EL ORDEN Y DIOS

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LA BÚSQUEDA
Padre Guillermo Marcó
Director de la Pastoral Universitaria
Arzobispado de Buenos Aires
Hace algunos años, en un programa que tenía en la radio, lo entrevisté a Jorge Lanata y le pregunté si creía en Dios. La respuesta fue inesperada: “Seguro que si le preguntás a alguien por la calle ‘¿Lanata cree en Dios?’ Te van a contestar ‘no, ese no cree en nada’, pero yo sí creo. Por dos razones, la primera es porque me gustan las matemáticas y viendo el orden del cosmos no puede ‘no haber un ordenador’. La segunda es más emocional: me llamó una amiga que acaba de tener un hijo y allí en la línea estaba Dios’.” Posiblemente Jorge no se acuerde de estas declaraciones, pero yo las tengo grabadas.
Este año, haciendo una caminata por las crestas del cerro Catedral en Bariloche, a 2.000 metros de altura, contemplando la inmensidad de la cordillera nevada, hicimos todos silencio unos minutos. Ahí, ante esos monumentos de piedra mudos, ante ese cielo inmenso estaba Dios. A Dios lo podemos admirar a través de su obra: la creación es una huella de su belleza, su inteligencia y su poder.
Si llegamos a la conclusión de que Él existe y el cosmos es su obra que está ante nuestras narices, no podemos no hacer la siguiente pregunta: ¿Se ha manifestado a alguien? Si no me ha hablado a mí ¿lo ha hecho a alguien en la historia de los hombres? La palabra “religión” viene de “religio” que significa religarse. La religión es el camino de búsqueda que hace el hombre cuando quiere religarse con el principio que le dio origen. Es un camino para llegar a Él pero insuficiente por el método de búsqueda: para conocerlo hace falta un encuentro. Los judeo-cristianos creemos que Dios salió a la búsqueda del hombre, se interesa por su historia y su destino y nos cuenta como Él es. Para nosotros Jesucristo es Dios hecho hombre, que vino a decirnos cómo es Dios, con palabras humanas, con gesto de hombre. Se lo conoce en la experiencia del amor e invita a que lo imitemos. Es el Dios que se nos revela cercano, el que puede hacer sentir su presencia en la línea de teléfono de Lanata cuando una amiga le anuncia que una nueva vida ha llegado a este mundo.

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LA EXPRESIÓN
DE UN ORDEN

Alberto Rojo – Físico
Sobre la dicotomía entre la ciencia y la religión se han gastado océanos de tinta (y galpones de gigabytes). Ambas comparten la búsqueda de una explicación de la naturaleza, con metodologías distintas; mientras la ciencia se ocupa del mundo “material”, toda religión postula la existencia de un mundo espiritual, inmaterial.
Sin embargo, muchas leyes de la física se encontraron siguiendo criterios como simplicidad y belleza y, lo más importante, con fe en la existencia de un orden universal; principios que, si admitimos la dicotomía, estarían fuera de la ciencia.

El sentido monoteísta de la fe de que hay un cimiento racional a nuestra experiencia está en la ciencia. No la fe en el sentido popular de la creencia en milagros o en la literalidad histórica de la Biblia, sino en la idea de un orden que se nos manifiesta en leyes expresables en lenguaje matemático.

Einstein siguió criterios de simplicidad y unidad cuando tuvo que optar por variantes en su teoría y llegó así al resultado correcto. Otro ejemplo es el llamado principio de conservación de la energía, al que se llegó no tanto motivado por experimentos sino por una búsqueda de unidad, de un absoluto. Para James Prescot Joule, uno de sus descubridores, el hecho de que al cabo de complejos procesos de transformación haya algo (la energía) que se mantiene inalterado es una expresión de un orden divino en el universo. Uno de los mejores resúmenes de esta idea está en el ensayo La irrazonable aplicabilidad de las matemáticas en las ciencias naturales, de Eugene Wigner. Para él, lo más cercano a una explicación de por qué las matemáticas funcionan en la física es que las únicas teorías físicas que estamos dispuestos a aceptar son las bellas. Y luego agrega que la aplicabilidad de las matemáticas, lo que él llama la “ley empírica de la epistemología”, es un acto de fe de los físicos.
La aplicabilidad de las matemáticas a la ciencia es un milagro que no entendemos y que quizá no merecemos.

*Artículos publicados en la Revista C del diario Crítica de la Argentina, el 23 de marzo de 2008

Tomado con permiso de “Razones para Creer”
23 Oct '10

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