¿CON MAYÚSCULA O MINÚSCULA?

En Uruguay había un diario que cada vez que se refería a Dios, lo escribía con minúscula. Aunque siempre existió libertad religiosa, esta publicación era el reflejo de muchos sectores de la población que manifiestan ser agnósticos o ateos.
Cuando observamos el pensamiento y proceder de la gente es evidente que Dios no es relevante para ellos.
Lo cierto es que cuando es una sociedad se ve a Dios con minúscula, también empiezan a notarse problemas de mayúsculas proporciones.
Entre otras realidades es notoria la disgreción familiar, la violencia domestica, las adicciones, la alta tasa de suicidios, la epidemia de depresión y la delincuencia.
Pero para aquellos que escribimos Dios con mayúscula y seguimos sus mandatos, experimentamos paz interior, armonía familiar, fuerzas anímicas y un gran deseo de ayudar a aliviar los males de nuestro tiempo.
Dios no es una teoría o una ilusión. Es una persona que quiere relacionarse con nosotros, si se lo permitimos. Está dispuesto a perdonarnos, a vivir en nuestro corazón y darnos esperanza.
Dice la Biblia: “Bendito la nación cuyo Dios es el Señor”. Para tener una nación próspera no necesitamos mejores cárceles o mejores leyes, sino mejores personas. Los cambios deben producirse en el corazón de cada hombre y mujer, y eso lo puede hacer Jesucristo.
Él dijo algo que ilumina a la nación, a la familia y a cada individuo que quiera su presencia: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
Hoy permita que Cristo sea escrito con mayúscula en su corazón y verá los cambios que se producirán.

Lic. Pedro Lapadjian / Tomado de: Esperanza en La Ciudad

Iglesia En Marcha.Net

22 Nov '08

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