ALEXAMENOS VENERA A SU DIOS


Un mito es, según el diccionario, una invención, fantasía, pero también una ficción alegórica, generalmente en materia religiosa, la cual tiene una fuerza creadora e incluso mágica, en que queda impregnado el pueblo que la crea, rigiendo su vida y conducta (Salvat Editores; Barcelona, España, 1992). Dado que esta invención, fantasía y ficción alegórica se da generalmente en materia religiosa, parece pertinente di rigir nuestros ojos hacia el cristianismo, la fe que profesa el 33% de la población mundial, en la actualidad. El Nuevo Diccionario Bíblico dice en el artículo mito, mitología: Gr. mythos, “cuento”, “fábula”. Más adelante agrega: en el Nuevo Testamento mythos aparece únicamente en las epístolas pastorales y en 2 Pedro, y siempre en sentido despreciativo. Y luego: dichos “mitos” o “fábulas” se contraponen a la verdad del evangelio: no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad (2 Pedro 1:16). (Ediciones Certeza; Illinois, USA, 1991).

Como cristianos, estamos acostumbrados a que nuestra fe despierte una amplia gama de reacciones. Desde la reacción nula, la simple indiferencia del agnóstico que es tibio respecto al evangelio que se predica, actitud habitual y mayoritaria en países con gobiernos laicos y sociedades secularizadas, comúnmente con herencia católica romana, hasta la oposición beligerante y declarada. Esta oposición abierta toma características violentas en diversos lugares del mundo. El artículo de Alberto Palnau LA GUERRA MUNDIAL EN CONTRA DEL CRISTIANISMO, tomado de LA VOZ DE LOS MÁRTIRES, habla de cristianos perseguidos por su fe en países como Nigeria, Zimbabwe, Pakistán, Birmania, China comunista, y otros; él ofrece una cifra escalofriante: cada año, un promedio de 160.000 cristianos mueren como mártires por su fe en Cristo (artículo reproducido en el sitio Web iglesiaenmarcha.net, el 27de diciembre de 2006).

Otro tipo de oposición, no menos peligrosa, es la guerra intelectual llevada adelante por quienes pretenden negar, no ya la pertinencia o necesariedad de que el espíritu humano aliente una fe que le sostenga a la hora de enfrentarse con el mundo de hoy, sino aún los hechos mismos que dan base y fundamento histórico a la fe cristiana. Es decir, la premisa no declarada, pero abundantemente argumentada, de que no tiene sentido creer, porque no hay (ni existe) nada en qué creer. A cualquier lector de la Biblia le vendrá enseguida a la mente el pasaje (afirmación/comentario/lamento) del salmo: Dice el necio en su corazón: No hay Dios (14:1). Este y otros pasajes bíblicos pueden interpretarse como una muy temprana manifestación de ateísmo; por lo menos de un ateísmo práctico, el de que aquellos a quienes nos les importa si existe Dios o no existe, y solo están interesados en seguir con sus asuntos, y que Dios (si es que lo hay) no se entrometa en los mismos. Esta cosmovisión atea procura vestirse con los argumentos de una supuesta filosofía humanista, que poniendo al hombre como instancia superior, parece querer entronizarlo como ser supremo, desechando por tanto toda potencia supernatural en la que el ser humano ha creído, o cree. Echando una ojeada a la historia humana, y otra mirada al mundo actual, parece evidente que esta filosofía, que pone su fe en el hombre y cree que el espíritu humano tiene por sí la capacidad de mejorarse a sí mismo, y hacer de éste un mundo mejor, es la religión más fracasada que alguna vez haya existido.

Sin embargo, lo que se considera como el viejo molde religioso del cristianismo es atacado con furia y desprecio, sino con los métodos clásicos de la persecución, la tortura y el asesinato, como en aquellos países antes mencionados, sí con las armas dialécticas de una argumentación vehemente e incansable, cargada de odio, plagada de sofismas y de arteras tergiversaciones de los hechos históricos y sagrados en que se fundamenta la fe cristiana; una argumentación desprovista de toda objetividad, de todo asomo de imparcialidad, de toda pizca de apertura mental al hecho (apriorísticamente considerado como imposible) de que el otro pudiera tener razón. Multitud de artículos en internet, literalmente millones, hablan de Jesucristo. Y lo hacen desde todas las perspectivas, con todos los enfoques posibles, desde la fe más sublime, hasta la oposición más violenta, insultante, irreflexivamente blasfema. En esta línea, se habla contra Jesucristo, y se dice lo peor. Lo peor, contra la fe que alientan los cristianos actuales, y los de todas las épocas.

No deja de llamar la atención la profusión de artículos que hablan de Jesús, lisa y llanamente, como de un mito. Así, sin más; una invención, fantasía, una ficción alegórica. Capta nuestra atención, y golpea el rostro de aquellos que procuramos vivir sinceramente nuestra fe, el tranquilo desparpajo con que diversos autores niegan que Jesús de Nazaret alguna vez haya existido. Es todo un paso adelante; porque negar que haya un Dios, bueno, el agnosticismo cotidiano de la mayoría de las gentes es una negación práctica de que exista, en algún lugar, un Ser Supremo, Creador de todo lo que existe. Pero desalojar a Jesús de Nazaret de la historia humana, es un atrevido salto hacia la nada. ¿Por qué? Porque los enemigos del cristianismo saben, que si erradican a Jesús de Nazaret de la historia del mundo, todo lo concerniente a la fe, doctrina, autoridad y esperanza cristianas, cae hecho pedazos. No podemos engañarnos: el cristianismo está edificado sobre Cristo; por eso, a diferencia de los católicos romanos, quienes creen que la piedra sobre la que se edifica la iglesia es Pedro (y sus sucesores, es decir, los papas romanos), los protestantes creemos que la piedra es Cristo mismo (Mateo 16:18). Jesucristo es la principal piedra del ángulo. Si Él desapareciera, del cristianismo no quedarían ni los escombros; quedaría, apenas un recuerdo. Para estos señores, un mal recuerdo. Estos infames individuos saben hacia donde apuntar; desde el siglo XIX varios autores ateos han pretendido negar la existencia histórica de Jesús de Nazaret; y hoy en día, en internet, pululan.

Una primera observación que debemos hacer al abordar este tema, una previsión en realidad, es que si uno navega por internet y comienza a buscar y bajar información de diversos temas, puede encontrar prácticamente de todo. ¿A qué me refiero o qué me interesa a los efectos de este ensayo? No a la aludida diversidad de las temáticas que se hallan en la red, en la que parece no faltar ningún área de conocimiento, estudio o discusión por parte del ser humano; tampoco a la cantidad de información, que se revela como inagotable, e imposible de abarcar en su totalidad por una sola persona. A lo que me refiero es a la calidad de lo que uno puede leer. Internet es un mega quiosco de revistas virtual, en el que uno puede encontrar desde los más profundos y sesudos análisis y ensayos sobre los problemas que inquietan al ser humano, escritos por autores serios y responsables, pasando por la prensa comprometida que entrega información objetiva, respaldada en los hechos, siguiendo por la prensa amarillista, la sensacionalista, los paparazzi del espectáculo, hasta las historietas, los álbumes de figuritas, y en el otro extremo, la más grosera pornografía. Que un artículo de información, análisis, estudio, o divulgación académica esté en internet, no es en absoluto garantía de calidad, seriedad, respaldo sobre datos y hechos objetivos, ni del profesionalismo y compromiso con la verdad de los autores. A veces, ni siquiera de su idoneidad para escribir sobre determinados temas. Es necesario evaluar cada sitio web, con parámetros que no son del caso discutir en este artículo (que también está en internet), para decidir si lo que allí está escrito es realmente confiable. Internet es una gran bolsa, en la que hay mezclada mucha basura.


La segunda previsión en realidad ya fue mencionada, pero es bueno reiterarla, profundizando sobre el punto. Cuando se habla (o se escribe) de cristianismo, se habla de religión; y cuando se habla o discute de religión, es infantil esperar imparcialidad en la partes. Diversos autores opuestos al cristianismo pretenden presentar sus ensayos, informes y conclusiones de estudios sobre temas religiosos, con argumentos supuestamente “científicos”, y por ende, objetivos y desapasionados. Pero la fría neutralidad de un análisis “científico” casi nunca logra ocultar el espíritu tendencioso con que aquellos que desarrollan la “investigación”, sea experimental o bibliográfica, pretenden “demostrar”, científicamente y con objetividad, sus propias opiniones preconcebidas. En lo personal, me tomo la licencia de considerar, apriorísticamente y sin conocer a tales autores, que mienten. Veamos un ejemplo.
En el portal El Cristianismo al Descubierto, en la sección Por qué esta página, podemos leer:

“Creemos definitivamente que es verdaderamente lamentable el constante avance y proliferación del cristianismo como ideología de masas.”

Esta primera confesión da lugar a muchas lecturas. En primer lugar, es evidente que en pleno siglo XXI el cristianismo está activo, avanza y conquista, aún, el corazón y el espíritu humano de multitudes; sino, estos individuos no se sentirían tan cercados como para hacer una declaración pública (en internet) tan contundente. Los responsables de este portal deciden pasar a la ofensiva contra el cristianismo, y adoptan una posición definidida y definitiva (casi absoluta). En la referida sección continúan diciendo:

“…con el actual progreso y desarrollo de la ciencia y la tecnología, tenemos ahora la posibilidad de comprobar si es verdad todo aquello que se dice acerca de un ser supremo y todopoderoso que rige hasta lo más insignificante de nuestras vidas y del planeta mismo.”

Uno podría preguntarse si esta gente no está llegando con varias décadas de atraso a la vieja alucinación de los ateos, respecto a que la ciencia superaría la necesidad humana de creer en algo superior, pues daría al hombre todas las respuestas que éste necesita sobre el universo y la vida. Una discusión, sino superada, si en gran parte abandonada por bizantina y estéril. Simplemente pensemos: ¿pueden la ciencia y la tecnología “comprobar” y “demostrar” que en el universo no existe Dios?
Hasta aquí, los que mantienen este portal se han definido: son enemigos de la religión en general, y del cristianismo en particular. Su parcialidad contra la fe cristiana es evidente. Entonces, ¿en qué sirven de ejemplo de lo que veníamos hablando previamente? En la misma sección siguen diciendo:

“Actualmente existen estudios serios, profesionales y apartidistas acerca del canon hebreo y griego… Lo que nos proponemos es presentar información útil, verídica y sin pasiones, que permitirá a las personas… comparar los conocimientos religiosos que posee o está obteniendo y confrontarlos con el conocimiento opuesto pero fundamentado en el verdadero estudio de los escritos considerados sagrados.” (Los énfasis son míos).

Es inaudita, amén de pueril, la contradicción en que incurren, en unos pocos renglones, estos pretendidos divulgadores de conocimiento científico “apartidista” y “desapasionado”. Porque ellos, desde su posición anticristiana definida, nos ofrecen en su portal artículos y estudios sobre cuestiones religiosas, y aún sobre escritos sagrados, aseverando que es información verídica; y con esta aseveración, se apropian de la verdad, y ponen bajo el estigma de falsedad y mentira toda información, estudios, ensayos y argumentos sobre los mismos temas, que no esté de acuerdo con ellos, o con aquellos autores que piensan como ellos, y por lo tanto califican para que sus artículos sean publicados en el portal. También afirman que, mediante la lectura de estos trabajos publicados en su sitio web, las personas podrán comparar el conocimiento religioso que tienen con el conocimiento opuesto pero fundamentado en el verdadero estudio de los escritos considerados sagrados. Y aquí, otra vez, la parcialidad y el subjetivismo irrumpen con grosería, pues tal afirmación implica que este conocimiento que ellos difunden, opuesto al religioso, se basa en un estudio verdadero de las escritos sagrados, con lo que tilda a todo estudio de escritos sagrados que arroje conclusiones diferentes, de incompleto, incorrecto, tendencioso o falso.

La neutralidad en la consideración de los temas referidos a la religión cristiana, es a todas luces una ilusión. E imposible la discusión desapasionada. Quizás cabe, llegado este punto, aclarar que el presente artículo no pretende ser objetivo, ni imparcial, ni neutral respecto al cristianismo. Quién esto escribe es cristiano; yo creo en Jesucristo, hasta la médula de mis huesos. Creo en el Jesús histórico, el hombre de Nazaret, el Cristo de la Santas Escrituras, la Biblia. No puedo, ni quiero, ni pretendo ser objetivo en esto. Y en lo que respecta a la discusión con los enemigos intelectuales de la fe cristiana, esos infames individuos, hipócritas divulgadores de un conocimiento pretendidamente objetivo, que esconde los prejuicios y opiniones apriorísticas más flagrantes, no puedo ser desapasionado. Si acaso, mientras mi ser interior se enardece como el de ellos, procuro mantener una actitud de respeto, en atención a la recomendación del apóstol san Pedro: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15).

Cosa que no hacen ellos, como más adelante veremos.

Dr.Álvaro Pandiani


Iglesia En Marcha.Net
20 Jun '07

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