MATRIMONIO Y FAMILIA. UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

Taller Nº 7

Las iglesias evangélicas frente al divorcio

Introcucción:

El matrimonio constituye una de las más sublimes formas de las relaciones humanas. El divorcio es, por lo tanto, una de las más tristes manifestaciones de fracaso y pecado en dichas relaciones, pues es la ruptura del pacto público, delante de Dios y de los hombres.

La Palabra de Dios es tajante al respecto. En el AT, Malaquías declara en Mal. 2:16 que Dios aborrece el repudio (el divorcio). Jesucristo, al tratar el tema no suavizó sus palabras al declarar que “…lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10: 9-12)

Sin embargo, conviene reconocer lo delicado y difícil del problema. Cualquier postura rígida o muy dogmática al respecto es poco sabia, tanto desde la óptica teológica como pastoral, y tampoco se ajustará a la orientación bíblica, siempre equilibrada ente las altas demandas divinas y las tristes realidades humanas.

No podemos considerar cristiana una posición antidivorcista tan radical que sea totalmente ajena a los horribles dramas que viven gran cantidad de familias destrozadas por la violencia, los vicios, los pecados sexuales, el adulterio, etc. Por otro lado, las corrientes divorcistas en auge en nuestros días constituyen una amenaza social para la integridad de la familia.

En tal situación ¿cuál debe ser la actitud y el mensaje de las iglesias evangélicas frente a la cuestión del divorcio, especialmente de los matrimonios entre creyentes? La única respuesta válida la encontramos en la Palabra de Dios.

No obstante no siempre es fácil el camino de la interpretación bíblica, especialmente cuando la Escritura nos plantea principios básicos que debemos aplicar a situaciones concretas y diversas.

Llegar a una postura clara, única e indiscutible no es simple y esto lo evidencian las diferencias existentes en las distintas corrientes cristianas, no sólo en lo que concierne al divorcio en sí, sino en lo que respecta al nuevo matrimonio de los divorciados.

Probablemente, la diversidad de posiciones existentes se deba más a tradiciones sociales o eclesiásticas, a presiones culturales o a presupuestos teológicos, que a la dificultad real en interpretar adecuadamente los textos bíblicos.

EL DIVORCIO A LA LUZ DE LAS ESCRITURAS

Un enfoque bíblico del tema debe interpretar algunos textos fundamentales; comenzamos con las palabras de Jesús en Mateo 19: 3-9. ¿Qué quiso decir el Señor con las palabras “lo que Dios juntó no lo separe el hombre”? v.6

Los padres de la Iglesia entendieron en su mayoría que Jesús expresa y revela aquí una ley moral, un principio ético: el vínculo matrimonial no debería ser roto. Su indisolubilidad responde al ideal de las perfectas normas del evangelio, pero al igual que otras normas, desgraciadamente puede desobedecerse, es decir, puede romperse.

La indisolubilidad matrimonial constituye el ideal del matrimonio como lo quiere Dios, y configura el único modelo revelado en las Escrituras, en su más alto grado de perfección y como expresión de la voluntad de Dios para nuestra felicidad conyugal. Dicho mandamiento, en este texto, descansa sobre la afirmación divina: “los dos serán una sola carne” v.5.

Esta afirmación expresa la realidad de que Dios ha creado de tal manera al hombre y a la mujer que la unión sexual de ambos deja una huella psicológica inevitable pues refleja la auténtica naturaleza implícita en la creación del hombre y la mujer, de tal manera que aún en un acto sexual inmoral, dicha unión deja huellas (1ª Cor. 6:16).

El hombre natural, aquel que no conoce a Dios, es incapaz de obedecer los mandamientos de Dios (1ª Cor 2:14) entre ellos, la norma sobre el matrimonio. Muchas veces rompe, separa lo que Dios unió, revelándose contra el Creador y su plan ideal para el matrimonio y estableciendo su propio orden, que siempre trae como resultado desorden, confusión y ruina.

DOS PRINCIPIOS ENFRENTADOS: UNIÓN Y RUPTURA

Principio de unión: reflejado en el mandato y la afirmación de Dios.

Principio de ruptura: manifestado en la desobediencia humana del hombre y la mujer.

El principio de unión nos lleva a ser idealistas. El principio de ruptura nos lleva a ser realistas. Ambos principios operan enfrentados  en el mundo en relación al vínculo matrimonial.

Deberemos discernir en cada caso concreto, hasta donde debe operar el idealismo y hasta donde el realismo. En algunos casos, el factor de ruptura y conflicto sobrepasa al de factor unión.

La indisolubilidad está basada en la naturaleza creacional del matrimonio y es tarea de ambos cónyuges sostenerla como resultado del pacto-compromiso de amor asumido al contraer matrimonio frente a la demanda de Dios y su Palabra.

La enseñanza de Jesús proclama absolutos morales y no adaptaciones circunstanciales. Sus palabras nos indican lo que fue en el principio y lo que debe ser siempre el fin del matrimonio (Mateo 19: 4-5). Anuncian una promesa y plantean una exigencia. La promesa: “y los dos serán una sola carne” v.5. La exigencia: “lo que Dios juntó no lo separe el hombre” v.6

La promesa abre infinitas posibilidades a un amor que quiere ser indestructible, y la exigencia reclama el esfuerzo de los esposos por alcanzar la promesa.

El genuino amor cristiano sigue siendo el único camino para la plenitud de la persona y la pareja. Este amor vivo es el que hace posible alcanzar la promesa y cumplir la exigencia de indisolubilidad.

Todo matrimonio compuesto por hombre y mujer que creen y aman a Jesucristo debería vivir el pacto de amor matrimonial orientado hacia una unidad cada vez más perfecta. Sin embargo, muchos fracasan y muchos más no intentan siquiera alcanzar esta clase de matrimonio y esta clase de amor.

La dureza del corazón del hombre caído (v.8) se rebela contra la voluntad original de Dios para la pareja humana. Independientemente del amor y fidelidad de los cónyuges resulta difícil el matrimonio indisoluble. La separación y el divorcio son un mal, por cuanto suponen el fracaso del proyecto amoroso de vida de la pareja, pero a veces son males inevitables.

EL DIVORCIO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Deuteronomio 24: 1-4 constituye el punto de partida de todas las referencias bíblicas sobre el tema. El estudio del pasaje indica que la ley de Moisés toleraba el divorcio practicado por los israelitas, permitiendo a los divorciados segundas nupcias.

El pasaje no aprueba, fomenta o regula el divorcio, sólo lo tolera. El hombre tomaba la iniciativa por alguna causa indecente o vergonzosa y le daba carta de divorcio (documento legal) a la mujer.

Los adúlteros, hombres o mujeres, sorprendidos en el acto mismo del adulterio, debían ser apedreados (Deut.22:22).

El pasaje bíblico muestra que la ley de Moisés recoge una práctica impuesta por el uso y la tradición y que Dios toleró “por la dureza de vuestro corazón”, como aclaró Jesús, pero no aprobó.

EL DIVORCIO Y LA ENSEÑANZA DE JESÚS

En mateo 5: 31-32 y en Mateo 19: 7-9 Jesús revela que hay un solo motivo legítimo de divorcio a los ojos de Dios: el adulterio.

Jesús anula la condena a muerte a causa del adulterio, practicada en el Antiguo Testamento y legitima el divorcio por causa del mismo.

El adulterio produce una ruptura del pacto de amor-entrega. Se trata del fracaso del amor humano. Esta ruptura depende de los cónyuges. Jesucristo señala la realidad del divorcio como un hecho innegable producido por la infidelidad. El repudio que un cónyuge expresa al otro por el adulterio quiebra, disuelve el lazo matrimonial.

LA ENSEÑANZA DEL APÓSTOL PABLO

La separación y el divorcio fueron practicadas en las comunidades cristianas primitivas. El apóstol Pablo, conocedor de la intención de Dios revelada por Cristo sobre la indisolubilidad matrimonial, reconcilia el plan original de Dios con la misericordia divina, porque él sabe que la voluntad de Dios también es redentora y transformadora de la realidad del mundo caído.

En 1ª Cor. 7:10-11 Pablo responde a las consultas de los corintios acerca de la separación o divorcio entre creyentes y reafirma la enseñanza de Jesús en Mateo 5: 32.

Hay recursos suficientes de gracia y amor en los cónyuges creyentes para no tener que llegar a la ruptura total. Sin embargo, a veces el matrimonio puede resultar difícil, intolerable y angustioso, aún entre cristianos. En estos casos, la idea es que se separen y se queden sin volver a casarse.

Esta separación deja una puerta abierta al perdón y a la reconciliación futura.

El Nuevo Testamento reconoce el divorcio como una realidad trágica y no deseada por Dios, que implica una frustración y una consecuencia clara de los efectos del pecado.

Reconoce la legitimidad del divorcio como “mal menor” en dos circunstancias:

1)      El adulterio: destruye el vínculo matrimonial al quebrar el principio de “serán los dos una sola carne”.

2)      El divorcio originado por el cónyuge no creyente: Tema que ya analizamos en el taller sobre matrimonios mixtos.

LAS IGLESIAS EVANGÉLICAS FRENTE AL DIVORCIO Y LOS MATRIMONIOS DE DIVORCIADOS

¿Cómo deben encarar las iglesias la situación de los divorciados creyentes o de matrimonios en crisis graves, camino del divorcio, entre sus miembros?

La respuesta a esta pregunta es difícil. Si el caso en cuestión no está previsto en las excepciones expuestas en el Nuevo Testamento, puede deducirse que cabe la separación pero no un nuevo matrimonio.

Sin embargo, no debe disminuirse la gravedad que tal situación puede plantearle al cónyuge que es considerado “víctima” de la misma. ¿Debe quedar condenado a la amargura, la frustración, la desesperanza y todos los problemas espirituales y psicológicos concomitantes?

Puede alegarse que la gracia de Dios es suficiente para superar tales dificultades y en muchos casos esto es real y la persona no necesita un nuevo matrimonio. Pero, ¿y si por fe débil u otras limitaciones, la persona no puede superar la situación de divorcio y ve como única salida y solución un nuevo matrimonio?

Si la iglesia no da su aprobación a estos nuevos matrimonios ¿debe excomulgar al creyente que vuelve a casarse civilmente? Debería actuar con equilibrio, fiel al Señor, quien encarna la gracia, la verdad, la justicia y el amor y formular una pastoral más intensa y profunda orientando a la pareja antes y después del casamiento.

En última instancia, el camino cristiano que debemos recomendar es el de la reconciliación. Sirva de ejemplo la experiencia del profeta Oseas (Oseas 1:2; 2: 14-15,19-20; 3: 1-3) quien fue engañado por su compañera a la que amaba fielmente y a la que rescató del adulterio, siendo capaz de celebrar un renovado casamiento, por amor y reconstruyó lo que el pecado había destruido.

Este estudio solo pretende sentar algunas bases doctrinales mínimas para profundizar una reflexión teológica que se hace cada vez más necesaria.

Bibliografía:

1.        Fundamentos bíblicos teológicos del matrimonio y la familia. Jorge E. Maldonado. Editor. Nueva Creación. Bs.AS. (1995) págs. 175-192

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Daniel Giunta, 58 años,  Médico alergista y docente. Miembro y diácono de la Iglesia Evangélica Bautista de Flores en Buenos Aires. Maestro de Escuela Bíblica desde hace 40 años. Casado con Miriam Rodríguez, 3 hijos Ezequiel, Santiago y Andrés.
Fuente: ABA
Iglesia En Marcha.Net
2 Dic '10

Hay 1 Comentario.

  1. ROSI REMON
    9:42 pm junio 26, 2012

    1º Jesus ademas de decir que los dos serán una sola carne, también dice que el que se casa con la divorciada adultera (adulterio =pecado) 2º Se pueden volver a casar solo por causa de fornicación (fornicación sexo de un hombre y una mujer que no están casados no es =a adulterio 3º A los adúlteros había que apedrearlos los muertos no se pueden casar……el volverse a casar un ” cristiano,”es un acto de desobediencia y dejar en mal lugar a DIOS (ademas los cristianos decimos que DIOS tiene poder para solucionar todo y cuando decimos todo es todo)…..Los tres jóvenes que no quisieron obedecer al rey de babilonia y les amenazaron con meterlos en el horno de fuego ¿como respondieron ? esto es muy duro para nosotros cederemos? ,,,,pero no fue así sino que dijeron solo ante nuestro DIOS nos inclinaremos ,y confiaremos que el nos salvara y si así no fuere pues moriremos pero nonos inclinaremos ante ti ,y DIOS les libro ,lo mismo hizo Danil y el SEÑOR también les libro, y así podríamos hablar de muchos mas como dice en hebreos 11 ,pero hace falta fe,,,,,,,Pues el problema de hoy es que no hay fe para creer que DIOS puede cambiar las situaciones,(y habla una persona que hoy podría estar divorciada pero quien a guiado nuestro matrimonio a sido DIOS porque le hemos dejado actuar en nuestras vidas y cambiar lo errado del hombre natural,por el orden de DIOS y su guía,(hoy después de 32 años de matrimonio,estamos felices de estar juntos …..LA GLORIA ES PARA DIOS y solo en estos casos es cuando el poder de DIOS se perfecciona ,cuando se vence lo que dios desaprueba ,y se puede porque el ya venció en la cruz y sino invalidamos u obra.

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