LA TENAZ TEOFOBIA

La resurrección de un viejo monstruo.

La historia del cristianismo registra la vida y obra de muchos personajes cuyo recuerdo y ejemplo son edificantes e inspiradores. El propio Nuevo Testamento nos muestra fragmentos más o menos extensos de la vida de hombres y mujeres que consagraron sus vidas a Cristo, y sus hechos y palabras fueron y son, aún hoy, paradigma de fe, amor y santidad, amén de constituir parte de la Palabra de Dios. Después de los tiempos apostólicos, cuando ya los escritos sagrados del Nuevo Testamento habían sido redactados, la tradición histórica de aquellos primeros siglos de la fe guarda la memoria de personas que también entregaron todo por Jesucristo, y vivieron vidas radiantes que siguen mereciendo mención en la actualidad.

A principios del siglo IV d.C. un hombre llamado Eusebio de Cesarea, obispo desde el año 314 de la ciudad por cuyo nombre se lo recuerda, a partir de los libros del Nuevo Testamento y de muchos otros documentos que tenía a su disposición, algunos de los cuales aún se conservan y otros se han perdido, compiló y publicó una Historia Eclesiástica, obra en la que se registran los hechos y personajes que jalonaron los primeros trescientos años de historia de la Iglesia Cristiana. Por medio de Eusebio y su Historia Eclesiástica sabemos de muchos cristianos que brillaron por su entrega y sacrificio en nombre de Cristo, y también de muchos enemigos de la Iglesia, que de distintas maneras intentaron erradicar del mundo la “nueva secta”, fracasando sistemáticamente. Lo interesante es que Eusebio nos habla de un tiempo en el cual la Iglesia Cristiana no era una Iglesia Imperial, ni una Institución poderosa y dominante. Eusebio nos habla precisamente de los siglos de la Iglesia perseguida y subterránea, cuyos miembros se escondían en catacumbas y bosques, sin dejar de anunciar valientemente el evangelio a sus semejantes, y los cuales, cuando les era requerido el máximo sacrificio, el de la propia vida, la mayoría lo ofrecía con gusto, antes de renegar del Cristo en el que habían creído. Lo interesante también es que Eusebio de Cesarea nos habla de la Iglesia de antes del Concilio de Nicea, esa reunión eclesiástica en la que, según les gusta insistir a los ateos, se dio forma al cristianismo que conocemos ahora, y/o se seleccionó qué libros debían formar el Nuevo Testamento porque convenían a los intereses de la Iglesia, y/o se silenciaron e hicieron desaparecer otras fuentes que podrían “descubrir la gran conspiración” que el cristianismo tramaba para adueñarse de la humanidad (cualquier parecido con el Código Da Vinci y otras paranoicas teorías de conspiración eclesiástica en boga en nuestros días, es intencional, invento de ateos radicales empecinados en su incredulidad, o de hábiles mercaderes que especulan con las ganancias que les reportará un producto literario o cinematográfico que ataque a la Iglesia Católica Romana, o al cristianismo en general). Eusebio, un obispo pre-niceno, nos habla de una Iglesia pre-nicena, y proyecta su obra a los siglos por venir.

Sin embargo, bien que vale lo anotado en cuanto a la época en que escribe y de la cual escribe Eusebio, la idea es mirar un personaje mencionado en el Libro 2 de su Historia Eclesiástica, no cristiano sino judío. Para los cristianos, muchos personajes de Israel son también significativos y paradigmáticos por la experiencia de Dios que tuvieron, y la consagración de sus vidas al Señor; son personajes del Antiguo Testamento, que para los cristianos, al igual que para los judíos, es Palabra de Dios. Pero de quién habla Eusebio es de un judío que vivió y murió en el judaísmo, contemporáneo de Jesús y los apóstoles, que fue famoso maestro, versado en la Ley de Moisés y en la filosofía griega: Filón de Alejandría. Si bien la mayor parte de lo que Eusebio habla de Filón se vincula con el relato que éste hace acerca de un grupo de hombres y mujeres que llevaba una vida de ascetismo en el desierto de Egipto, a quienes llama los terapeutas, en el capítulo 5 menciona la embajada judía que el mismo Filón encabezó ante el emperador romano, para interceder por sus compatriotas de Alejandría. Según Eusebio, el mismo Filón “cuenta cómo se personó ante Cayo para defender las leyes patrias, pero únicamente obtuvo burlas y sarcasmos y poco le faltó para perder la vida en esta empresa” (Historia Eclesiástica; Editorial Clie, España; 1988; pág. 85). El emperador Cayo que menciona es nada menos que Cayo Calígula, personaje de triste historia a causa de sus excesos y su locura, y del sufrimiento y terror en que sumió a sus súbditos, hasta que fue asesinado. En el capítulo 18 del mismo Libro 2, Eusebio dice que Filón “llegó a Roma en tiempos de Cayo, y se cuenta que su obra La tenaz teofobia de Cayo, a la que por su habitual ironía tituló Sobre las virtudes, la leyó a todo el Senado romano, en tiempo de Claudio” (pág. 108).

La tenaz teofobia.

Es un título muy sugestivo, capaz de describir la actitud que en la actualidad adoptan muchas personas ante la fe cristiana, ante el anuncio del evangelio, y ante el discurso cristiano que opina sobre temas de interés e importancia, a veces de urticante importancia, para el individuo y la sociedad. Sin ser la primera vez que leo la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea (es quizás la tercera o cuarta lectura que hago de la misma), esta vez me causó una profunda impresión la forma en que Filón describió la actitud de Calígula ante su planteamiento (que en definitiva consistió en defender la necesidad y el derecho de los judíos de vivir según la Ley de Dios): burla, desprecio, e incluso la amenaza de una reacción violenta que habría puesto en peligro la vida del embajador. Una respuesta que evoca de inmediato algo dicho por Jesús en Mateo 7:6: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen”. Más allá de que en el tiempo en que Calígula reinaba, el evangelio cristiano ya estaba siendo predicado en el mundo, las leyes judías presentadas por Filón (una presentación seguramente fundamentada en la Palabra de Dios del Antiguo Testamento), eran perlas para semejante cerdo, y el emperador actuó como tal, demostrando lo acertado del dicho de Jesús.

¿Cómo reaccionan las personas ante el mensaje cristiano, ante la Palabra de Dios? Brevemente se pueden esbozar las posibles respuestas:

 

1) Aceptación y entrega total (“creo en ti, Señor, y en tus manos entrego mi vida”).

2) Frío asentimiento (“sí, yo creo en Dios… a mi manera”).

3) Indiferencia absoluta (………………….).

4) Rechazo displicente (“yo no necesito de Dios; tal vez otros sí, tal vez más adelante sí”).

5) Rechazo violento (“la iglesia que ilumina es la que arde, etc.…”).

La psicología define la teofobia como un miedo irracional y patológico a Dios (o a los dioses) y la religión. Sin embargo no parece ser ese el significado que quiso darle Filón de Alejandría a la teofobia de Calígula; esta teofobia parece que tenía, en la mente del insigne filósofo judío, un significado más bien religioso. La teofobia de Calígula consistía en incredulidad, burla, desprecio, y reacción agresiva contra el representante de la fe que se le había apersonado para defender la misma. La teofobia de Calígula no era miedo, era odio, aborrecimiento y rechazo, rechazo violento; además era “tenaz”, es decir, era obstinada, terca, intransigente, rebelde, incorregible, impenitente…

La tenaz teofobia describe muy bien una obstinada, intransigente y terca actitud de incredulidad, burla, desprecio, rechazo de la idea de Dios, fe y religión o espiritualidad. Rechazo que llega a la agresión verbal, al menosprecio y al insulto dirigido a los creyentes y a quienes predican su fe; y que llegaría a la agresión física si tal cosa fuera posible, a juzgar por la vehemencia y el odio contenido en las expresiones de personas que parecen aborrecer a Dios, y querer vengarse de Él.

Hay dos buenos ejemplos en este mismo sitio web, que merecen comentario; los dos referidos a un grupo de los Estados Unidos de América, llamado Ateos Americanos. La pasada época navideña esta gente colocó en un lugar visible de la ciudad de Nueva York un gran cartel desprestigiando la navidad cristiana, rebajándola al nivel de mito, e invitando a la gente a celebrar la “razón”. Tal vez a nosotros nos parezca raro, pero en diferentes lugares hay no solo individuos sino también grupos organizados de ateos radicales que militan activamente contra la fe religiosa; a tal efecto, llevan adelante una propaganda anticristiana y atea, que niega la existencia de Dios, rechaza la historicidad de la persona de Jesús de Nazaret, ridiculiza la fe y procura desprestigiar a la Iglesia cristiana. Hace algunos años en este mismo sitio web, en la serie Alexamenos venera a su dios trajimos algunos ejemplos de esto, y discutimos sus argumentos. En ese momento vimos que algunos tenían una apariencia de seriedad, incluso una fachada académica, mientras que otros se expresaban en términos sumamente ordinarios, hasta groseros, injuriando la persona de Jesucristo, y por supuesto agraviando al creyente sencillo y sincero, cuya fe era objeto de burla. Remitimos al lector a esa serie de artículos para ver las citas textuales de tales individuos y grupos, las fuentes bibliográficas, así como la refutación que en ese momento presentamos a los pocos argumentos que merecían ser considerados. Un nuevo ejemplo, éste bien reciente y también publicado en esta página, nos pondrá al día acerca de esta activa actitud teofóbica actual. Representantes del mismo grupo, Ateos Americanos, luego del terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo pasado en Japón, se dirigieron públicamente a “las personas” (siempre un público que constituyen un tercero neutral en este enfrentamiento virtual entre fe y ateísmo), instándolas a que “donen a organizaciones benéficas seculares en lugar de bufones religiosos”. Los “bufones religiosos” a los que se referían eran concretamente, y el presidente de Ateos Americanos dijo, el Ejército de Salvación (organización evangélica), y grupos católicos. ¿Por qué no donar dinero para las víctimas de la catástrofe en Japón a través de estos grupos religiosos? Según los modernos calígulas, porque parte de ese dinero se destinaría “para la difusión de Biblias”. Aquí indudablemente hay una confrontación de principios y puntos de vista. Los cristianos entendemos de inestimable valor tanto la difusión de la Palabra de Dios, contenida en la Biblia, como la ayuda material, sea alimentos, ropas o atención médica, para los menesterosos y las víctimas de un desastre. Pero según estos calígulas, la difusión de Biblias es una actividad de propaganda religiosa que ellos repudian visceralmente, y al denunciar que se destina parte del dinero a dicha difusión, casi sugieren una malversación de los fondos donados para los damnificados. Según el artículo, voceros del Ejército de Salvación respondieron que sus obreros trabajaron ofreciendo comida caliente y refugio a las víctimas; sin embargo, el presidente de los Ateos Americanos insistió en que los grupos cristianos lo que hacían era “impulsar la religión”, en vez de darle a los afectados la ayuda material necesaria. De una manera indirecta, el ateo acusaba de mentirosos a los cristianos.

Así, reproducen la actitud de teofobia obstinada, focalizada en los cristianos; cristianos que ya estaban trabajando en el lugar de desastre, mientras estos señores, desde la seguridad de los Estados Unidos, opinaban y desacreditaban el trabajo hecho por los creyentes.  Una postura básica de incredulidad, de negación de la existencia de Dios y del valor de la creencia religiosa en general (y la cristiana en particular); la burla que desdeña al creyente (“bufones” religiosos; es decir, payasos); el desprecio sobre las personas y su obra, arrojando dudas sobre el manejo de fondos, o aún sobre la veracidad de sus dichos. La reacción violenta, la irreverencia, la ofensa, el insulto, están a un paso.

La tenaz teofobia; el rechazo violento, el empecinamiento en negar, burlarse y desprestigiar la fe, y denigrar a los creyentes. Los diferentes artículos publicados en páginas cristianas como ésta, que abordan temas diversos relacionados con la espiritualidad, pero también con la salud, la cultura y otros tópicos de interés, reciben a menudo la visita de esta clase de modernos calígulas; sea que llegan a través de una búsqueda en la red, o que por un particular morbo visitan un sitio cristiano. Estas personas, quizás conscientes de estar ingresando a un territorio que no es el suyo, entran al parecer a la defensiva; y siguiendo la vieja máxima que dice que la mejor defensa es un buen ataque, han ensayado refutaciones vehementes a los principios y valores de la fe cristiana, salpicadas de afirmaciones de tipo científico (o seudocientífico), sin respaldo bibliográfico alguno, y sazonadas por epítetos injuriosos de diverso tipo (entre los que destaca el término “ignorantes”). En sus invectivas, además de presentar argumentos fácilmente rebatibles, el respeto brilla por su ausencia, y la ignorancia que nos adjudican a los cristianos a menudo saluda desde su lado, en lo mediocre de sus planteamientos, en la pobreza de sus expresiones, y hasta en los errores de sintaxis y faltas de ortografía.

Quizás si con respeto y urbanidad probaran a confrontar opiniones y creencias, como otros hacen, la pobreza y la chatura moral que exhiben pasarían desapercibidas, o incluso serían solventadas. Sí, en efecto, un cambio de actitud resolvería mucho. Porque acá de lo que hablamos no es de una cuestión de postura filosófica ante la existencia de Dios (fe versus ateísmo), para tildar de burros, mediocres o ignorantes a los ateos; de ningún modo. Hablamos de una cuestión de actitud, de maneras adecuadas de enfocar el tema, de conducirse y reaccionar correctamente ante la postura del otro, de respetar al que piensa o cree distinto. Y hablamos, concretamente, de tener que soportar periódicamente a estos nuevos calígulas, y a su terca, obstinada, porfiada teofobia.

El apóstol Pedro escribe en su Primera Epístola: “… estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (3:15). Es bueno tener presentes estas palabras, porque en una confrontación de ideas, opiniones y creencias en la que estamos poniendo tanto acento en la actitud, debemos pensar, y tal vez revisar, nuestra propia actitud, nuestras reacciones, y lo que visceralmente nos sale cuando nos encontramos con un Calígula de estos. Más aún, si recordamos la negra historia que la Iglesia en su conjunto tiene detrás, en lo que respecta a intolerancia, persecución y atrocidades cometidas durante siglos por motivos religiosos, y en el nombre de Cristo. Saltando el largo y turbulento medio de la historia cristiana, debemos volver a los principios, a lo que está escrito en la Biblia, y constituye Palabra de Dios. Y en cuanto a la actitud, cómo responder a los que “demandan razón” de nuestra fe y esperanza puestas en Jesucristo, traer a la memoria justamente esas palabras: mansedumbre (apacibilidad, suavidad, dulzura) y reverencia (cortesía, respeto, deferencia). Que a diferencia de las barbaridades cometidas en otros tiempos por quienes dijeron ser cristianos, y de nuestras propias reacciones que pugnan por explotar con violencia desde nuestro interior, cuando somos agredidos en lo más sagrado (porque seguimos siendo seres humanos), actuemos en forma apacible y respetuosa, con suavidad y cortesía, y demostrando por encima de todo el amor que Cristo nos mostró.

En suma, que actuemos como cristianos.

Dr. Álvaro Pandiani

Ilustración: Tomada de Internet

Iglesia En Marcha.Net

2 May '11

Hay 4 Comentarios.

  1. Silas
    9:19 pm Mayo 2, 2011

    Espectacular!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    No se como expresarme bien pero me siento altamente identificado con lo que escribió. Nada mas cierto por desgracia para los cristianos. Nos vetan en todo y se rien de todo lo que decimos hacemos pensamos. hoy día todo es tan confuso. ser cristiano y decirlo es como exponerse al ridiculo. pero no debemos dejar de ser lo que somos.

    bendiciones

  2. Marcela
    9:36 pm Mayo 4, 2011

    Silas, estoy de acuerdo con vos. No es sencillo ser cristiano, no porque nos ataquen físicamente por estas latitudes, como a nuestros hermanos de la iglesia perseguida, sino porque no podemos opinar sin ser detractados o menospreciados por el entorno. Somos demodé para esta sociedad posmoderna.

  3. Andrés
    9:25 pm Mayo 15, 2011

    Bien cierto es lo que leí en este artículo. Tengo 20 años y soy evangélico. Estudio en la universidad y me encuentro a diario con personas que no entienden mi forma de vida. Me invitan a “vivir la noche”, trago, mujeres bonitas, baile y esas cosas que, aparentemente, debemos hacer los jóvenes antes de que lleguemos a adultos.
    No entienden que no me interesa esa vida y allí empiezan a ponerme nombretes tales como “gay” “aburrido”, “malaonda”, “pasado de moda”, “triste”, “rarito”, “tarado”, entre otros más duros que no puedo mencionar acá.
    Lo que digo con esto es que hoy día ser cristiano y querer vivir una vida cristiana no es fácil para los jóvenes como yo. Parece que todos piensan que no soy feliz porque no tengo su forma de vida. En realidad soy feliz, estoy tranquilo conmigo mismo y deseo seguir así, pero noto como la mayoría de mis compañeros (mujeres y hombres) me tratan como algo extraño, como fuera de moda. Me dicen intolerante porque estoy en desacuerdo con la homosexualidad y el aborto, pero no se ven a si mismos como intolerantes cuando no me permiten ser como quiero ser. Tengo una Fe que va más allá de todo y así espero seguir mi vida. No me importa lo que ellos crean o no de Jesús.
    Amo a Cristo y eso es locura para mis compañeros.

  4. Sembrador
    11:15 pm Mayo 15, 2011

    Andrés, afirmate día a día más y más en Cristo.
    Fortalecete buscando la amistad de jóvenes evangélicos (a través del grupo de jóvenes de la iglesia, confranternidades de jóvenes, etc.).
    No te aflijas por lo que diga la gente mundana y atea. Amalos y orá por ellos, y preocupate solo por ser testimonio para ellos de que Cristo vive en vos.
    Que el Señor Jesús te bendiga y fortalezca.
    Un abrazo.

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