MENORES DE 10 AÑOS – Uruguay

Hubo una época en que la niñez parecía a salvo de ciertos extremos de conducta propios de la gente adulta. Pero esa época parece haber terminado, si el observador se guía por los casos de abuso sexual sobre la infancia (a menudo de parte de familiares), por las cifras de trabajo esclavo que rinden los niños en numerosos países del mundo y que deben contabilizarse en millones de casos, por el fenómeno de los niños-soldados, reclutados (y luego drogados) para servir en ejércitos sublevados contra algunos gobiernos africanos, o si se consideran finalmente los centros de prostitución infantil que prosperan en ciertas regiones asiáticas alimentándose de menores de ambos sexos, pero se extienden asimismo a países europeos con la corrupción que permite grabar videos pornográficos -materia prima de otro negocio floreciente- y que de paso fomenta el ascendente trauma de la pedofilia.

En la era victoriana, los niños eran utilizados en las minas de carbón de Inglaterra porque sólo ellos podían circular por galerías subterráneas muy estrechas. Sin llegar a ese virtual enterramiento, otros niños eran empleados en trabajos de última categoría con total impunidad, favoreciendo el desarrollo de la revolución industrial, por la sencilla razón de que se les pagaba mucho menos que a los dependientes adultos. Luego, poco a poco, la legislación de los países fue incorporando disposiciones para impedir esa explotación y se llegó gradualmente a un estatuto de amparo de la niñez que durante décadas fue el paraguas legal bajo el cual se ha criado la gente de hoy. Pero aun esa protección se degradó, detalle que no pueden ignorar los montevideanos cuando contemplan a los carros hurgadores manejados por menores, o a esos mismos menores metidos en los contenedores de basura para abastecer de desperdicios su actividad diaria. Cabe sonreír con una mezcla de resignación y de ironía cuando se habla de los planes oficiales de auxilio a la niñez marginal, mientras el citado fenómeno callejero persiste a la vista de todos.

Sin embargo hay otro aspecto clamoroso que delata la profanación de la infancia por parte de las sociedades actuales, y es la presencia de menores en la actividad delictiva. Ya no se trata de menores inimputables de 16 o 17 años, sino de niños en edad escolar, por debajo de los 12 años, que integran bandas, participan de asaltos, exhiben un comportamiento de feroz agresividad y hasta se convierten en cómplices de homicidios cuando son cometidos por algún miembro de su grupo. El caso deplorable del mozo de un bar que fue asesinado en Convención y Paysandú en horas de la madrugada por un trío donde figuraba un nene de 12 años, ha sido un ejemplo al respecto pero es además un indicio aterrador de la tendencia por la que rueda un sector de la niñez montevideana. Como nadie puede quedar indiferente (ni silencioso) ante el fenómeno, algunas figuras políticas han hablado de crear escuelas de tiempo completo para cobijar a los menores de la calle y también se ha hecho referencia a una reforma del Código que contempla a la niñez y la adolescencia. Por lo que muestra la realidad, y considerando los plazos que puede exigir alguna medida de ese tipo, tales recaudos están llegando tarde, por no hablar de que serán insuficientes ante ese cuadro.

En Buenos Aires, sin ir más lejos, los casos de delincuentes de menos de 10 años han comenzado a sobresaltar a la opinión pública. Dos mujeres que salían de su trabajo al atardecer fueron asaltadas en Sarmiento y Avenida Alem por dos niños, uno de los cuales -según ellas- no podía tener más de 8 o 9 años. Ambos asaltantes parecían estar drogados y mostraban un comportamiento errático, propio de esa condición, pero el episodio no fue algo aislado. En la ciudad de La Plata y en menos de cuatro semanas, dos ancianos fueron asesinados y otros cinco resultaron con heridas de gravedad en robos cometidos en sus casas. Se informa que tales crímenes fueron cometidos por una banda que encabeza un adolescente y en la que también figura un niño de 8 años. Vale la pena citar esos casos, porque Buenos Aires (con sus alrededores) suele ser en múltiples aspectos un espejo anticipado de lo que puede ocurrir luego en este país, y también porque todo índice de desintegración moral y de descalabro social forma parte de una corriente muy dinámica, dentro de la cual lo que hoy es infrecuente va a convertirse en algo habitual dentro de poco tiempo.

Tomado de “El País” de Uruguay / Iglesia En Marcha.Net

18 Feb '09

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