URUGUAY – Calidad de Vida


El 62% preocupado por inseguridad
Calidad de vida. Uruguayos son los más alarmados por delincuencia en la región Estudio del BID muestra diferencias entre desarrollo y satisfacción en las sociedades latinoamericanas

Uruguay es el país de América Latina con menor tasa de homicidios de la región. A su vez, es el sitio donde más proporción de la población (62%) está disconforme y preocupada por la seguridad pública.
Ese es uno de los datos contenido en el informe Calidad de Vida: Más allá de los hechos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), difundido ayer.
El estudio utiliza información de la Encuesta Mundial Gallup (que sondeó a 40.000 personas en 24 países de América Latina y el Caribe entre noviembre de 2005 y diciembre de 2007) y de otras investigaciones encargadas por el organismo para completar el análisis.
“Mejorar la calidad de vida en las ciudades es mucho más que un asunto de ladrillos y cemento. Aunque cuatro de cada cinco personas manifiestan estar satisfechas con sus viviendas y con sus ciudades, la mayoría es consciente de que su satisfacción mejoraría si se resolvieran otros asuntos. El problema más común y acuciante es el tema de la inseguridad. Casi 60% de los latinoamericanos y caribeños se sienten inseguros caminando de noche en sus vecindarios. Ninguna otra región del mundo padece tal clima de inseguridad”, señala el informe del BID.
Y añade: “Las tasas de criminalidad no reflejan el clima de inseguridad que percibe la gente, y sólo rara vez el problema recibe la atención que merece”.
Uruguay tiene la menor tasa de homicidios entre los países relevados (cinco homicidios cada 100.000 habitantes), mientras que Colombia está en el otro extremo, con 79,7. Sin embargo, Uruguay presenta la mayor proporción de personas disconformes con la inseguridad (62%) y también tiene uno de los niveles más bajos de proporción de dir igentes que consideran el crimen como uno de los cinco problemas claves (ver infografía).
El BID analizó ocho ciudades latinoamericanas, entre ellas Montevideo, y pudo comprobar que el valor de las viviendas depende crucialmente de las características del vecindario como iluminación y limpieza de las calles. “Las ciudades deben invertir en aquellas cosas, como la seguridad, que más inciden en la calidad de vida”, señala el informe.
“Satisfechos”. Los ciudadanos de países que experimentaron un crecimiento económico acelerado en los últimos años se encuentran menos satisfechos con sus vidas que los que viven en lugares con menor progreso. Uruguay, Brasil, Argentina y Chile mostraron una satisfacción moderada y se ubicaron detrás de otras zonas con menor ingreso per cápita como son Guatemala, Colombia y Jamaica. “En términos generales los latinoamericanos están satisfechos con su vida, pero curiosamente, las personas que viven en algunos de los países más pobres son los más optimistas, mientras que los ciudadanos de algunos de los países más desarrollados se encuentran entre los más pesimistas”, dijo el presidente del BID, Luis Alberto Moreno.
Para el coordinador del estudio, Eduardo Mora, los gobiernos que centran sus políticas únicamente en el crecimiento “están destinados a perder apoyo a largo plazo si no responden a las altas expectativas que acompañan el crecimiento en áreas como la educación, salud, y distribución de ingresos”.
Para los latinoamericanos, los aspectos que más cuentan para su propia satisfacción con la vida son poder costearse los alimentos, contar con amigos a quienes poder acudir, gozar de buena salud y tener creencias religiosas. El estudio señala además, que si, por ejemplo, un latinoamericano se queda sin amigos a quienes poder acudir, tendría que recibir un ingreso de 7,6 veces el que tenía originalmente para lograr recuperar su nivel inicial de satisfacción con la vida. Y si pierde su empleo no bastaría con reponerle su ingreso: tendría que recibir un 60% adicional, pues el empleo no es sólo una fuente de ingreso sino también de realización personal. Si se divorcia, en tanto, debería poder contar con 30% más.
Para el estudio se elaboró un Índice de Desarrollo Humano basado no en los indicadores objetivos que conforman el del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (ingreso, salud y educación) sino en las opiniones de la gente sobre su situación.
En esa escala los uruguayos no reconocen suficientemente los logros que se produjeron.
EDUCACIÓN Y SALUD. El estudio muestra que aunque las puntuaciones que logran los latinoamericanos en las pruebas de competencias académicas son muy bajas, entre la población predomina una opinión favorable sobre los sistemas de enseñanza.
Los uruguayos y los colombianos son dos países donde el resultado del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (PISA, por sus siglas en inglés) es inferior a la satisfacción con la educación local, de acuerdo al informe.
Por otra parte, los niños que nacen hoy en América Latina y el Caribe pueden esperar a vivir 20 años más que sus abuelos debido en gran medida a la reducción de las enfermedades infecciosas, señala el documento. Las tasas de mortalidad de las patologías no infecciosas también bajó, pero su importancia relativa entre las causas de muerte es mayor. “El abuso del alcohol y el tabaco, junto con la hipertensión y la obesidad están contribuyendo a la creciente carga de las enfermedades no transmisibles en gentes de todos los grupos socioeconómicos”, afirma el estudio.
Algunas personas pueden creer que están sanas y sin embargo no se encuentran así. Por ejemplo, en México 16% de los entrevistados fue diagnosticado con hipertensión pero sólo 3% conocían ese estado.
El estudio midió la insatisfacción con la salud y la comparó con la expectativa de vida al nacer. Los chilenos son los latinoamericanos menos complacidos con la salud (cinco, en una escala del uno al seis), seguidos por los uruguayos, paraguayos, colombianos, brasileños, argentinos y mexicanos (con cuatro).
Por otra parte, el informe consideró “sorprendente” la alta satisfacción que manifiestan los ocupados latinoamericanos y caribeños con sus trabajos (82%), pese a que la informalidad es “muy alta” y aumentó en la última década.
“La aparente incongruencia entre satisfacción con el empleo e informalidad se debe a que la mayoría de la gente valora más la flexibilidad, el desarrollo de sus capacidades y el reconocimiento que las condiciones que convencionalmente definen al empleo como de buena calidad”, señala el BID.
Además, el descontento es mucho mayor entre los empleados de las firmas pequeñas que entre quienes manejan su propia vida laboral y solamente los empleados con altos niveles de educación reconocen el valor de contar con una jubilación futura.
En Uruguay 85% de quienes tienen trabajo están contentos con su empleo, una posición intermedia respecto a los demás países de la región, según el estudio del BID.
Paradojas entre las expectativas y la realidad
El dinero parece dar felicidad, si bien con algunos matices, según algunas comparaciones entre países realizadas en el estudio Calidad de vida: más allá de los hechos. En los países en los que hay un mayor ingreso por persona, los niveles de satisfacción con la vida son más altos, y no parece haber un límite más allá del cual el aumento de ingreso no implique un aumento de satisfacción.
Pero hay situaciones en las que esta relación no se mantiene tal y como se podría prever. En los países que han tenido un mayor crecimiento en el último año, el nivel de satisfacción decrece, lo que en el estudio se denomina “la paradoja del crecimiento infeliz”. Al aumentar las expectativas y la competencia por alcanzar un mayor estatus económico, el crecimiento acelerado causa insatisfacción.
Otra paradoja señalada es la denominada “de las aspiraciones”. En este caso se comprueba que, a través de distintos países, se repite un mismo patrón: las personas menos educadas están más satisfechas con las políticas sociales. “La falta de aspiraciones debilita las demandas de los pobres por mejores servicios de educación, salud y protección social”, explica el informe.

Déborah Friedmann /El País Digital   Iglesia En Marcha.Net
20 Nov '08

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