TAMBORES DE GUERRA SANTA

Dr. Álvaro Pandiani

No es necesario ser un asiduo concurrente a la iglesia, a cualquier iglesia, o un asiduo lector de la Biblia, para que a uno le resulte chocante ver, o saber de alguien que se autoproclama o es reconocido por otros como un hombre de iglesia, un ministro de Dios, esgrimiendo un arma, en actitud de agresivo desafío hacia quienes considera oponentes, o enemigos, en razón de sus principios o creencias. Resulta chocante, no solo en este siglo 21, signado por la “tolerancia” y el “respeto a la diversidad”, lemas de gobiernos y otros grupos, muy mediáticos pero poco puestos en práctica. Pero ya desde tiempos anteriores a la posmodernidad, puede decirse que rechinaba el que ministros de Dios empuñaran las armas y efectuaran acciones violentas contra personas a las que deberían más bien predicarles el amor y el perdón de Dios, pues tal es su misión en razón de su ministerio, de su llamado y vocación.

¿Por qué es chocante? ¿Por qué rechina? Justamente por eso; porque la misión de un ministro de Dios es “predicar el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Aunque esto en realidad no es misión solo de un ministro de Dios, sino de todo cristiano; cuánto más entonces de aquel que ha dedicado su vida al servicio de Dios, y del prójimo. Al decir toda criatura, Jesús no excluye a nadie, sino que indica que a todos los seres humanos se les debe presentar claramente el evangelio, para que tengan la oportunidad de recibir el perdón de sus pecados, y la vida eterna. Eso significa que para un ministro de Dios, ningún ser humano debería ser visto como un enemigo al que atacar, reducir, dominar o destruir, sino como un pecador necesitado del amor de Dios en Cristo Jesús, que perdona, redime, restaura y salva.

Es curioso que nos produzca esa sensación, que nos choque y nos rechine, ver por ejemplo a un pastor evangélico con un arma en la cintura, cuando la historia eclesiástica abunda hasta lo abrumador en ejemplos de personajes con investidura sagrada, que ejercieron violencia extrema contra otras personas. Basta recordar a los personeros de la “Santa” Inquisición, que durante siglos torturaron y asesinaron miles de personas, al cumplir su función de policía religiosa, tanto en Europa como en la América colonial; o también, el más resonante ejemplo de violencia ejercida en nombre de Cristo de toda la historia cristiana, las Cruzadas, varias de ellas dirigidas o codirigidas por obispos y aún cardenales. Es como si, casi instintivamente, por lo menos quienes nacimos y crecimos en una cultura con herencia religiosa cristiana, presintiéramos que entre Dios y la violencia despiadada y cruel no puede haber punto de contacto. Nos parece, se nos ocurre, que Dios no puede tener nada que ver con el odio y la intolerancia que lleva a resolver los conflictos por el expediente de la mutua destrucción, por los medios que sea. Si nosotros vamos al Nuevo Testamento de la Biblia, vemos confirmado nuestro parecer, cuando leemos por ejemplo que “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17); y también que el evangelio es “poder de Dios para salvación de todo aquel que cree” (Romanos 1:16); y además que Jesús “es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14). En las Sagradas Escrituras también vemos que los seguidores de Cristo (los cristianos) tienen mandatos y consejos tan significativos como: “Sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Romanos 14:19), y “el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:18); y que también entre los primeros cristianos se cantaba: “Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz” (Romanos 10:15). La primera conclusión que destella al ver tales afirmaciones y declaraciones bíblicas, y compararlas con los hechos más oscuros de la historia cristiana, es que la mayor parte del tiempo, la mayor parte de los cristianos no hemos cumplido con lo que predicamos.

O por lo menos, con lo que enseña la doctrina de nuestra fe.

Llegado a este punto de la revisión acerca de cuál era el auténtico espíritu de los cristianos primitivos, cuál la enseñanza del Nuevo Testamento de la Biblia acerca de la violencia y la paz, del amor y el odio, fácilmente se nos puede responder: ¿y qué del Antiguo Testamento? ¿Qué, por ejemplo, de la conquista de Canaán, cuando por “mandato de Dios” hombres, mujeres y aún niños fueron pasados por la espada? ¿Qué de las guerras de Israel contra las naciones vecinas suyas, vistas como enemigos crónicos, y a veces consideradas “guerras de Dios”? ¿Qué de las condenas a muerte por lapidación, por delitos que hoy en día son considerados pecados, faltas morales, o incluso son aceptados como opciones legítimas de vida? Indudablemente, si se discuten semejantes antecedentes de violencia ejercida y guerras hechas en el nombre de Dios, deberían tenerse en cuenta las muy diferentes condiciones sociales y culturales de una época tan distante en el tiempo respecto a nuestra realidad; sin embargo, ese no es el punto principal. Esto requiere también una explicación teológica, pues al afirmar que Dios es un Dios de paz (1 Corintios 14:33), para quienes conocen la Biblia, aún someramente, surge de inmediato la consideración de los hechos mencionados recién, y las interrogantes que siguen pueden ser: el Dios de la Biblia, ¿qué clase de Dios es? ¿Un Dios iracundo y violento? ¿Un Dios vengativo y sanguinario? ¿O tal vez un Dios de perfecta justicia que “no tendrá por inocente al culpable” (Nahum 1:3)? Un Dios que es amor, lo que también se especifica en el Antiguo Testamento en pasajes tales como “en toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, los trajo y los levantó todos los días de la antigüedad” (Isaías 63:9), o también “con amor eterno te he amado; por eso, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3b), pero que también es “fuego consumidor” (Hebreos 12:29), y del que se dice: “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (Hebreos 10:31); estos dos últimos, pasajes del Nuevo Testamento.

Un Dios con iguales características (amor, justicia y misericordia), se nos presenta en ambos testamentos de la Biblia, pero actuando u ordenando actuar de forma muy diferente. Esta diferencia podría quizás explicarse porque “la revelación del Antiguo Testamento fue preparatoria y parcial, mientras que la revelación del Nuevo Testamento fue culminante y completa” (1); también debemos tener en cuenta que “el Pentecostés marca una nueva dispensación de gracia, la del Espíritu Santo” (2). En otras palabras, a partir de la obra redentora de Cristo, consumada por amor a los seres humanos, y con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, día de inicio de la historia de la Iglesia Cristiana como comunidad de los seguidores de Jesús, cuya misión era predicar a todos ese amor demostrado en la obra de redención, “la ley externa cesa de ser ley del pecado y de la muerte… y la ley interna de la vida por el Espíritu proporciona el motivo y la fuerza de la obediencia” (3). Así está expresado en el Nuevo Testamento: “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2). ¿Hacia dónde apunta lo que se pretende decir? A que la obra de Jesucristo introdujo un punto de corte en la historia del trato de Dios con los seres humanos, y el propio Jesús de Nazaret, obviamente consciente de eso, tuvo el valor y la osadía de presentar sus enseñanzas bajo la forma de una rectificación de los principios del Antiguo Testamento. El ejemplo más claro de esto está dado en el Sermón del Monte, donde entre muchas otras cosas, Jesús dice: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás, y cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio; y cualquiera que diga necio a su hermano, será culpable ante el Concilio; y cualquiera que le diga fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mateo 5:21,22); también, hablando sobre la venganza, Jesús enseñó: “Oísteis que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5:38,39). También del Sermón del Monte surge una enseñanza insólita, que sigue hoy día resultando inaudita, que  probablemente sea unos de los mandamientos de Jesús más desobedecidos por los cristianos a lo largo de los siglos, y que se relaciona con el tema en discusión: “Oísteis que fue dicho: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos” (5:43-45).

Después de leer palabras como estas, repito, a uno le choca y le rechina ver a un hombre de iglesia, un ministro de Dios, esgrimiendo un arma, en actitud de agresivo desafío hacia quienes considera oponentes, o enemigos, en razón de sus principios o creencias.

Fue unos pocos días antes del once de setiembre que apareció en la prensa la noticia de una proyectada incineración del Corán, libro sagrado del Islam, propuesta por Terry Jones, pastor evangélico de una iglesia de Gainesville, en la Florida,  Estados Unidos de América. Quizás la noticia haya salido antes en la prensa uruguaya; indudablemente, la intención de quemar el Corán el once de setiembre, aniversario del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, trascendió mucho antes, pues las notas de prensa recogían expresiones de desaprobación y condena de parte de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, de la OTAN, del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, del Vaticano, y hasta del general David Petraeus, comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán. (4) Por supuesto, las reacciones en el mundo islámico fueron enérgicas y amenazantes, y variaron desde expresiones moderadas como la de un portavoz de Teherán que manifestó: “Aconsejamos a países occidentales que impidan utilizar la libertad de expresión para insultar los libros sagrados, de lo contrario los sentimientos que esto provocaría en naciones musulmanas no podrían controlarse” (4), hasta agresivas manifestaciones, vistas por lo menos en mi caso en pantallas de la BBC, en las que pudo apreciarse una multitud de musulmanes quemando una bandera de los Estados Unidos y exhibiendo grandes pancartas escritas en inglés, con advertencias sobre las consecuencias que aparejaría la quema del Corán. Eso por el lado musulmán. Por el lado cristiano, además del pronunciamiento del Vaticano, varias organizaciones y personas condenaron la propuesta de Terry Jones, incluyendo a otro pastor evangélico de la misma ciudad de Gainesville. (5)

Más allá de todo esto, deja una fuerte impresión leer acerca de una matrimonio de “pastores adjuntos” de Jones, haciendo sus declaraciones a la prensa, tanto él como ella, con armas a la cintura (5); y también, ver al referido Terry Jones proclamando que en el Islam está “el mal”, mostrado por la televisión en su despacho, escribiendo en su computadora, con una pistola de grueso calibre sobre el escritorio, al alcance de la mano. Pasando delante de este hecho puntual de la quema del Corán, que al final no se concretó, lo que aquí está presente es el fundamentalismo, entendido como “conservadurismo teológico”, con una imagen de “mentalidad cerrada, beligerante y separatista” (6); o también, y en forma más detallada y actualizada, como: “una forma moderna de religión politizada a través de la cual los “verdaderos creyentes” resisten la marginación de la religión en sus respectivas sociedades. Todas las variantes compartirían su resistencia, cuando no declarada hostilidad, a la secularización, y buscan reestructurar las relaciones e instituciones sociales y culturales según los preceptos y normas tradicionales. Algunos buscan combatir el secularismo a través de escuelas, prensa, academias; otros ingresan a la arena política y otros abandonan la política convencional y el marco jurídico, y practican la violencia y la guerra religiosa para intimidar o derrocar gobiernos.” (7)

Por el lado del Islam, el fundamentalismo de tal modo entendido se reconoce claramente por ejemplo en el extremismo religioso del Talibán, o en la acciones violentas del terrorismo practicado por Al Qaeda, cuya prédica ve a occidente, y sobre todo a Estados Unidos de América, como “el diablo”. Por el lado del cristianismo, uno podría llegar a pensar que en la posmodernidad, que es al mismo tiempo una era poscristiana, un extremismo religioso como el que por ejemplo dio origen (o pretexto) a una policía religiosa del tipo de la “Santa” Inquisición, o a empresas bélicas de gran magnitud para su época como las cruzadas, un auténtico fundamentalismo cristiano combativo y violento, es ya cosa del pasado; de un pasado remoto. Con tal pensamiento presente, no puede menos que sorprender saber que en Estados Unidos hay una extrema derecha religiosa (cristiana), que por ejemplo cuando Israel invadió el Líbano en 2006, en respuesta a los ataques con cohetes de la milicia islámica Hezbollah, apoyaba enteramente las acciones israelíes, pese a la masacre de civiles libaneses que se estaba perpetrando, hecho que debería sensibilizar una auténtica conciencia cristiana. Como comentamos en ese momento: Cual es el límite de esta escalada de violencia, no lo sabemos. Como cristianos debemos hacernos algunas preguntas: ¿es correcto tomar partido por uno de los bandos? En otras palabras, ¿debemos “legitimar” lo que hace Israel disparando cañones y misiles sobre territorio libanés, y preparándose para una nueva invasión?” (8). También preocupa escuchar en un programa radial evangélico la versión traducida de un estudio bíblico dado por un pastor de California, en el que éste hacía apología del armamentismo norteamericano, “para defendernos de los malos” (para defenderse ellos). De hecho, un evangelista norteamericano internacionalmente reconocido, que incluso predicó en nuestro país el pasado año 2009, es cuestionado también internacionalmente por su apoyo a la guerra de Irak. Según más de un artículo este predicador, oficiando como capellán del ahora ex presidente George W. Bush, ofreció a éste “justificativos religiosos” para la guerra. Es inevitable que cosas como éstas nos perturben; nos perturban como cristianos, pues el mensaje del evangelio es un mensaje de paz, de amor aún al enemigo, en el que no debe hallar cabida una belicosa defensa del militarismo. Además de esto último, en relación a la guerra de Irak lo significativo es que si al argumento esgrimido por Estados Unidos para justificar la invasión de ese país en 2003, la existencia de armas de destrucción masiva (que nunca aparecieron), argumento que podríamos clasificar dentro de seguridad de las naciones occidentales (Estados Unidos en primer lugar, obviamente), y a la acusación, nunca reconocida por los norteamericanos, de que la invasión fue motivada por la ambición de controlar los pozos petrolíferos iraquíes, argumento que se podría calificar de económico (apropiación y explotación de recursos naturales), si a esos argumentos le agregamos el religioso (el Islam como enemigo al que dominar o destruir), entonces el mundo habría presenciado estos últimos siete años en Irak ni más ni menos que una cruzada. Es verdad que esta interpretación nos puede parecer absurda, y es indudable que la mayoría de los soldados norteamericanos que combatieron en Irak no vieron la guerra como una cruzada religiosa; pero tampoco debemos caer en la ingenuidad de creer que todos quienes fueron a las cruzadas en la Edad Media lo hicieron exaltados por el fervor religioso. Hubo también muchos aventureros que fueron a “combatir al infiel” en Tierra Santa en procura de riquezas, delincuentes que escapaban de la justicia, y pobres que buscaban una manera de no perecer de hambre en su tierra.

Quizás deberíamos ver qué opinan al respecto aquellos que han sido agredidos por las invasiones cristianas. Según el historiador Geoffrey Hindley: “Actualmente, en círculos liberales tanto cristianos como musulmanes está de moda valorar las cruzadas como un episodio injustificado de agresión occidental”; también nos dice: “En la actualidad, muchos musulmanes defenderían que, en realidad, las cruzadas nunca terminaron, sino que continúan en el siglo XXI en la confrontación entre Occidente y el Islam” (9). Es curioso, y esto también lo relata Hindley, que el responsable de uno de los más resonantes intentos de magnicidio de la historia reciente, el turco Alí Agca, quién disparó contra el papa Juan Pablo II en 1981, adujo que lo hizo para “matar al comandante supremo de las cruzadas” (9). En relación al papa Juan Pablo II, cabe recordar que en el año 2000 el mismo pidió perdón por varios hechos cuestionables de la historia de la Iglesia, entre ellos las cruzadas. Sin embargo, el historiador Geoffrey Hindley nos informa que “Muchos siguen esperando a que el mundo árabe pida perdón por la agresión que supusieron las guerras de la yihad de los siglos VII y VIII, con las que conquistaron tierras cristianas situadas entre Siria y Egipto, así como la franja costera norteafricana, desde el Imperio Romano cristiano hasta los reinos cristianos de España; o por la conquista del Imperio Ortodoxo, bizantino y griego” (9). Interesante postura, que nos recuerda que la agresión occidental y cristiana de las cruzadas fue contra un pueblo y una religión que siglos antes invadieron y conquistaron tierras originalmente cristianas; pero que también implica que el Islam tendría una cuenta pendiente con el cristianismo que aún no ha sido saldada, y que sigue doliendo y mortificando el corazón de algunos cristianos. ¡Un formidable rencor que lleva ya más de mil años!

Seguramente y pese a todo lo dicho habrá personas que, aún manteniendo en su corazón creencias cristianas sinceras, considerarán pertinente y necesario estar preparados para responder en caso de una agresión, y para responder proporcionalmente; armándose con un revólver o pistola en caso de esperar el ataque de un ladrón, o con una escopeta o fusil si lo que se avecina es el ataque de un terrorista. Lo que hacen individuos, también lo hacen naciones, y eso resulta en un armamentismo creciente; una vez que se cuenta con el poderío de un armamento superior, pero careciendo de datos concretos acerca del momento, el lugar y la naturaleza del ataque que se teme, surge entonces la doctrina del ataque preventivo: pegar antes que nos peguen. Si pensamos en la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de Saddam Hussein, vemos la doctrina que justificó, por lo menos oficialmente, la invasión de 2003 por Estados Unidos; y si a esa invasión le agregamos el agravante del “justificativo religioso”, tenemos entonces una cruzada, y estamos otra vez en lo dicho anteriormente. La guerra contra una nación islámica por un motivo de “seguridad”, con otro motivo oculto, el “económico”, que por tratarse de un pueblo y un líder musulmán es validada por un argumento religioso. Sería casi bizantino entrar en la discusión acerca de cuán justificado está defenderse de la agresión, de una agresión en curso, en una forma proporcional y necesaria para salvaguardar la vida y la integridad de las personas, o la seguridad pública, las instituciones y la forma de vida de una nación. No vamos a entrar en eso. El punto aquí es si como cristianos vamos a estar de acuerdo en la provocación al estilo Terry Jones, en ponernos el arma a la cintura para desafiar al otro, gratuitamente o en venganza por agresiones pasadas (¡venganza, venganza, cristianos!, como clamó el padre Valverde a los españoles que se encontraron con el  inca Atahualpa en el Perú (10); bonito ejemplo de cristianismo), o también, si vamos a agregar el justificativo religioso para ejercer violencia extrema, a través de un “ataque preventivo”, o de un conflicto bélico, convenciéndonos a nosotros mismos de que se trata de una auténtica cruzada “en el nombre del Señor”.

Yo imagino a un predicador del evangelio diciendo al primer mandatario de su país: “Señor Presidente, es una nación islámica; siempre han sido enemigos de los cristianos. Mande tanques y aviones, señor; dispare los misiles. Son musulmanes y terroristas. ¿Qué puede importar? Envíe las tropas, liquídelos a todos”. No sé si habrá sido así exactamente, pero solo imaginarlo me hace temblar.

El punto, seguimos, es si por el contrario como cristianos vamos a ser fieles al espíritu del evangelio de Jesús, el de una predicación pacífica, humilde y llena de amor por las almas. Ese espíritu que siempre estuvo presente a lo largo de la historia, y también en la era de las cruzadas, aunque siempre entre los menos; por ejemplo, en un Raimundo Lulio, predicando con valor a los musulmanes del norte de África (11), y en Francisco de Asís, quién acompañó la quinta cruzada para predicar el evangelio a los árabes, llegando a evangelizar en persona al mismísimo sultán de Egipto, Al Malik Al Kamil, sobrino de Saladino (12).

¿Suenan tambores de guerra entre Occidente y el Islam, en el siglo XXI? ¿De una guerra santa, originada o impulsada por motivos religiosos? Los musulmanes parecen convencidos de que así es. ¿Qué actitud seguiremos los cristianos ante esto? ¿Seguiremos el espíritu del evangelio? ¿O el espíritu que alentó históricamente una Iglesia institucionalizada, secularmente poderosa, pero generalmente apartada de la senda de Jesús, un espíritu de odio, guerra y violencia extrema?

Quizás, los cristianos debamos recordar y tener bien presentes lo que al respecto nos dice la Palabra de Dios. Textos como los que siguen deberían hacernos meditar en ese auténtico espíritu del evangelio de Jesús, y actuar en consecuencia:

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo (Juan 14:27).

Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo (Hechos 10:36).

Sed de un mismo sentir y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros (2 Corintios 13.11).

Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en su solo cuerpo. Y sed agradecidos (Colosenses 3:15).

Y tantos otros…

(1) Ryrie, CC. Algunas presuposiciones. En Teología Básica. Editorial Unilit, Miami, 1993. Pág. 17.

(2) Wiley, HO. La persona y obra del Espíritu Santo. Introducción a la Teología Cristiana. Beacon Hill Press, Kansas City, 1976. Pág. 279.

(3) Op. cit. Pág. 383.

(4) www.elpais.com.uy/…/el-mundo-contra-pastor-que-insiste-en-quemar-el-coran

(5) www.larepublica.com.uy/…/423130-quema-del-coran-dios-nos-llama-a-hacerlo-afirman-evangelistas

(6) Shelley BL. Fundamentalismo. En Diccionario de Historia de la Iglesia. Editorial Caribe, Nashville, TN, 1989. Pág. 462-463.

(7) www.iesmurgi.org/filosofia/…/Fundamentalismo%20Conceptos.htm

(8) www.iglesiaenmarcha.net/2006/07/y-el-libano.html

(9) Hindley G. Las consecuencias. En Las Cruzadas, Peregrinaje Armado y Guerra Santa. Ediciones B, S.A., Barcelona, 2005. Pág. 385-393.

(10) González JL, Los hijos del sol. En Historia del Cristianismo, Tomo 2. Editorial Unilit, Colombia, 1994. Pág. 203-218.

(11) Clouse, RG. Raimundio Lulio. En Diccionario de Historia de la Iglesia. Editorial Caribe, Nashville, TN, 1989. Pág. 674.

(12) Spoto, D. Francisco de Asís. Javier Vergara Editor, Barcelona, 2004. Pág. 210-213.

Iglesia En Marcha.Net

3 Oct '10

Hay 10 Comentarios.

  1. Miguel Flores
    12:57 pm octubre 5, 2010

    No estoy de acuerdo con lo que hizo el pastor de presentarse con un arma. Pero si estoy de acuerdo en que debemos perder el temor a los Islamicos. Es momento de que empezemos a poner freno. Ellos exigen tolerancia en los paises cristianos, pero son intolerantes con los cristianos que evangelizan los paises dominados por ellos. Ellos toman control de los paises, y luego imponen sus reglas.. Al hermano Álvaro, le invito que asi como critico el error de este pastor.. critique tambien como los islamicos secuestran niñas de cristianos y las obligan a matrimonios con musulmanes para obligarlas a cambio de religión, o como los que se convierten al cristianismo tienen que huir por que su vida corre peligro. Por que atacamos tan duro un error de un cristiano , y callamos ante la maldad del islamismo?

  2. Dios lo bendiga estimado hno y felicitaciones por el articulo muy bueno, donde esta hoy el amar al enemigo?.

  3. Sinmiedo
    10:38 pm octubre 6, 2010

    No creo que la solución esté en salir armados o amenazando con quemar libros sagrados de religiones. Como cristianos estamos llamados a ser pacificadores. Este pastor americano buscó fama y la obtuvo. No estoy de acuerdo con los musulmanes y no apoyo a secuestradores de niñas y creo que el autor de este artículo tampoco, o escribiría en otra página porque acá hay mucha información sobre esos temas, lo digo por Miguel y lo que expone en su comentario.
    Entiendo perfectamente lo que quiso decir el Dr. Pandiani.
    No somos llamados a ser violentos o fomentar a la violencia. También me duele la muerte de muchos cristianos a manos de extremistas en países del este, pero nopodemos ser igual a ellos. Debemos ser respetuosos por sus costumbres y tratar de mostrarles el amor de Jesús. Muchos aceptan a Jesús como su Salvador y es gracias al silencioso, cauto y dedicado trabajo de misioneros extranjeros y misioneros locales. Muchos americanos, compatriotas de este pastor, son misioneros y ofrecen su vida como sacrificio en favor de almas encerradas en el islamismo. En eso creemos y nos conmueve escuchar de vidas dedicadas a la propagación del evangelio, no en grandes estadios, no con una gran prducciñon detrás de cámaras, no con grandes nombres y apellidos, no con voces angelicales que cantan alabanzas, sino con gente que corre riesgo de vida por tan sólo mencionar a Cristo.
    Es un excelente artículo y espero que llegue a muchos para que podamos entender que los musulmanes no son nuestros enemigos. Muchos que nos son musulmanes también secuestran niñas. ¿qué nos pasa iglesia? ¿Le pedimos a alguien que critique secuestros? ¿con qué fin? ¿qué agrega al tema? Usted cree que el Dr. Pandiani está a favor de esa barbaridad? Lea nuevamente el artículo, tal vez no ha entendido, al menos eso es lo que espero.

  4. jose
    4:53 pm octubre 11, 2010

    Aveces es facil criticar desde lejos,yo pregunto que sentirian si desde la argentina todos los días les
    llaviera misiles los que son lanzados especialmente en escuelas,y que cuando para tener paz se exige la entrega de tus tierras heredadas divinamente,y tu las entregas y no cumplen con la paz prometida, y te siguen lloviendo misiles sobre tus niños,y te exigen mas tierra,y los que te exigen te echan la culpa de cualquir cosa,y cuando sales a defender lo que tuyo la paz para tus hijos te critican
    han leido el salmo 83? Oh DIOS,NO GUARDES SILENCIO;NO CALLES,OH DIOS,NI TE ESTES QUIETO
    PORQUE HE AQUÍ QUE RUGEN TUS ENEMIGOS,Y LOS QUE TE ABORRECEN ALZAN CABEZA.CONTRA TU PUEBLO HAN CONSULTADO ASTUTA Y SECRETAMENTE,Y HAN ENTRDO EN CONSEJO CONTRA TU PUEBLO.HAN DICHO: ( VENID,Y DESTRUYÁMOSLO PARA QUE NO SEAN NACIÓN,Y YA NO HAYA MAS MEMORIA DEL NOMBRE DE ISRAEL) con este amor es tratado tanto Israel como la iglesia del Señor.
    que harian ustedes si desde argentina todos los días tratan de matar a tus hijos,como se suele decir
    (Hay que ponese en la camisa del otro) no? cuando pase esto ¿Que creen que hará Dios?

  5. Sembrador
    7:03 pm octubre 11, 2010

    No me termina de quedar clara tu posición, José. ¿Sos cristiano o judío? ¿Abogás por responder al fuego con fuego? Porque no es esa la posición cristiana, dado que no es ese el mandato del Nuevo Testamento; voy a reiterar aquí un pasaje del Sermón del Monte que también está en el artículo: AMAD A VUESTROS ENEMIGOS.
    Cuidado con la manera en que se cita el Antiguo Testamento. Salmos imprecatorios que piden la destrucción del enemigo hay muchos, pero cuidado; el mandamiento que tienen los cristianos es amar, bendecir, hacer bien y orar por quienes nos atacan. Y que un cristiano no puede aplicar alegremente el Antiguo Testamento y salir a provocar a los “infieles” arma en mano, está claramente demostrado porque Jesús dice: “oísteis que fue dicho… pero yo os digo”. Jesús transforma el odio a los enemigos del antiguo Israel en el deber de amar a los enemigos. ¿Qué haríamos si desde Argentina nos llovieran misiles sobre nuestros hijos? Probablemente nos darían ganas de disparar el doble de misiles, y destruirlos a todos. Pero los cristianos debemos recordar al que enseñó: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. ASÍ QUE, SI TU ENEMIGO TIENE HAMBRE, DALE DE COMER; SI TIENE SED, DALE DE BEBER, PUES HACIENDO ESTO, HARÁS QUE LE ARDA LA CARA DE VERGÜENZA” (Romanos 12:19,20). Así que, José, lo que hará Dios, lo hará porque es un Dios de justicia (también de misericordia); pero lo que nosotros como cristianos debemos hacer, está bien clarito.
    Para Miguel Flores: creo que no se ataca el “error” de un cristiano; se toma ocasión en un acto DELIBERADO Y CONTRADICTORIO con la doctrina cristiana de un pastor, para comentar un tema de fondo muy urticante. Nadie calla ante la “maldad” del Islam; pero ponerse un arma a la cintura… Como plantea el artículo, ¿otra vez vamos a las Cruzadas, a matar infieles en el nombre de Cristo? ¿Enseña eso la Biblia?

  6. blancoy negro
    9:09 pm octubre 11, 2010

    Parece que los cristienos olvidamos cosas importantes. Sembrador nos trae a la realidad. La venganza es del Señor, es cierto. Se que no es fácil leer y escuchar sobre guerras y asesinatos impúnes de cristianos, pero no debemos pensar en misiles y agresiones que no queremos para nosotros.
    Los misioneros dan amor y hasta su propia vida por predicar el evangelio de Paz entre los musulmanes. Jesús ama a los musulmanes, muchos de ellos se convertirán al cristianismo y serán justificados por la misma sangre que me justificó a mi. Los pecados son bien diferentes, pero la salvación viene del mismo Dios.

  7. jose
    11:01 am octubre 17, 2010

    Repuesta: El Salmo 83,que yo mencioné,voz perdóname,pero estas en un grueso error y muy lamentable ya que demuestra falta de conocimiento,ya que dicho Salmo es PROFÉTICO,que se alinea con las profecías tanto de Jeremias como las de Ezequiel,y mostrada o reveladas el Apocalipsis,cuando habla sobre el final de los tiempos.Lo otro que no me queda muy en claro,es tu pregunta,si soy judío o si soy cristiano? ¿que si soy judío? acaso no es el pueblo de D-s,la salvación no viene de parte de los judíos?,el mesías no era judio? los refidin o apóstoles no era todos judíos? los 3000 que se entregaron no eran todos judíos?tu sabes que a pos primeros seguidores del mesías los llamaban “los mesiánicos” o las “mesías”? pero por cosa rara esto no es nombrado el la biblia,sibias que los judíos es el único país del mundo que tuvo que comprar su propia tierra si es que quería vivir en ella? que los judíos a lo largo de la historia han sufrido 36 guerras,y 28 veces fueron oprimidos y saqueados por pueblos invasores,como los egipcios,asirios,babilónicos,macedonios,toloméos,persas, árabes,romanos,visantinos,cruzados,
    mongoles,mamelucos,turcos,otomanos,británicos,jordanos.ahora usted sabia que los judíos no pueden creer en el cristianismo por que por medio de ello se llevó una de la masacre de judíos y la mayor persecución de la historia?comenzando por los cruzados,y como terminando por hitler,inspirado en un libro de un cristiano llamado “Lutero” el cual llamó la mentira de los judíos,por lo que hitler lo llamó la solución final,y murieron 6.000.000 de judíos y que de ellos la gran mayoría eran niños? y se asustan por que un necio pastor halla echo eso,yo lo llamaría hipocresía,y creo que el cristianismo le tienen que pedir perdón a los judíos por la masacre que realizaron en el nombre de cristo,y peor aun la que están realizando por medio del ecumenismo,y que culminará cuando el falso masías entre en el templo de D-S haciendoce pasar por D-S,¿quien va a ayudar a entronarlo? los cristianos junto con los mundanos.mi repuesta es soy MASIANICO y amo muy profundamente a Yeshua HaMashiaj,a Jesús el Mesía, el Cristo. SHALOM-SHALEM

  8. THE ROCK
    3:12 pm octubre 17, 2010

    ESTÁ MEDIO RARO EL TEMA. JOSÉ, ME PARECE QUE ESTÁS MAL EN TODO LO QUE DECÍS. ACÁ NADIE ATACA A LOS JUDÍOS. LOS CRISTIANOS SABEMOS MUY BIEN QUE SON EL PUEBLO ELEGIDO, PERO ESO NO QUITA QUE MUCHÍSIMAS VECES ERRARON AL BLANCO Y POR ESO LAS CONSECUENCIAS QUE DEBIERON SOPORTAR, ESTO TAMBIÉN ES BÍBLICO. NO QUIERAS CULPAR AL RESTO DE LA HUMANIDAD DE ESAS COSAS. EL AUTOR NO HABLA DE LO QUE VOS MENCIONÁS ACÁ. EL PUEBLO JUDÍO EN LA ANTIGUEDAD TAMBIÉN HIZO PARTE DE LAS GUERRAS TOMANDO TERRITORIO AJENO Y EN UN MOMENTO, POR DESOBEDIENCIA, OTROS TOMARON EL SUYO. ASÍ ES ESTE TEMA DE LA HUMANIDAD, JOSÉ.
    JESÚS NO FUE ACEPTADO COMO MESÍAS POR LOS JUDÍOS.
    EN CUANTO AL ECUMENISMO TAMBIÉN ES PRACTICADO POR JUDÍOS, ¿O NO?.
    CREES QUE LOS CRISTIANOS DEBEN PEDIR PERDÓN A LOS JUDÍOS, BIEN, LEE LA HISTORIA HERMANO, PORQUE LOS JUDÍOS TAMBIÉN PERSIGUIERON A LOS CRISTIANOS. TODOS DEBEN PEDIRSE PERDÓN. ¡NO TE CREAS! ¡¡¡¡¡QUE ENTREVERADO QUE SOS!!!!.

    ¿AHORA LUTERO ES EL CULPABLE?
    EL GENOCIDIO JUDÍO ES TERRIBLE Y NO ESTAMOS DE ACUERDO CON ESE NI CON CUALQUIER OTRO DE LOS GENOCIDIOS OCURRIDOS EN ESTE PLANETA, COMO EL DE LOS ARMENIOS, POR DARTE UN EJEMPLO.

    ¿QUÉ TE PASA? SOS MUY AGRESIVO Y CON MUCHA SED DE VENGANZA EN TU CORAZÓN.

    ESTOY SEGURO DE QUE VOS NO SOS JUDÍO, SOS INTEGRANTE O SIMPATIZANTE DE LOS NUEVOS MOVIMIENTOS APOSTÓLICOS Y PROFÉTICOS QUE HAN SURGIDO DE LOS GRUPOS EVANGÉLICOS. DEJASTE VER LA VETA EN COSAS QUE MENCIONÁS.

    REPITO, NADIE ACÁ ATACÓ A LOS JUDÍOS, DATE UN TIEMPO PARA LA REFLEXIÓN, JOSÉ. TODOS AMAMOS AL PUEBLO DE ISRAEL. TE EQUIVOCASTE DE ENFOQUE. AH! COMO CRISTIANOS TAMBIÉN DEBEMOS AMAR A LOS MUSULMANES, HINDÚES ETC. TODOS SON CREACIÒN DE DIOS. CREO QUE ESE ZAPATO (EL DEL AMOR AL PRÓJIMO SINIMPORTAR QUIEN ES) TE QUEDA GRANDE A VOS.

  9. Sembrador
    5:50 pm octubre 17, 2010

    José, mi amigo, me remito a la muy centrada y acertada respuesta que te da THE ROCK.
    Del entrevero agresivo de tu respuesta queda claro que el Yeshua HaMashiaj a quién decís amar profundamente, es para vos el mesías vengador que esperaban los judíos, el que vencería a las naciones y daría a Israel la supremacía. Tu cita de un salmo profético, como vos decís, muestra que ves a Jesús como esa clase de Mesías, y que eso es lo que esperás: un mesías que derrote, aplaste y someta a los enemigos de Israel. Ahora, ¿sabías que los judíos condenaron a Jesús y lo entregaron a los romanos, justamente por no ser esa clase de mesías? ¿Porque Él se negó a ser esa clase de mesías? Ese Yeshua HaMashiaj que vos amás es el que enseñó a sus discípulos que debían AMAR A SUS ENEMIGOS (es la segunda vez que te lo escribo), y que nos entregó su PAZ. En tu respuesta, lo único de paz que hay es la palabra que ponés al final (¿tu saludo?).
    Yo soy cristiano, y amo a los judíos, el pueblo elegido de Dios; también amo a los musulmanes, aunque muchos de ellos querrían matarme si pretendo predicarles el evangelio.
    No hay vuelta, viejo; el cristianismo original, el que surge de las enseñanzas de Jesús, es amor.
    Pegale una leída a la Biblia.
    Saludos.

  10. dios, el dios de todos. Yo no necesito la guerra.

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