ALEXAMENOS VENERA A SU DIOS – Última Parte



La imagen que acompaña esta breve serie de artículos es un dibujo con una inscripción, descubierto en 1856 en la pared de una habitación usada por guardias romanos, en las ruinas de los palacios imperiales. Según la Enciclopedia Ilustrada de Historia de la Iglesia (Vila, Santamaría, Editorial Clie, Barcelona, España, 1979), esta inscripción dataría del siglo II después de Cristo: de una cruz en forma de T pende un asno; frente a ella, un hombre con los brazos abiertos la contempla; una inscripción griega dice alexamenos sebete theon (alexamenos venera a su dios). Según la Enciclopedia citada, se trataba de una pintada popular (hoy diríamos un graffiti); sería una sátira, una burla de los soldados romanos dir igida a un compañero de armas cristiano. Constituiría por lo tanto una muy temprana forma de burla de los paganos contra la fe de los cristianos, como seguramente existieron muchas otras. El apóstol Pedro refiere en su segunda epístola la actividad de incrédulos que se burlaban de la demora para el prometido regreso de Cristo (3:3-5). Pero la burla contra el desconocido Alexamenos es refinadamente cruel, pues deforma la figura más venerada por los cristianos, la del Dios-Hombre crucificado, asemejándolo a un asno.

Siempre a lo largo de la historia la burla formó parte de la oposición que los cristianos debieron enfrentar por predicar el evangelio de Jesucristo, o por el simple hecho de intentar vivir su fe. En los tiempos del ignoto Alexamenos, la oposición al cristianismo se volvía periódicamente violenta, llegando a la persecución organizada por parte del estado; persecuciones que nos han legado, como preciosa herencia espiritual, las historias de legiones de mártires que prefirieron la muerte, antes que renegar de su fe en Jesús.

Mirando desde un punto de vista bíblico y teológico, podríamos decir que el Gran Enemigo de Dios y adversario de los hombres ha instigado, en todas las épocas, el odio hacia los seguidores de Cristo, portadores del único mensaje capaz de salvar al género humano. Odio que ha cristalizado en la persecución a muerte de los cristianos, siempre que se pudo, cuando las circunstancias nacionales y culturales de una sociedad humana organizada propiciaron que se tolerase (y quizás hasta se disfrutase) el asesinato de inocentes, tenidos por enemigos públicos a causa de sus creencias. Y cuando no se pudo, ese odio tomó la forma de la burla, el menosprecio, el descrédito y el desprestigio del cristianismo en general, de su mensaje, y de sus individuos representantes.

En esta serie de artículos nos hemos acercado a lo que exponen aquellos que pretenden desacreditar el cristianismo, volverlo obsoleto y no digno de ser tenido en cuenta, mediante el recurso de negar la existencia histórica de Jesús de Nazaret. Pero nos hemos aproximado apenas a sus ideas, a sus argumentos, y a sus ocultas intenciones y prejuicios. Analizar a fondo y refutar todo lo que en el mundo se habla (y escribe) contra la existencia histórica de Jesucristo, no es posible hacerlo en unos pocos artículos, sino que demandaría escribir varios libros. Como contrapartida, refutar todo lo que en el mundo se habla, se escribe y se escribió, como evidencia de la existencia histórica de Jesucristo, y de su naturaleza divina, a estos enemigos de la fe les llevaría varias vidas.

Hace meses tratamos también en un artículo, el disparate del presunto hallazgo de la tumba de Jesús, otra estrategia comercial para ganar dinero a expensas de la castigada figura de Jesús de Nazaret. Como El Código Da Vinci; como los libros del pseudo investigador Michael Baigent; como los de la supuestamente erudita Acharya, quién no tiene el coraje de dar su verdadero nombre, y de cuya objetividad e imparcialidad podemos hacernos una clara idea por la siguiente declaración suya, hecha en un reportaje acerca de su libro La Conspiración de Cristo: “Verdaderamente yo espero que sea el fin de la era cristiana. El fraude, el engaño, la carnicería general y el robo causados por esta invención son totalmente espantosos.” (www.cibernous.com/perifericos/entrevistas/acharya).

Ahora, hemos sabido también de un italiano, llamado Luigi Cascioli, que pretende enjuiciar a la Iglesia Católica en su conjunto, a la que acusa de fraude, afirmando que la Iglesia lleva adelante desde hace veinte siglos un gran engaño con la figura de Jesús de Nazaret, inexistente en la realidad. Un ex seminarista, nos dicen. Un individuo que por alguna razón se volcó hacia una oposición violenta contra la Iglesia Católica; que enceguecido por el odio, a juzgar por las evidencias, llevó su oposición a los estrados judiciales, y habiendo sido rechazado dos veces, prosiguió su causa con convicción delirante (¿propia de un perturbado mental?), hasta hallar eco en la Corte Europea de Derechos Humanos.

Y acá nos preguntamos, la Corte Europea de Derechos Humanos, ¿tiene autoridad para juzgar si la Iglesia Católica (y el cristianismo en general) tiene razón o no al depositar su fe en Jesucristo? Una Corte compuesta de hombres falibles, algunos de los cuales pueden ser ateos, racionalistas, adeptos a otras religiones (y por lo tanto no imparciales), y alguno de los cuales puede ser también un perturbado mental, ¿decidirá acerca de la fe que alienta el corazón de más de dos mil millones de seres humanos?

Que ridículo.

Imaginemos que alguno de los hombres (o mujeres) llamados a juzgar tal cosa fuera quién escribió las siguientes joyas del pensamiento humano, en el artículo El Mito de Jesús, publicado en la página “cultural” Luz + Luz (www.luzmasluz.ORG/TEMAS/mito_jesus)

JOYA 1: Esa fábula se cree por autoengaño, por ignorancia, por infamia, por angustia o por miedo, si no por todas y cada una de estas cosas a la vez. Y es a ese amasijo de infamias, operando como una sola fuerza ciega, a lo que, para avalar ese estado de enajenación en que cae la persona o grupo de personas que se inclinan a identificarse con él (con el amasijo ese), se ha inventado lo de: en esto se cree por fe. Y ese autoengaño patológico de carácter alienante o de locura, es lo que en realidad constituye eso que, para justificar y explicar lo insólito dentro del campo de las fantasías mágico-religiosas, han dado en llamar fe. En términos sencillos: otro gran disparate.

JOYA 2: En lo que respecta al mundo judío, en el que el fantasioso engaño ubica el nacimiento, aparición y muerte del tal Jesús, allí siempre se ha estado, y en eso se sigue todavía, a la espera de un salvador, de un enviado, de un cristo, que es la palabra griega con que se dice Mesías, de su dios egoísta criminal, vengativo y sanguinario Jehová, Javeh, Elí, etc., que se ponga al frente de imaginarios ejércitos celestiales de ángeles guerreros que destruirán sin piedad y con fuego a sus enemigos e impondrán la hegemonía de los judíos. Del mitológico invento terminó por apropiarse, como de todo en esa época, el mismo Imperio Romano, igual a como hace hoy el imperialismo norteamericano, que según la leyenda lo mató, pero que, como la historia la escribe el ganador y no el derrotado, se ha creado la otra leyenda, como obra de las mercenarios del imperio, que aún perdura y por la que han muertos asesinados tantos millones de seres humanos por los cristianos, sobre todo por los sectarios seguidores del catolicismo, a quienes en saña criminal los disidentes protestantes siempre han querido igualar y hasta superar, que si, desde la época del estafador Pablo de Tarso, a quien se atribuye la creación de la religión cristiana, hasta el día actual se reparten por años los muertos, se tiene que a cada año le correspondería poco más de 150 mil muertos asesinados anualmente.

JOYA 3: Como los mitos se nutren de hechos reales, distorsionados, embellecidos o disfrazados, lo que sí se sabe es que los grupos de fanáticos que clamaban y preparaban la llegada de Cristo se dedicaban a la celebración de orgías, pues eran practicantes del amor en grupo o colectivo, estimulado por el consumo masivo de los llamados tés de hongos divinos, como sucede con el denominado amanita muscaria, de efectos alucinógenos fulminantes, de hachís y del té de campana, entre muchos otros productos alucinógenos.

JOYA 4: De sus virtudes y su pureza absoluta se encargó el Evangelio de Mateo de desmentirlas poniendo en boca del mismo dios-Jesús y luego cristo, o bien padre, hijo y espíritu santo, aquellas expresiones que lo igualan con un lumpen de la más baja ralea, al decir en el Art. 11 versículos 18 y 19: Vino Juan -se supone que el Bautista- que no comía, no bebía ni veía mujeres, y le decían endemoniado; vengo yo, que bebo vino, como una barrica según dice San Jerónimo en su Vulgata, que como igual que un barril sin fondo y que me rodeo de alegres mujeres, y me acusan de bebedor, de comelón y mujeriego.

…¿?

Realmente, al leer este artículo llegué a pensar si el autor, que tampoco se identifica, no estaría borracho al escribirlo; o bajo los efectos de alguno de esos hongos alucinógenos que menciona. La irreverencia con que está escrito, que llega a constituir un grotesco encadenamientos de blasfemias, la ordinariez de las expresiones, la ignorancia y absoluta falta de capacidad para interpretar correctamente situaciones sencillas del Nuevo Testamento, o la manera artera y malintencionada con que tergiversa dichas situaciones, son insólitas. El artículo parece la obra de un adolescente al que solo le interesa en esta vida sobarse los granos de la cara, jugar con la computadora, masturbarse, y lograr que una chica linda lo mire. ¿Pero al decir esto no deberé pedir perdón a los adolescentes, aún a los más inmaduros y estúpidos? Esta clase de artículo, grosero, falto de tacto, y además pésimamente escrito, no calificaría para publicarse en ninguna revista medianamente seria. Pero, como ya dijimos en la primera entrega de esta breve serie, internet es una gran bolsa, en la que hay mezclada mucha basura.

¿Y qué, si alguno de los hombres, o mujeres, de la Corte Europea de Derechos Humanos, que deberán juzgar la causa de Luigi Cascioli contra la Iglesia Católica, comparte alguno de los pensamientos del despreciable sujeto que escribió el artículo comentado?

Ahora bien, ¿con qué nos quedamos? ¿Qué enriquecerá más nuestras vidas y mejorará nuestro mundo? ¿El amor predicado por Jesús, el amor aún a los enemigos, el amor que llega al sacrificio de uno mismo? ¿O el odio violento, el desprecio, la delirante y codigodavinchesca obsesión por demostrar que lo más excelso que nos legó la historia humana no es más que un engaño, una “conspiración”?

Tal vez antes de terminar debamos aproximarnos a lo que hay de cierto en las afirmaciones de estos infames individuos, que tanto veneno echan sobre la verdad histórica de nuestra fe con sus prejuicios, tergiversaciones y mentiras. Hay un mandamiento paulino muy simple y escueto, pero que abarca una enorme cantidad de situaciones de la vida, en que potencialmente podemos errar de medio a medio, echando a perder el testimonio de la fe que decimos profesar: no deis lugar al diablo (Efesios 4:27). En otras palabras, y en el contexto del tema tal como lo hemos enfocado en este ensayo, no dar (los cristianos) lugar a que el Gran Enemigo de Dios y adversario de los seres humanos tenga la oportunidad de instigar la burla, el menosprecio, el descrédito y el desprestigio del cristianismo en general, de su mensaje, y de sus individuos representantes. Porque eso mismo es lo que ha hecho el cristianismo, casi desde sus albores; es parte de la historia de nuestra fe. Cuando estas personas hablan de el fraude, el engaño, la carnicería general y el robo; cuando hablan de la celebración de orgías (y tantas formas de inmoralidad sexual entre hombres y mujeres “de Iglesia”); aún cuando leemos afirmaciones que a priori nos parecen tan disparatadas, como que desde la época de Pablo de Tarso hasta el día actual, los cristianos habrían asesinado 150 mil personas por año (pensemos en la intolerancia religiosa practicada por la Iglesia Cristiana desde las postrimerías del Imperio Romano; en las Cruzadas; en la Santa Inquisición), debemos inevitablemente aceptar que los cristianos, a lo largo de los siglos, hemos errado el camino una y otra vez, apartándonos de la senda trazada tan claramente por Cristo.

En el nombre de Cristo se ha robado a los pueblos, se ha explotado a los débiles, se han discriminado grupos humanos; en el nombre de Cristo se ha reprimido, torturado y asesinado personas que sustentaban creencias diferentes. La falibilidad y debilidad moral humana, la naturaleza ruin, pecaminosa y despreciable de muchos de los que han profesado ser cristianos, son tan flagrantes que han dado lugar al desprestigio, el rechazo y el odio hacia el cristianismo. Los cristianos deberíamos pensar seriamente en eso. En el nombre de Cristo se han violado una y otra vez los mandamientos de Cristo. Y cuando no se pudo hacer en el nombre de Cristo, se cometieron (y cometen) pecados iguales o peores, cubiertos por el manto de la más pétrea hipocresía.

Es verdad, los pecados de los cristianos no exculpan a quienes, odiando al cristianismo, se vuelven contra Cristo, considerándolo otra cosa, o directamente tratando de erradicarlo de la historia como personaje real, que existió en un tiempo y lugar definidos. Pero si aquellos no son exculpados, ¿nosotros sí? ¿En nombre de qué? Recordemos que es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (1 Pedro 4:17).

Los cristianos deberíamos pensar muy seriamente en eso.

Tenemos el privilegio de ser llamados a presentarnos como testigos ante el mundo de la verdad, la pureza, el amor y la gloria de Jesucristo, el único en quién hay salvación eterna para el género humano. Como cristianos, tenemos un pasado de veinte siglos que no nos condena, pero que obstaculiza y entorpece nuestra tarea, nuestra misión. Mucho, muchísimo bien ha sido hecho por los cristianos a lo largo de los siglos, y en la actualidad. Pero también mucho mal ha sido hecho por malos cristianos, pseudo cristianos, o cristianos extraviados en un fanatismo irracional.

La oportunidad que nos ofrece la generación actual es la de obrar, individual y colectivamente, como verdaderos seguidores de Cristo; como cristianos que predican y practican el amor, en un mundo de odio y crueldad; el amor sin distinción de ningún tipo, en un mundo que segrega y discrimina; la pureza moral en todos sus aspectos, en un mundo degenerado y moralmente corrompido; la verdad, en un mundo de mentiras, hipocresía y oscuridad; el perdón, en un mundo de intolerancia, rencor y venganza.

Ya sé, esto termina como un sermón. Es cierto. Es que la noción de que la cristiandad ha quedado en deuda con el mundo, a lo largo de la historia, por sus malas acciones, deja la impresión de que queda aún mucho trabajo por hacer. Y no cualquier trabajo, sino (y nada menos que) la obra del Señor Jesús, luz de un mundo en tinieblas. Tal vez, en última instancia el asunto sea individual: ser un auténtico cristiano. Y si es necesario padecer, sea burla, desprecio, odio o violencia, padecerlo como cristiano; es decir, como verdadero cristiano, que ha puesto su corazón en hacer las cosas bien, tal como Cristo en verdad enseñó.

Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, ladrón o malhechor, o por entrometerse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello (1 Pedro 4:15,16).

Y recuerde: no le crea a los infames individuos que en su racionalismo, y/o en su odio, niegan a Cristo. La fe cristiana tiene bases muy firmes, que veinte siglos de barbaridades, cometidas dentro y dichas afuera, no han podido ni podrán mover jamás.

Dr. Álvaro Pandiani

Iglesia En Marcha.Net

19 Ago '07

Deja un comentario

*