EL MINISTERIO DE LA REONCILIACIÓN

Alguno podrá decir que tengo cierta obsesión por este tema que ya he presentado en

sermones (y lo seguiré haciendo) y en los editoriales de El Heraldo. Pero sabe una cosa,

“DIOS NOS HA DADO EL MINISTERIO DE LA RECONCILIACION”, es lo que afirma San

Pablo en la carta dirigida a la iglesia en Corinto y por lo tanto, siendo como lo es Palabra de

Dios, esa carta y este ministerio es para todos los cristianos de hoy, para usted que lee este

artículo ahora y lo es para mi que escribo.

La tendencia humana es tomar represalias contra quienes no simpatizan con nuestras ideas o

acciones.  Alguien dijo que “nuestra sociedad se emborracha con las uvas de la ira humana”.

En otros términos lo que predomina en nuestras relaciones con los semejantes que nos

Ofenden  y perjudican injustamente, es vengarnos en lugar de perdonar. Algunos ejemplos de

Esto  los encontramos en las relaciones entre una iglesia y la otra, entre una organización

Cristiana  y la otra, entre esposos, entre padres e hijos y más a menudo de lo que queremos,

Entre  miembros de una misma iglesia.

Los sentimientos de los discípulos de Jesús cuando atravesaban Samaria fue: “Señor

¿quieres  que oremos pidiendo que sea enviado fuego del cielo y los consuma a todos ellos?”

Una actitud muy humana que, en alguna medida, seguramente todos hemos experimentado.

Está aquello de “miradas que matan”. Ningún juez humano nos va a enviar a la cárcel porque

miremos   con rencor, venganza o ira, pero el JUEZ SUPREMO juzgará esto en forma justa.

El perdón está íntimamente incluido en el Ministerio de la Reconciliación. No es éste un tema

fácil  o sencillo. En lo que a mí respecta y por la experiencia acumulada, creo que casi ningún

concepto  de la vida cristiana auténtica, es más importante que el perdón. Esta acción nace

continuamente en el TRONO DE DIOS en los cielos.

“Dios es amor” escribió el anciano apóstol Juan y claro que Él es lo que escribe Juan, y

también ÉL ES PERDÓN CONTÍNUO. Creo esto en todo su alcance.

No debiera pues ningún buen cristiano/a decir “no puedo perdonar lo que me han hecho”. Si

acaso Dios razonara así con cada uno de nosotros, estaríamos condenados al infierno

directamente.

Piense en todo esto por favor y relaciónelo con todas sus experiencias privadas y públicas. EL

QUE AMA, RECONCILIA, EL QUE RECONCILIA PERDONA.

Pr. Lemuel J. Larrosa

Tomado de “El heraldo”

7 Oct '12

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