CREU – La Comunidad Cristiana en un tiempo de decisiones para nuestro país

La realidad social es una sola y la necesidad de encarar numerosos aspectos de la misma que consideramos atentatorios contra la dignidad del ser humano, debe ser considerada siempre a partir de su unicidad. La distinción de áreas específicas en la realidad social, tiene la finalidad de facilitar su consideración particularizada y de articular mejor la especificidad de las respuestas. No obstante, siempre la referencia es a personas y grupos humanos concretos que sufren una realidad no humanizante.

Al mismo tiempo, esa problemática no es solamente de las personas que la padecen, sino que es del conjunto de la sociedad uruguaya, ya que esas situaciones necesariamente afectan al conjunto social. Es a partir de nuestra vivencia y compromiso con las personas, creación de Dios, que queremos compartir estas puntuaciones.

A los efectos de esta propuesta, hemos destacado tres áreas que consideramos las principales a encarar debido a su urgencia y gravedad: la “pobreza-marginación”, la “exclusión” y la “violencia”. Se trata de aspectos de la sociedad uruguaya que necesitan de respuestas profundas, urgentes y de largo plazo. Además del sufrimiento de las personas concretas, derivado de estas realidades, el conjunto de la sociedad está alcanzando niveles de fractura que si no son atendidos de inmediato y con seriedad, corren el riesgo de volverse irreversibles.

POBREZA Y MARGINACIÓN

* Es una realidad que tenemos alrededor, al alcance de la vista y nos golpea cada día. En la rutina tendemos, quizás, a considerarlo algo normal, pero se trata de una realidad alienante e indigna.

* No es nuestra intención espiritualizar el problema, hablando de la pobreza del alma. Queremos hablar ahora de la pobreza material: del hambre, del frío, la falta de techo, las necesidades básicas insatisfechas, los anhelos frustrados por la carencia de un elemento básico, central y clave: el dinero.

* En nuestro contexto aparece una estratificación social, que instaura una grosera diferencia entre la clase alta que detenta poder, prestigio y bienes materiales; una clase media que ansía ascender y que lucha por no caer; y una clase pobre sujeta al sufrimiento que se desprende de su propia condición y condenada a padecer necesidades en todos los aspectos esenciales de la vida.

* Pobreza y marginación son dos aspectos de una misma realidad que, si bien pueden distinguirse, no obstante están íntimamente relacionados. De hecho, la pobreza, sin oportunidades sociales y sin horizontes personales de superación, conduce a la marginación.

* Se destaca la importancia de la educación más amplia e inclusiva, superando los límites del sistema educativo formal, que atienda también a los aspectos personales que, con los factores sociales concurrentes, influyen en los procesos de marginación.

* En ese contexto, se visualiza especialmente la necesidad de una educación que apoye la construcción ética de las personas (en valores, derechos humanos, etc.) de modo real y práctico, superando los aspectos puramente formales o meramente declarativos de los programas.

* La superación de la realidad humanamente indigna de la pobreza y la marginación, exige transformaciones sociales tendientes a disminuir seriamente la brecha de posibilidades económicas, que profundiza cada vez más la estratificación de nuestra sociedad. Asimismo, son imprescindibles acciones que involucren directamente a las personas y los grupos sociales marginados, que impliquen la promoción de su dignidad y sus posibilidades económicas para no caer en formas asistencialistas.

EXCLUSION

*En menos de un siglo nuestra sociedad ha tenido cambios fundamentales en la formas de convivencia, trabajo, producción, familia, necesidades y tiempos. Formas que eran de suma importancia en nuestra adolescencia ya no lo son o han sido sustituidas por otras en la adolescencia de nuestros hijos. Se constata una gran transformación en el mundo del trabajo, hay una menor presencia familiar, las necesidades son determinadas por el mercado: ser es tener y el que no entra termina siendo excluido.

* Los tugurios ocupan el espacio que antes eran barrios obreros. Hay una localización espacial de clases sociales, marcando un distanciamiento físico. No es el círculo de exclusión clásico de la periferia de la ciudad. Son enclaves que se dan próximos a oportunidades económicas o de trabajo (ciudad vieja, noroeste, oeste). Hay una migración interna en Montevideo hacia esas zonas, como también una expulsión hacia los departamentos de Canelones y en menor medida San José.

* Residir en esos enclaves se vuelve un elemento descalificador para aquellos que están en la búsqueda de empleo. De igual modo hay una relación entre los que tienen la posibilidad de acceder a la educación/formación y el acceso al trabajo. Ello afecta en gran modo según uno sea calificado o no calificado.

* A pesar que el índice de pobreza ha sido estable, ha habido un aumento en la criminalidad en estos años, que está vinculada a la situación de exclusión social, donde la persona queda al margen de medios legales de vivencia. La dificultad de poder satisfacer aspiraciones de consumo por vías legítimas es resuelta por vías reñidas con la convivencia comunitaria. El vecindario reemplaza a la familia en la formación de cultura y de espacio de contención.

* Cuando, por ejemplo en Montevideo, se habla de: al norte de Av. Italia o al sur de Av. Italia, se está hablando de una partición social cada vez más evidente, con sus códigos y su cultura. Dos ciudades paralelas. Una con escasos servicios y sin derechos ciudadanos, la otra no. Hay un país que no existe, para el cual no se planifica. Son dos países/ciudades sin vínculo entre ellas, sin intención de integración. Situaciones similares se constatan en múltiples localidades del interior. Las condiciones indican que se está en una situación límite a punto de volverse ingobernable, como ha ocurrido en otros países latinoamericanos.

* El Estado es visualizado por los ciudadanos que cuentan con servicios y derechos, en el rol de contener -disuadir, pero no en el rol de reintegrar – resolver.

VIOLENCIA

*Al referirnos a la violencia como problemática creciente en nuestra sociedad, lo hacemos en una perspectiva que trasciende los emergentes individuales o colectivos que se dan en forma aleatoria y asume un nivel de estructura socio-cultural. En ese sentido apuntamos a una problemática que trasciende la comúnmente llamada “seguridad ciudadana”, aunque la incluye como una de sus manifestaciones más visibles.

* Nos preocupa analizar en profundidad la cuestión, para poder atacar las causas y no solamente los fenómenos cruentos, porque atacando la sintomatología del problema nunca vamos a poder resolverlo verdaderamente. Entendemos que la violencia es, en último término, un modo de resolver los conflictos de modo impositivo. Esta realidad abarca a toda la sociedad, de todos los estratos sociales y de todas las personas. Si bien existen grandes diferencias en el modo en que cada persona y grupo maneja la cuestión de la violencia y eso no es menor, no obstante todos participamos de ella. Los medios de comunicación y el cine aportan su cuota innecesaria de promoción de la violencia.

* El modo impositivo de encarar los conflictos personales y sociales está en todos los ámbitos. Por ello, los afloramientos de violencia verbal, física, ocurren en todos los ámbitos: violencia doméstica (incluso entre adolescentes y padres), urbana (tráfico, via pública), grupal (hinchadas, barras bravas) y aun en centros educativos. El consumo de alcohol y otras drogas estimula la violencia a límites irreparables. Permea en nuestra realidad una concepción de que la sociedad inevitablemente se desliza a ser una selva y que toda relación es de competencia. Así, parecería que o uno se impone a los otros o los demás terminarán imponiéndose sobre uno.

* La identidad de los grupos sociales se define más por la oposición que por la construcción colectiva. Aunque es más nítido en la juventud, no obstante nos está alcanzando a todos. La agresividad nace en gran medida de la impotencia. La falta de formación adecuada para afirmarse en su identidad, así como la falta de caminos claros para buscar los propios objetivos, generan la sensación de impotencia que fácilmente conducen a la violencia.

* Si bien la violencia atraviesa a la sociedad uruguaya toda, hay sectores en los que se proyecta como si fuesen los responsables de que suceda. Así se da una estigmatización social especialmente de los jóvenes y los pobres, generándose una prevención sistemática contra ellos.

Consejo de Iglesias Cristianas del Uruguay – C.I.C.U.

Consejo de Representatividad Evangélica del Uruguay C.R.E.U.

Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay – F.I.E.U.
24 Sep '09

Hay 2 Comentarios.

  1. Ester
    8:22 pm septiembre 25, 2009

    Puedo decir como señora , profesional y ciudadana cristiana que comparto lo planteado. Celebro ésta declaración de varios grupos o asociaciones. Sería interesante publicitar y socializar mucho más ésta declaración.Buen material para un Foro o Taller de discusión
    Asimismo sería pertinente saber como se piensan articular éstos planteos teóricos con la práctica concreta en Proyectos viables. Sin lugar a dudas Proyectos ambiciosos. No obstante es bueno dar a conocer lo que ya se viene haciendo en distintas áreas.

  2. Ester
    8:25 pm septiembre 25, 2009

    Es un muy buen análisis que denota investigación . Se ha utilizado un lenguaje científico y acorde .
    Es un material de nivel y muy claro. Merece tener mayor difusión.

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