DOLOR Y SINCERIDAD

Una de las motivaciones para escribir sobre este tema fue la cantidad de personas que cuando enviudé me dijeron: “tenés que estar bien, pensá que ella está con el Señor”. Con esta frase apelativa, me estaban obligando a estar bien; lo cual era imposible, ya que ser cristiano, pastor, reverendo, etc., etc. no exime del dolor.

Nadie mejor que yo sabe que sus dos últimas palabras emitidas a través del respirador artificial fueron “Amén y Amén”, cuando juntos realizamos una oración de arrepentimiento y volvimos a declarar a Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas.

No me cabe la menor duda de que se encuentra en la Presencia del Señor; pero el dolor ahí estaba y aprendí que era inevitable.

Cuando pienso en Jesús la noche que fue apresado en el Monte de los Olivos, no puedo dejar de verlo dolorido por lo que estaba por acontecer, al punto de decirle al Padre: “si puedes, quita de mí este trance”.

Él, como hombre, sentía dolor; y como Dios, sabía que estaría a la derecha del Trono de la Gracia en poco tiempo más. Esto me confirma que el dolor ante la pérdida o la separación de quienes amamos es inevitable. Ya sea por muerte o por alejamiento.

Es importante decirle a Dios cómo nos sentimos. Como ejemplo podemos citar el Salmo 73 donde el salmista compara sus aflicciones con la aparente comodidad de muchos impíos,  y en la medida que va sincerando su corazón (poniendo la carga en Dios al hablarle) va levantando su esperanza.

A pesar del dolor y las preguntas sin respuestas, Dios sigue siendo Dios. “Yo, el Señor, no cambio… ”  Malaquías 3:6

¿Qué es lo que hace el salmista en su sinceramiento? Recupera la esperanza delante del Dios de toda consolación y trata de permanecer en Él.

Para finalizar, te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que el salmista escribió: “Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha. Me guías con tú consejo, y más tarde me acogerás en gloria”.

Dios bendiga tu semana, Rev. Horacio Latté.

Tomado de horaciolatte.org
1 Nov '12

Hay 1 Comentario.

  1. Sembrador
    9:55 pm noviembre 3, 2012

    Muy de acuerdo.
    Dice Lucas que los hombres que llevaron a enterrar a Esteban hicieron “gran llanto” por él. Y se había ido diciendo que estaba viendo a Jesús a la diestra de Dios.
    El dolor está y va a estar. La fe en Jesús no es antídoto, es consuelo.
    Hay cristianos que parecen pensar que la fe nos transforma en extraterrestres, en no humanos.
    Excelente la meditación del Rev. Latté. Nunca había leído nada de él. Realmente, cala hondo.

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