NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO

“Padezco pero no me avergüenzo” frase que encontramos en el contexto del verso 12 en la primera carta de Pablo a Timoteo capítulo 1. Centro la atención en esta reflexión por las situaciones de vida que nos corresponden vivir en esta parte del plan de Dios para nuestras vidas y para el planeta. Le pido que lea con atención toda la frase completa, pues así podrá captar la pasión y convicción de quien la escribe, en un contexto histórico diferente al nuestro hoy. Sin embargo siendo como es, Palabra de Dios, se aplica a todas las etapas de la historia del mundo y de la historia de la fe cristiana. La gran pregunta es cómo viviremos las circunstancias presentes cuando los términos TOLERANCIA E IGUALDAD han invadido todos los rincones del pensamiento y las conductas humanas. ¿Seremos más que vencedores dentro de una sociedad que relativiza por ejemplo el pecado de la homosexualidad y justifica esta clase de inmoralidad como “estilo de vida”? ¿Qué diremos del adulterio y la fornicación, del alcoholismo y la drogadicción, de la falta de aplicar disciplina firme sobre los hijos? ¿Cómo viviremos en una sociedad mentirosa y arrogante?… La trampa del diablo es hacernos sentir avergonzados de lo que creemos y disminuidos ante una, pareciera, aplastante mayoría apartada de Dios y de los valores bíblicos. ¿Funciona en un mundo así ser cristianos evangélicos? La prueba de cualquier doctrina bíblica es en última instancia determinar con claridad si se puede vivir conforme a esos valores. ¿Seremos capaces de decir y vivir aún “padeciendo esto” como escribe San Pablo? El Evangelio de Dios, no es mera teoría, no es solo letra fría escrita. ES LA SANTA PALABRA DE DIOS VIGENTE Y ACTIVA. Esta es la diferencia con culturas, filosofías y religiones de paso por el camino de la historia humana. “La Palabra de Dios permanece para siempre”. Por eso podemos decir “no me avergüenzo del evangelio”.
Cuando dejemos de hacer estas afirmaciones o esconderlas o peor aún distorsionarlas, dejaremos de ser lo que somos: cristianos y evangélicos. Vivimos en una sociedad que se opone a Dios a cada paso y de hecho, también a nosotros, los cristianos. Eso es obvio y lo notamos porque resulta cada vez más difícil vivir según Dios. El supremo arte de la vida de una mujer y de un hombre que se declaren cristianos es saber afrontar el caos moral y la desintegración de los valores de vida honesta, diciendo “yo sé a quien he creído y estoy seguro…”. ¿Lo está usted? ¿Está listo para seguir su camino cristiano con honestidad, sinceridad y agradando a Dios sin vergüenza?
Lemuel J. Larrosa Pastor en la PIEBU
Tomado de “El Heraldo”
Iglesia En Marcha.Net
10 Abr '11

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