¿CÓMO VIVIREMOS?


¿Cómo viviremos los cristianos en una generación caótica como la nuestra, sumida en tinieblas? San Mateo 5:13 – 16 à  Vosotros sois la sal de la tierra. Lo normal del cristiano es ser sal y luz. Jesús dice: ustedes son la sal de la tierra, son la luz del mundo. No dice: es posible que lleguen a serlo, si se esfuerzan. La afirmación de Jesús es concluyente e ineludible. “Sois la sal”, “sois la luz”. No es opcional.
Las bienaventuranzas describen el carácter personal de los cristianos. En las primeras 12 frases del sermón del monte Jesús dice: ustedes tienen que ser esta clase de personas, tienen que tener este carácter, esta sensibilidad espiritual y esta clase de conducta con quienes les rodean. Pero las siguientes 2 comparaciones que Jesús hace de esos bienaventurados, no describen el carácter sino que describen la misión, la tarea de los cristianos.  La influencia de la luz y de la sal está a la vista y la conocemos todos. ¿Cómo sería la vida sin sal? ¿Se imagina usted vivir sin luz? La diferencia entre la oscuridad y la luz es notoria. El mundo sin sal se descompone. El mundo sin Dios entra en estado de putrefacción. El mundo sin luz se hunde en las tinieblas. Jesús está diciendo que los cristianos, sus discípulos, están en el mundo oscuro y putrefacto para detener esa putrefacción y oponerse a las tinieblas imperantes.
Cuando el mundo sin Dios se mezcla con la luz y se mezcla con la sal, todo se echa a perder. Por eso, Jesús dice que si la sal se desvanece, no sirve más para nada, sino para ser echada afuera y ser hollada por los hombres. El mundo en estado de descomposición moral y espiritual lucha por contaminar la luz y la sal que son los cristianos. Como dice Jesús en su oración en el evangelio de San Juan capítulo 17, estamos en el mundo pero no pertenecemos al estado de cosas que imperan en el mundo sin sal y sin luz. Este factor me parece muy importante para que cumplamos la misión que Jesús nos ha dado: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Por eso es que el mundo sin Dios ha intentado y lo seguirá haciendo, deshacerse de la conciencia cristiana, y en muchos momentos de la historia del cristianismo le quitaron la vida a quienes eran sal y luz en su tiempo. Hasta hubo un momento en la historia en que parecía que no había quedado ningún cristiano. Fue una época oscura de la historia. Pero luego, lentamente por aquí y por allá, comenzaron a surgir nuevamente (valdenses, cuáqueros, reformistas del siglo XVI y diversos grupos cristianos comprometidos) y las luces se comenzaron a encender.
Damos gracias a Dios porque aún en esa época oscura, la sal y la luz fueron preservadas. Hasta que vuelva el Señor para arrebatar a la iglesia, siempre habrá una luz encendida. Aún Jesús, pensando en la condición final de la historia humana sobre esta tierra, hizo una pregunta reflexiva: Cuando venga otra vez el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? ¿Habrá alguien que conserve y guarde la doctrina de Dios? ¿Será usted uno de esos?

La Iglesia es el factor que impide que la corrupción alcance visos de maldad y profundidad de oscuridad espiritual que aún no conocemos. Cuando Cristo quite la Iglesia de este mundo y junto con la iglesia, también al Espíritu Santo de Dios, la maldad se va a desatar en toda su dimensión, profundidad y sin limitaciones. Entonces no habrá más dique de contención. Damos gracias a Dios porque no vamos a estar. No pasaremos por ese período. Si a usted le toca estar es porque no fue arrebatado con la iglesia. Si se queda, vuélvase a Dios. Si viene un domingo y está cerrado, o no hay nadie en los bancos, sepa que estaremos en la presencia de Dios. La unidad y la preservación de la familia y de la Iglesia no es solamente cosa nuestra. Sí las cuidamos y colaboramos para mejorarlas, pero la Familia y la Iglesia son instituciones creadas por Dios para ser sal y luz en esta tierra. No es nuestra luz, es la de Dios.

Es la luz de Dios y el sabor de Dios en la tierra. Es la presencia de Dios en la vida de personas que han sido bienaventuradas, y que en medio de sus luchas y en la formación de su carácter cristiano, cumplen el rol de Dios en la tierra. No hay otras instituciones que cumplan este rol, sólo la Familia y la Iglesia. Cuando estas dos instituciones comienzan, -y han comenzado ya hace años- a estar opacadas, divididas, rotas en muchos casos, entonces se prepara ya la época en que llegará el Anticristo para gobernar como él quiera. Tanto la Familia como la Iglesia, están en una fase crítica. Pero ambas instituciones son de Dios. Y Dios busca familias fieles, iglesias fieles, cristianos fieles y comprometidos que mantengan su sabor y que impidan más corrupción y  que en ese proceso, muchos más puedan ser trasladados (como dice Pablo a los Colosenses) de las tinieblas a la luz. Significa que usted y yo, nuestras familias y la iglesia estamos en este mundo para una misión definida e ineludible que ningún otro podrá cumplir.  Hay personas, instituciones, familias  e iglesias que se dicen ser evangélicas,  que se mezclan con otros roles en la sociedad. Y las iglesias y las personas pierden su identidad espiritual cuando se mezclan con lo que no es su misión y su función. Desde esta perspectiva, si la familia y la iglesia son luz y sal, cumplen la voluntad de Dios no mezclando una cosa con la otra para no perder su identidad, misión y objetivos. Es muy significativa la oración de Jesús en Juan 17. La preocupación de Jesús en esa oración es: “Padre, que no se olviden que están en el mundo pero que no son del mundo”.  Y cuando Jesús dice guárdalos del mal, no habla de la maldad humana en sí, sino del mal de la contaminación. El mal de perder el sabor, la capacidad de alumbrar moral y éticamente, tanto en la familia como en la iglesia. La influencia de los cristianos entonces es mantener inalterables estas dos cualidades que Dios nos ha dado a través de Cristo: ser luz del mundo y ser sal de la tierra.  ¿Cómo es usted sal y luz en su familia, en el barrio, en la ciudad, en el país? En el trabajo, en su centro de estudios, ¿es usted sal y luz? ¿Está deteniendo la corrupción? ¿Está disipando las tinieblas? Aunque usted sea la única persona con convicciones cristianas en su familia, los demás llegarán también a ser cristianos con el tiempo, porque nunca las tinieblas pueden más que la luz.

La luz siempre disipa las tinieblas. La sal siempre cambia el sabor y detiene la corrupción. ¿Está ocurriendo esto en y con su vida? Todo lo que decimos, hacemos y somos debería estar impregnado de esta filosofía de vida del cristiano: ser sal y luz de la tierra. La gloria de la iglesia es ser claramente diferente a la sociedad, la que, en su oscuridad y descomposición, niega aún la providencia de Dios sobre esta tierra. Nosotros, los cristianos evangélicos, decimos que todo lo que ocurre en la historia humana depende de Dios, que nada ocurre por casualidad. Creemos en la causalidad. Dios tiene un plan, y ese plan está en sus manos. Dios provee para que su plan se cumpla. Provee de buenas familias cristianas, provee de buenas iglesias cristianas. Todo lo que ocurra en cualquier esfera de la vida, aún en el mundo sin Dios, obedece al plan de Dios. Si los cristianos no nos diferenciamos de los no cristianos, para qué somos cristianos. ¿Qué sentido tiene autodefinirse como cristiano, si estamos viviendo como personas no cristianas?

¿Cómo podemos ser los cristianos sal y luz en medio de una cultura que es de muerte? Matamos la conciencia. Los que viven sin Dios cauterizan su conciencia. Matamos la habilidad de trabajar. La gente piensa que es muy inteligente el que trabaja menos y gana más. Cree que el que se esfuerza y trabaja con más dedicación, es un tonto. La idea es tener dinero sin trabajar. Matamos la honradez y la lealtad cuando mentimos, cuando maldecimos, cuando somos infieles. Matamos la inocencia de los niños, esos niños de quienes Jesús dijo: dejadlos venir a mí, porque de los tales es el reino de los cielos. Hoy las ciudades están llenas de niños delincuentes. ¿Quién los ha formado? Matamos la inocencia de los niños a través de los medios de comunicación masiva. Matamos las buenas virtudes cristianas, haciendo culto al relativismo cristiano, donde se puede decir y hacer lo que se nos ocurra, y vivir como se nos ocurra sin importar lo que la Biblia diga. No nos extrañe entonces que matando todo esto vivamos en el estado en que estamos viviendo. No nos extrañe ver cómo lo ilegal se transforme en legal. No nos extrañe el estado de violencia e inseguridad que se vive no solo en nuestro país, sino en el mundo entero. Mirando todo esto, vemos que el mundo se ha convertido en un gran cementerio, donde se ha muerto la conciencia, la honradez, la integridad, la lealtad, el amor al trabajo y el respeto a la familia. Los jóvenes están sin rumbo, los ancianos sin esperanza. Jesús entonces vuelve sus ojos a su iglesia y a las familias cristianas y les dice:  Ustedes son la sal de la tierra, ustedes son la luz del mundo. Para eso somos cristianos. No solamente para estar en la iglesia, cantar y participar de sus ministerios. Estamos para alumbrar y para detener la corrupción hasta donde se nos permita. Para detener la descomposición de la familia y de la iglesia.

Quiero darle una tarea práctica a realizar. Haga una lista respondiendo esta pregunta: ¿Cómo puedo ser sal y luz en esta ciudad, en mi familia, en mi trabajo, en dónde estoy? Porque usted también es sal de la tierra y luz del mundo.
Oración: Señor, emocionalmente nos duele mucho ver la descomposición de este bello mundo. También te decimos con nuestros sentimientos, nuestro corazón y nuestros labios que nos sentimos impotentes para detener toda esta descomposición moral y social de la familia. No podemos nosotros hacer mucho. Por eso, al volvernos a tu palabra en la que tú nos recuerdas que somos luz y sal, esto nos pesa aún mucho más. ¡Vaya! ¡Qué misión y qué responsabilidad nos has dado Señor! Hoy en nuestra limitación e impotencia, impotencia que surge de nuestra humanidad, venimos a ti, Padre y Dios, Señor de lo creado, dueño absoluto del tiempo, la historia y de todo el universo, venimos a ti y te pedimos: ayúdanos, fortalécenos para que podamos seguir adelante siendo sal y luz, aunque duela. Señor, ayúdanos a mantener clara la luz y con sabor la sal cristiana. Señor, rogamos por nuestras familias. Sabemos, Señor, del dolor y la opresión que sobre las familias cristianas ejercen las tinieblas. Por eso, Señor, pedimos por cada una de las familias que confiesan que tú eres el Señor. Guarda a cada esposa, a cada esposo, a los hijos. Guárdalos Señor en esta hora crítica. Y Señor, sobre todas las cosas, llénanos con tu Espíritu Santo, Espíritu Santo que nos guía a la verdad, que nos guía a adorarte y servirte a ti, Espíritu Santo que nos indica qué hacer y no hacer.

Danos Señor sabiduría para entender tu santa palabra. Que esa sabiduría celestial que está contenida en la Biblia pueda llenar nuestra mente y corazón día tras día. Fortalece las familias. Dale sabiduría a quienes tienen niños pequeños que educar y enseñar en tus caminos. Qué tiempo difícil les ha tocado, oh Padre. Dales valor para enseñar los principios cristianos a sus hijos en un mundo que no los tiene. Señor, te rogamos por esos niños, de los cuales tú dijiste que de ellos es el reino de los cielos. Oh Señor, guárdalos, líbralos. Líbralos Señor de padres cristianos que olvidan de enseñar tus mandatos. Dales padres comprometidos con la fe. Padres y madres espirituales que te honren, para que ellos aprendan adecuadamente tus leyes y principios. Protege y guarda la iglesia Señor, esta congregación en la que estamos. Danos Señor el coraje de ser sal y luz siempre, hasta que tú nos lleves a tu presencia. Encomendados a ti, padre suficiente, padre proveedor, padre perdonador y de misericordia, encomendados a ti, Padre bueno, oramos y pedimos en el nombre que es sobre todo nombre, al cual sujetamos nuestro espíritu, alma y cuerpo. Oramos en el nombre de Jesús, Salvador y Señor. Amén.

Pr. Lemuel Larrosa

Tomado de “El Heraldo” de la PIEBU

Iglesia En Marcha.Net

15 Abr '10

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