HOMENAJE A SAMUEL LIBERT

10 Lecciones sobre liderazgo que aprendí a fuerza de golpes

Séptima lección: Las críticas deben hacer crecer al líder

Un buen líder no debe limitarse a aceptar las críticas. También tiene que investigar si las críticas son fundadas y cambiar lo que haya que cambiar.
No es extraño que algunas veces los líderes oigamos ciertas críticas asumiendo una actitud de tolerancia y benevolencia, para después echarlas en saco roto sin analizarlas seriamente. Por supuesto, no sería sano rasgarnos las vestiduras y mesarnos los cabellos si creemos que las críticas son injustas (tal vez no sean tan injustas).
Pero tampoco es sano actuar con indiferencia ante las críticas razonables. Es obvio que todo líder está expuesto a la crítica, porque cumple su ministerio ante la mirada de muchos. Pero no debe ignorar la opinión de sus críticos.
Jesús preguntaba: ¿Quién dice la gente que soy yo?» (Lc. 9:18). Había distintas respuestas en cuanto a su identidad. También había personas que lo admiraban y otras que lo rechazaban. A veces caemos en el error de citar al Quijote cuando dice: «¿Ladran, Sancho? Señal que cabalgamos».

Es mejor dejar a Cervantes y averiguar si las críticas pueden ayudar a mejorarnos y crecer.
Hay líderes que imaginan que cada crítica es un ataque. Es mejor reconocer que cada crítica es un desafío, un reto que nos impulsa a seguir perfeccionando nuestro ministerio. Yo agradezco a mis críticos. Unos corrigieron mis errores en el púlpito.
Otros señalaron mis defectos en el ministerio. Algunos me dieron nuevas ideas. Hubo cosas que me dolieron, y otras me hicieron sonreir. Pero todas las críticas son y siguen siendo útiles. Pienso que, en última instancia, las críticas son herramientas en las manos del Gran Alfarero.

Octava lección: Los líderes deben tomar decisiones difíciles, confiando en el Señor

Años atrás unos jóvenes me preguntaron si entre los instrumentos musicales que se usaban en el culto podían incluir una batería (un conjunto de instrumentos de percusión como los que tienen las bandas de rock, jazz y otros ritmos).
Como entonces el uso de las baterías no se había generalizado tuve algunas dudas. Pensé en las tradiciones de mis padres y otros antepasados.
Consideré también las antiguas costumbres de algunos diáconos y ancianos de la congregación que antaño habían llegado desde distintas regiones de España, Polonia y Holanda. Y contemplé, además, lo que di rían otras iglesias y otros líderes.
Durante unos días tuve la intención de contestar «no». Hubo una época en que el órgano, el piano y el armonio a pedal eran los únicos instrumentos musicales aceptados en los cultos. Me acordaba de los muchos hermanos mayores que se habían escandalizado por el uso de guitarras en las reuniones. Sin embargo, leyendo el salmo 150 y otros pasajes vi que la Biblia apoyaba el uso de toda clase de instrumentos en la alabanza. Entonces dije que «sí»
La historia no terminó allí. Pocas semanas después un anciano de la congregación enfermó gravemente.
Me llamó a su lecho de muerte y me dijo: «Mi última voluntad es que en la iglesia deje de usarse la batería. Que tal instrumento nunca vuelva a oírse en los cultos».

Por supuesto, no era el momento de iniciar una discusión. Leímos unas porciones de la Biblia, como el salmo 23 y otros pasajes de inspiración, y oramos. Pocas horas después, este querido anciano partió a la eternidad.
¡Pero varios hermanos se habían enterado de su última voluntad! ¿Qué hacer?
Se planteaba un conflicto entre la voluntad del anciano, la de los jóvenes y, por encima de todo, la de Dios. Como líder debía tomar una decisión en consulta con mi equipo, o tendría que llevar el asunto a la asamblea general de los creyentes miembros de la iglesia para que ellos resolvieran el problema después de un debate que podría causar dolorosos enfrentamientos.
Oramos mucho y pensamos: «Un día estaremos en el cielo con este amado anciano, y allí conversaremos sobre el tema. Mientras tanto, por ahora vamos a seguir usando la batería en los cultos y veremos qué pasa».
Nadie se opuso, y la iglesia fue grandemente bendecida. Muchos jóvenes fueron ganados para Cristo. Aquella batería se siguió usando con inteligencia, sin caer en el vicio del ruido ensordecedor.
Hemos aprendido que Dios quiere que los líderes se atrevan a tomar decisiones difíciles, confiando en Él. «Jehová dijo a Moisés: ¿Por que clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen» (Ex. 14:15).

Novena lección: El líder no debe tener un ministerio selectivo para agradar y satisfacer

En un hermoso país, que aquí prefiero no identificar, fui invitado a predicar en varias campañas de evangelización durante un mes en distintas ciudades, como lo hacía de vez en cuando en otros lugares.
En una de las cruzadas me acompañó todos los días un buen cantante cristiano. La noche de apertura, mientras él cantaba su primera canción, algunos muchachos se burlaron a gritos, le silbaron y le arrojaron colillas de cigarrillos y cáscaras o pieles de frutas.
Después todo prosiguió normalmente. El programa de la comisión organizadora indicaba que en el momento de la invitación el cantante debía entonar el himno «Tal como soy» u otro similar.

El pianista tocó el preludio dos o tres veces, pero el cantante se negó a cantar. Fue un momento difícil, aunque ello no impidió que hubiera decisiones. Al terminar la reunión conversé con él. Me dijo literalmente: «No quiero cantar para un público inculto». Le contesté: «Tú no debes cantar para el público.
Tú tienes que cantar para Dios. Además, entre ese público, como tú lo llamas, hay centenares de personas que necesitan entregarse a Cristo. Invítalas con tu canto a aceptar al Señor. No eres un artista que busca los aplausos de la gente. Eres un líder que conduce a las almas a los pies del Salvador». Pero mi exhortación fue inútil. Aquel cantante, joven aún, quería tener un ministerio selectivo, destinado a los que él deseaba halagar y satisfacer, que supieran apreciar su arte, su calidad interpretativa, y no a aquellos que él consideraba «público inculto».
Esto ocurrió hace mucho tiempo, pero entonces me hice una pregunta que sigo repitiendo: ¿No hay líderes de todo tipo, no sólo cantantes, que por su propia decisión se limitan a ministerios selectivos, buscando agradar a determinado tipo de personas al margen de las verdaderas necesidades de la gente sin Cristo y del pueblo de Dios? ¿no se parecen a los falsos profetas?… Durante la «reunión cumbre» de los reyes Acab, de Israel, y Josafat, de Judá, unos cuatrocientos profetas falsos se complacían en halagar a los distinguidos soberanos y sus acompañantes. Se trataba de un público selecto.
Había que decir y hacer cosas agradables. El líder del grupo, Sedequías, hijo de Quenaana, aseguraba que Jehová le había revelado que Acab y Josafat se apoderarían de la ciudad de Ramot de Galaad, que estaba bajo el control de Siria. Eso era lo que los reyes querían oír. Sin embargo, perdieron la guerra (1 Re 22 y 2 Cr. 18).

Décima lección: El líder no debe sacar ventaja propia de sus relaciones con políticos

En América Latina la inestabilidad política no es extraña. En su historia se notan con cierta frecuencia los cambios de gobierno por golpes de estado o movimientos revolucionarios.
La actividad de las guerrillas ya no sorprende a nadie. El problema para un líder cristiano es el riesgo de equivocar su estrategia. He predicado en casi todos los países de América Latina, con toda clase de gobiernos.

Años atrás, al terminar un programa de televisión en un país que no era el mío, recibí la llamada de un dictador latinoamericano. Me llamó di rectamente a la estación, un minuto después de haber finalizado mi plática, y me dijo: «Preséntese mañana a las 10 a.m. en el Palacio de Gobierno.
Identifíquese ante la guardia, y ellos lo llevarán a mi despacho. Quiero que conversemos personalmente». Como es lógico me presenté a la hora señalada y fui inmediatamente recibido por el Jefe de Estado. Se interesó en mi nacionalidad y origen étnico. Luego me preguntó: «¿Cree usted realmente en lo que dijo ayer por televisión?» Su inquietud era auténtica. Más adelante me dijo: «Comprenda usted que yo no puedo hacerme protestante. Tengo compromisos».
Hablamos durante unos quince minutos. Me dijo que a lo largo de su gobierno había sido visitado por religiosos de distintas iglesias: «Me regalan Biblias, rezan y se van. Creo que algunos, no todos, utilizan estas entrevistas para hacerse propaganda».
Me pareció que el dictador podía estar equivocado. Los líderes deben ser prudentes. Al despedi rnos confesó que le interesaría mantener una buena relación con Dios. Ese había sido el tema de nuestra conversación.
El rey Agripa dijo a Pablo: «Por poco me persuades a ser cristiano» (Hch. 26:28). Pero antes Pablo le había dicho que él había sido enviado por Jesús a abrir los ojos de los gentiles «para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios» (v. 18). El apóstol no intentó utilizar la entrevista con el rey Agripa en beneficio propio. Es otra lección importante.

Samuel Libert
Enviado por ABA

2 Dic '09

Hay 1 Comentario.

  1. omar
    2:50 pm Octubre 20, 2010

    Queridos hermanos: El Pastor Samuel LIbert, fué de mucha inspiración en sus visitas a Chile, un
    mensajero poderoso de la Palabra de Dios, un hombre bueno y un cristiano de excelencia,sus mensajes siempre actuales que leo y medito , me ayudan y fortalecen.muchas gracias

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