30 AÑOS DE POLÍTICA DEL HIJO ÚNICO EN CHINA


El triste ejemplo del país sin niños

Cuando el protagonista de esta  historia –un joven chino residente en España, que no revela su nombre por miedo– tenía diez años,
sus padres pasaron a la clandestinidad con su hijo pequeño, un bebé. «Durante tres o cuatro años –narra– vivieron escondidos, no sabíamos dónde. Tres
hermanos nos quedamos con el mayor, de 16 o 17 años, que tenía que cuidarnos, ir al colegio y trabajar en el campo ». El motivo de la persecución era tener
cinco hijos; una clara violación de la prohibición, impuesta hace 30 años, de tener más de uno, o, en algunos casos, de dos. «Te podían quitar todas tus cosas
–añade–; a algunas familias de la zona les destrozaron la casa».
Pero esto, las multas –que pueden alcanzar los ingresos familiares de varios años– y los despidos palidecen al lado de las esterilizaciones y los abortos
forzados. Otra joven que se había escondido al quedar embarazada por segunda vez narró el año pasado, ante una Comisión de Derechos Humanos en Estados
Unidos, cómo torturaron a su padre para encontrarla y abortar a su hijo. Sucedió en 2004. El año pasado, estas violaciones de los derechos humanos
se seguían produciendo, según una investigación sobre el terreno de la organización estadounidense Population Research Institute. El PRI denunció, además,
que se producían también en zonas donde el Fondo de Población de la ONU (UNFPA), financiado por Estados Unidos, ayuda al Gobierno chino.
Quedaba así desmentida la alegación del UNFPAde que, gracias a su labor, la política del hijo único ya no se aplica a la fuerza, sino mediante la planificación
familiar voluntaria. Era el único lavado de cara de esta política que necesitaba el Occidente posmoderno, que ve en la contracepción, el aborto, y en tener
pocos hijos, un signo de progreso. De hecho, no han faltado, en 30 años, voces alabando la política china, como ejemplo de lucha contra la supuesta superpoblación.
Sin embargo, al prolongar la prohibición de tener hijos durante décadas, como ha prometido el Gobierno chino, sólo se prolonga el desastre demográfico.
No sólo hay 119 niños por cada 100 niñas, una anomalía debida al aborto e infantidicio de niñas para que les permitan tener un hijo varón. Dentro de no muchos
años, la población trabajadora empezará a disminuir mientras los pensionistas aumentan –en 2050, al menos una cuarta parte de la población tendrá más
de 65 años–, y para mantenerlos se contará cada vez con menos hombros. Ya en algunas zonas falta mano de obra.
En Shanghai, una de ellas, desde hace unos meses se anima a las familias a tener más hijos, de momento sin resultados. El daño hecho a China no es sólo la población perdida, sino el cambio social hacia una cultura antinatalista.

María Martínez López – Alfa y Omega
Iglesia En Marcha.Net
11 Oct '10

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