MATRIMONIO Y FAMILIA. UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

Taller Número 4

“MATRIMONIOS MIXTOS”

Uno de los problemas que se han presentado y se presentan actualmente en nuestras iglesias es la situación en la que un matrimonio está constituido por un cónyuge creyente, miembro de la iglesia de Cristo, con un no creyente.

En la mayoría de los casos esta situación ocurre, cuando en un matrimonio determinado, uno de los cónyuges se convierte a Cristo y el otro no.

En otras ocasiones este hecho es el resultado de haberse casado un creyente con un inconverso.

¿Qué dice la Biblia al respecto? ¿Cómo debe enfrentar esta situación el cónyuge creyente? ¿y la iglesia a la cual pertenece?

En 1ª Corintios 7: 10 al 17 Pablo responde a esta cuestión, aclarando que su exposición no es palabra directa del Señor, sino su enseñanza apostólica fiel y digna de confianza (vs 25 y 40)

La situación en la iglesia de Corinto era la siguiente:

En varios de los matrimonios ya formados según el derecho civil de la época, uno de los cónyuges se convertía y el otro seguía siendo pagano.

Ante tal situación, la iglesia consulta a Pablo y le pregunta si no es posible que el cónyuge pagano contaminara al cuerpo de Cristo, del cual el cónyuge creyente formaba parte desde su conversión en adelante y si no sería necesario en ese caso separarse del inconverso a fin de no estorbar la relación del creyente con Dios y con el Cuerpo de Cristo.

Analicemos la respuesta de Pablo:

1)      Estos matrimonios mixtos son los únicos que no obligan por completo al cónyuge cristiano (v 15) pero solamente el cónyuge no cristiano es el que tiene la opción

a darle fin al matrimonio, no el creyente (v 12,13 y 15). En caso que el cónyuge no cristiano decidiera romper el compromiso matrimonial, el cónyuge creyente quedaba en libertad de formar otro matrimonio.

2)      En este pasaje hay dos ideas que no están en la mente del apóstol:

a)      En primer lugar: le habla a matrimonios, no a solteros. Para los creyentes solteros, es evidente que deben buscar su cónyuge dentro de la iglesia, pues su pertenencia a la iglesia de Cristo tiene prioridad absoluta sobre la pertenencia al mundo (2ª Cor. 6: 14-18).

b)      En segundo lugar: No plantea una ruptura inversa en la que el cónyuge creyente abandone la iglesia para permanecer unido al cónyuge no creyente en caso que éste no quisiera continuar el matrimonio mixto, pues la fe tiene prioridad sobre el amor al mundo. (1ª Juan 2: 15-17).

Los matrimonios mixtos no son tipo de la relación-unión entre Cristo y su Iglesia, sino entre la iglesia y el mundo.

Veamos:

1)     La iglesia no debe salir del mundo: Su deber es ser testigo fiel en el mundo, dando su mensaje evangélico. La relación entre la iglesia y el mundo, entonces está determinada por la respuesta del mundo al mensaje de la iglesia.

El deber y preocupación de la iglesia es hacer todo lo que está a su alcance por amor del mundo, para que éste no la rechace, ni a su mensaje evangélico.

La relación de la iglesia con el  mundo está limitada por la fidelidad de la iglesia a Cristo, su Señor. Es decir, la iglesia debe preferir ser rechazada por el mundo antes que aliarse con el mundo en maneras que atenten contra la obediencia y fidelidad a Cristo.

De igual forma, el cónyuge cristiano no debe abandonar al no creyente, pero si éste rechaza al creyente o pretende alejarlo de su fidelidad a Cristo, forzándolo a la apostasía, el creyente debe aceptar el divorcio como mal menor.

2)     La relación entre la iglesia y el mundo no mancha a la iglesia, sino que santifica al mundo (1ª Cor 7: 14 y 16)

De igual modo, la unión sexual entre el cónyuge creyente y el no creyente, no compromete la unidad de aquel con Cristo, sino que el cónyuge incrédulo es beneficiado misteriosamente por la obra del Espíritu en el creyente (v 14).

Es dable esperar, que el no creyente pueda pasar de ser santificado (v 14) a ser santo o salvado (v 16), es decir, a recibir el bautismo como resultado de haber aceptado la salvación en Cristo.

De este modo, la fe del creyente es para el no creyente salvaguarda y esperanza a la vez, así como la presencia de la Iglesia en el mundo es salvaguarda y esperanza para aquel, por su mensaje e intercesión a favor del mundo que a pesar de su rebelión se encamina misteriosamente hacia la salvación.

Unas palabras para quienes están de novios, o piensan estarlo en el futuro:

Se necesitan bases sólidas para llegar a construir un buen matrimonio. El enamoramiento, la atracción física y el capricho no son base sólida para constituir un matrimonio y menos si pretendemos que dure toda la vida.

He aquí algunas preguntas importantes cuyas respuestas pueden ubicarnos con respecto a nuestra situación frente a Dios y al matrimonio y darnos una perspectiva correcta y sólida.

1)     ¿Creo que esta es la persona que Dios tiene preparada para ser mi esposo o esposa?

2)     ¿Quiero compartir con esta persona el resto de mi vida? ¿Estoy dispuesto a compartir la totalidad de mi vida con él/ella?

3)     ¿Respeto a esta persona? ¿Respeto su carácter, sus criterios y decisiones, sus valores?

4)     ¿Estamos de acuerdo en asuntos básicos como la fe, los principios éticos, el valor del matrimonio y la familia, etc.?

5)     ¿Estoy orgulloso de él/ella?

6)     ¿Desea esta persona seguir y servir a Dios de corazón en los distintos aspectos de su vida?

7)     ¿Cree que Dios tiene un plan y propósito para su vida y por lo tanto para nuestra vida juntos?

Bibliografía

1.        Fundamentos bíblicos teológicos del matrimonio y la familia. Jorge E. Maldonado. Editor. Nueva Creación. Bs.AS. (1995) págs. 119-122

2.        ¿Preparados para el matrimonio? Nicky y Sila Lee. Alpha Americas (2007) págs. 3-13

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Daniel Giunta, 58 años,  Médico alergista y docente. Miembro y diácono de la Iglesia Evangélica Bautista de Flores en Buenos Aires. Maestro de Escuela Bíblica desde hace 40 años. Casado con Miriam Rodríguez, 3 hijos Ezequiel, Santiago y Andrés.
Fuente: ABA
Iglesia En Marcha.Net
4 Nov '10

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