CELEBRAR NAVIDAD COMO UN DESAFÍO


Mateo 1: 18-23
El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.  José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.  Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.  Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel,  que traducido es: Dios con nosotros.

Los resultados de lo ocurrido en la navidad de hace 2009 años, tienen hoy una vigencia maravillosa y constituyen la mejor noticia que toda persona pueda recibir y experimentar.

Puede afirmarse con certeza que la navidad es una realidad desafiante,  que cuestiona las conductas humanas individuales y sociales y a la vez ofrece una alternativa de vida recuperadora,  salvadora,  y ampliamente superadora del estilo de vida que vivimos.

Me permito enlistar algunos de los hechos conmovedores y esperanzadores que la navidad pone en evidencia:

– La navidad pone en evidencia el amor incondicional de Dios por las personas,  aun
cuando éstas no ofrezcan su lado más feliz.  Es éste un amor de dación y que no depende de la devolución del amado.  Es un amor inteligente y que nace en la disposición del que ama.

Es claro que este amor de Dios cuestiona al amor interesado, apenas instintivo o puramente amor a uno mismo en el otro tan común entre nosotros.

La navidad evidencia un amor más humano, más profundo y rico, más estable, y que imita al gran amor de Dios.

– La navidad pone en evidencia la irrenunciable decisión de Jesús de cumplir con la
misión encomendada por su propio Padre,  aunque esto signifique nacer para ofrecer la vida.

Es evidente que la actitud que Jesús demuestra al encarnarse, para cumplir luego la misión encomendada,  cuestiona en profundidad toda forma de ejercer nuestra misión humana y social que sea sin compromiso, por ejemplo, la forma deshonrosa y negligente con que algunos funcionarios ejercen (o no) la tarea solicitada,  y  cuestiona,  además el incumplimiento de los propios juramentos profesionales de todo tipo,  o cualquier negación de la honradez en el trabajo que realizamos.

Pero con su manera de cumplir la misión Jesús no cuestiona como quien critica desde afuera,  Jesús cuestiona ofreciendo un claro ejemplo de la forma en que la misión debe cumplirse.

– La navidad demuestra la sorprendente cercanía entre Dios y su criatura,
sorprendente porque no supone que Dios deje de ser Dios,  ni implica la divinización del ser humano.

Su cercanía cuestiona toda visión de Dios que no combine la trascendencia y la inmanencia.   Dios es quien está más allá del ser humano,  El no puede ser contenido y no puede ser limitado a uno mismo,  pero a la vez Dios está tan cercano que podemos intimar con El de una manera personal y confiada.

– La navidad resalta la evaluación que Jesús hace de la condición humana.

Su evaluación de la condición humana es severa,  es para remediar esa situación que Jesús se encarna.  Esta evaluación implicada en su misión,  es una evaluación sin vueltas,  sin eufemismos,  visión que no ahorra calificativos para mostrar a qué punto tan bajo cae el ser humano.  Pero lo extraordinario es que Jesús no es pesimista,  no es fatalista,   su evaluación de la situación humana es dura pero es a la vez tan recuperadora,  tan esperanzadora y tan abrazadora de la condición humana que ofrece el realismo de la esperanza.

– La navidad muestra un poder paradojal  La navidad muestra el poder de aquel que siendo Dios no dudó en tomar,  simultáneamente,  la forma de un humano.

Lo paradojal  es que el mayor poder que podamos concebir, el poder de Dios,  es el poder del que viene a servir y no a ser servido.  Pero este poder es también paradojal cuando se lo compara con tanto alarde de fuerza,  de prepotencia,  de falta de aceptación de límites que mostramos los humanos.

– La navidad pone en evidencia el valor de la familia como base de formación humana,  el valor está dado en que Jesús mismo nace en una familia,  común,  igual a todas,  que lo educa, y lo acompaña en las instancias fundantes de la persona humana.

Es,  por lo tanto,  la navidad una notable valoración de la primera institución creada por Dios mismo,  y una afirmación de su valor formador: la familia.

– La navidad evidencia las posibilidades que el ser humano tiene,   especialmente la posibilidad de ser canal de la poderosa acción divina.

Que Dios se haga hombre es una forma extraordinaria de mostrar el valor del ser humano.

En resumen:

El amor de Dios es la protección más importante que puede tener un ser humano.  Es una fuerza increíble a favor de cada uno.

La misión de Cristo es realmente inspiradora porque indica que no hay barrera que se interponga contra su proyecto redentor,  y es una fuerza inspiradora y desafiadora.

La cercanía de Dios es la cuota sanadora que necesitamos.

La forma en que Jesús cumple su misión es inspiradora para nuestro compromiso con la misión que tenemos como seres humanos.

La forma en que Jesús despliega su poder es desafiante y muestra otra forma de su uso.

Las acciones de Jesús muestran que el ser humano puede ser un vehículo extraordinario del poder de Dios y qué la familia ocupa un lugar destacado en su formación.

Por todo lo expuesto, reconocer en la  navidad a Dios encarnado y aceptar su propuesta de salvación es la respuesta más efectiva que podamos ofrecer a nuestra vida y a nuestra sociedad.

Recibir a la navidad en su radical propuesta es volver a confiar en un proyecto humano saludable,  aceptar la navidad con sus consecuencias es afirmar lo mejor de la naturaleza de los hombres y las mujeres,   es confirmar lo fecundo en las relaciones interpersonales,  es fomentar los valores más nutritivos del comportamiento de las personas,  es generar comunidades nutritivas,   con capacidad de resolución de sus pleitos,  es reafirmar el valor de trabajar en paz,   con justicia,  con compasión,  con niveles crecientes de confianza.

Pensar en serio,  y responder con integridad a la invitación de navidad es estar abiertos al mejor regalo de Dios,  pero también es el mejor regalo que nos podemos hacer a nosotros mismos y a los que nos rodean.

Lo dicho puede parecer ingenuo.  Alguien podría preguntar,  ¿acaso no ve la realidad en la cual estamos inmersos?

Ignoro si las situaciones que seguidamente detallaré son mayores o menores que en épocas anteriores,  pero sí sé que es increíble que no las podamos desterrar de nuestras prácticas personales y sociales.

Es increíble que no podamos controlar la ambición de poder a toda costa,  no sólo el poder necesario para el cumplimiento de una misión,  sino la del poder como fuerza de control,  o la ambición del poder en sí mismo.

Es igualmente penoso observar los niveles de corrupción que muestra nuestra patria,  incluso corrupción combinada con otras miserias humanas tales como lucrar con medicamentos de enfermos terminales.

Es triste que la inseguridad sea una realidad a tener en cuenta en las relaciones sociales,  con todo lo negativo que es eso para profundizar los vínculos interpersonales.

Sorprende dolorosamente que los niveles de pornografía ya no escandalicen y que en cambio sean alcanzables por niños/as.

Produce pena la actitud dual de la sociedad frente a las adicciones que las combate por un lado y las difunde por otro.

Genera desaliento la carencia de referentes sólidos y de la más mínima ejemplaridad en las cosas que decimos ser tan valiosas: la justicia,  la verdad,  el respeto al otro.

Es igualmente increíble la inversión de gran talento y creatividad para objetivos destructivos o egoístas o muy mínimos,  lo que no alienta a la inversión de calidad humana en cosas que a su vez fomenten más plenitud humana.

Es una inmoralidad la pobreza que afecta a familias y niños,  es un verdadero escándalo.   Da no sólo tristeza sino vergüenza que sea acallada por insensibilidad o por otros intereses mezquinos.

Y qué decir de la apatía frente a semejantes desastres.  La pérdida de vergüenza por tales actuaciones.   La actitud acomodaticia frente a tales fenómenos,  o la insensibilidad que hace que ya no nos sorprendamos,  que nos parezca normal,  que no promueva nuestra mejor capacidad para revertir,  y que nos haga máquinas de hacer siempre lo mismo sin capacidad de revertir.

Soy consciente de que muchos de ustedes, o la totalidad de ustedes no está dentro de las situaciones antes descriptas.

Pero la mención de todos estos hechos no persigue el fin de crearnos culpa,  lo cual sería otra manera de centralizarnos nosotros sin que esto signifique nada positivo.

Tampoco esta mínima lista tiene una intención de política partidista.  Evidentemente no tiene que ver con un partido político en particular.

La referencia a problemas tan serios, persigue la intención de fomentar la gran capacidad humana de la responsabilidad y la de estimular la virtud de la creatividad y la de iluminar las mejores potencialidades humanas.

Como pueden observar todavía creemos que navidad es un sí a los humanos,  a sus posibilidades de redención,  a su necesidad del perdón de pecados con el fin de traer la paz,  la justicia,  la libertad,  el amor,  la mejor manera de relacionamiento,   la potenciación de la humanidad,  etc.

Si se mencionan tales elementos absolutamente destructivos de nuestra mejor forma de vivir como humanos,  es para decir que la propuesta navideña no es sólo un deseo,  sino una fuerza capaz de revertir la realidad.

La navidad implica una manera de mirar realista y por eso esperanzadora. Incluye la visualización del recurso y el señalamiento de la realidad que se desea enriquecer.

La navidad no es el ser humano sacado del mundo,  sino Dios viniendo al mundo para estar con nosotros y para salvar al pueblo de sus pecados, tal el sentido de los nombres que María y José debían poner al niño,   Emanuel y Jesús.

Pero navidad no es el final de la historia sino el comienzo y su futuro está abierto a continua superación.

Cuando se anuncia navidad no se dice que terminará con ella toda perversión,  lo que se anuncia es que la posibilidad de Dios se ha acercado,  para que la luz que viene al mundo sea aceptada.

Dios no impone la navidad,  la ofrece.

Está en mí,  está en usted,  está en nosotros ser libres para dar un sí rotundo a Dios.   También está en nosotros seguir siendo más de lo mismo,   pero conservo la esperanza de algo nuevo,  deseo la alegría de un sí a Dios,  de un sí a su propuesta de vida.

Es esta expectativa lo que me lleva a decir, feliz navidad 2009.

Dr. Tomás Mackey
Es pastor de la Iglesia Evangélica Bautista de Once y del Centro Cristiano Bautista Recoleta, en BsAs…
Es Coordinador de la Fraternidad de Pastores de ABA

Enviado por ABA
11 Dic '09

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