MATRIMONIO Y FAMILIA. UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

Taller Nº6

Libro de Cantares 1: 2; 2: 16 ; 8: 6 -7

Este taller tiene como propósito orientar brevemente a los matrimonios sobre el arte de hacer de su vida sexual una maravillosa aventura.

En toda aventura hay momentos extraordinarios, momentos de calma y momentos difíciles.

No obstante, todas las dificultades pueden enfrentarse con éxito si en la relación cultivamos: el respeto, la comprensión, el conocimiento de uno mismo y del otro, el compañerismo, la amistad, la fidelidad y el amor mutuo.

Si existen estos ingredientes en la relación de pareja, será posible encarar la aventura juntos y vencer cualquier problema, por más difícil que parezca.

También será posible descubrir un estilo propio para expresar  la sexualidad e intimidad como matrimonio.

SEXUALIDAD Y GENITALIDAD

Un primer aspecto a aclarar es:

¿qué entendemos por sexualidad y vida sexual?

Fuimos creados por Dios, hombres y mujeres, a su imagen.

La sexualidad y las relaciones sexuales están impresas en nosotros desde el comienzo de la vida humana.

La sexualidad abarca todos los aspectos de nuestra vida, porque todo lo que hacemos lo hacemos como hombres o como mujeres. Por lo tanto nuestra vida es sexual porque es sexuada.

La vida sexual abarca:

1)     El conocimiento de mi persona: como soy, lo que siento, lo que pienso, lo que hago, lo que creo.

2)     Mis relaciones: la manera en que me relaciono con los otros. La sexualidad abarca la manera en que se relacionan los hombres con los hombres, las mujeres con las mujeres, los hombres con las mujeres y las mujeres con los hombres.

3)     La influencia cultural y social: la sexualidad es una construcción social influida por la cultura y la sociedad en que vivimos, en la cual se nos asignan los lugares, los roles y se crean moldes y estereotipos sexuales, que a veces pueden ser un obstáculo para el desarrollo de una sexualidad sana, pues expresan una deformación social. Algunas de estas deformaciones sociales son por Ej. El machismo, la concepción del cuerpo como pecaminoso, el mito del amor espontáneo, etc.

Los modelos que nos plantean la cultura y la sociedad pueden conducirnos a relaciones constructivas o destructivas entre el hombre y la mujer. Las relaciones destructivas entre hombres y mujeres son pecaminosas a la luz de la Biblia.

Cuando un hombre usa a una mujer para su propio provecho, sin importar las consecuencias para ella, o cuando una mujer hace lo mismo con un hombre, están pecando.

El amor, en cambio construye. Nos construye a nosotros mismos y construye a los demás como personas. Cuando amamos, estamos ejerciendo nuestra sexualidad, dando gloria a Dios y cumpliendo sus dos grandes mandamientos. Lucas 10: 27

4)     La familia constructora de la sexualidad de los hijos: La familia, como producto de la sociedad y la cultura, reproduce los modelos de relaciones entre hombre y mujer que imperan en dicha sociedad. Como primera célula social, la familia influye en la socialización de las actitudes sexuales de diversas maneras:

a) a través de su actitud hacia lo sexual y en el trato hacia hombres y mujeres.

b) mediante el diálogo franco y respetuoso, evitando las actitudes de temor, ocultamiento o secretos vergonzosos, los cuales estorban la vida sexual y contaminan también la relación de pareja.

c) aceptando a cada persona como un ser único e irrepetible, esencial e insustituible.

Estas actitudes pueden constituir un rico tesoro que los padres pueden dar a sus hijos. La familia es la primera constructora de la sexualidad.

Como vemos, la sexualidad abarca todos los aspectos de nuestras vidas como hombres, o  como mujeres, físicos, psicológicos, sociales y espirituales.

La genitalidad alude al aspecto físico e íntimo del acto sexual, está referida al uso de los órganos genitales y es sólo un aspecto de la sexualidad.

LA SEXUALIDAD EN EL MATRIMONIO

El matrimonio es el ámbito creado por Dios para que el hombre y la mujer desarrollen su sexualidad en plenitud, en una relación íntima, única y exclusiva.

La expresión de la sexualidad matrimonial abarca aspectos físicos, emocionales y espirituales, e incluye piropos, abrazos, mimos, caricias, besos, juegos amorosos y la relación diaria y continuada. Las relaciones sexuales son parte de la vida sexual de pareja, configurando, como vimos, el aspecto genital de la sexualidad y aunque es un aspecto importante de la vida sexual, no es el único, ni el más importante. Otro aspecto de la sexualidad matrimonial es el reproductivo, a veces sobrevalorado, privilegiándolo de tal modo que puede obstaculizar u opacar otros aspectos también importantes de la vida sexual.

La vida sexual en el matrimonio abarca una amplia gama de aspectos. Incluye conocerse a uno mismo, conocer al otro y los distintos elementos de la relación de pareja, tales como: el compañerismo, la amistad, la comunicación, los roles y la intimidad sexual.

ASPECTOS DE LA INTIMIDAD SEXUAL

1)     Intimidad emocional: La relación en el matrimonio debe incluir el respeto, la tolerancia, la generosidad, la entrega del uno al otro, el trabajo conjunto, el diálogo, la admiración, la ternura, la sinceridad, la fidelidad. Estos son ingredientes del amor. Eclesiastés 3: 11 y 12

2)     Placer sexual: La intimidad física incluye los besos, las caricias, los mimos, los abrazos, el contacto corporal, la exploración y el goce con todos los sentidos. Cantares 1: 2-3; Proverbios 5: 18-19

3)     El acto sexual: Es la unión genital, también llamada coito. Cantares 1:4; 4:16

Estos aspectos de la intimidad sexual interactúan y no pueden separarse unos de otros.

Representan el carácter integral que conforma a toda persona. Se manifiestan de forma diferente según la subjetividad de cada persona, de acuerdo al carácter y personalidad de cada cónyuge y varían según la época, la cultura  y las diversas circunstancias personales o familiares.

INTIMIDAD SEXUAL Y MATRIMONIO CRISTIANO

El matrimonio cristiano está constituido sobre la base de una relación equitativa e igualitaria. Gálatas 3: 26-28

En la intimidad sexual, marido y mujer estamos llamados, como cristianos, a ponernos voluntariamente al servicio del cónyuge.

Esta sumisión voluntaria no debe ser usada por el compañero o compañera para exigir que nos sometamos a sus decisiones o caprichos. El apóstol Pablo destaca la relación de equidad e igualdad entre el hombre y la mujer en la intimidad sexual, que él llama deber conyugal. 1º Corintios 7: 1-7

La intimidad sexual es asunto de 2 personas que tienen la misma capacidad de expresión, de iniciativa y de decisión.

El aspecto clave de esta relación íntima debe ser el común acuerdo (v.5). Ponerse de acuerdo, de manera concertada, implica el  diálogo efectivo en la pareja sobre los aspectos de la intimidad sexual. Hablar sobre lo que piensan y sienten, lo que les pasa, sus temores, lo que les gusta y lo que les afecta.

Establecer pautas sobre las maneras, los tiempos y el ambiente más adecuado para su expresión sexual íntima. La equidad y la igualdad  les  permiten al hombre y a la mujer, indistintamente tener la libertad de tomar la iniciativa en el juego amoroso, sin prejuicios o condicionamientos. Lo importante es el común acuerdo, es decir llegar hasta donde ambos decidan juntos, y se sientan escuchados, atendidos y comprendidos, aunque no llene todas sus expectativas.

La intimidad sexual no es instintiva y espontánea: se aprende y se construye. El aprendizaje y la construcción la hacen entre los dos.

PRINCIPIO PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA VIDA SEXUAL EN COMÚN

1)     Aceptar el cuerpo: el propio y el del cónyuge, como don de Dios, templo del Espíritu Santo, para honra y alabanza de El. 1ª Cor. 6: 19:20

El cuerpo es el inicio y fin de la sexualidad, pero el motor está en la mente, en la imaginación, en los valores, creencias y sentimientos que tenemos acerca del cuerpo. El cuerpo es maravilloso, es obra de Dios. Salmo 139: 13-14

2)     Aprender sobre el placer: aceptamos el concepto bíblico del gozo, pero nos cuesta aceptar el placer, pues le asignamos connotaciones carnales. Sin embargo, gozo y placer son necesarios para la vida y no debemos sentir culpa por desear experimentar placer. Dios encuentra placer en nosotros sus hijos; placer que lo impulsa a cantar (Sofonías 3: 17)

Necesitamos aprender a explorar con nuestra pareja que cosas disfrutamos y cuáles no nos agradan, cuales son las cosas que nuestro cuerpo disfruta más y comunicárnoslas y experimentarlas juntos, en un contexto de común acuerdo, sin violentar ni ignorar al otro, sino respetándolo, respetándome.

Jesucristo nos transformó y esa transformación y renovación también afectan a los valores relacionados con el placer sexual. Romanos 12: 2; Hebreos 13: 4

3)     El manejo del tiempo: Es necesario aprender a tomarse tiempo para hacer del sexo una actividad placentera, descubriendo la hermosura del tiempo preciso y aprovechando la oportunidad que se nos ofrece, pero también creando juntos las oportunidades, respetando cada uno los tiempos del otro y congeniando los ritmos propios y la diversidad de tiempos por las que pueda atravesar cada uno según las circunstancias.

La vida sexual es todo un arte y como toda expresión artística se requiere de ensayo y repetición continua.

La pareja tiene que descubrir los tiempos de cada uno y diseñar un ritmo propio favorable a ambos.

4)     Buen humor: Debemos estar atentos a los cambios y a las nuevas necesidades de la vida sexual común. Cuando las circunstancias sean adversas, es bueno tener una buena dosis de humor. El humor es gratificante y edificante y útil para recordarnos que nuestro valor o capacidad no dependen de los hechos circunstanciales.

5)     Conocimiento: Mantenernos informados sobre la sexualidad de manera correcta, conociendo la fisiología o funcionamiento del cuerpo del hombre y la mujer nos ayudarán a comprender más cabalmente como mantener una adecuada vida sexual.

CONCLUSIÓN

La sexualidad es identidad y vida. Es parte de la aventura de vivir. La información adecuada nos dará gran variedad de posibilidades para crear en pareja, conjuntamente, nuestro propio estilo de vida sexual. Deseamos que cada pareja encuentre y transite un nuevo sendero de libertad para gozar juntos de la vida que Dios nos regala cada día.

Bibliografía.

1.        El amor es una decisión. Gary Smalley, John Trent. Ed. Betania. Mineapolis. USA (1960) págs. 142-167

2.        Hacer el amor en todo lo que se hace. René padilla, Carmen Pérez de Camargo. Kairós ediciones. Bs.As. (2002) págs. 93-114

3.        Yo me casé contigo. Walter Trobich. Ed. Sígueme. Salamanca (1971) págs. 1-5

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Daniel Giunta, 58 años,  Médico alergista y docente. Miembro y diácono de la Iglesia Evangélica Bautista de Flores en Buenos Aires. Maestro de Escuela Bíblica desde hace 40 años. Casado con Miriam Rodríguez, 3 hijos Ezequiel, Santiago y Andrés.
Fuente: ABA
Iglesia En Marcha.Net
21 Nov '10

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