EL SERMÓN DEL MONTE

“El cristiano y los otros”
Mateo 7:1-6

En nuestras últimos estudios sobre el Sermón del Monte hemos visto cómo un cristiano se relaciona con Dios.  Comenzamos una nueva sección, una que nos enseña cómo relacionarnos con los otros.

En su relación con Dios, el verdadero cristiano, en primer lugar, reconoce que la vida es más que el alimento que la sustenta y que el cuerpo es más que el vestido que lo adorna.  Además, el verdadero cristiano reconoce que la dependencia de Dios quita toda preocupación.  Por último, el verdadero discípulo reconoce que lo más importante es la búsqueda del reino de Dios y su justicia, y que cuando eso se hace, todo lo demás viene por añadidura.  Eso hemos aprendido.

Hoy comenzamos a ver a un cristiano en sus relaciones con los demás.

Leer Mateo 7:1-6.

La primera cosa que Jesús quiere enseñarnos es que no debemos juzgar a los demás, para que no seamos nosotros juzgados (Mt 7:1-2).

Hay dos modos de vivir, como juez o como prójimo.  El que vive como juez siempre está pasando juicio sobre las acciones de los demás.  El que vive como prójimo se sabe próximo, cercano, y también débil y en las mismas posibilidades de caer que su hermano.
Jesús nos enseña esto a través de una medida.  Usualmente tenemos dos medidas, una con la que nos medimos a nosotros mismos, más blanda y acomodaticia, y otra con la que medimos a los demás, más dura e inflexible.

Jesús nos dice que con la misma medida con que midamos a los demás se nos volverá a medir.  Esto es real en esta vida, y también en la vida venidera.  El “pasivo divino” de este texto es notable: “se os volverá a medir”.  Es decir, Dios nos volverá a medir.

Muchas veces creemos que Dios tiene una medida estándar para medir a toda la gente.  Nos equivocamos.  La medida con que Dios mide es la misma con la que cada uno mide a los demás.  En esto sí es justo y estándar.  Pero el estándar cambia según la persona.  El que se pone muy duro realmente se hace daño a sí mismo, porque no se da a sí mismo oportunidad de equivocarse, del mismo modo que no le da a los demás oportunidad de equivocarse.

No debemos juzgar a otros porque todos alguna vez nos equivocamos, todos cometemos errores, todos somos finitos y falibles.  Por eso es mejor ser compasivos y perdonar del mismo modo que nos gustaría ser perdonados.

Tampoco debemos juzgar a los demás porque el único juicio verdadero y justo es el de Dios.  “Mía es la venganza y la retribución”, dice Dios en Deuteronomio 32:35.  El texto es recordado por el apóstol Pablo en Romanos 12:17-19, cuando dice: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.
Además, Dios ha juzgado a la humanidad, y lo ha hecho con misericordia.  Dios ha dado a su Hijo unigénito para que muera por el pecado de la humanidad, y la ha perdonado en la obra redentora de Cristo.

El apóstol Santiago nos recuerda que: “…juicio sin misericordia se hará con aquel que no haga misericordia…” (Sgo 2:13).  Si Dios perdonó a toda la humanidad en Cristo Jesús, si Dios perdonó todos los pecados de toda la humanidad en Cristo, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar a nuestros hermanos sus ofensas?  Debemos perdonar, para que Dios nos perdone.  Debemos abandonar el juicio, para que Dios no nos juzgue.

Además, en este texto Jesús nos enseña que debemos relacionarnos con los demás sin hipocresía (Mt 7:3-5).

Así como Jesús nos enseñó que no debemos ser hipócritas en nuestra relación con Dios, así también nos enseña que no debemos ser hipócritas en nuestras relaciones con los demás.
El hipócrita pretende sacar una basurita del ojo de su hermano, cuando en realidad él mismo tiene una viga en su propio ojo.  En esta hipérbole que Jesús usa se nos enseña de una manera exagerada y graciosa lo que no debemos hacer.

El hipócrita, dice Jesús, pretende ayudar al otro cuando en realidad ni siquiera puede ayudarse a sí mismo.  Primero, dice Jesús, sería mejor que se sacara la viga que tiene en su propio ojo para poder ver bien y sacar la basurita del ojo de su hermano.

Además, dice Jesús, el hipócrita pretende que ve bien para sacarle la pajita del ojo de su hermano, cuando en realidad tiene su ojo tapado con una viga.  Imposible que pueda ver bien.  Debe sacarse la viga.

Lo más grave, dice Jesús, es que el hipócrita desea que todos los demás sean del modo que él mismo no está dispuesto a ser.  Así eran los fariseos del tiempo de Jesús.  Jesús los critica duramente.  Son ciegos que guían a otros ciegos.  Son pagados de sí mismos, son engreídos y creídos.  Son un obstáculo en el camino de otros a Dios.

Así criticaba duramente Jesús a los fariseos de su tiempo: “Pero ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mt 23:13-15).

Así es la persona que se pone a sí mismo de juez frente a los demás.  Es mejor no juzgar, para no ser juzgados, dice Jesús.

Por último, con este texto Jesús nos enseña que no debemos valorar mal a los demás (Mt 7:6).
Si valoramos mal a los demás, sea por mucho o por muy poco, al no saber que nuestra valoración está equivocada, nuestras relaciones con los demás quedan mal trazadas.
El ejemplo acá son unas perlas que se echan frente a los cerdos, son unas cosas santas que se ponen delante de perros.  Son cosas que con corresponden.

Es cierto que no somos jueces de los demás, pero también es cierto que tenemos opiniones sobre los otros.  Es imposible no tenerlas.

Nuestra valoración, sin embargo, es muy subjetiva, y muchas veces nos equivocamos.  No hay valoraciones objetivas sobre nadie, por eso el apóstol recordaba a los Filipenses: “Nada hagáis por rivalidad o por vanidad; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Fil 2:3).

Si cada uno considerara a los demás como superiores a sí mismo los problemas interpersonales se acabarían por completo.

El cristiano debe tener una sana valoración de sí mismo, del evangelio que predica, y de los demás.  Si no nos valorizamos, si no valorizamos el evangelio de Jesucristo, corremos el riesgo de malgastar nuestro tiempo con perros y cerdos (De paso, que nos perdonen los animales por usarlos figurativamente para actitudes deleznables de los seres humanos).

Pero tampoco debe el cristiano hacerse aborrecer y hacer aborrecer el evangelio por tratar de imponer la verdad de Cristo a personas que no están preparadas para recibirlo.  Así como los cerdos pueden levantarse para despedazar a quienes les arrojan perlas, porque los cerdos piensan que son comida y no lo son, por eso se enojan, así los incrédulos pueden levantarse contra los cristianos si éstos no saben presentar el evangelio de una manera convincente y razonable.

Así como los perros pueden morder y lastimar a quienes les arrojan cosas santas, no cosas preparadas para perros, así los cristianos pueden ser perseguidos por los infieles de modo inútil si como cristianos no sabemos presentar el evangelio como algo verdaderamente apetecible y servicial.

Conclusión

Con qué magisterio nos enseñaba Jesús.  Usó una medida para enseñarnos a no ser juzgadores de los demás, sino perdonadores.
Usó una viga y una pajita para enseñarnos a no ser hipócritas con los otros, sino íntegros y transparentes.

Usó unas perlas y unos cerdos para enseñarnos a no valorar mal a los que nos rodean.

Una correcta relación con Dios exige una correcta relación con el prójimo.  Aprendamos a dar gloria a Dios en nuestras relaciones con los demás.


Daniel Carro es Profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos John Leland, en Arlington, Virginia, USA.  También se desempeña como Embajador Latino de los Bautistas de Virginia.  Pastor y profesor en su nativo país de Argentina por más de 25 años, el profesor Carro continúa desarrollando ambas facetas de su ministerio desde el año 2000 en Virginia.  También continúa como miembro del Departamento de Estudio e Investigación y del Grupo de Trabajo de Educación Teológica y Académica, ambos dependientes de la Alianza Bautista Mundial, de la cual fue Secretario Regional para América Latina en los años 1995-2001.  Fue electo Vicepresidente Primero de la AMB para el período 2010-2015.


2 Oct '10

Deja un comentario

*