DOS BARRIOS SIN CONTROL

Comerciantes y vecinos de Cerro Norte y del barrio Obelisco de Las Piedras dicen que el Estado los abandonó desde hace años. Aguardan con expectativas las políticas sociales que el gobierno dice que va a aplicar en ambas zonas.

La calle Haití es una de las entradas de Cerro Norte. A un costado de Haití comienzan los “palomares”, grupos de edificios bajos que algún tiempo fueron pintados de blanco. La crónica roja alude a menudo a ellos.

Casi no circulan autos por la calle Haití. En la entrada de uno de los apartamentos de los “palomares”, una adolescente pierde el tiempo escuchando cumbias de “Nene Malo”.

Aburrida, oye a “Nene Malo” cantar: “Es una bomba y lo baila el mundo entero, lo bailan los chetos, lo bailan los cumbieros. Esto es una bomba y lo baila el mundo entero”.

A unos cincuenta metros de allí, un joven con la camiseta de Peñarol monta guardia frente a una “boca” de venta de drogas.

Hasta hace seis meses, en uno de los vértices de los “palomares”, funcionaba un centro polifuncional. Se trataba del único espacio que aglutinaba a jóvenes y niños. Pero la falta de profesores dejó vacío el lugar que cuenta con todas las comodidades de un pequeño gimnasio: cocina y vestuarios impecables y un gran salón.

El integrante de la Comisión Vecinal de Deportes de Cerro Norte, Ricardo Rodríguez, dijo que el barrio es una zona roja porque los adolescentes caen en la droga al no tener espacios de recreación y deportes. “Si los sacás a los gurises de la calle esto cambia. Si los gurises están haciendo deportes, los vecinos y los comerciantes están más tranquilos”, opina.

Desde que se cerró el gimnasio en agosto pasado, la Comisión Vecinal pide ayuda al gobierno y a la Intendencia de Montevideo para instalar allí un ring desarmable.

La realidad le da la razón a Rodríguez. Hace seis días, apenas a 50 metros del gimnasio, dos menores de edad dispararon cinco tiros a un policía durante una rapiña a un camión distribuidor de bebidas. El agente está grave y los menores fueron internados en el INAU.

Perla González atiende la fiambrería “PG” cuyo mostrador tiene más años que ella y su amiga, Margarita López.

Las dos mujeres admiten que no se animan a caminar de noche por las calles de Cerro Norte. “Llegué acá hace 20 años. Esto era un barrio de gente de trabajo. Se ha perdido calidad de vida. Antes se podía salir y ahora no”, dice Perla.

Lidia Escudero dice que, en tres ocasiones, ladrones intentaron entrar en su modesta vivienda. “Fui a la seccional y dije que ellos debían agarrar al toro por los cuernos o lo haría yo. Les expliqué que si mataba a alguien lo enterraría en el fondo y haría un jardín arriba. Como no hicieron nada, a las ventanas le coloqué un cable de 220 voltios y un trapo de piso mojado. No tuve más problemas”, señala.

A una cuadra de la calle Haití, en Pedro del Campo y Pedro Castellino, se encuentra una bien cuidada plaza de deportes que fue recuperada por vecinos tras ser un basural durante años. Se trata de la Plaza de Deportes N° 10.

Cualquier visitante espera encontrar en la plaza la degradación que se ve en terrenos baldíos de Cerro Norte. Sin embargo, con sorpresa observa que las hamacas están en su lugar, el césped se ve bien cortado y la cancha luce impecable. En otro vértice de la plaza, un contenedor metálico de color blanco oficia de garita policial. A las 15 horas del miércoles 14, se ve deshabitada.

A pocas cuadras de la plaza, ya dentro de los pasajes de los “palomares”, la situación social decae en forma evidente. Es como un Cerro Norte dentro de otro Cerro Norte.

Grupos de jóvenes que el gobierno calificó de “Ni-Ni” (no estudian ni trabaja) escuchan cumbia a todo volumen atentos al pasar de cualquier auto. Mujeres jóvenes embarazadas cuidan niños pequeños.

Ante esta realidad y a pedido expreso del presidente José Mujica, el gobierno comenzó a desarrollar un plan para integrar a la sociedad a quienes forman el “núcleo duro” de la pobreza.

En ese marco, se buscará coordinar en el territorio la presencia de diversos organismos del Estado y se comenzará a trabajar en cuatro barrios de Montevideo y dos de Canelones, entre los que estarían Cerro Norte y el barrio Obelisco (Ver nota aparte).

MIEDO. La situación del barrio Obelisco, en la ciudad de Las Piedras, parece ir deteriorándose a gran velocidad. Si se recorren sus calles se ven las características comunes de un barrio del interior del país: calles de pedregullo, muchos árboles, casas con jardines y un andar tranquilo de los vecinos.

Sin embargo, la gente del lugar cuenta cómo la realidad ha ido cambiando y se empiezan a perder las pautas mínimas de convivencia. Las bocas de pasta base y los delincuentes comenzaron a abundar en el barrio, que dista pocas cuadras del centro de la segunda ciudad más grande del país, y la presencia del Estado se siente cada vez más lejana.

José, un comerciante del barrio Obelisco, dice que “hay gente adicta que para robarte igual te pega un palazo” y que los espacios públicos no existen o están abandonados.

“No hay nada, ni plazas ni canchas de fútbol, y por el parque de noche no se puede ni pasar. Este barrio está medio olvidado”, opina. Esa sensación es la misma que tiene otra familia de comerciantes del barrio, que relata cómo los servicios del Estado están muy lejos de ser eficientes en el lugar.

“Se olvidaron de la escuela, es la peor de la zona. Antes de empezar el año la directora pide ayuda a los padres para arreglarla, si no nadie la repara. Con la salud pasa lo mismo, el Hospital de Las Piedras es un desastre y la policlínica de la zona no tiene nada”, cuenta Gustavo, que trabaja en un almacén con su hermano.

En el corazón del barrio Obelisco la situación es aún peor. En el cruce de las calles Juan Díaz de Solís y Luis Braille los vecinos dicen que se vive en una “boca de lobos”. Además, se quejan de la actuación de la Policía y algunos confiesan que ya ni siquiera denuncian “porque no sirve para nada”.

El ambiente se pone complicado en la noche y los robos a los comercios van en aumento. Catherine, empleada de un almacén, dice que más de una vez le golpearon la puerta en la noche preguntándole si quería comprar un celular robado.

El miércoles de mañana, pocas antes de la recorrida que El País efectuó por el barrio, la farmacia Navarro, que está ubicada sobre la avenida San Martín y que tiene un local de cobranzas, sufrió la segunda rapiña violenta en menos de dos meses.

Un auto frenó en la puerta de la farmacia y dos hombres se bajaron armados y cubriéndose el rostro con un pañuelo.

El guardia de seguridad se percató de la situación y comenzaron a intercambiar disparos, logrando finalmente que los delincuentes se dieran a la fuga. En la tarde la tensión aún se sentía en el comercio y en las paredes se podían ver cuatro agujeros provocados por los proyectiles.

La cifra

30.000

Son los hogares “críticos” según el gobierno. Se dispuso su atención junto a 100 mil hogares que salieron de la pobreza.

Rediseño de las políticas para atacar núcleo duro de pobreza

El diseño de las políticas sociales estuvo en el centro del debate en los últimos días. El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, consideró que existen carencias en las políticas sociales para los presos y las zonas más vulnerables y reclamó apoyo en ese sentido hacia los esfuerzos que hace la Policía para evitar lo que ha denominado como la “favelización” de algunas zonas de Montevideo. Así, se generó un cortocircuito con el ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, y el asunto finalmente derivó en la realización de un Consejo de Ministros para tratar la temática especialmente.

Luego, se resolvió aumentar los recursos destinados a políticas sociales para atender dos grupos de población: 30 mil hogares críticos y 100 mil hogares que salieron de la pobreza. Olesker y Bonomi comenzaron a trabajar con la Presidencia de la República para elaborar un plan integral de acción inmediata que priorice la zona metropolitana, lo cual, dijo Olesker, demandará rediseñar algunas políticas existentes.

TESTIMONIO

Exladrón: “El entorno pesa mucho en Cerro Norte”

“Me crié en Cerro Norte. Delinquí varias veces. Estuve preso. Mi padre era panadero. Mi madre una ama de casa. Pero, en lugar de mirar a mi padre, miré al costado: para mis amigos que andaban bien vestidos y con plata. Así es en estos barrios. El entorno pesa mucho en Cerro Norte. Para hacerte respetar, tenés que andar con un revólver encima. Querés ser el más malo del barrio. Por eso hay tantos jóvenes muertos. A mi hijo lo traigo cortito para que tenga una vida diferente a la mía. Ahora vivo en paz y con Dios. Vivo de mí trabajo en la verdulería”. (Testimonio de Javier Miños, propietario de un puesto de verduras).

El País Digital/ Uruguay
18 Nov '12

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