SALUD – De Interés


Adiós a la copita de vino diaria, a las chuletitas y a la charcutería sin límites, según se desprende de un estudio publicado este martes por el Instituto Nacional francés del Cáncer (INCA) sobre el impacto de la nutrición en la aparición de esta enfermedad. La investigación, destinada a los profesionales de la sanidad, es una síntesis de los trabajos internacionales más recientes sobre la relación entre lo que comemos y bebemos y las posibilidades de sufrir un cáncer. Y el alcohol es el primero en sentarse en el banquillo de los acusados.
Así lo corrobora Didier Houssin, el director de la Sanidad francesa, quien arguye que en la relación alcohol-cáncer no hay «dosis protectora». Con sus efectos invisibles, «las pequeñas dosis reiteradas son las más nocivas», subraya el presidente del INCA, Dominique Maraninchi. «Se desaconseja todo consumo diario de vino», reitera también Paule Martel, directora de investigación del Instituto de Investigación Agrónoma (INRA).
Según el informe, «el consumo de bebidas alcohólicas está asociado a un aumento en el riesgo de sufrir cáncer de boca, faringe, laringe, esófago, colon y recto, seno e hígado». El riesgo aumenta en un 9%, en el caso del cáncer de colon y recto, si se toma una copa al día. Y ese riesgo llega incluso a un 168% para los cánceres de boca, faringe y laringe.
Ello se debe, sobre todo, a la transformación del etanol en acetaldehido; además, el etanol aumenta la permeabilidad de la mucosa a los elementos cancerígenos como el tabaco. Además, el consumo crónico de alcohol produce una deficiencia de ácido fólico, algo que favorece el cáncer colorectal. En Francia, el consumo de alcohol es, por detrás del tabaco, la segunda causa evitable de muerte por cáncer (10,8% de los fallecidos por patologías cancerígenas entre hombres y 4,5% entre mujeres).
El consumo de carne roja y charcutería puede producir cáncer de colon y recto. Pero tampoco hay que ser alarmistas: el umbral para que esos productos empiecen a ser peligrosos es 500 gramos de carne roja por semana. La sal, cuyo consumo disminuye desde hace diez años, parece estar relacionada con el cáncer de estómago. Los complementos alimentarios a base de betacaroteno aumentan significativamente el riesgo de cáncer de pulmón en los fumadores.
Sin embargo, el estudio recuerda que el cáncer es una patología multifactorial (alimentación, medio ambiente y genética, entre otros) y que no hay ningún alimento «milagroso» que proteja contra ella. La única prevención posible en este sentido es mantener una alimentación diversificada y equilibrada, asociada a la práctica de una actividad física.
No obstante, el informe recoge las excelencias de las frutas y las legumbres, ricas en antioxidantes y vitamina B9 (ácido fólico), que se asocian a una reducción del riesgo de padecer cáncer de boca, faringe, laringe, esófago, estómago y pulmón.
Su consumo diario se recomienda que sea de un mínimo de 400 gramos.
Por último, el texto recuerda que la leche materna limita el riesgo de cáncer de seno y recomienda que se dé de mamar durante seis meses. Además, la leche materna también es buena para el niño, pues reduce el riesgo de sobrepeso y, por tanto, de sufrir numerosos cánceres.

Fuente: La Voz de Galicia/ Iglesia En Marcha.Net
12 Abr '09

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