EL SERMÓN DEL MONTE – Parte 8

Jesús Enseña Hoy:

La Actualidad del Sermón del Monte

La Justicia Mayor de un Espíritu Veraz – Mateo 5:33-37

Continuamos con nuestro estudio del Sermón del Monte, un diseño para la vida del discípulo, un boceto de lo que el cristiano debe ser.  Dios nos da el diseño de lo que debemos ser, y nosotros tenemos que tener la voluntad de adecuarnos a ese diseño, de ser como nuestro Dios quiere que seamos, de vivir como Cristo quiere que vivamos.

Estamos analizando la segunda parte del Sermón, dedicada a enseñar al discípulo una justicia mayor que la de los escribas y fariseos.  Jesús ha dicho: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 5:20), y ahora está aclarando qué significa eso a la luz de seis ejemplos en aparente contradicción a la antigua ley judaica.

En estas seis antítesis Jesús enseña cómo ha de ejercitarse la justicia mayor del discípulo, una justicia que se ajusta al reino de Dios en la tierra.

En la primera enseña contra el asesinato y la ira.  No es sólo malo matar, dice Jesús, igualmente malo es el enojarse, porque es de la ira del hombre de dónde sale el deseo de matar.

El la segunda antítesis Jesús enseña sobre el adulterio.  No sólo está mal adulterar, dice Jesús, sino está mal tener un espíritu sucio y mentiroso que trata a las personas como meros objetos de nuestros deseos egoístas.

En la tercera antítesis, que vimos el domingo pasado, Jesús enseña sobre el divorcio.

Hoy veremos la cuarta de las antítesis, la que tiene que ver con el juramento y la veracidad.

Leer Mateo 5:33-37.

El pasaje de hoy enfatiza la necesidad de la veracidad.  La justicia mayor del reino de Dios sólo se obra en la verdad y en la realidad de un espíritu veraz.

Nuevamente se da en este pasaje la posibilidad de la interpretación del rigorismo jurídico.  Muchos piensan que estos textos sólo se refieren al juramento.

“Hoy un juramento, mañana una traición… Amores de estudiante… flores de un día son.”

El pasaje, sin embargo, apunta a algo más profundo, a la necesidad de ser veraces.

En la iglesia primitiva, por ejemplo, se sostenía que los cristianos “perfectos” no podían jurar, pero que los hermanos “débiles” podían jurar bajo ciertos límites.

Los reformadores del siglo 16 interpretaron que Jesús prohibía toda forma de juramento excepto los que se hacían en una corte de justicia.

Jesús va más allá.  Todo juramento está de más porque hay que ser veraz, hay que vivir en la verdad, dentro y fuera de la corte de justicia.

¿Qué es un juramento?

Un juramento es una apelación pública a la autoridad de algo superior al que jura, sea Dios, sea alguna otra divinidad o ser superior, llamándole como testigo y como garante de una declaración hecha en conexión con algún suceso pasado, presente, o futuro, con el propósito de que quienes escuchen esa declaración la crean como verdadera.

Por medio del juramento, los hombres invocamos a la verdad de algún ser superior para respaldar nuestra verdad.  Sólo con hacerlo estamos declarando que nosotros mismos creemos que necesitamos de algún apoyo externo para nuestra palabra, y que quienes nos escuchan no la creerán a no ser que tengamos algún testigo superior a nosotros que garantice lo que decimos con un viso de veracidad y de realidad

La primera cosa que veo que Jesús enseña en este texto es que un espíritu veraz no necesita del juramento para certificar una verdad.

La misma existencia de un juramento es una prueba de que la mentira existe.

El juramento intentó ser una barrera en contra de la mentira, pero terminó convirtiéndose en un justificativo para más y más mentira.

Levítico 19:12 “No juraréis en falso por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo, Jehová” y Deuteronomio 23:22-23 “Si te abstienes de prometer, no habrá en ti pecado. 23 Pero lo que haya salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a Jehová, tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca”, ambos textos intentaron ser advertencias en contra del jurar falsamente.

Jesús no habla de jurar falsamente, va un paso más adelante.  Jesús anula el valor de cualquier juramento.  Los juramentos no valen, dice Jesús, porque una vez que la mentira se ha parapetado detrás del juramento ya no hay manera de asegurar la verdad de nada, ni de lo verdadero, ni de lo falso.  Por eso, lo más sano es destruir el juramento mismo.

Juramentos, pagarés, garantías, contratos, promesas de pago, negociaciones, pactos, arreglos, acuerdos, aseguros… de qué sirven.  Un cristiano no los necesita.  El ha aprendido a decir “Sí” cuando es sí, y a decir “No” cuando es no.  Todo lo que es más de eso, dice Jesús, viene del mal, y obedece a la naturaleza pecaminosa de la cual estamos revestidos.  Un cristiano no debe usarlos.  Su “Si” debe ser sí, y su “No” no.  Nada más, nada menos.

Además, dice Jesús, un espíritu veraz manifiesta que su máxima lealtad está puesta en la voluntad de Dios.

Vamos un paso más adelante.  El verdadero asunto no es si uno jura o no jura con palabras.  Algunos cristianos dicen que ellos no juran la bandera de su patria, que la prometen.  (He escuchado historias de soldados cristianos que se jactan de no haber contestado “Si, juro” cuando le preguntaron sobre su bandera, sino “Si, prometo”).

El tema no es lo que se dice, sino la intención con qué se dice aquello que se dice.

Que nuestro “Sí” sea sí, y nuestro “No” no, significa que cada palabra de lo que hablamos está dicha en la presencia de Dios, y no sólo aquellas palabras dicha bajo alguna promesa o algún juramento.

Cada palabra que hablamos es “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”, no hay posibilidad de utilizar juramentos para sostener la veracidad de esas palabras.

Hablar verdad es manifestar que nuestra máxima lealtad está en la misma voluntad de Dios.  En lugar de jurar deberíamos aprender a decir, como dice el apóstol Santiago: “Si Dios quiere…”  Así dice Santiago: “¡Vamos ahora!, los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, estaremos allá un año, negociaremos y ganaremos, cuando no sabéis lo que será mañana. Pues ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Sgo 4:13-15).

La posición de Santiago es muy sabia y muy pertinente.  No podemos jurar por nuestra vida porque nuestra vida no nos pertenece.  No podemos jurar por el cielo porque es el trono de Dios, no nos pertenece.  No podemos jurar por la tierra, porque es el estrado de los pies de Dios, tampoco nos pertenece.  No podemos jurar por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey, no nos pertenece.  Ni siquiera por nuestra cabeza podemos jurar porque tampoco nos pertenece.  Ni siquiera podemos hacer blanco o negro uno sólo de nuestros cabellos.  (Es decir, hoy en día se puede, pero ojo… sólo artificialmente.  Toda mujer sabe lo que digo, que las bases de los cabellos a poco tiempo de teñidos, delatan la realidad del color verdadero).

En lugar de jurar, debiéramos decir “Si Dios quiere haremos esto o aquello…” lo cual nos pone en nuestra verdadera posición.  Todos dependemos de Dios.  Nada más podemos hacer que lo que él nos permita hacer.

Una tercera cosa veo que Jesús nos enseña en estos textos, y es que un espíritu veraz no tiene nada que esconder, ni de Dios, ni de los demás.

Ser veraz es sólo otro modo de decir que somos un verdadero discípulo de Jesucristo.  Sólo aquel que sigue a Jesucristo puede vivir en completa veracidad.

Sólo el verdadero discípulo ha aprendido a ser “honesto para con Dios”.  Sólo quién vive en verdad con Dios por medio de la confesión de sus pecados no se avergüenza de decir la verdad cuando debe ser dicha.

Así decía el apóstol Pablo: “Yo soy el primero de los pecadores” (1 Timoteo 1:15).  Porque era honesto para con Dios podía ser también honesto para con los demás.

Lo que más importa en este asunto de decir la verdad es que el ser completo del hombre de Dios quede expuesto a la vista de Dios y a la vista de los demás.

Obviamente, el pecador no gusta de este tipo de aperturas, y la resiste con toda su fuerza.  El sabe que si la apertura existe, todos sabrán que él es mentiroso, sagaz, falaz, deshonesto, falso, engañador.  Por eso quiere las sombras y la oscuridad.  Desde allí puede manejar las voluntades de los demás a su gusto.

Por eso Jesucristo es perseguido por los principales judíos de su tiempo, y crucificado.  Ellos no gustan su verdad.  Su verdad es demasiado grande para ser aceptada por los pecadores que no desean arrepentirse.  Por eso lo buscan, y lo llevan a la cruz.  Y Jesús se deja llevar.

La verdad de la cruz es la verdad de Dios sobre nosotros.  Toda verdad tiene que ser llevada a los pies de la cruz.  Allí, frente a la cruz, es el único lugar donde podemos volvernos verdaderamente veraces.

Conclusión

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

Una cosa es decir la verdad.  Todos decimos la verdad de vez en cuando.  Esto no es lo que Jesús quiere.

Otra cosa muy diferente es ser veraz.  Ser veraz es decir siempre la verdad.  Aunque nos duela y nos cueste, pero decir la verdad.  Vivir verdaderamente y verazmente, vivir de cara al mundo y a los demás, sin nada que esconder, sin atajos, sin agaches, sin mentiras.

Pero otra muy muy distinta es ser la verdad.  Jesús no dijo: Yo digo la verdad.  Jesús no dijo: Yo soy veraz.  Jesús dijo: Yo SOY la verdad.  Jesús es la verdad.  El que es veraz camina en la verdad de Jesucristo y se deja guiar por él.

Sólo a los pies de la cruz, sólo a la luz de la verdadera revelación de Dios en Cristo Jesús es que podemos vivir en la verdad.  Sin Cristo toda verdad es pasajera, toda realidad es relativa, toda autenticidad es falsificable.

Pero con Cristo somos poseídos de la verdad.  Ya no podemos vivir en la mentira y el engaño.  Ya no podemos andar simulando, jurando para que nos crean, haciendo como que somos lo que en realidad no somos.

Si estamos con Cristo, estamos en la verdad.  Andemos en la verdad del Señor ahora y para siempre.  Amén.

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Daniel Carro es Profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos John Leland, en Arlington, Virginia, USA.  También se desempeña como Embajador Latino de los Bautistas de Virginia.  Pastor y profesor en su nativo país de Argentina por más de 25 años, el profesor Carro continúa desarrollando ambas facetas de su ministerio desde el año 2000 en Virginia.  También continúa como miembro del Departamento de Estudio e Investigación y del Grupo de Trabajo de Educación Teológica y Académica, ambos dependientes de la Alianza Bautista Mundial, de la cual fue Secretario Regional para América Latina en los años 1995-2001.  Fue electo Vicepresidente Primero de la AMB para el período 2010-2015.

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22 Ago '10

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