LA DEPRESIÓN

Mucho se habla hoy día de la depresión  y de los grandes males que aquejan a la sociedad, se dan estadísticas, se hacen congresos, convenciones, conferencias, pero muy poco se habla de las soluciones a esas “epidemias” emocionales, muy poco se habla de “arrancar” esas raíces definitivamente para que no vuelvan a crecer y den malos frutos. Es como si tomáramos un campo lleno de maleza y espinos y pasáramos una desmalezadora, luego la máquina de cortar césped y luego la bordeadora para perfeccionar los bordes del terreno; luego plantáramos flores, árboles y hasta pusiéramos bancos y una fuente. Todo esto sería un gran trabajo y, a primera vista, pudiera parecer que quedó perfecto y que siempre permanecerá así, pero no, si observamos bien como se hizo el tratamiento del terreno, desde el principio, veremos que faltó algo muy importante, que fue el sacar las raíces de esas “malas hierbas” para que no vuelvan a crecer ante un descuido del mantenimiento.

Con la depresión sucede lo mismo, se puede tratar de quitar lo visible del problema, se pueden hacer tratamientos con medicamentos u otras técnicas modernas, se puede hacer un viaje, cambiarse de color el pelo, cambiarse el “look” general, cambiarse de casa, de barrio, etc. etc. pero no desaparecerán, de esta forma, las “raíces” causantes de esa depresión y pronto volverá a manifestarse sin lugar a duda, pues habremos hecho todo lo “humanamente” posible para erradicarla y éste es el problema, contar con nuestras propias fuerzas o las fuerzas de alguien mas, pues éstas se acaban al menor descuido.

El Doctor Tim La Haye, en su libro “Como ganar la batalla contra la depresión”, sita lo que extrae de una nota de la revista News Week de Estados Unidos: “…pues no hay duda alguna que la depresión……, es ahora virtualmente epidémica, con el suicidio como su mas frecuente resultado….”

La depresión está en franco aumento, lamentablemente, en nuestro país y teniendo también como resultado tan nefasto el suicidio.

Esto no respeta edades, sexo, condición social o intelectual.

Los profesionales de la salud, como siquiatras, sicólogos, etc. realizan sus mejores esfuerzos para tratar de encontrar una respuesta a la cura de la depresión; muchos piensan que es algo químico del organismo, otros que es hereditario, otros que es adquirido , pero sigue creciendo el índice de consumo de drogas, de alcoholismo, violencia y suicidio.

Hay muchísimos casos de depresión que no se tratan pues no se diagnostican como tales. Se tratan casos de gastritis, dolor de cabeza, neuralgias, hipertensión y un sin número de patologías que son originadas por el inicio de una depresión, la cual, al no ser tratada, sigue allí tan campante, creciendo en silencio y produciendo estragos en la persona y cuando llega a detectarse ya ha hecho su “obra” tanto en la persona que la padece como en su entorno y en la sociedad.

A opinión de muchos expertos en el tema, la humanidad sufre mucho mas a consecuencia de la depresión que de cualquier otra enfermedad y aunque ha crecido en forma muy alarmante en los últimos tiempos, es tan antigua como la humanidad, así lo podemos ver a través de la historia y la literatura.

El Dr. La Haye, en su libro nos comenta que, en la Biblia, en el Libro de Job, podemos ver a un hombre afectado por una profunda depresión a causa de todos los males que le han sobrevenido (Job 7.3 al 11). Job había perdido toda su familia, sus bienes y estaba afectado de una sarna que cubría todo su cuerpo, ¿quién puede culpar a Job por sentirse deprimido?

Muchos en la antigüedad trataron de explicar la depresión: en su libro, el Dr. La Haye nos sita, entre otros, a Plutarco, quien decía:”dejadme, dejadme que yo, el impío, el maldecido, el odiado por los dioses, sufra mi castigo…”, se dice que se sentaba fuera de la casa, envuelto en una arpillera o en trapos inmundos. De cuando en cuando se revolcaba en la suciedad confesando algún pecado cometido. No quería ser ayudado pues pensaba que merecía ese castigo.

Si vemos estos casos, tienen una gran similitud con las modernas descripciones de la depresión. Otros síntomas pueden ser falta de apetito, adelgazamiento, insomnio, fatiga, ganas de morir. No todos los casos tienen la misma intensidad, pero debe prestárseles atención de todas maneras, deben ser detectados a tiempo para poder evitar consecuencias mayores. Muchas personas no buscan ayuda pues no quieren reconocer que están a las puertas de un cuadro depresivo, o tal vez no sean conscientes de ello, por lo que, con delicadeza debemos ofrecer nuestra comprensión y ayuda a quienes están atravesando estos difíciles momentos y consultar con los profesionales adecuados, sobre todo en el área emocional y espiritual.

Como comentaba anteriormente, la depresión no tiene que ver con la edad, pues se encuentran niños y adolescentes también con depresión, al igual que en adultos y ancianos; tampoco con la posición social o las posesiones que el individuo posea, tampoco con el índice de educación o inteligencia de una persona. Tampoco el hecho de alcanzar grandes logros nos inmuniza contra la depresión, grandes personajes de la historia, luego de alcanzar un gran éxito se sintieron deprimidos, como el ejemplo de Elías luego de obtener una gran victoria, dada por Dios, ante los profetas de Baal, se sintió profundamente deprimido.

La vida está llena de desafíos, el ser humano busca con ansias la felicidad, sin entender realmente donde encontrarla y si las circunstancias que lo rodean, o un objetivo, no se logra como la persona lo desea, ésto le produce un sentimiento de infelicidad y, por mas leve que sea, si no se supera pudiera convertirse en depresión.

Nos preguntamos entonces: ¿es posible curar la depresión?, a lo que contestamos un gran SI.

El ser humano fue creado por Dios como un ser trino: espíritu, alma y cuerpo.

Los profesionales de la salud, tanto física como síquica, buscan la solución en su área de acción pero, como decía al principio, si no buscamos sanar las heridas del espíritu y del alma, esas raíces de amargura quedarán allí y tarde o temprano volverán a salir a luz y darán fruto. Por lo que debemos buscar ayuda y sanidad en Nuestro Creador, Jesucristo dijo:”venid a mi todos los que estáis trabajados y cansados… y yo los haré descansar…”

Así como Job pudo decir:”de oídas te había oído pero ahora mis ojos te ve…”

Así como Elías fue sustentado por Dios en medio de su depresión y cobró aliento.

Así aún están los Amorosos brazos del Señor Jesucristo ofreciéndonos su apoyo y diciéndonos: “venid a Mi, Yo os haré descansar”

Irene Marsiglia – Promotora Social y Legal

Iglesia En Marcha.Net

7 Feb '09

Deja un comentario

*