EL MENSAJE DE LA PASCUA

Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea no pierda más tenga vida eterna  Juan 3:16
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él  2ª Corintios 5:21

Introducción
La mayoría de la gente que critica las religiones, suele percibir en ellas ciertos estereotipos que estigmatizan el mensaje que predican; por ejemplo, la iglesia cristiana se asocia a la imagen de un hombre (Jesús) dolido y sufriendo, clavado en una cruz a las puertas de la muerte.

Muchos cristianos entienden que la intención es mostrar “gráficamente”cuán grande amor tuvo Cristo por la humanidad al someterse voluntariamente a sus verdugos para entregar su propia vida… Sin embargo muchos se preguntan ¿no podría Jesús haber seguido mostrando ese mismo amor en las obras que realizó mientras caminó por Palestina, sin necesidad de provocar a los hombres que le odiaban y terminar colgado en esa cruz?

Lo cierto es que de todas las obras que Jesús realizó estando entre los hombres, su muerte fue la mayor muestra de amor que brindó. Él les dijo a sus discípulos: “No vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás. Vine para liberar a la gente que es esclava del pecado, y para lograrlo pagaré con mi vida” Marcos 10:45. Jesús se sometió a una muerte tan cruel debido a su inmenso y perfecto amor por cada uno de los hombres que haya vivido jamás.
Cristo, que es Dios y es eterno, al nacer como un hombre entre nosotros, supo desde siempre cuál iba a ser su destino: pagar con su muerte el castigo por nuestros pecados (lea 1ª Pedro 1:18-20 y Ro.6:23).

Por amor a los hombres, para justicia de Dios
Dice la Biblia que Dios, por ser Santo, no puede convivir donde haya maldad o se violente su carácter moral (no puede tolerar el “pecado” en su presencia). Jesús, que nunca negó el carácter santo y justo de Dios, tampoco podía ignorar la justicia de Dios, ésta dice que el pecado debe pagar, sí o sí, la condena divina (Ez. 18:4 y 20).
Los hombres que Jesús amaba, estaban entonces alejados completamente de Dios y sin posibilidad de restauración en su relación por medios humanos (Sal. 14:1-3) lo que equivale a decir que no existe “modo humano” alguno de borrar la condena que nuestra propia e individual transgresión a la voluntad de Dios ha provocado. Nadie absolutamente puede pasar la prueba de la santidad de Dios, esto es nadie puede declarar que ha vivido sin pecar.
La Biblia titula esta condición como “muerte espiritual”  o eternidad sin comunión con Dios; porque estamos seguros que nuestra existencia es eterna, ya que proviene directamente del soplo de Dios. Si usted vive en estos momentos conflictos de cualquier tipo que le dañan mental y físicamente sabrá a qué me refiero cuando propongo que imagine sentirse así (o peor) por toda la eternidad.
Así que Jesús tuvo que sustituirnos a usted y a mí; se hizo cargo de nuestra deuda, pagó por la culpa de cada hombre y mujer que jamás haya existido y se presentó ante Dios el  Padre asumiendo el castigo…
¿Piensa usted que la terrible carga de Jesús en la Cruz fue solamente el sufrimiento físico? ¿No pensó alguna vez que existieron en el mundo muchos mártires que padecieron valientemente el dolor físico que los siguió hasta la muerte?
Todo ser humano experimenta, con profundo pesar, que el cuerpo se deteriora hasta la muerte (a veces tarde, a veces temprano) y sabemos de injustas muertes por causa de una enfermedad o a merced de otro ser humano… Pero un ser perfecto como Dios, aquel que es eterno ¿Puede concebir la muerte de su hijo perfecto y santo, el único hombre sin pecado que vivió en el mundo?
Porque precisamente eso hizo Jesús, se entregó al dominio del pecado, a la muerte espiritual…y finalmente a la muerte física.
¿Consideró alguna vez qué tan reales fueron las palabras: Padre por qué me has desamparado?

Deuda saldada
Dios nos perdona, porque Jesús pagó la justa condena. ¿Por qué? Porque nos amó y nos sigue amando. Esa muerte cruenta en la cruz, en realidad fue una victoria. Jesús no sólo pagó muriendo sino que resucitó como prueba de que Dios aceptó su sacrificio.

Todavía hoy invita a cada hombre a aceptar su obra como favor o regalo suyo. La consecuencia para el que la acepte: vida eterna junto a Él y comunión perfecta con Dios. Esto es lo que las palabras de San Juan quieren expresar: “De tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que todo aquel que en él crea, no se pierda sino que tenga vida eterna”

Conclusión
La próxima vez que vea un crucifijo, recuerde que esa debió ser su propia muerte y considere dónde y con quién quiere pasar su eternidad.
Este es el mensaje de fe que predicamos. Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y en tu intimidad crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación.  Romanos 10:9

Lo invito a reflexionar el propósito de la pascua junto a Max Lucado (pastor y maestro), que lo expresó de esta manera:
“La historia lo registra como una batalla de los judíos contra Jesús. No fue así. Fue una batalla de Dios contra Satanás.
Y Jesús lo sabía. Sabía que antes de que terminara la guerra Él sería tomado prisionero. Sabía que antes de la victoria habría una derrota. Sabía que antes del trono vendría la copa. Sabía que antes de la luz del domingo vendrían las tinieblas del viernes…
Sus últimos momentos con sus discípulos son de oración…’Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno…que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste’.
Su última oración fue por usted…
Jamás se ha sentido tan solo. Lo que hay que hacer, únicamente Él puede hacerlo.
Ningún hombre, ni un ángel tienen el poder de forzar las puertas del infierno o la pureza para destruir la demanda del pecado. Ninguna fuerza en la tierra puede enfrentarse a la fuerza del diablo y vencer…excepto Dios.
“El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”, confiesa Jesús.
Su humanidad ruega que se le libre de lo que su divinidad puede ver. Jesús el carpintero, implora. Jesús, el hombre, escudriña la oscuridad y ruega:
“¿No habrá otra forma?”
¿Sabía Él la respuesta antes de preguntar? ¿Su corazón humano esperaba que su Padre celestial hubiese encontrado otro modo?
No lo sabemos. Pero sí sabemos que pidió ser eximido. Sabemos que rogó por otra salida, en un momento, si hubiera podido, habría vuelto la espalda a todo aquello y se hubiera ido.
Pero no podía. No podía porque Él lo veía a usted. En medio de un mundo que no es justo. Lo vio a usted arrojado a un río de la vida que no había pedido. Lo vio con un cuerpo que se enferma…y un corazón que se debilita. Lo vio a usted en su propio huerto de árboles torcidos y amigos que se duermen. Lo vio mirar en el abismo de sus propios fracasos y a la boca de su propia tumba. Lo vio a usted en el huerto de Getsemaní…y no quería que estuviera solo.
Él sabe lo que significa que conspiren contra uno… lo que es estar confundido. Él sabe cómo se siente estar desgarrado entre dos deseos, oler la fetidez de Satanás.
Y, sobre todo, lo que es rogarle a Dios que cambie de idea y escuchar a Dios decir dulcemente, pero con firmeza: “No”.
Porque eso es lo que Dios le dice a Jesús. Y Jesús acepta la respuesta…
Cuando se incorpora, la angustia se va de sus ojos, el puño no se crispa más. Su corazón ya no lucha…

La batalla está ganada. Puede que usted piense que se ganó en el Gólgota. No fue así. Puede que también haya pensado que el símbolo de la victoria es la tumba vacía. No es así. La batalla final se ganó en Getsemaní. Y el símbolo de la conquista es Jesús en paz entre los olivos.
Porque fue en el huerto cuando Él tomó la decisión: Él prefirió ir al infierno por usted que volver al cielo sin usted”.

Del libro: “Y los ángeles guardaron silencio”  Max Lucado. Editorial Unilit.

Fuente: ABA
6 Abr '12

Hay 1 Comentario.

  1. Batman
    9:59 pm abril 7, 2012

    Muy bueno y clarificador, pero bastante fuerte. La última frase me movió.

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