ENFERMEROS PROCESADOS POR HOMICIDIO

La Justicia procesó con prisión a tres enfermeros por el homicidio de al menos 16 pacientes del Hospital Maciel y la Asociación Española. Los implicados admitieron “numerosas situaciones” similares, y dijeron haberlo hecho por “piedad”.
El juez penal Rolando Vomero procesó a dos enfermeros por el delito de homicidio especialmente agravado por premeditación en reiteración real, y a una mujer por complicidad en un delito de homicidio especialmente agravado.
Se trata de dos enfermeros de 40 y 46 años, y de una enfermera de más de cuarenta años. El primero cometió los delitos en el Maciel; confesó haberle suministrado morfina por vía central (cuello) para dar muerte a cinco pacientes. El segundo, que trabaja en la Asociación Española, mató a once por medio de una inyección de aire al sistema circulatorio.
Los dos fueron a prisión por un delito de homicidio especialmente agravado en reiteración real, en tanto que la mujer fue procesada por encubrir uno de los últimos homicidios, cometido en diciembre de 2011. La enfermera con pleno conocimiento de uno de los episodios, colaboró en las maniobras de reanimación sin alertar al resto del personal sobre lo ocurrido.
Según explicó el juez anoche al salir de la sede en la calle Bartolomé Mitre, los dos enfermeros admitieron “numerosas situaciones idénticas” y “que a muchas personas les habían suministrado medicación para que fallecieran”.
Los reconocimientos de las 16 víctimas fueron por medio de exhibición de fotografías.
Preguntado por los motivos, el juez Vomero explicó que según manifestaron los procesados era por “no querer ver morir a la gente”.
“Se trata de situaciones graves, pero que la muerte no era un episodio que se representaba en el momento en que ocurría. Querían que la gente dejara de sufrir”, agregó.
Sin embargo, no se trataba de enfermos terminales, aunque en muchos de los casos padecían graves patologías.
Uno de los peritos reseñó que “el episodio de la muerte no era representable” en los momentos en que se cometieron los homicidios.
No surge conexión entre los casos, por más que los encarcelados trabajaban en la misma mutualista.
El magistrado anunció que la investigación continuará.
La Justicia Penal manejaba que los asesinatos cometidos por estas personas fueron al menos 50.
La llamada “Operación Ángeles” comenzó hace dos meses a partir de una denuncia anónima realizada por un funcionario del hospital Maciel. Un equipo de investigadores del Departamento de Vigilancia de la Dirección de Crimen Organizado comenzó a reunir indicios, hasta que una segunda denuncia los puso en carrera.
Según destacó Vomero, ambas instituciones de salud colaboraron con la investigación mediante el análisis de historias clínicas.
Ayer, mientras la Justicia actuaba con los detenidos en audiencia, llegó una abogada del Hospital Maciel para suministrar documentación, y a escasos 30 minutos se retiró.
A partir del estudio de las historias, los investigadores cruzaron datos con asesoramiento médico y se enfocaron en el personal de salud que trabajaba en los sectores involucrados. En todos los casos se cruzó el perfil de las víctimas con las fechas y horas de sus muertes y las del personal de esos sectores en esos períodos. Fue así que los investigadores llegaron a los ayer procesados, de 40 y 46 años, ambos con una larga trayectoria profesional.
confesión. La abogada del enfermero de 40 años, Inés Massiotti, dijo que su cliente confesó los hechos y anunció que no apelará el procesamiento. “Mi cliente confesó diciendo que, después de 20 años de trabajar en el CTI, con el estrés de estar entre la vida o la muerte, no pudo soportar más el estrés”, comentó. “Creo que hay una patología psicológica. Fue periciado exhaustiva y correctamente por el forense dispuesto por la sede. La pericia determina que mi cliente es consciente de sus actos. Confesó plenamente ante juez y fiscal que lo hizo por móviles de piedad”, agregó la abogada.
Massiotti destacó la extensa trayectoria y capacidad de su defendido, y mencionó que es del interior del país y que fue “abusado sexualmente”.
Mencionó que varios catedráticos grado cinco asistieron a dar testimonio de la carrera de su defendido, y se mostraron sorprendidos por los hechos.
Santiago Clavijo, abogado de las dos restantes personas involucradas, dijo que la operativa de las muertes no era “viciosa” ni con “ánimo de muerte”, sino que buscaban “atemperar el dolor de los pacientes”.
“En uno de los casos había inyecciones, pero de aire, y en otro de los casos medicamentos simples”, relató. El defensor insistió con que se trató de un motivo “netamente piadoso” en cada uno de los homicidios. Comentó que las víctimas eran “gente añosa, grande”. Clavijo anunció que apelará el fallo de Vomero. “En nuestra defensa una de las cosas que expusimos fue una pericia psiquiátrica, y en estos días se va a realizar, y de ahí va a surgir si es imputable o no imputable”, concluyó el abogado del enfermero de 46 años y de la mujer procesada.
Antecedentes de pacientes asesinados
En el año 2006 se dieron dos casos investigados por la Justicia de pacientes asesinados por personal de la salud a su cargos. Son los antecedentes más próximas al investigado ahora por la muerte de decenas de personas en el Hospital Maciel y en mutualista Asociación Española.
El primero fue el caso de un médico en el departamento San José, acusado de asesinar a cuatro de sus pacientes, causó conmoción en la opinión pública. Se trataba de Diego Magga, que fue expulsado de la Federación Médica del Interior (FEMI) luego que un tribunal de ética fallara en su contra por haber dado dosis de morfina a pacientes no terminales. Medio año después la Justicia declaró inocente a Magga.
De todas formas, un informe realizado con el apoyo de la Oficina Panamericana de la Salud llegó a la conclusión de que en ninguno de los cuatro casos estaba “indicado” el tratamiento paliativo que dio Magga a sus pacientes.
También en el año 2006, otro hecho acaparó la atención mediática. Fue el “Caso Mary”. Una enfermera del Hospital Pasteur, Mary Cranchi, fue condenada por homicidio luego de colocarle a un paciente una sonda enteral por vía intravenosa. En principio fue condenada por haber cometido homicidio intencional, pero años más tarde la Justicia cambió la carátula por “homicidio no intencional”.
Los efectos del aire y la morfina en un paciente
La morfina que se le dio a varios de los pacientes fallecidos se utiliza frecuentemente en los CTI de los centros asistenciales tanto públicos como privados con el fin de disminuir el dolor de los internados.
Un profesional de la medicina explicó a El País que el elemento se suministra diluido en suero por vía central. Y que se debe administrar en una cantidad que el médico responsable dispone de acuerdo con el peso del paciente. Pero suministrada en cantidades abundantes, la morfina produce una depresión del centro respiratorio del paciente lo cual posteriormente provoca un paro cardiorrespiratorio.
En el caso de la inyección de aire, la burbuja suministrada también por vía central circula a través del torrente sanguíneo actuando como un tapón que impide el normal flujo de la sangre. Si llega al cerebro provoca una aeroembolia y si va al corazón, un paro cardíaco, indicó el profesional.
“Tipo común y corriente”

PERFIL
El enfermero de 40 años que trabajaba en el Hospital Maciel y en la mutualista Asociación Española era reconocido por sus compañeros como “un tipo común y corriente”, como alguien “del montón” que nunca llamó la atención por alguna actitud fuera de lugar. Trabajó en la década de 1990 en una emergencia móvil de Montevideo. El otro enfermero procesado, de 46 años, trabajaba en el Hospital Maciel y es una persona del interior del país que en su niñez fue “abusado sexualmente”, según dijo ayer en rueda de prensa su abogada, Inés Massiotti. Siempre estudió para superar su nivel, insistió la defensora, y relató que incluso los grado 5 de la Facultad de Medicina habían destacado su profesionalismo cuando comparecieron ayer en el Juzgado del juez Rolando Vomero. Graciela, una enfermera de la Asociación Española con más de 30 años de trayectoria que conocía a sus dos colegas procesados, no salía ayer de su asombro. Graciela dijo estar emocionalmente “quebrada” y “consternada” y que ayer fue “el peor día” para trabajar. Al igual que otros funcionarios de los centros asistenciales consultados ayer, Graciela, no esperaba que estos dos enfermeros fueran capaces de cometer los delitos que ayer confesaron.

Fuente: El País Digital
23 Mar '12

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