DIGAMOS LA VERDAD CON FIRMEZA

Una de las lecciones más claras que aprendí de mis padres, del tío Juan Antonio Lousi (Pastor Bautista) y de la iglesia donde conocí a Cristo y su Evangelio, fue la de decir la verdad sin temor a lo que me pudiera acarrear hacerlo.
Decir la verdad con firmeza pero CON AMOR y RESPETO al prójimo, fueron parte de esas enseñanzas que recuerdo con gratitud, pues son un legado de mis antepasados que procuro guardar y practicar. Por ello hoy escribiré con amor pero con la verdad.

Estoy plenamente convencido de que si los cristianos en general, las iglesias locales en particular y los líderes sociales del país, no cambian la avaricia, hambre de poder y protagonismo desmedido que evidencian en sus acciones y funciones, por respeto a Dios y arrepentimiento de pecados, lo único que nos espera es más confusión, desorden, violencia, falta de respeto a los padres, desintegración de la familia, aumento del pecado de la homosexualidad y diversas otras maldades que hoy son alarmantes y crecen.

NO SOY YO DIGNO Y ADECUADO para hacer estos juicios en forma condenatoria, pues en algunos sentidos callándome, he contribuido a que estas situaciones ocurran. Yo también soy pecador pero arrepentido. Así pues con sumo respeto a la Iglesia, de la cual NO SOY PROPIETARIO, sino sencillo servidor ineficiente, tengo la impresión de que, como Iglesias Locales, enfrentamos muchos peligros. Señalaré SIETE de ellos y estoy seguro de que usted identificará otros más.

PRIMERO. EL PELIGRO DE LA NEGLIGENCIA. Somos responsables, con la misma intensidad, por lo que hacemos como por lo que no hacemos. La Iglesia ha sido llamada a ser LUZ EN MEDIO DE LAS TINIEBLAS y para ello debemos predicar, anunciar y enseñar a CRISTO tal como está en los 4 Evangelios y como es descripto en las cartas apostólicas del Nuevo Testamento.

La Iglesia y sus integrantes que quitan sus ojos de la CRUZ Y DE CRISTO VIVO Y RESUCITADO están condenados a desaparecer y no debieran llamarse ni cristianos ni iglesias evangélicas. El “Ay de mí sino predico el Evangelio” escrito por San Pablo, debiera estar presente en cada acto, organización, evento, gasto de ofrendas y diezmos, uso del púlpito y del aula cristiana de cada iglesia cristiana evangélica, de cada librería cristiana que vende libros, de cada escritor evangélico, de cada oración pronunciada en el seno familiar o en los templos, en cada programa emitido por las ondas de radio o TV y que se precie de cristiano. Si esto no ocurre, no debemos considerar a los tales como cristianos evangélicos. Hay mucho más para decir de este peligro, pero el espacio limitado me lo impide ahora.

SEGUNDO. EL PELIGRO DE LA LIVIANDAD ESPIRITUAL.
Esta actitud es cada vez más evidente y tal vez el contagio sea más grave de lo que observamos externamente. Es como un cáncer moral y espiritual, que está comiendo por dentro a los actores sociales del país, a los líderes religiosos y a diversas congregaciones cristianas. Una de esas terribles evidencias de pecados ocultos en un sector religioso es el pecado de la Pedofilia, escondido y disimulado por años y años y que ahora sale vergonzosamente a la luz. ¡Cuántas vidas castradas en lo emocional, físico y espiritual hay hoy en todo el mundo! Nadie puede escapar a los justos juicios de Dios si descuida, minimiza o tergiversa la SANTA PALABRA DE DIOS. Nos han dicho en los últimos días que este pecado está asociado directamente con la homosexualidad, la cual Dios, de plano, rechaza en la Biblia. Sin embargo hay líderes e iglesias evangélicas que defienden estas prácticas. Señalo también la necesidad de reconocer la dignidad de la Biblia, para hacernos entender que no debemos ni podemos seguir convirtiendo las reuniones públicas de testimonio y alabanza a Dios en los templos y en los congresos evangélicos, en festivales de ruido, frivolidades mundanas sin contenido ni apoyo bíblico. ….¡esto me duele mucho y entristece sobremanera! Pienso que Jesús derrama lágrimas sentado en su Trono en los cielos, viendo estos atropellos y liviandad. Incluyo también esta liviandad en las celebraciones de cumpleaños y casamientos y otras fiestas de familias cristianas donde no se tienen en cuenta para nada los valores y principios cristianos. Vivir con liviandad la vida cristiana, ser superficiales, característica de nuestra época post-cristiana, es arriesgarse a vivir en condenación por toda la eternidad. El Señor dirá a muchos: “NO OS CONOZCO, APARTAOS DE MI HACEDORES DE MALDAD AL CASTIGO ETERNO”. Me restan tres peligros más, que los reservo mencionar en el HERALDO de la semana entrante. Solo seremos librados de estos peligros y amenazas internas y externas, teniendo un definido y constante compromiso con LA VERDAD BÍBLICA DE DIOS y nuestra incondicional obediencia a SUS VALORES Y PRINCIPIOS.  Respetuosamente con Amor y Verdad.

Lemuel J. Larrosa. Pastor en la PIEBU – Montevideo
Tomado de “El Heraldo”

Iglesia En Marcha.Net

17 Abr '10

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