300.000 URUGUAYOS EN SECTAS

300.000 URUGUAYOS EN SECTAS

Según el diario uruguayo El País, en la edición del 6 de abril de 2008 de su suplemento Domingo, unos 300.000 uruguayos están ligados a grupos sectarios, que se caracterizan por un líder abusivo, estafa, engaño y manipulación psicológica a sus adeptos. Las Iglesias pentecostales y reuniones de autoayuda generan una suerte de socioadicción. Además de perjuicio económico, dejan secuelas emocionales.
El reportaje, firmado por Gabriela Vaz, comienza afirmando que la espiritualidad es hoy una cuestión de supermercado. Ya no hay tiempo para ir tras la verdad revelada. Se buscan soluciones rápidas para problemas concretos. Si el Dios conocido no sirve, se crea otro. El producto final es a gusto del consumidor. Pero la fe no es sólo cuestión de dioses. El tarot, la metafísica, los ángeles, la astrología y un largo etcétera de “terapias alternativas”, constituyen un mundo en el cual cada uno elabora su propia relación con lo trascendente.


Ahora bien, cada cual tiene derecho a creer en lo que quiera, aún cuando se trata de movimientos que mezclan doctrinas incompatibles. El problema es que este escenario favorece la aparición de dinámicas de secta. Ingredientes: un líder (pastor, terapeuta o lo que toque) delirante o abusivo, un adepto en crisis, soluciones mágicas y herramientas de manipulación psicológica que pueden derivar en graves consecuencias emocionales.
Cerca de 300.000 uruguayos forman parte de sectas y nuevos movimientos religiosos alternativos, de acuerdo a una investigación de 2004 del sociólogo Néstor Da Costa. A esa cifra hay que agregar además a los seguidores de terapias new age, asegura el psicólogo Álvaro Farías, integrante del Servicio de Estudio y Asesoramiento sobre Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos (SEAS) de la Universidad Católica, y miembro de la RIES.

Para Farías, el término secta abarca mucho más que los grupos internacionales conocidos, por ejemplo, por suicidios masivos. “En psicología, las relaciones sectarias se extienden a varios ámbitos. Centran su atención y devoción en la figura de un líder que genera una dependencia inducida gracias a lo que comúnmente se conoce como lavado de cerebro”. Por eso, este fenómeno no se circunscribe únicamente a espacios concretamente religiosos, sino también a asociaciones que se hacen llamar culturales o sociales pero cubren la demanda de espiritualidad en la nueva era, con el fin de estafar y abusar de sus seguidores. Sin embargo, cada día hay más. Socio-adicciones del nuevo milenio, les dicen.
 
Líderes y pentecostalismo
Un piano calmo ambienta. De repente, los cerca de 300 presentes se ponen de pie. Es que él acaba de entrar. Micrófono en mano, su portuñol permite entender una canción sobre Dios. Los asistentes corean, con los ojos cerrados y una mano en el corazón. Mientras, unos 15 hombres trajeados que recuerdan guardaespaldas y otras tantas mujeres vestidas cual azafatas observan detenidamente a la platea. Pero nadie los mira. Toda la atención es para él.
Básicamente, hay dos tipos de líderes sectarios. “Algunos, del tipo psicótico, paranoide o megalómano, están absolutamente convencidos de su idea delirante: se creen Dios. Otros tienen una estructura psicopática. Es el líder abusador, que te busca para sacarte dinero o para matarte. Ambos realizan procesos de manipulación psicológica destinados a crear una total dependencia en los adeptos”, dice Farías.
El mal llamado pentecostalismo es uno de los ejemplos paradigmáticos de nuevas sectas, explican los especialistas, y donde mejor se pueden ver todas sus características. Mal llamado, porque el pentecostalismo real es un movimiento cristiano que tiene un siglo de existencia, aunque así es como se autodenominaron iglesias surgidas en Brasil en los años 70 que han remixado esa corriente, amalgamando catolicismo con prácticas afrobrasileñas, espiritismo y algo de marketing, asegura el teólogo Miguel Pastorino, también sacerdote, miembro de la RIES y director del SEAS.
“Voy a pedir a los que están desempleados o tienen salarios de hambre, que pasen al frente”, exhorta. La mitad de la concurrencia se levanta. “¿Todos tienen sus migajas? El que no las tiene, no recibirá el pan”, advierte. Los guardaespaldas y las azafatas (“obreros y obreras”) reparten bolsitas con migas entre aquellos que no las tienen ya. Él da las indicaciones: “Deben pasar debajo del `cayado iluminado` (sobre el escenario), tirar las migajas y recoger `el pan de la prosperidad`. El que tiene hambre, que se aguante. El pan tiene que estar esta noche en la mesa. Sólo así llamará a la prosperidad”.
Para diferenciarlos de los originales, algunos investigadores denominan a esos movimientos brasileños “pentecostalismo sincrético”. Miguel Pastorino los llama “sectas paracristianas” pues aunque utilizan esa fachada se han alejado del cristianismo. “Las citas de la Biblia son para justificar (que te vendan) un jabón, no se profundiza en la fe bíblica”, explica. Los pentecostales se caracterizan sí por cánticos alegres y cultos enfervorizados, pero no hacen uso del fetichismo mágico que sus símiles brasileños reparten con objetos cada semana “ofreciendo a través de ellos sanación, liberación de demonios y prosperidad económica”, dice el sacerdote. Y agrega: “Para los pentecostales serios, ellos son un quiste”.

Captación y adeptos
La estrategia de estos grupos es abordar los problemas concretos de la gente: desempleo, dinero, salud. Nada de espiritualidad profunda ni búsqueda de verdades trascendentes. El cliente pide, el cliente tiene. Por eso, los adeptos no tienen un perfil definido; cualquiera es un potencial seguidor de estas prácticas. Aunque hay un factor que desnuda aún más esa vulnerabilidad latente: atravesar un momento de crisis. En Uruguay, el crecimiento de la Iglesia Universal del Reino de Dios (Pare de Sufrir) se disparó en 2002.
“Cuando la crisis es grande y el pensamiento mágico abunda, como sucede hoy, los grupos de manipulación se presentan ofertando soluciones mágicas: `¿No tenés trabajo? Vení a nuestra iglesia, hacé la cadena de los siete miércoles y diezmá, que Dios premia a quien da`. Basta con que la crisis personal sea lo suficientemente fuerte como para poner en juego las condiciones básicas y hacer tambalear los referentes afectivos (la familia, la religión de origen), para que la persona esté predispuesta a la captación sectaria. Nadie es invulnerable”, afirma Farías.
Mientras los asistentes forman la cola para recoger su pan y las manos de los “obreros” se posan sobre sus cabezas, por los parlantes sólo se escucha su voz, a un volumen que impide hablar con quien se tenga al lado: “A tí, que andas en un auto usado. A tí, que estás cansado de la cola en el Banco. Dile al Señor que no aceptarás sus migajas”.
Una de las claves de la manipulación es decir lo que el otro quiere escuchar. “Si uno escucha continuamente que es amado, que es aceptado, si llegás a un lugar donde te llaman por tu nombre y te preguntan `¿cómo estás? queremos saber qué sentís`, entonces baja la angustia, pero también las defensas. No tenemos que olvidarnos que vivimos en una sociedad donde estamos muy solos. El proceso de manipulación psicológica está destinado a aniquilar el yo. En definitiva, se le cambia a la persona las estructuras y el modo de pensar”, explica Farías. Esto puede suceder en grupos sectarios, pero también en la consulta con adivinadores o “terapeutas espirituales” de toda índole.
Así como en una relación psicólogo-paciente el segundo puede sentir que “necesita” al primero debido a la transferencia que se genera, entre un terapeuta espiritual (astral, angeológico, reikista, etc.) y su terapizado esa dependencia se induce y se fomenta, indica Farías. Así queda establecida una socio-adicción. “Es una perversión de la relación transferencial. La dependencia se asume como verdadera y se exacerba, para sacar provecho económico, sexual, personal; abuso humano”.

Ya con el `pan de la prosperidad` en la mano, los asistentes vuelven a ocupar sus butacas. “Levántenlo en una mano, y con la otra levanten las deudas”, ordena. En lo alto, los presentes sostienen facturas de UTE, recibos de cobro de BPS, pero también fotocopias de cédula y fotos de autos. Cantan de nuevo, esta vez con una suerte de coreografía. La ceremonia está terminando. Pero él hace un último pedido a su platea.
Proselitismo engañoso
Para terminar de entender de qué se habla cuando se menciona a grupos sectarios, sólo hace falta acercarse a una parada de ómnibus, dicen los expertos. Si mira a su alrededor, seguramente se topará con carteles de todo tipo: metafísica, adivinación, angelología o toda clase de cultos espiritistas “disfrazados” de grupos de autoayuda o de filosofía.
Esa es la primera luz roja: el proselitismo engañoso. “Hace unas semanas estaba en una esquina de Pocitos y se me acercó un muchacho con libros y túnica que me dijo: `Hola. Estoy haciendo una campaña a favor de la paz. ¿Estás a favor de la paz?` Le contesté que sí, claro, ¿quién no? Entonces me ofreció libros de Hare Krishna. Nunca un grupo sectario se va a presentar diciendo: `Hola. Quiero captarte, que dependas de mí, que me des tu dinero o que des todo en favor mío`. Te dirán: te vamos a invitar a hacer una dieta vegetariana y a recitar mantras. Pero luego, a través de esa dieta que es baja en proteínas y de una recitación que provoca un estado de disociación personal, se empieza a producir el proceso de manipulación psicológica. ¿Cuál es su principal herramienta? El proselitismo engañoso: `¿Estás a favor de la paz?` No se presentó como un movimiento religioso”, cuenta el psicólogo del SEAS.
La religión parece terreno fértil para la explotación de misticismo y soluciones mágicas. No obstante, el teólogo Miguel Pastorino aclara que las estrategias de mercado religiosas -donde las pentecostales paracristianas son únicamente un ejemplo (“no se trata sólo de un pastor que grite aleluya y te venda un jabón, también puede ser un gurú que te cobre 100 dólares por hacerte respirar hondo y darte técnicas antiestrés”)- se expanden a múltiples movimientos. Pero también es injusto generalizar. Algunos nuevos grupos religiosos son serios. La educación es vital para discernir (ver recuadro).
Ateos y escépticos pueden opinar que la manipulación no escapa a ninguna doctrina religiosa. Ante eso, Pastorino responde: “Si vos te querés hacer católico, judío, musulmán, umbandista: la fe está arriba de la mesa, sabés dónde te metés. Pero si te ofrezco un `curso de autoestima` y detrás voy a estar adorando a un gurú… En estos movimientos se promete una cosa y hay otra detrás. Un elemento típico de las sectas es el ocultamiento de la verdadera doctrina”. Sin perjuicio que dentro de las filas de religiones tradicionales puedan darse procesos de sectarización, apunta Farías. “Pero generalmente hay una estructura que regula. Si hay un personaje disonante, (ellos mismos) lo señalan y lo apagan. O así debería ser”.

Daños personales
Como en cualquier adicción, la salida es compleja y los primeros en pedir ayuda son los familiares. “Se acercan cuando se dan cuenta que el grupo no le hacía bien (al adepto), que lo alejó de la familia, lo trastornó, le `lavaron el cerebro`. Una vez vino un pibe de 20 años preocupado porque su madre dejó de estar en la casa, meditaba todo el día, se pasaba en la playa esperando a los extraterrestres, decía que le cambiaron el ADN… Estaba en la Misión Rama. Ahí se presentan como investigadores de ciencia y en realidad inculcan creencias en vida extraterrestre. Es como que yo use mi formación académica para decir que tengo pruebas científicas de la existencia de Dios. Hay que ser honesto intelectualmente y como creyente”, ejemplifica Pastorino.
El alejamiento de la familia suele ser el primer síntoma. Difícilmente, los propios adeptos consulten a un profesional. “Lo hacen después de mucho tiempo y con graves estados emocionales que les dificulta generar relaciones con otras personas”, dice el psicólogo Farías. Una de las dificultades para abandonar es que el grupo “los llena de culpa por abandonar a Dios”, además de manejar una lógica maniquea: lo bueno está en ellos, lo malo está afuera. “Es una situación de mucha agresividad”, afirma el experto.
Además de los problemas económicos en que suelen meterse los adeptos (en algunos casos han hipotecado todos sus bienes por la promesa de una curación), estas sectas pueden agravar males psíquicos. “Cuando alguien con una psicosis latente se mete en estos grupos, se dispara la patología. Ejemplo: si a una persona con problemas de disociación en su personalidad le hacen creer que está poseída por un demonio, el problema se dispara, se acrecienta y sus secuelas se agravan”.
La necesidad de creer (en lo que sea) ha acompañado al hombre en toda su historia. Hoy, en una cultura en crisis donde reina el relativismo y cada uno tiene su verdad, depositamos fe en los lugares más disímiles, opina el teólogo. “Si no cubrís la dimensión religiosa con un Dios, lo harás con otras cosas”. Quizá alguno intente quebrar una lanza por estos grupos alegando que brindan esperanza. Nadie está allí encañonado, y dicen sentirse mejor. “Pero, ¿a qué precio?”, se pregunta el sacerdote.
El pastor se quita su corbata y pide una tijera. Mientras la corta, anuncia: “Ahora, cada cual traerá su mejor ofrenda y recibirán un trozo de corbata que deberán guardar en la billetera todo abril. Así atraerán al dinero”. Pero sólo quienes ofrenden recibirán su pedazo de tela. “Si los hijos del diablo tienen dinero, ¿cómo no lo tienen los hijos de Dios?”, alienta. “Primero, los que darán 1.000 ó 500 pesos”. Unos pocos se levantan. “Ahora, 200 ó 100 pesos”, prosigue. Se acercan muchos más. Un muchacho joven vuelve con su porción de corbata. “Yo era un incrédulo, pero vine hace seis meses porque mi sobrino tenía leucemia. Y se curó. Cada uno necesita tener su propia prueba”.

Laicos, libres e ignorantes
En Uruguay, el artículo 5° de la Constitución consagra la libertad de cultos. Para el teólogo Miguel Pastorino, es un tema que debería al menos debatirse, puesto que bajo su amparo “se violan derechos fundamentales”. El psicólogo Álvaro Farías coincide: “Hay cierto descuido de las autoridades en cuanto al fenómeno de los grupos de manipulación psicológica. No hay registro de cultos. Yo puedo abrir una iglesia acá al lado, convertirme en el pastor Farías y no hay ningún problema. Nadie me va a controlar”. Para el sociólogo y abogado Pablo Mieres (que en 1996 co-escribió el libro Creencias y religiones), “la normativa actual es suficientemente clara” como para sancionar penalmente a grupos o personas que buscan engañar y estafar a los ciudadanos, aunque no haya una figura específica para los de carácter religioso.
Más allá de un debate sobre legislación, lo fundamental es educar, opina Pastorino, quien apunta que la tradición laica ha llevado a una ignorancia total en el tema religiones, cuando debería integrarse en los planes de estudio, “con una mirada crítica”, pues es una cuestión cultural. “Si estudiás Ciencias Políticas, tenés que entender de religión para hablar del conflicto palestino-israelí. En otros países, hay una mínima introducción al mundo de las religiones. Acá hay cero formación y eso nos hace más ingenuos. Te venden un panfleto y te lo comés”.
Otro punto que preocupa a los especialistas son las terapias “curativas” de toda índole. “Hay cosas serias, como la digitopuntura, la reflexología, la quiropraxia, que tienen aval de la ciencia, pero si en el mismo lugar te ofrecen angelología, hay una luz roja. Yo te puedo decir que Dios obra milagros, pero no dejes de ir al médico”.
 
Material facilitado a Iglesia En Marcha.Net por Ries
22 Abr '08

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