LA DEPRESIÓN FACEBOOK


La Sociedad Uruguaya de Pediatría debe empezar a implementar ya medidas para prevenir este mal e investigarlo, dice la presidenta de ese gremio médico.

Con la vulnerabilidad de los 16 años, casi se quita la vida en el invierno del año pasado por culpa del Facebook. Había compartido de forma inocente su clave con sus amigas, pero terminó en malas manos. Repentinamente comenzó a sentir de parte de sus compañeros de liceo el rechazo. No entendía nada.
Se enteró poco tiempo después que alguien estaba enviando mensajes sexualmente provocadores a los novios de sus amigas y a los demás chicos de su clase desde su cuenta en la red social. Pero ella no tenía nada que ver.
No pidió ayuda. La vergüenza la invadió. Se sumió en su angustia. Lo único que la delataba eran los mensajes que ponía en el sitio de su propio veneno. Letras de canciones y frases en su “muro” que dejaban entrever la agonía.
Su inminente suicidio fue evitado a tiempo. Los mensajes de hundimiento encontraron quien los supiera decodificar y se salvó. “No pasó a mayores porque se actuó a tiempo y se pudo identificar a los responsables”, dice a Domingo el psicólogo Roberto Balaguer, coautor junto con la periodista Cristina Canoura del libro Hiperconectados, quien estuvo en contacto con este hecho montevideano.
En otros países se han registrado casos en los que el mal no se pudo detectar a tiempo. A comienzos de 2010 una adolescente de 15 años fue hallada muerta en la escalera del edificio donde vivía, en una ciudad al Oeste de Massachusetts (Estados Unidos). Era víctima del acoso cibernético. Y no fue la única.
Un grupo de médicos de la Asociación Estadounidense de Pediatría detectó a partir de éste y otros casos la “depresión Facebook”, de acuerdo a un informe que se publicó el lunes en la revista especializada Pediatrics. “La intensidad del mundo en línea es un factor que puede desencadenar depresión en algunos adolescentes”, aseguraron los expertos en el reporte.
Además del acoso mediante Internet, tener pocos amigos en las redes sociales o salir perdiendo en la comparación de popularidad con los “muros” de los demás también puede ser negativo. “Gran parte del desarrollo social y emocional de esta generación ocurre en Internet y en los teléfonos celulares. Los padres necesitan entender estas tecnologías para que puedan relacionarse con el mundo virtual de sus hijos y sentirse cómodos”, explicó la doctora Gwenn O`Keeffe, una de las autoras del informe.
La Academia Estadounidense de Pediatría comenzó a pedirle a los médicos de ese país que insten a los padres a hablar con sus hijos sobre el uso de Internet y que incluyan preguntas a sus pacientes en referencia a su interacción en Facebook. “¿Son 20 o 200 (amigos)? Eso te da mucha información”, señaló O`Keeffe a la revista Time.
La Sociedad Uruguaya de Pediatría discutió el miércoles este tema y evaluó necesario hacer algo. “Debemos empezar a implementar ya medidas para prevenir” las consecuencias negativas de las redes sociales, asegura la doctora Alicia Fernández, presidenta del gremio de pediatría y coordinadora del Centro de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Montevideo.
En principio, transmitirá a pediatras locales la recomendación de la Academia Estadounidense de tocar estos temas en el consultorio porque “pueden ser perfectamente extrapolables” a la sociedad uruguaya.
Fernández dice que, al mismo tiempo, se debe analizar cómo llevar a cabo una investigación en el país sobre el tema. “Tenemos que hacer un diagnóstico para luego elaborar medidas de prevención” con mayor profundidad, señala.
La tasa de suicidios en Uruguay es la más alta de Latinoamérica: 17 por cada 100.000 habitantes cada año. En la población de entre diez y 30 años se duplica esta cifra, siendo la tercera causa de muerte, y va en aumento. “Las redes sociales pueden ayudar a comprometer más esa situación”, advierte Fernández. Y agrega: “es una alerta roja que vemos con preocupación”.
Destaca, sin embargo, que “no todo es negativo” en las redes sociales porque tienen “innumerables beneficios” para la comunicación.
Acoso virtual. Una forma de hacerle la vida imposible a un compañero de clase es crear un grupo de Facebook con comentarios hirientes o colgar fotos que avergüencen a la víctima. “Seguramente eso ocurría también antes en el ámbito de la clase. Pero una cosa es una humillación en un grupo pequeño y otra es cuando toma estado público, lo conocen los padres, los padres de los amigos, la institución. El grado de vergüenza se puede tornar en algo difícil de soportar y en una personalidad vulnerable puede ser de alto riesgo. La publicidad le puede dar dimensiones de catástrofe y el efecto puede ser devastador”, alerta Balaguer.
El experto afirma que estas herramientas proveen de “buenos recursos a los mal intencionados, pero estos no se generan por Facebook sino que ya existían”. Es que, para él, la red social es una “tomografía de la conducta humana” que refleja la vida real; quienes tienen pocas amistades en Facebook también enfrentan problemas para vincularse en la vida cotidiana con los demás.
A su vez, el psicólogo uruguayo indica que son frecuentes las recomendaciones como limitar el tiempo de uso de Internet a los menores -algo que considera correcto- pero no se hace hincapié en qué hacen los niños en la red. “Hay casos extremos en los que su vida pasa por los juegos online y las redes sociales. Esos chicos sí están atrapados en esas instancias virtuales; es una vida paralela y totalmente desconectada de la realidad”. Balaguer destaca, sin embargo, que en más del 90% de los niños y adolescentes esto no sucede.
El periodista colombiano Gonzalo Piñeros, autor del libro Historias reales de redes virtuales, asevera que las redes sociales ponen “poderes de dioses en manos de mortales”. En su obra narra acontecimientos positivos y negativos que tuvieron a Internet como eje.
“La generación del `nativo digital` está sola y se relaciona de distinta forma que sus antecesores. Ese es el gran vacío que hay y lo peor es que no hay quién los entienda”, explicó Piñeros, citado por la agencia EFE.
El autor bogotano opina que como los padres no pueden enseñarle a sus hijos a ser “ciudadanos digitales” porque no lo vivieron en su infancia, se debería instruir en el tema en colegios y universidades.
Internet para volver a reír
Las redes sociales también tienen su lado positivo. Lucía Martinak, una bonaerense de 69 años, recuperó la alegría gracias a Internet tras la muerte de su marido hace cuatro años. Su sordera total le impide comunicarse fácilmente con el resto del mundo y solo un potente audífono le permite escuchar algo a su alrededor. Mientras su esposo vivió, fue él quien se ocupó de oír por ella. Desde que lo perdió se encerró en sí misma.
Pero tras descubrir Internet y con la escritura como intermediaria, la sordera se transformó en un problema menor.
“Mi hija y mi nieto me animaron con la computadora. Lo que ellos no imaginaban, y yo tampoco, es que me iba a interesar todo. Ya perdí la cuenta de la cantidad de direcciones de mail que tengo; seis en Hotmail, siete en Yahoo! y varias en Gmail. Las abría para poder responder en Yahoo! Respuestas, que permitía una cantidad limitada por día y por cuenta”, contó Martinak al diario La Nación de Buenos Aires.
Después llegó el Facebook. A través de esta red social hizo amigos y se contactó con el historiador Daniel Balmaceda, con quien terminó charlando personalmente sobre fotos de hace 50 años.
Ahora va por Twitter, el sitio de los 140 caracteres por mensaje. Uno de sus primeros tweets en esta red fue con humor: “Espero estar a la altura. Y si no, me subo a un banquito”.
Felipe Llambías / El País
Iglesia En Marcha.Net
8 Jun '11

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