Vinculan eutanasia con una depresión


Entre 1 y 5% de enfermos con mal pronóstico pide eutanasia. El médico debe contener al paciente y ayudarlo a vivir.

Recientemente un grupo de investigadores en medicina paliativa plantearon la necesidad de encarar la eutanasia no sólo como un problema jurídico y ético, sino desde un punto de vista estrictamente médico. En términos de diagnóstico y tratamiento adecuado, sería necesario encarar la depresión psicológica que induce a desear la muerte, en lugar de enfrentar la enfermedad.
Más allá de la discusión teórica de si un enfermo ejerce su libertad personal procurando la propia muerte, pues impide de modo irreversible cualquier otra opción, actualmente se plantea si ese deseo de muerte no obedece a una enfermedad sobreagregada. En este caso, esa segunda enfermedad o complicación debería tratarse, sin abandonar el enfermo a la muerte.

Los estudios se iniciaron al comprobar que los pacientes afectados por enfermedades de mal pronóstico a corto plazo, pedían la eutanasia entre el 1 y el 5% de los casos. Diferentes estudios estadísticos diferían incluyendo desde actitudes ambivalentes, como el simple deseo de anticipar la muerte, hasta una petición formal de eutanasia. En todos los casos se comprobó que existían factores ligados a la condición del paciente y otros determinantes externos a él.
Entre los factores provenientes del entorno para solicitar la eutanasia se distinguían los originados en el ámbito familiar y en la actitud del médico tratante. Los factores propios del paciente, en alto porcentaje, se vinculaban a la depresión psíquica como complicación o patología asociada a la enfermedad de fondo.
El psiquiatra William Breitbart publicó en la revista médica JAMA un estudio en pacientes con enfermedad oncológica avanzada que experimentaban deseos de muerte. En ellos la depresión era el cuádruple respecto a otros enfermos que no experimentaban deseos de anticipar la muerte. Dichas cifras fueron confirmadas años más tarde por estudios realizados por Eoin Tiernan, especialista en cuidados paliativos. Estos hallazgos contradecían las hipótesis de investigadores holandeses que respaldaban la legitimidad de la eutanasia (legalizada en su país), sosteniendo que ésta era producto de una decisión ponderada en pacientes no deprimidos. Sin embargo, abandonando las hipótesis y ateniéndose a los resultados de la investigación, un grupo de estudio holandés encontró luego que la incidencia de depresión, en quienes solicitaban la eutanasia, superaba el cuádruple de estudios anteriores.
Pese a estas evidencias, otros estudios holandeses persistieron en negar el diagnóstico y tratamiento de la depresión sin realizar la consulta psiquiátrica, aduciendo que en el 9% de los casos el diagnóstico no cambiaría la conducta del médico de cabecera, que optaría igualmente por realizar la eutanasia.

El papel del médico
Según la pionera en cuidados paliativos, Elizabeth Kubler-Ross, ante la petición de eutanasia resulta tan inapropiado como ilegal decir “sí” como decir simplemente “no”. El médico debe entender qué es lo que empuja al enfermo a pedir su muerte, para poder ayudarlo a vivir.
Para el síndrome de desmoralización
El psiquiatra Harvey Max Chochinov propone la psicoterapia “dignity therapy”. Consiste en ayudar a la persona a asumir su enfermedad sin identificarse con ella. David Kissane aporta algo similar: describió un “síndrome de desmoralización” en enfermos que piden la eutanasia.
La influencia del entorno
Tres factores inciden en la solicitud de eutanasia: a) deficiente continencia familiar; b) percepción del paciente de que es una “carga” para quienes lo rodean; c) la impericia médica con carencias en el adiestramiento psicoterápico, asociado a desapego emocional respecto al enfermo.

Dr. Eduardo Casanova – UCM

Fuente: El País / Iglesia En Marcha.Net

16 Oct '08

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