LOS CAMPOS, ALLÁ AFUERA – Por Álvaro Pandiani –

 Muchísima “tinta virtual” ha corrido desde que el mundo supo que una superestrella estadounidense de la música había sido encontrada, muerta, en el baño de un hotel, justamente en vísperas de la ceremonia de entrega de los Premios Grammy. Pero en este caso, a diferencia de otras superestrellas del mundo del espectáculo estadounidense que se apagaron abruptamente por una muerte prematura, el fallecimiento de Whitney Houston encontró espacio también en los sitios cristianos evangélicos, tanto para dar a conocer la noticia con todos sus detalles, incluso escabrosos detalles, como para comentar y reflexionar sobre el hecho. Y todo porque Whitney Houston nació y creció en un hogar cristiano evangélico, y fue en el ámbito de las congregaciones evangélicas donde primero dio a conocer su privilegiada voz, cantando himnos a Dios.

    Durante muchos años, esta impresionante cantante fue algo así como un antiejemplo al que recurrir para muchos predicadores, maestros y moralistas cristianos. Una mujer dotada de una voz increíble y un exquisito talento para el canto, que al decir de los evangélicos (los de allá, y también los de acá), cambió la gloria de Dios por la gloria del mundo; riquezas, fama y admiración fue lo que recibió Whitney Houston, cuando dejó el redil de la casa e iglesia paterna para hacer carrera en el mundo del espectáculo estadounidense. Sin embargo, recuerdo, cuando ella estaba en la cúspide de su carrera, nunca faltaba un creyente que recordara que Whitney era “hija de un pastor”, como si ese hecho nos permitiera enorgullecernos, a los evangélicos, de tener a alguien “de los nuestros” en la cima de tales logros. Eso sí era ambiguo; tan ambiguo como, por ejemplo, criticar duramente a los creyentes que se lanzan a la arena política, y después gloriarse de que haya “hermanos cristianos” en el Parlamento.

    Y así es. Whitney Houston, en su muerte, tuvo una vez más espacios en la prensa evangélica; espacios que no tuvieron Heath Ledger, Brittany Murphy, o Michael Jackson, por poner algunos ejemplos. Entre personas creyentes, cuando su muerte fue tema de conversación, algunos especulaban con su rehabilitación; Whitney Houston estaba luchando por salir de las drogas, pues las drogas habían casi arruinado su vida, la habían hecho descender del glamour más excelso al infierno más profundo y terrible. Y justo ahora que estaba rehabilitándose, que había logrado salir de las drogas, que iba a actuar (¿iba a actuar?) en la ceremonia de los Premios Grammy, le pasa esto.

    Desafortunadamente los resultados de la autopsia, salidos a luz hace pocos días y librados de inmediato a la prensa, muestran que en realidad Whitney Houston no había salido de la esclavitud que casi la había destruido, y que la terminó perdiendo. El informe forense habla de consumo crónico y reciente de cocaína y otras drogas de abuso. La cruda realidad, informada por los forenses, es demoledora; esa mujer, maravillosa cantante, que otrora entonara hermosos himnos a Dios, había muerto por una adicción a las drogas de la que nunca fue libre. Parece que esa es la terrible conclusión que debemos sacar, como horrible corolario de su vida.

    Los cristianos tenemos conciencia de grupo, y tendemos a solidarizarnos con lo que ocurre a aquellos con los cuales compartimos la fe y esperanza puestas en Jesucristo. Si no fuera así, sería dudoso que en nosotros habitase el amor del cual tanto hablamos, y tanto llena nuestra conversación. La desgracia de Whitney Houston nos ha removido a todos, y ha estimulado a muchos a dejar sus comentarios (yo también lo he hecho) acerca de ella, su juventud en el Camino de Cristo, la duda acerca de si alguna vez habrá conocido verdaderamente a Jesucristo, en vista de cómo llevó su vida más tarde, y la muerte que la engulló, no sabemos si habiéndole permitido antes arrepentirse de sus pecados ante Dios, para pasar a la eternidad salvada por Jesús. Durante varios días muchísimos cristianos evangélicos hemos girado alrededor de la tragedia de esta deslumbrante mujer. Porque nos parecía que su muerte nos tocaba de cerca, como la muerte de alguien conocido, o cercano, tal vez un ser querido. Todo porque Whitney Houston alguna vez “había sido evangélica” (o “habría” sido evangélica).

    Sin embargo, no puedo olvidar algo leído en una oportunidad, durante esos días, en medio de ese torrente de textos, opiniones, observaciones y comentarios sobre ella, y las reacciones que su muerte había despertado en muchos creyentes. No puedo recordar dónde, ni firmado por quién; pero alguien criticaba acerbamente que los cristianos prestaran tanta atención a la muerte de Whitney Houston, e ignoraran al mismo tiempo el sufrimiento de muchos seres humanos anónimos (por ejemplo, el genocidio que el presidente de Siria está perpetrando sobre su propio pueblo), que justamente por ser anónimos parece que no importaran tanto como una superestrella del espectáculo norteamericano.

    Y yo creo que se equivoca, porque la tragedia de un personaje sumamente popular y famoso inevitablemente mueve más al interés y la reflexión, que la desgracia de perfectos desconocidos a los que probablemente nunca les habríamos visto la cara. Pero también creo que tiene muchísima razón, aunque su alegato suene a sermón moralista, pues como cristianos no deberían deslumbrarnos, ni atrapar nuestro interés, lo que muestran las pantallas de televisión, las computadoras o las revistas multicolores que solo tratan de las frivolidades del espectáculo. En cambio, sí debería interesarnos la suerte de los inocentes, los oprimidos, los marginados, y de todos aquellos que necesitan a Jesús para ser salvos con salvación eterna (independientemente de su etnia, nacionalidad o religión).

    Fue Jesús quién dijo: “Alzad vuestros ojos y mirad los campos” (Juan 4:35). Pasaje bíblico que clásicamente se ha interpretado como un llamado al evangelismo, y que en este contexto, metidos en este tema, sugiere fuertemente que la invitación a “alzar los ojos” apunta a mirar más lejos, mirar fuera de nuestro grupo, no detenernos ni entretenernos sólo en lo que les pasa a aquellos a quienes consideramos “de los nuestros”, sino poner nuestra atención más allá. Entendámonos, está muy bien atender a los nuestros, y que Dios nos libre de descuidar a nuestros hermanos, a quienes forman nuestra familia en la fe, y de ya no preocuparnos por su bienestar y felicidad.

    Pero tampoco podemos olvidar a los de afuera; aquellos que, aunque sean de otro color, de otra raza, de otra religión o de otra parte, así sea muy lejana, son seres humanos, la mayoría anónimos y muchos muy necesitados. Seres humanos necesitados por quienes también Cristo murió.

29 Mar '12

Hay 4 Comentarios.

  1. Vero
    11:49 pm marzo 29, 2012

    Supongo que hay mucha carga de hipocresía en las personas que muy livianamente atacan la “mundanalidad” de personajes famosos en este mundo frívolo. La santidad de muchos evangélicos se hace notar en comentarios por acá y allá. Muchos mencionan el “ser evangélico” como si eso los incluyera en un grupo exclusivo de santidad y fidelidad que, a su vez, es inalcanzable para “pobres mortales” que no siguen ciertas normas impuestas por un grupo de personas en liderazgo que aseguran las tomaron de la Biblia, aunque la interpretación a menudo sea ambigua y poco clara.
    Yo creo en Dios, en Jesucristo y que fuimos llamados a santidad, fidelidad etc., pero no me creo la enviada por Dios para señalar a estos seres humanos famosos o a ningún otro, tomando en mi boca el mensaje de la Biblia para afirmar que yo tengo la razón y los demás son pecadores perdidos, sin remedio y repetirlo hasta el cansancio, separándome de ellos para no ensuciarme.

    Se menciona a Michael Jackson. ¡Pobre hombre!, sufrió en vida siempre, nunca fue feliz. Explotado desde niño pequeño no supo salir de su cajita de cristal. Era frágil, triste, solitario y a la vez tenía un talento que nadie puede negar. Muchas de sus letras reflejan su dolor y su gran soledad. Sin duda alguna necesitaba de Cristo, pero no se si alguien se tomó el tiempo para hablarle de Él.
    Lo acusaron de abuso infantil, algo que jamás se pudo probar y que lo enterró en vida, para que luego de su muerte el supuesto abusado confesara que no lo fue y que sus padres le obligaron a mentir. Se escucharon voces que decían “si paga dinero a la familia por algo será, quiere callar a los padres del chico”, “es un enfermo”, “reniega de su raza”, etc. El tipo hacía sus conciertos con mayoría de raza negra, el mismo se señala cuando dice “black man”.

    No hay diferencia entre su tristeza y la de un niño de la guerra, porque ciertamente ninguno pudo ser niño y mucho menos feliz.
    Pensamos que el dinero da felicidad, en realidad solo nos da bienestar y posibilidad de hacer cosas. MJ es el artista que más ha donado de su dinero para causas de hambre, pobreza, niñez, etc. Dirán algunos… bueno… donaba de lo que le sobraba… hermanos, eso en general lo hacemos todos, cada uno dentro de sus posibilidades, MJ daba muchísimo de verdad.

    Son muchos los hombres y mujeres que mueren sin oportunidad de conocer a Cristo y ser salvos. Los ricos y los pobres… conocidos y anónimos… y TODOS los que se pierden tienen el mismo destino en su viaje final… el peor de todos. Deberíamos sufrir por ellos también.

    WH era especial para Dios, tanto como vos o como yo… y eso es lo que nos hace iguales ante Dios y con las mismas oportunidades. Ser millonario o privilegiado económicamente no convierte a alguien en mala persona. Leamos la Biblia y veremos muchos personajes “ricos” que eran fieles a Dios…

    Conozco más de un “evangélico” que empieza siendo absolutamente humilde y pobre, criticando muchas veces al “pudiente” que no diezma, etc, sin embargo termina su camino de vida siendo adinerado y se convierte en el verdugo de alguien más…

    Basta de hipocresía!

  2. Sembrador
    9:15 pm marzo 30, 2012

    Vero, mi solidaridad al 100% con lo que expresás.
    Creo que la comunidad evangélica toda deberíamos – y me incluyo – hacer una profunda revisión de nuestras actitudes y conductas, si queremos ser verdaderos testigos de Jesucristo.

  3. Linda
    6:19 pm marzo 31, 2012

    Vero creo que expresas bien el pensar de varios dentro iglesia de Uruguay y resto. El dinero no hace personas buenas o malas, lo hace Jesucristo. Houston fue una victim mas, tan desgraciada como resto de victimas sin importar dinero.

  4. Batman
    11:07 pm marzo 31, 2012

    Pandiani siempre me sorprende gratamente. Es un cristiano extraño porque hace bastante autocrítica. Esta cantante fue una desgraciada sin dudas. Basta con ver fotos de diferentes etapas de su vida, lamentable de verdad.
    Otro famoso que fue un desgraciado en vida fue Kurt Cobain de Nirvana, se mató con una escopeta a los 27 años!!!!!! Otro “podre tipo”, como dijo Vero. A propósito, lo de Vero es un artículo aparte… me conmovió de verdad. Hey! me van a convencer de hacerme cristiano!
    Cobain era muy infeliz, un atormentado por la vida. Muy depresivo. Pero no creo en eso de que Nirvana era satánico. Tal vez algunos sepan que murió escuchando la canción de REM “Everybody hurts”, gran tema, muy real y antisuicidio. Tal vez intentó luchar contra su autodestrucción.
    Es para pensar este tema…

Deja un comentario

*