudo nos encontramos con este tipo de gente. Solo mirándo las fotos nos damos cuenta que es el prototipo de buscapleitos. No podemos esperar respeto de quienes no respetamos y me parece muy bueno que los demás cristianos se den cuenta de esto y lo digan.

  3. GATO
    11:13 pm noviembre 22, 2012

    NO ME QUEDA CLARO QUÉ ES LO QUE ESTE PASTOR ESPERABA CON LA CONVOCATORIA QUE HIZO, PERO NADA BUENO LOGRARÍA. IGUAL USA DA PA’ TODO Y YA SE HA DEFORMADO TANTO TODO LO QUE TIENE QUE VER CON LA GUERRA OCCIDENTE ORIENTE – ORIENTE OCCIDENTE, QUE YA NI SABEMOS A QUIEN ASISTE LA RAZÓN Y SI ES QUE HAY RAZÓN!!! NO ME GUSTAN LAS NOTICIAS QUE LLEGAN DE LA ZONA DE ISRAEL Y PALESTINA, DA PAVOR SABER QUE LA VIDA VALE MUY POCO ALLÍ. ES CIERTO QUE NOSOTROS TAMBIÉN HACEMOS LAS COSAS MAL, ESTOY DE ACUERDO, PERO NO SE SI SOMOS TAN CERRADOS COMO LOS MUSULMANES.

    DIOS DE SABIDURÍA EN TODO ESTO A AMBAS PARTES.

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