LA ACTUALIDAD DEL SERMÓN DEL MONTE

Parte 15

Buscar el Reino: Recibirlo Todo
Mateo 6:25-34

En los últimos estudios hemos estado tratando de aclarar para nosotros la naturaleza de Dios, y cuál es la adoración que a Dios le agrada a la luz de las enseñanzas de Jesús en Mateo 6.

El domingo pasado meditábamos en la realidad de que, o se sirve a Dios, o se sirve a las riquezas, o se tiene su tesoro en Dios, o se lo tiene en Mamón, o se confía completamente en Dios, o sólo se confía en el dinero.

Dijimos que el verdadero problema no son las riquezas.  El verdadero problema es dónde uno tiene su corazón. El problema es confiar en las riquezas, atesorarlas, creer que ellas son nuestra salvación.

Jesús no enseña que el dinero no sea necesario para la vida.  Lo que Jesús quiere hacernos pensar es que hay cosas que el dinero no puede comprar: El dinero no puede comprar amor, no puede comprar felicidad, no puede comprar a Dios.

Pero la reflexión de Jesús no acaba allí.  Lo que Jesús nos enseñó el domingo pasado se completa con lo que nos enseñará hoy.
Leer Mateo 6:25-34.

La primera cosa que nos enseña Jesús en este texto es que la vida es más que el alimento que la sostiene, y el cuerpo más que el vestido que lo cubre.

No se vive para comer, se come para vivir.  Eso enseña Jesús.

La vida la hemos recibido de Dios.  El alimento que la sostiene también lo recibiremos de Dios.

El cuerpo lo hemos recibido de Dios.  El vestido que lo cubre también lo recibiremos de Dios.
Afanarse y preocuparse por la vida está de más, dice Jesús, porque si Dios nos ha dado la vida, nos dará con ella todas las cosas necesarias para una vida digna.  Preocuparse por el cuerpo también está de más, porque si hemos recibido de Dios el cuerpo también él nos dará juntamente todas las cosas necesarias para sostener un cuerpo saludable.
El origen del afán no está tanto en la falta de las cosas.  El origen del afán es la falta de fe en Dios de que él nos dará todas las cosas que necesitemos en el momento que las necesitemos.
“Teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con eso” dijo Pablo a Timoteo.  ¿Estamos contentos con eso?  El afán y la ansiedad comienzan cuando queremos enriquecernos, cuando queremos tener más que lo que podemos usar o comer.  Sólo un estómago tenemos.  Si guardamos más comida que la que alguna vez podremos comer, veremos cómo ella va a parar a la basura, tarde o temprano.

Así pasó con los judíos que no confiaron en Dios con el tema del maná.  El que recogió de más lo encontró amojosado al día siguiente.

Además, Jesús nos enseña que todo lo que somos, y todo lo que podemos ser, depende de Dios

Todo lo que somos, todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todos nuestros logros y nuestras aventuras, todo, todo, todo.  Todo depende de Dios.

Sólo puede adorar a Dios quien depende totalmente de él.  Como dependen las aves para sus alpistes, como dependen los lirios para sus ropajes, así también, lo queramos reconocer o no, dependemos cada uno de nosotros de nuestro gran buen Dios.

Por eso no vale la pena afanarse.  No vale preocuparse, porque por más que nos preocupemos no lograremos nada más que lo que el Padre celestial quiera darnos para la vida.

“La mona, aunque se vista de seda, mona queda”.  Así dice el refrán.

No lograremos vivir más tiempo porque comamos más.  Las aves no guardan nada, pero siempre tienen su alimento a su tiempo.  Por más que nos afanemos comiendo mucho, no lograremos alargar nuestra vida ni un paso más que el que tengamos o podamos dar.

Tampoco lograremos ser más bellos porque nos vistamos mejor.  Ni aún Salomón en toda su gloria, dice Jesús, se vistió como uno de los lirios del campo.  “La mona,” dice el refrán, “aunque se vista de seda, mona se queda”.

El problema no es el largo de la vida, ni la belleza que logremos.  El problema humano es la falta de fe.  El que vive sin fe tanto da que viva cinco años o cincuenta.  El que vive sin fe, tanto da que sea la bella o la bestia.

Son los que no confían en Dios quienes se preocupan por todas estas cosas.  Los que confían en Dios no tienen porqué preocuparse ni porqué afanarse.

Por último, enseña Jesús, o una persona busca el reino de Dios o busca el reino de Mamón (6:33)

Algunos creen que Dios no se preocupa por nosotros, que Dios está más allá del sentimiento humano, que Dios es indiferente a nuestras necesidades humanas.

No es que Dios sea indiferente a nuestras necesidades, Dios nos creó así como somos, con todas las necesidades humanas que tenemos.  Dios está atento a nuestras necesidades, pero quiere que aprendamos a buscar su reino, y a sostener su justicia, y entonces todas las demás cosas vendrán por añadidura.

Si en el día de hoy, medianamente hablando, se buscara en primer lugar el reino de Dios y su justicia, todos los grandes problemas de la humanidad se solucionarían como por arte de magia.  Se acabarían los pobres, se acabarían los hambrientos, se acabaría en muchos casos la violencia y el crimen que la avaricia engendra.  En fin, no soñemos despiertos.

No hay términos intermedios para Jesús.  O se busca el reino de Dios y su justicia, o se sigue viviendo en la búsqueda de Mamón, del Pluto de turno.  Nuestra vida es o una Teo-cracia o una Pluto-cracia.  Y ya sabemos las desgracias que trae en nuestro mundo la actual plutocracia.

“Cuando salía para continuar su camino, un hombre vino corriendo, se puso de rodillas delante de él y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para obtener la vida eterna?  18 Pero Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno, sino sólo uno, Dios.  19 Tú conoces los mandamientos: No cometas homicidio, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre.  20 Pero él le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi juventud. 21 Entonces al mirarlo Jesús, le amó y le dijo: Una cosa te falta: Anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme.  22 Pero él, abatido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.  23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!  24 Los discípulos se asombraron por sus palabras; pero Jesús, respondiendo de nuevo, les dijo: Hijitos, ­cuán difícil es entrar en el reino de Dios! 25 Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios. 26 Pero ellos quedaron aun más atónitos diciendo entre sí: ¿Y quién podrá ser salvo?

27 Entonces Jesús, mirándolos, les dijo: Para los hombres es imposible; pero no para Dios. Porque para Dios todas las cosas son posibles” (Mc 10:17-27).

¿Se puede adorar a Dios cuando nuestro corazón está atrapado por las riquezas? ¿Se puede buscar el reino de Dios cuando nuestra vida está dominada por el reino de Mamón? ¿Se podrá vivir bajo los valores del gobierno de Dios sin liquidar todos los valores del gobierno del dinero?

Lo maravilloso de todo es que cuando uno tiene la capacidad de soltarlo todo, cuando uno tiene la disposición para no aferrarse a las riquezas, entonces es cuando Dios nos da con él todas las cosas.  “Buscad primeramente el reino… y todas las demás cosas os serán añadidas”.

Se cuenta de un mono que había metido su mano en un jarrón para agarrar una moneda que estaba dentro del jarrón.  El mono quería sacar la moneda, pero al apretar el puño su mano no salía del jarrón.  Nunca pudo conseguir la moneda, porque para conseguir sacarla primero tenía que soltarla.  Así es la vida: Sólo se puede conseguir la moneda cuando se abre la mano que la aferra.  Mientras más nos aferramos a la moneda, ni tenemos la moneda ni siquiera tenemos la mano, porque no podemos sacarla del jarrón para usarla en alguna otra cosa.  Sólo si tenemos la capacidad de abrir la mano y dejar ir la moneda, es cuando podemos por fin recuperar nuestra vida, y también la moneda.
Dios no es insensible, pero quiere que aprendamos a vivir con generosidad.

Los versículos 22 y 23 hablan del “ojo bueno” y del “ojo enfermo”.  Esas eran expresiones de la época de Jesús que tenían que ver con la generosidad o con la avaricia de una persona.  El generoso, dice Jesús, vive una vida llena de luz.  El tacaño, por su parte, aún la luz que hay en él son profundas tinieblas.

Si uno tiene la capacidad de buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, entonces y sólo entonces todas las demás cosas son añadidas.  Pero si uno no tiene la capacidad de buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, por más que pida y quiera, por más que arda de deseos de tener, las cosas pasarán por delante de sus narices, pero nunca serán suyas, porque no ha aprendido a buscar primeramente el Reino de Dios.

Conclusión
La opción es de cada uno.  Cada uno decide.

Los valores determinan lo que uno elige: O uno se decide por Dios, o uno se decide por Mamón…  Tú decides.

Del modo cómo tú decidas por Dios quizá algún día también Dios decida por ti.

Piénsalo, hermano.  Y si tú piensas que Dios no se agrada de tu acto de adoración, haz algo hoy mismo por corregirlo.

Nunca olvides lo que dijo Jesús: “Dios es espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren” (Jn 4:24).


Daniel Carro es Profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos John Leland, en Arlington, Virginia, USA.  También se desempeña como Embajador Latino de los Bautistas de Virginia.  Pastor y profesor en su nativo país de Argentina por más de 25 años, el profesor Carro continúa desarrollando ambas facetas de su ministerio desde el año 2000 en Virginia.  También continúa como miembro del Departamento de Estudio e Investigación y del Grupo de Trabajo de Educación Teológica y Académica, ambos dependientes de la Alianza Bautista Mundial, de la cual fue Secretario Regional para América Latina en los años 1995-2001.  Fue electo Vicepresidente Primero de la AMB para el período 2010-2015.


21 Sep '10

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