VIOLENCIA DOMÉSTICA

¿Qué entendemos por violencia domestica?

A lo largo de estos años se han dado numerosas definiciones mas o menos abarcativas del fenómeno social al que nos referimos. Adoptamos la definición elaborada por el  “Grupo Interdisciplinario sobre Violencia contra la mujer”, por entender que comprende la globalidad de la problemática.

Se considera Violencia Doméstica:

“TODA ACCION U OMISION COMETIDA EN EL SENO DE LA FAMILIA Y EN EL MARCO DE RELACIONES AFECTIVAS PASADAS O PRESENTES, QUE MENOSCABE LA INTEGRIDAD FISICA, PSIQUICA O CUALQUIER OTRO DERECHO INHERENTE A LA PERSONA HUMANA”.

(Violencia Domestica. Fundacion Cultura Universitaria. 1997)

Esta definición considera que estamos ante Violencia Domestica:

  1. Cuando se “hace” (acción) algo o “se deja de hacer” lo necesario (omisión), menoscabado con ello a otra persona.
  2. Si esta conducta se desarrolla en el marco de “relaciones afectivas”, sin limitarse al ámbito de la familia (legítima o natural). Muchas veces los hechos constitutivos de la Violencia Domestica escapan a lo que puede considerarse “el seno de la familia “(aunque se la entienda en sentido amplio), aconteciendo entre personas vinculadas por relaciones amorosas o afectivas, incluso pasadas (novios, ex novios, ex concubinos, etc.)
  3. Cuando se lesiona cualquiera de los derechos inherentes a la personalidad humana, por lo cual amplia el campo de aplicación al no limitarse a las “formas de abuso”.

CONCEPTOS GENERALES

La importancia del tema radica en que su generalización pone en cuestión las posibilidades  de crecimiento y desarrollo sociales, a la vez que lesiona profundamente la democracia y la paz.

No es un fenómeno reciente, sino que asistimos a su mayor visualización debido a la atención mundial que se presta – hace aproximadamente tres décadas – a los temas relacionados con la vida cotidiana, los que en definitiva hacen a una vida plena y democrática.

Estudios realizados en diferentes países, señalan la extensión de esta problemática. Así por ejemplo, una investigación efectuada en Santiago de Chile muestra que una de cada cuatro de las mujeres entrevistadas ha sido víctima de violencia física en su hogar por parte de su pareja y que una de cada tres lo fue de violencia sicológica  y/o privación de libertad ( Larrain, S.”Violencia puertas adentro”, 1994).

En un trabajo elaborado por el departamento de Medicina Legal  de la Facultad de Medicina de nuestro país, se indica que las estadísticas realizadas en Nueva Guinea reportan un 67% de mujeres agredidas en el medio rural y un 56% en el medio urbano, por parte de sus parejas. En Nicaragua, el 44% de los hombres admiten haber golpeado por lo menos una vez  a sus compañeras. En EE.UU. una mujer es golpeada cada 15 segundos y cada día mueren por lo menos, 4 mujeres dentro del hogar (Departamento de Justicia).

En Uruguay no contamos con datos oficiales que permitan conocer la magnitud de la violencia doméstica a nivel  nacional, aunque sí se pueden analizar indicadores aislados que permiten percibir que el país no escapa a la situación existente en otros. Así, la Socióloga Nea Filgueira en un estudio reciente sobre los datos de la crónica roja el año 1995 que arroja  39 muertas ese año (similares a las cifras  de 1994), afirma que en nuestro país  “…cada 9 días una mujer es asesinada por su pareja o ex pareja” y un “hombre” cada 90 días a manos de su pareja o hijos). Cifras que aún hoy se mantienen con similares características.

Ese promedio, sería cada menos días si, agregamos las “cifras ocultas” de la violencia doméstica, tales como muertes prematuras de mujeres a consecuencia de los malos tratos recibidos, los suicidios ocurridos por ese motivo y hasta algunos casos de “accidentes” mortales dentro del hogar (detectados por la investigación en otros países).

Ese problema adquiere así  las características de una epidemia y merece ser conceptualizado como tal, tratando de encontrar soluciones que lo prevengan, permitan proteger  a las mujeres y deslegitimen esa violencia (Grupo Interdisciplinario Sobre Violencia Contra la Mujer, “La Violencia Doméstica”, 1966).

No es que no existan datos oficiales, pero es su serenidad, consistencia y precisión lo que no brinda garantías. Ello deriva en dificultades a la hora  de extraer conclusiones generales porque  las cifras en sí constituyen un subregistro del problema. “NO solo porque conocemos la existencia de numerosos episodios de violencia anteriores al momento en que la mujer se decide a efectuar la denuncia, sino porque cuando lo hace, el hecho de que esta quede registrada como tal, dependerá en buena medida de  la apreciación que sobre la situación relatada haga el policía que la atiende.

¿Cuántas veces se la desestimula explicándole las consecuencias que le aparejará?

¿Cuántas veces se va convencida de que denunció y simplemente quedó registrada una constancia? Numerosos testimonios expresan: manipulación, arbitrariedad, minimización. Desinformación. Invisibilidad, etc. (Dufau, G. Elementos para un diagnóstico sobre la situación de los DDHH de las mujeres uruguayas, 1993).

En definitiva, una doble victimización por parte de los operadores.

RELACIONES DE PODER Y SUS ASPECTOS SOCIO – CULTURALES

La articulación de las relaciones de poder que están presentes en la vida cotidiana, genera diversos tipos de vínculos de jerarquía y dominación de unos miembros del grupo familiar sobre otros, que parecen naturales o asumen como tales en el ámbito privado.

Explicando este tema la Soc. Nea Filgueira dice: “las violencias específicas a que están expuestas las mujeres, constituyen tanto un problema sistemático como una cuestión política. Es una violencia sistema porque forma parte de las tramas de relaciones que caracterizan las estructuras políticas y sociales construidas hasta el presente.

Es un problema político porque ella pone en evidencia relaciones de poder que generan la vulnerabilidad y el desamparo de un conjunto definido de población (las mujeres), en materia de derechos fundamentales. Las relaciones que una vez imaginamos que eran privadas  o meramente sociales, están en los hechos imbuidas de poder, usualmente un poder desigual respaldado por la autoridad pública.

Esas violencias, por lo tanto, no pueden ser consideradas al margen de un análisis mas global de la posición de subordinación y las situaciones de discriminación que caracterizan a las mujeres, tanto en la sociedad, como el la legalidad establecida en cada contexto específico.

Especialmente en las sociedades occidentales, esas violencias se revelan como parte constitutiva de las estructuras sociales y las identidades históricamente construidas; ellas son una manifestación mas de la simetría e jerarquías entre hombres y mujeres, de la que se deriva una institucionalidad caracterizada por relaciones de subordinación/dominación entre ellos”.

Desde una perspectiva histórica se comprueba que todas las sociedades, tomaron en cuenta las diferencias sexuales (biológicas) en la estructuración e sus elaciones sociales.  Por ello se puede afirmar que las categorías de “hombre” y de “mujer” están elaboradas cultural y simbólicamente, independientemente del hecho natural que define la biología. Es necesario diferenciar el fenómeno biológico  del fenómeno social para entender que es a partir de este último que se construye la identidad de “género” de los individuos, lo cual implica identificarse con los valores y los atributos que se adjudican culturalmente – en cada contexto histórico/geográfico – a la masculinidad o la feminidad

Esa construcción de la sociedad en “géneros” valorizados en forma desigual, explica la violencia sistema o estructural que en ella se manifiesta contra las mujeres- – expresada en todas las dimensiones del quehacer social – que tiende a manifestarse en sus formas mas perversas en las relaciones interpersonales.

Por este motivo es que desde hace años el movimiento de mujeres – nacional e internacional – procura hacer visible y modificar la equívoca separación que se hace entre el mundo “público” y el mundo “privado”; y en consecuencia, la valoración respecto de los problemas de la vida cotidiana.

Aunque ubicados dentro el ámbito familiar, no son asuntos estrictamente privados, con respecto a los cuales mantenerse una actitud indiferente, en tanto inciden en la sociedad en su conjunto y en los derechos humanos de los involucrados.

MITOS PREJUICIOS Y ESTEREOTIPOS

¿Qué se entiende por cada una de estas expresiones?

MITO

Corresponde a una manifestación simbólica, que no puede ser razonada ni demostrada, donde se encuentran expresadas en forma encubierta, situaciones que no se pueden explicar ni explicitar. Esas características hacen que los mismos no puedan quebrarse con facilidad.

Ejemplos:

“A las mujeres que son maltratadas por sus parejas les debe gustar , de lo contrario no se quedarían”.

“El maltrato psicológico no es tan grave como la violencia física”

PREJUCIO

Son opiniones o conceptos que se tienen, con relación a circunstancias o personas, de diversos contenidos y que se refieren a presuntas peculiaridades, diferencias o características especiales. Son portadores de un mensaje negativo, desvalorizante, discriminatorio, etc.

Ejemplos:

“Los negros tienen olor”.

“Los judíos  son avaros”

“Las mujeres manejan mal”

ESTEREOTIPO

Es la actividad a su mínima expresión comprensible.

Ejemplos:

Imaginamos una enfermera con la túnica blanca, con la toca y suecos blancos; un abogado de traje y maletín etc.

Estas construcciones socio – culturales, que pernean todos los niveles e la sociedad y como vimos, se caracterizan por ser irracionales, racistas, discriminatorias, sexistas, negativas y reduccionistas de la realidad, resultan “cómodas” porque no exigen que justifiquemos la adhesión a ellas, son aceptadas sin cuestionamientos por la mayoría.

Cabe señalar que lograr su transformación es muy difícil. Al pretender cuestionar estas construcciones socio -culturales (con rigor científico o por discrepar) el otro comienza a sentirse interiormente inseguro en la posición que sustentaba y como medida defensiva se bloquea o adhiere más, lo que lleva a una mayor cristalización de la conceptualización errónea.

Se puede generar un círculo perverso si no se es conciente de la profundidad de la temática que se está manejando, lo que posee un alto contenido emotivo y hondas raíces sociales que “naturalizan” las posiciones que consideramos equivocadas.

A nivel mundial, existen especialistas que elaboran “mitos terapéuticos” (nuevos mitos pero con contenido de género, no discriminatorios, no racistas, no sexistas, etc.) para ser utilizados, como herramientas que permitan introducir a nivel social, nuevas conceptualizaciones que generen  las transformaciones buscadas.

PROBABLES CAUSAS DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICAS

La grave situación mencionada determinó que se efectuaran numerosos estudios de las últimas décadas, a nivel mundial, a fin de  investigar las probables causas de este fenómeno y sus posibles soluciones.

Mas adelante analizaremos algunos marcos teóricos que intentan o han intentado dar respuestas.

Algunos  opinan que se trata de una predisposición genética del se humano. Parece poco probable, puesto que si bien el índice de familias que sufren Violencia Doméstica es alto (aproximadamente 50%), no toda la población del país tiene este modelo de reracionamiento disfuncional.

Con una visión reduccionista, que apunta a un modelo psicológico – psiquiátrico, se intenta  explicar el fenómeno según las características intrapsíquicas  de los individuos involucrados. En el caso del agresor, se afirma que la conducta agresiva se debe a alteraciones mentales producto del uso de drogas, alcohol o por una patología mental, en el caso de la víctima  se aducen  alteraciones mentales (producto del uso de drogas, alcohol, o por una patología mental que la hacen propensa a exponerse a situaciones de maltrato y desvalorización, así como intentar explicarlo desde relaciones sado- masoquistas, etc.) Aceptar este planteamiento implica admitir que un porcentaje muy alto de la sociedad padecería de alteraciones mentales (tanto el agresor como la víctima). Además, puede señalarse a modo de ejemplo, que no todos los agresores son alcohólicos y/o drogadictos.

Algunos sostienen que la violencia doméstica es un “valor  cultural”  – un producto de la cultura con raíces profundas -, que caracteriza la relación entre los más fuertes y los más débiles desde tiempos inmemoriales. Si bien es un hecho que se observa históricamente, admitir esta posición como algo “natural e inmodificable” perpetuaría los modelos existentes de poder, dominación y control.

Por ello destacamos que los últimos estudios realizados, revelan que este problema social – de larga data – se origina en un comportamiento aprendido, que se trasmite de generación en generación a través de los canales habituales (familia, centros de enseñanza, medios recomunicación etc.) en forma de mitos, prejuicios y estereotipos  de contenido sexista.

Al proponer políticas de estado para el tratamiento del tema, entendemos que dejando de lado la causa denominada “predisposición genética”, es conveniente tener en cuenta – con una visión integradora-  aspectos de las distintas explicaciones causales planteadas.

A la luz de estas consideraciones, podemos decir que la Violencia Doméstica ejercida puede ser explicada por un conjunto de factores condicionantes socio – psico – educacionales, en ciertos  casos pueden manifestarse acompañados de los llamados factores precipitantes o desencadenantes (alcohol, drogas, estrés, problemas económicos, etc.), todo ello permeado por un patrón jerárquico de relaciones sociales de género.

MARCOS TEÓRICOS DE ANÁLISIS

Para poder analizar el fenómeno de la Violencia Doméstica desde el marco teórico al que adherimos (modelo ecológico o abarcativo  – Bronfrenbrener 1987 – como forma de entender y analizar  el desarrollo humano, el que es recogido y adaptado por Jorge Corsi y Graciela Ferreira (Ferreira 1992) modelo este que tiene como fundamental punto la comprensión del fenómeno desde lo individual, los sistemas y sus relaciones y variables. La complejidad de la Violencia Doméstica ha llevado a que , a o largo del tiempo, su estudio se encarara desde diferentes marcos de análisis, que sin duda han hecho aportes significativos para su comprensión. La experiencia del trabajo también ha demostrado que algunos de los enfoques que mencionaremos ha continuación han sido  desplazados por otros que explican el fenómeno de una manera mas concluyente.

A los efectos sería conveniente analizar estos modelos sucintamente a saber:

  • Modelo médico

Durante mucho tiempo la sicopatología fue el principal recurso explicativo utilizado, siendo concebido el agresor como una persona mentalmente trastornada. Actualmente la mayoría de los autores  señalan que si bien los agresores padecen efectivamente trastornos psicopatológicos, la proporción de enfermos mentales no es mayor que entre la población en general.

Pero por otra parte, los hombres que son violentos con sus parejas, no lo son necesariamente por ejemplo en sus trabajos, con sus amigos  o con otros miembros de la familia, lo que significa que su violencia es de carácter selectiva, si ese hombre tuviera una enfermedad mental su violencia se manifestaría en múltiples situaciones (Ramírez, 1999)

  • Consumo de alcohol y/o drogas

El fenómeno de la violencia doméstica era comprendido como una consecuencia del uso del alcohol u otras drogas.

Numerosos estudios han demostrado que el abuso mas que causar la violencia o generar  una predisposición para recurrir a ella contribuye a facilitarla en el momento, forma e intensidad con la que se manifiesta.

  • Teoría Psicoanalítica

Desde este marco teórico, conceptos tales como la pulsión de muerte, enunciado por Freíd, para designar la tendencia de los seres vivos a destruirse, en una primera instancia siendo la agresividad volcada hacia el sujeto; así como el análisis de Melaine Klein sobre los mecanismos de destrucción en recién nacidos, han contribuido a la formación del cuadro conceptual referente de la etiología del maltrato. Desde un marco sicoanalítico, el maltrato responde a procesos internos de identificaciones y proyecciones patológicas relativas al modo de funcionamiento psíquico del agresor, independientemente del objeto agredido.

Humbeek y Pourtois (1993), plantean que en gran parte de las investigaciones psicoanalíticas referentes l maltrato hacia el niño, por ejemplo, se advierte una doble identificación, por un lado de la joven madre hacia su madre y por otro de la joven madre hacia sí misma cuando niña. La idea de una identificación patológica pone de manifiesto el concepto de identificación proyectiva, mecanismo mediante el cual el padre o la madre abusivo/a atribuye al niño los defectos que reconoce en sí mismo.

A su vez, esta concepción de la identificación implica que cuando el padre o la madre se sienten incapaces de consolar a su niño, toman conciencia de sus propias necesidades insatisfechas y de su impotencia por satisfacerlas. Se reactivan situaciones vivenciadas cuando ellos eran niños y rápidamente se sienten invadidos  por la cólera.

Bolmary en Humbeek y Pourtois (1993) plantea que al resultarle al niño muy difícil procesar las ofensas vividas, tiende a sentirse culpable por creer ser merecedor de las mismas y tiende a cometer los mismos actos cuando es adulto, buscando desembarazarse de esa culpabilidad neurótica.

Es interesante constatar  que tanto padres maltratadotes como niños maltratados presentan rasgos comunes de personalidad: baja auto estima, ansiedad, inmadurez afectiva y culpabilidad, entre otros. Esta transmisión de características de personalidad contribuiría en l reproducción del maltrato y explicaría su carácter transgeneracional.

La perspectiva psicoanalítica busca comprender al maltrato a partir de las significaciones latentes o manifiestas que estas conductas han tenido para el sujeto en función de su pasado. En el caso del maltrato infantil, la atención está focalizada sobre el maltratador, por lo que la intervención se limita a modificar el funcionamiento psíquico del individuo maltratador o separar al niño de él.

  • Masoquismo

En ocasiones se afirmaba que la violencia era provocada por la victima, lo que rápidamente nos remite al concepto de masoquismo. Pero a su vez, si la mujer es quien la provoca, es entonces quien tiene la culpa, de lo contrario no la hubiera provocado.

Hipótesis que no resiste el más elemental análisis, lo que nos hace prescindir de ella inmediatamente.

  • Teoría Comportamental

La teoría Comportamental también aporta sus consideraciones sobre la temática.

En este marco, la violencia domestica es considerada como un comportamiento aprendido. Considero relevante analizar diferentes modelos de aprendizaje que aportan elementos de interés para el tema; el modelo clásico planteado por Skiner, el modelo vicario planteado por Bandura y la hipótesis de frustración-agresión planteada por Dollard (Humbeek y Pourtois 1993. )

El modelo clásico brinda una explicación mediante el esquema estimulo – respuesta

La conducta es el resultado de un estimulo que le genera, por lo que las diferentes formas de maltrato son respuestas a determinados estímulos que la desencadenaron.

Desde el modelo vicario, el proceso de aprendizaje se realiza mediante la observación de un modelo. Supone que quienes hayan sido victimas y/o testigos de violencia domestica tiene una mayor tendencia que otros a utilizar agresiones como método de resolución de los conflictos que se le presenten, imitando los modelos que observo.

La hipótesis frustración agresión supone que el comportamiento agresivo esta ligado a una frustración existente en forma previa. Dollard plantea la existencia de una frustración conduce a una forma de agresión.

  • Teoría familiar sistemática

Esta teoría comprende a la violencia familiar como la manifestación de un fenómeno interaccional, distingue dos grandes tipos de violencia: la violencia agresión y la violencia castigo (Perrone y Nanini 1997)

La violencia agresión emerge en el marco de una relación simétrica, donde A y B se hallan en una situación de rivalidad y en actitud de escalada. Si A define un valor, B da a su vez una nueva definición, con la que provoca a A. No se advierte un notorio desbalance de poder, sino que en la relación, A y B se esfuerzan por establecer y mantener la igualdad entre si.

La violencia castigo emerge en el marco de una relación complementaria, en la que A y B están de acuerdo sobre el lugar que corresponde a cada uno. De esta forma, si A define un valor, GB lo acepta. Se advierte un notorio desbalance de poder que mantiene la desigualdad entre si. Desde este marco teórico, el abordaje terapéutico se realiza en forma conjunta con los participantes de la violencia, así como en grado y medida posible, con el resto de la familia.

Modelo Ecológico o Abarcativo

Este modelo de abordaje es el que a mi juicio analiza el tema de una forma real y se adecua a la complejidad del fenómeno a estudiar. Urie Bronfrenbrener (1987), plantea el desarrollo, desde una perspectiva ecológica, comprende el estudio científico de la progresiva acomodación mutua entre un ser humano activo, en desarrollo y las propiedades cambiantes de los entornos inmediatos en los que vive la persona. Dicho proceso de acomodación se ve a su vez afectado por las relaciones que en los que están incluidos los mismos. La interacción de que uno influye en otro y viceversa.

El modelo que estamos analizando plantea entonces la existencia de distintos entornos o sistemas concéntricos a la persona, que la contiene influyendo directa en indirectamente en su desarrollo y evolución. Ellos son.

  1. Macrosistema: constituye el contexto más amplio y lo conforman los sistemas de creencias, la organización social, los estilos de vida existentes en la cultura y afectar a los otros sistemas del modelo.
  2. Ecosistema: se refiere a uno o más entornos que, aunque no incluyen a la persona en desarrollo como participante activo, influyen y delimitan lo que tiene lugar en su ambiente más próximo. Por ejemplo, en el caso de un niño podría ser el lugar de trabajo de sus padres, el círculo de amigos de sus padres, etc.
  3. Mesosistema: comprende las interrelaciones de dos o más entornos en los que la persona en desarrollo participa activamente. Por ejemplo, para un adulto entre la vida social, el trabajo y la familia.
  4. Microsistema: se refiere a las relaciones cara a cara que constituyen la red vincular mas próxima de la persona. Durante muchos años de la vida de un apersona, la familia es el microsistema mas importante.

Por otra parte, Jorge Corsi y Graciela Ferreira (Ferreira 1992) buscando construir un marco conceptual ecológico planteado por U. Bronfrenbrener. Por un lado incorporaron un nuevo sub. Sistema. El nivel individual y por otro lado unieron el exo y el Mesositema y lo redefinieron. En el nivel individual los autores discriminaron cuatro dimensiones psicológicas interdependientes:

  • Dimensión cognitiva: comprende las estructuras y los esquemas cognitivos, las formas de percibir y conceptualizar el mundo.
  • Dimensión conductal: Abarca el repertorio de comportamientos con el que una persona se relaciona con el mundo.
  • Dimensión psicodinámica: se refiere a la dinámica intrapsiquica desde la consideración de emociones, ansiedades y conflictos conscientes hasta las manifestaciones del psiquismo inconsciente.
  • Dimensión interaccional. Alude a las pautas de relación y comunicación interpersonal. A su vez, para estos autores, el ecosistema se constituye por la comunidad mas próxima, incluye las instituciones mediadores entre el macrosistema y el nivel individual, ellas son entre otras la escuela, las instituciones recreativas, los organismos judiciales y de seguridad, los medios de comunicación. Vale precisar que la reformulación del modelo además permite pormenorizar las características del hombre violento así como los síndromes de las victimas de la violencia domestica. Por otra parte permite que las concepciones de los diferentes enfoques explicativos de este fenómeno que aun reduccionistas, puedan realizar en una forma amplia y abarcativa sus aportes. No limitándolo a una única línea teórica.

Psic. Robert Parrado – Lic. en Seguridad Pública/ Vida Saludable

Iglesia En Marcha.Net

23 Mar '09

Hay 1 Comentario.

  1. Ester
    9:24 am noviembre 25, 2009

    En el Día Internacional de la LuchA CONTRA LA VIOLENCIA DOMÉSTICA debemos unirnos como CCE a fin de buscar su erradicación.

    En especial a todas las mujeres pertenezcan a la comunidad que pertenezcan deben (debemos denunciar ) los casos de violencia en tal sentido. Lamentablemente en algunos sectores se naturaliza esto y se da incluso por tradición como algo que debe ser así y no puede ser de otra manera.

    Cualquier tipo de violencia debe ser condenada y no debe permitirse bajo ningún concepto. Existe tb. violencia muy bien disimulada. Cuidado!! La mujeres no fuimos hechas de los pies del hombre sino de la costilla a fin de luchar hombro con hombro y palmo a palmo.

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