ALEXAMENOS VENERA A SU DIOS – 2da Parte


ALEXAMENOS VENERA A SU DIOS – 2da Parte


No puedo, ni quiero, ni pretendo ser objetivo en esto.

El apóstol Pedro advierte en una de sus cartas apostólicas: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Una afirmación clave aparece al final de esta exhortación: la esperanza que HAY en vosotros. Hay una esperanza en nosotros, alentada por la vida, ministerio, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Una esperanza mantenida viva por su obra de salvación consumada al morir en la cruz del gólgota, y por su resurrección de entre los muertos, y que late con la promesa de su regreso, ha cumplirse cuando los tiempos del mundo lleguen a su fin. Por lo tanto, nuestra posición es clara y definida. Ahora yo me apropio de la verdad. Este autor escribe desde una perspectiva bíblica y cristiana, que entiende como cierto que Jesús de Nazaret vivió en la Palestina del siglo I de la Era Cristiana (aunque muchos ya no la llamen cristiana, la civilización sigue basando su calendario en el hecho magnífico del nacimiento de este magnífico ser); que entiende como cierto que Jesús nació de una mujer que no había mantenido relaciones sexuales previamente, y que fue virgen hasta el parto; que entiende como cierto que en el transcurso de su ministerio público, Jesús se vio rodeado de hechos extraordinarios, que contravenían las leyes de la naturaleza, muchos de los cuales fueron provocados por Él mismo, a los que comúnmente llamamos “milagros”; que entiende como cierto que Él tenía ese poder, por ser nada menos que el Eterno Hijo de Dios (así, con mayúscula, para los contras); que entiende como cierto que Él murió crucificado por los romanos, a instancias y por instigación de las autoridades judías de aquel tiempo, y que esa muerte representó el sacrificio expiatorio perfecto y eterno que trajo redención a la humanidad, para que ésta fuera rescatada de su propio extravío y perdición; que entiende como cierto que Jesús, al tercer día de estar muerto, literalmente volvió a la vida por el poder de Dios, ascendió a los cielos, y volverá a este mundo, en la consumación de los tiempos que nos fueron dados, para juzgar a vivos y muertos e instaurar su reino.

No deben quedar dudas de nuestra posición. Pues tampoco quedan dudas de la posición contraria de aquellos que niegan, se oponen, pretenden ignorar estas verdades, o procuran convencernos que son mitos, nacidos del mito primordial, Jesús, con argumentos tendenciosos, plagados de opiniones preconcebidas.

La tesis de este artículo es, precisamente, que estos infames individuos vierten en sus artículos sobre la existencia histórica de Jesús opiniones preconcebidas, tergiversaciones y mentiras, basadas en prejuicios y odio contra el cristianismo. Lo que brilla por su ausencia es la objetividad.

Si hacemos una investigación bibliográfica acerca de la existencia histórica de Jesús de Nazaret, una búsqueda rápida en internet a través de google arroja un gran número de artículos, que al abordar el tema emiten opiniones, supuestamente eruditas o basadas en estudios realizados por entendidos en el tema, acerca de tópicos que se repiten. Dichos tópicos son los reiterados análisis, desde diversas perspectivas, de las fuentes históricas que ofrecen evidencia acerca de la existencia del hombre Jesús. Las fuentes se dividen en bíblicas y extrabíblicas, y éstas últimas en paganas, judías, y cristianas. Vamos a tomar algunas las fuentes extrabíblicas, para comparar los enfoques con que son estudiados. Concretamente en este artículo, dos: Josefo y Tácito. En una tercera entre hablaremos también del Talmud, antes de analizar las fuentes bíblicas.

Flavio Josefo 

Comenzaremos con el controvertido testimonio flaviano, el pasaje del libro XVIII de las Antigüedades de los Judíos, del historiador judío Flavio Josefo. El texto “oficial” del testimonio flaviano, según la versión de Eusebio de Cesarea, es el siguiente:

Por este mismo tiempo, vivió Jesús, hombre sabio, si es que hombre hay que llamarlo, porque realizaba obras portentosas: era maestro de los hombres que recibían gustosamente la verdad y se atrajo no sólo a muchos judíos, sino también a muchos griegos. Este era el Cristo. Habiéndole infringido Pilato el suplicio de la cruz, instigado por nuestros próceres, los que primero lo habían amado no cesaron de amarlo, pues al cabo de tres días nuevamente se les apareció vivo. Los profetas de Dios tenían dichas estas mismas cosas y otras incontables maravillas acerca de él. La tribu de los cristianos, que de él tomó el nombre, todavía no ha desaparecido hasta hoy.

Sobre este texto leemos en el artículo Jesús de Nazaret de Teología.com (con formato de Wikipedia, La Enciclopedia Libre [on line]): “La autenticidad del fragmento ha sido objeto de fuerte cuestionamiento filológico e historiográfico; hoy se acepta generalmente, en base a la comparación entre manuscritos y al análisis estilístico, que las referencias tradicionalmente consideradas como evidencia histórica de la existencia de Jesús son interpolaciones posteriores.”

Por su parte Frank R. Zindler, en su artículo ¿Existió Jesús? (American Atheist, 1998), de quién se nos dice que era “Antes un profesor de biología y geología… es ahora un escritor de ciencia (y) un miembro de la Asociación americana para el Avance de Ciencia, la Nueva Academia de Ciencia de Nueva York” (es decir, no un especialista en historia ni en arqueología) dice del testimonio flaviano: “Ahora ningún Fariseo leal diría que Jesús había sido el Mesías. Que Josephus podría relatar que Jesús había sido restaurado a la vida ” en el tercer día ” y no ser convencido por esta pequeña asombrosa información, está fuera de la creencia. Peor aún es el hecho de que la historia de Jesús está intrusa en la narrativa de Josephus y puede ser vista como una interpolación hasta en una traducción inglesa del texto griego”; y más adelante agrega: “La primera persona para mencionar de esta interpolación obviamente falsificada en el texto de la historia de Josephus fue el padre de iglesia Eusebio, en 324 EC. Es bastante probable que Eusebio mismo hiciera algo de la falsificación.” (el sitio advierte que el texto fue traducido electrónicamente del inglés, por lo que puede contener errores gramaticales); (los énfasis son míos).

La posición de muchos estudiosos es que el testimonio flaviano es una interpolación cristiana posterior. Es decir, que algún cristiano lo escribió y lo insertó en el texto de Josefo. Pero Zindler, un autor evidentemente ateo y contrario a la fe cristiana, incurre en un error capital al considerar imposible que Josefo hable de la resurrección de Jesús como de un hecho real, y no crea que Jesús sea el Mesías. Si consideramos que Josefo era un judío ortodoxo, que creía que su Dios tenía el poder de resucitar a un muerto (un hecho apriorísticamente considerado imposible por un ateo actual), podía perfectamente creer en la resurrección de Jesús, sin aceptarle como mesías, de la misma manera que no aceptaba como mesías a aquellas personas de quienes el Antiguo Testamento relata que resucitaron (1 Reyes capítulo 17; 2 Reyes capítulos 4 y 13). La afirmación de Zindler sobre lo que Eusebio hizo o no, es indemostrable y gratuita; más objetivo sería decir que es posible que Eusebio hiciera la falsificación (cualquiera podría haberla hecho). La afirmación de Zindler es tendenciosa, y sugiere subliminalmente en sus lectores su propio preconcebido punto de vista.

La Enciclopedia Católica (digital) en el artículo Primeros Documentos Históricos sobre Jesucristo dice algo interesante: todos los códices o manuscritos del trabajo de Josefus contienen el texto en cuestión; para mantener la falsificación de este texto debemos suponer que todas las copias de Josefus estaban en manos de los cristianos, y fueron cambiados de la misma manera.” Esta es una afirmación importante, si bien algo inexacta, pues aparentemente en algunas copias el texto faltaría (lo que no debería asombrarnos en la transmisión de un documento mediante el primitivo procedimiento del copiado a mano, durante siglos). Me parece interesante citar esta afirmación, antes de ir a otro tratamiento del testimonio flaviano, que se encuentra en el artículo Controversia Cristo – Jesús, de Edu Roses. En dicho artículo, junto con la versión “oficial”, se ofrecen tres variantes del texto, que es interesante reproducir.

El testimonio sobre Jesús en la versión de Agapio      Por esta época, hubo un hombre sabio llamado Jesús, de buena conducta; sus virtudes fueron reconocidas, y muchos judíos y de otras naciones se hicieron discípulos suyos. Y Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Pero los que se habían hecho discípulos suyos predicaron su doctrina. Contaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Quizás era el Cristo sobre el que habían dicho cosas prodigiosas los profetas.     Agapio, Historia universal.

El testimonio sobre Jesús en la versión de Miguel el Sirio   Por esta misma época, vivió Jesús, hombre sabio, si es que puede llamársele hombre. Porque era autor de obras gloriosas y maestro de verdad. Y muchos entre los judíos y entre las naciones se hicieron discípulos suyos. Se pensaba que era el mesías…  Miguel El Sirio, Crónica.

El testimonio sobre Jesús en la versión de San Jerónimo     En esta época vivió Jesús, hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre. Efectivamente, era el autor de hechos admirables y maestro de los que reciben libremente la verdad. Además, muchos, tanto entre los judíos como entre los gentiles, se hicieron discípulos suyos, y se creía que era el Cristo…      San Jerónimo, De viris illustribus.

La existencia de diferentes versiones de un documento antiguo debe hacernos pensar que dichas versiones han de ser variantes de un documento único primitivo, y buscar en dichas variantes elementos comunes, que podemos suponer pertenecieron a dicho documento primitivo. En estas cuatro versiones del testimonio flaviano destaca notablemente un elemento común: todos hablan de Jesús, que vivió en determinada época, que fue maestro de la verdad, que hizo discípulos, y que se creía (en palabras de un judío) que era el Mesías. Y aquí le cedemos el comentario final nuevamente al autor de Controversia Cristo – Jesús, quién dice: “La comparación de estas cuatro versiones resulta muy interesante. Da a entender con claridad que el texto primitivo de Josefo era sin duda menos afirmativo en cuanto a la mesianidad de Jesús que lo que da a entender el texto de Eusebio. ¿Es posible reconstruir el texto “auténtico” de Josefo? Algunos lo han intentado. En todo caso, hay que reconocer que Josefo habla ciertamente de Jesús y de su mesianidad, aunque sin comprometerse en este punto de una forma tan personal como sugiere el texto de Eusebio.”

Resulta más honesto ofrecer todas las versiones del texto de Josefo, antes que desecharlo de plano, en base a una prejuiciosa sentencia de falsificación. Hay otro pasaje de Josefo que menciona a Jesús, en relación a Santiago (o Jacobo):

Anano reunió al Sanedrín de los jueces e hizo comparecer ante ellos a Santiago, el hermano de Jesús, llamado el Cristo, así como a algunos otros; los acusó de haber violado la ley y los entregó a la lapidación. (Antigüedades XX, 20).

Sigamos la misma secuencia anterior. En el artículo Jesús de Nazaret de Teología.com, dice: “Esta cita ayuda a datar la muerte de Santiago, hermano de Jesús, en el año 62. El texto del capítulo 20 es filológica e historiográficamente más consistente que el testimonio flaviano; coincide formalmente con el estilo de Josefo, y parece poco probable una interpolación cristiana por la falta de énfasis hagiográfico y la mención de un «hermano de Jesús» (que habría resultado conflictiva para una fe que proclamaba la virginidad de María).” 

En el artículo Controversia Cristo – Jesús leemos: “No hay razón alguna para suponer que las palabras “llamado el Cristo” hayan sido añadidas por algún copista cristiano. Semejante apelación entraba perfectamente en las categorías judías y Josefo podía entonces hablar de Jesús llamado el Cristo, sin pronunciarse personalmente sobre esta calificación.”

¿Qué dice el ateo Zindler de este pasaje? Volvamos a su artículo ¿Existió Jesús?, y veamos su opinión sobre este pasaje de Josefo: “Debe ser admitido que este pasaje no se introduce en el texto como lo hace el antes citado. De hecho, esta muy bien integrado en la historia de Josephus. Que ha sido modificada de cualquier fuente que Josephus podría decir (recuerde, aquí también, Josephus no podía haber sido un testigo ocular) es sin embargo sumamente probable. La palabra crucial en este pasaje es el nombre Santiago (Jacob en Griego y hebreo). Es muy posible que este nombre muy común estuviera en el material de la fuente de Josephus. Esto hasta podría haber sido una referencia a Santiago el justo, un personaje del primer siglo que tenemos buena razón para creer que de verdad existió. Habría sido natural relacionarlo con el personaje de Jesús. ¡Es bastante posible que Josephus en realidad se refiere a Santiago ” el Hermano del Señor, ” y esto haya sido cambiado por copistas cristianos (recuerde que aunque Josephus fuera un judío, su texto ha sido conservado sólo por los Cristianos!)” A Hermano de Jesús ” – agregado luego para la buena medida quien fue llamado Cristo.” (los énfasis son míos). Este autor inicia su comentario admitiendo, en apariencia noblemente, que este pasaje de Josefo tiene más solidez en cuanto a una probable autenticidad. Sin embargo, no ceja en su empeño por negar cualquier documento antiguo que pueda ser evidencia de la existencia histórica de Jesús. Comienza otra vez transformando arbitrariamente una posibilidad (la modificación de un documento antiguo) en una suma probabilidad. Nos habla luego de un personaje del primer siglo, Santiago el justo, de quién dice que hay buena razón para creer que de verdad existió. Y aquí uno se pregunta, primero, ¿a quién se refiere?; porque si nosotros buscamos información sobre Santiago (o Jacobo) el justo, nos encontramos con que la bibliografía al respecto llama Santiago (o Jacobo) el justo ¡al hermano de Jesús (podríamos agregar: llamado el Cristo)! Segunda pregunta, ¿por qué dice que de Santiago el justo tenemos buena razón para creer que de verdad existió? ¿Cuál es la evidencia histórica de que Santiago el Justo verdaderamente existió? Si la abrumadora cantidad de documentos y manuscritos del primer siglo que hablan de Jesús no son suficientes para este señor, que pretende convencernos de que Jesús nunca existió, ¿cuál es la evidencia de la existencia de Santiago el justo? ¿No se trata más bien que Santiago el justo no es el centro de una religión histórica y mundialmente extendida, que este individuo quiere negar y atacar a toda costa? Zindler pretende convencernos (sin prueba alguna) de que Josefo en realidad se refiere a un personaje llamado “Santiago el hermano del Señor”, y que un copista cristiano, posteriormente, cambió “hermano del Señor” por “hermano de Jesús”. Ahora, pensemos, ¿qué personaje de la Palestina del siglo primero de la era cristiana puede ser Santiago el hermano del Señor, sino Santiago, el hermano de Jesús de Nazaret?

La estupidez del argumento del ateo Zindler nos exime de más comentarios.

 

Tácito

El pasaje clásicamente citado de los Anales de Cornelio Tácito que menciona a Jesús se relaciona con el incendio de Roma por Nerón, y cómo éste culpó a los cristianos y los castigó por tal crimen; dice:

 

Para acabar con este rumor (que atribuía el incendio de Roma al Emperador), Nerón tachó de culpables y castigó con refinados tormentos a esos que eran detestables por sus abominaciones y que la gente llamaba cristianos. Este nombre les viene de Cristo, que había sido entregado al suplicio por el procurador Poncio Pilato durante el principado de Tiberio. Reprimida de momento, esta detestable superstición surgía de nuevo, no sólo en Judea en donde había nacido aquel mal, sino también en Roma en donde desemboca y encuentra numerosa clientela todo lo que hay de más criminal y vergonzoso en el mundo.

Nuevamente veamos los comentarios sobre el pasaje, en aquellos artículos que hemos tomado para guiar este ensayo. En Jesús de Nazaret leemos: “Aunque la autenticidad del texto de Tácito no ha sido cuestionada, numerosos autores han indicado que se carece de indicaciones sobre sus fuentes; se ha barajado la posibilidad de que se basara en Plinio (ver infra), o en las confesiones de los propios cristianos frente a la persecución policial. El fragmento aparece en el contexto de una larga diatriba contra los males del gobierno de Nerón, indicando que el interés de Tácito no estaba en el fenómeno cristiano por sí mismo sino en la crítica al emperador.”

La Enciclopedia Católica en el artículo mencionado Primeros Documentos Históricos sobre Jesucristo comenta: “El escritor romano confunde a los cristianos con los judíos, considerándolos una secta judía particularmente abyecta; se puede inferir lo poco que había investigado la verdad histórica de los documentos judíos por la credulidad con la que aceptaba las absurdas leyendas y calumnias sobre los orígenes del pueblo Hebreo. (Hist., V, iii, iv).” No agrega otros comentarios ni aclaraciones. Tampoco Edu Roses, al presentar el pasaje. Ahora bien, ¿qué dice el ateo Zindler sobre este pasaje de Tácito? Abunda en comentarios; primero, cita a otro escéptico, G. A. Wells, quién dice en La Evidencia Histórica para Jesús; p.16:

 [Tácito escribió] a la vez cuando los mismos Cristianos habían venido a creer a que Jesús había sufrido bajo Pilatos. Hay tres motivos para sostener que Tácito aquí simplemente repite lo que los Cristianos le habían dicho. ¡Primero, él da a Pilatos un título, procurador [sin decir procurador de qué! FRZ], lo que era corriente sólo desde la segunda mitad del primer siglo. Si él hubiera consultado los archivos que registraban acontecimientos más tempranos, él seguramente habría encontrado a Pilatos allí designado por su título correcto, prefecto. Segundo, Tácito no llama al hombre ejecutado Jesús, sino que usa el título Cristo (el Mesías) como si esto fuera un nombre propio. Pero él difícilmente podría haber encontrado en archivos una declaración como “el Mesías ha sido ejecutado esta mañana”. Tercero, hostil al cristianismo como él era, él estuvo seguramente contento de aceptar de los cristianos su propia opinión de que el cristianismo era de origen reciente, ya que las autoridades romanas estaban preparadas para tolerar sólo antiguos cultos. (énfasis mío).

El argumento de Wells cae por su propio peso. Según él, para escribir sus Anales, Tácito recurre en este punto a simples entrevistas con los cristianos de su tiempo. La expresión sin decir procurador de qué revela la ignorancia de este escéptico, que basa su argumento en el uso moderno del término procurator (persona facultada por otra para ejecutar una cosa en nombre de ésta. Persona legalmente habilitada ante los tribunales para ejercer la representación de otra en un juicio. Diccionario Salvat).  Desde por lo menos el año 41 después de Cristo, el término procurator se utilizaba para nombrar a los gobernadores de las provincias de tercera clase (como lo era Judea). En 1961 se encontró una inscripción en Cesarea, que denomina a Pilato praefectus. Que la evidencia arqueológica muestre que un Pilato fue gobernador de Judea en tiempos de Jesús, tal como lo dicen los evangelios (punto a favor de la confiabilidad histórica de dichos documentos) no parece importar a estos individuos, que como vimos en el caso de Santiago el justo, están dispuestos a aceptar la existencia de cualquier persona en aquel siglo, menos la de Jesús. Tácito no es el único que llama procurator a Pilato; también lo hace Josefo. Aparentemente, estos historiadores que escriben en la segunda mitad del siglo I, utilizan el título que permitiría a sus lectores entender que se trataba del gobernador de Judea. Toda este ir y venir con los términos praefectus y procurator, no tiene más objetivo que demostrar que lo que Tácito dice surge de información brindada por los cristianos de su época. Wells dice con desparpajo que si Tácito hubiera consultado los archivos habría encontrado el título correcto de Pilato. Pero recordemos que “de la inscripción de Pilato encontrada en Cesarea en 1961, se ha inferido que antes del 41 d.C. a los gobernadores de Judea se los llamaba prefectos oficialmente, pero Tácito le da a Pilato el título de procurador” (Nuevo Diccionario Bíblico. Ediciones Certeza. 1982. Página 1117). Así que en realidad no sabemos si está en lo correcto el escéptico que escribe en la época contemporánea, o Tácito, mucho más próximo en el tiempo a los hechos de los cuales escribe. Además, frente a la acusación de Wells, se levanta otra opinión sobre los métodos de Tácito para escribir historia: “Tácito es riguroso en el empleo de la documentación. Recoge la información que le proporcionan los historiadores anteriores (Aufidio Baso, Cluvio Rufo, Plinio el Viejo, Fabio Rústico y otros), memorias de personajes (las de Agripina, por ejemplo) y testimonios orales; recurrió también a los Acta diuturna populi RomaniCrónicas del pueblo romano»), que constituían una especie de diario oficial de Roma, y a los archivos del senado.” (Artículo Tácito; Wikipedia). León Homo, profesor de la Facultad de Letras de Lyón, en su Nueva Historia de Roma (edición española por Editorial Iberia, Barcelona, 1955), cita a Tácito once veces a lo largo de su obra. Aparentemente, para este erudito francés Tácito es una buena fuente para la historia de Roma. Pero no para aquellos que pretenden negar la historicidad de Jesús de Nazaret; en este punto, por el solo hecho de haber mencionado a Christus, Tácito es atacado.

El segundo argumento de Wells para desestimar el pasaje de Tácito como históricamente válido en cuanto a la existencia de Jesús, es que no menciona a Jesús, sino que habla de Christus, como si fuera un nombre propio; dice que difícilmente podría haber encontrado en un archivo que el Mesías había sido ejecutado. La línea de pensamiento de este escéptico es que Tácito no consultó archivos, sino que simplemente habría entrevistado a cristianos, contemporáneos suyos. Es verdad que ya para la segunda mitad del siglo I el término Christus había pasado a ser un nombre propio entre los cristianos: el nombre de su Salvador. Ahora, lo difícil es aventurarnos a decir qué habría encontrado en los archivos del imperio acerca de lo sucedido en Judea. Si Pilato (que sabemos que existió) escribió un cartel que colgó en la cruz sobre Jesús: Jesús Nazareno, Rey de los Judíos, si declaró ante todo el pueblo estar matando al Rey de los Judíos, ¿qué habrá escrito en sus archivos? ¿Qué habrá informado a Roma, y en qué términos? ¿Qué dirían los escépticos de esto? Por supuesto, ya lo sabemos; en su afán por tergiversar, ocultar información y mentir, dirían que Pilato sí existió (la arqueología no les permite decir lo contrario) pero que jamás crucificó a un tal Jesús, ni mandó escribir tal cartel.

El tercer argumento de Wells no amerita molestias en contestarlo. Zindler agrega: “Hay más problemas con la historia de Tácito. Tácito mismo nunca más alude a la persecución de Nerón a los Cristianos en cualesquiera de sus escrituras voluminosas, y ningún otro autor Pagano sabe algo del ultraje tampoco. Más significativo, sin embargo, es que los apologistas antiguos cristianos no hicieron uso de la historia en su propaganda – una omisión inconcebible por los partidarios motivados quienes eran eruditos en los trabajos de Tácito. Clemente de Alejandría, quien hizo una profesión de recolectar solamente tales tipos de citas, es ignorante de ninguna persecución de Nerón, y hasta Tertuliano, quien cita mucho de Tácito, no sabe nada de la historia.” (énfasis mío).

El ateo Zindler afirma que ningún otro autor pagano sabe algo del ultraje (la persecución de los cristianos por Nerón). Lamentablemente olvida a Suetonio, al cual no menciona en su artículo, quién dice algo similar:

Bajo el principado (de Nerón) se dictaron muchas condenas rigurosas y medidas represivas, así como reglamentos nuevos. Se puso freno al lujo; se redujeron los festines públicos a distribuciones de víveres. (Nerón) prohibió que en las tabernas se vendiera ninguna clase de alimento cocido, salvo verduras y legumbres a pesar de que antes se exponían a la venta todo género de viandas; persiguió a los cristianos, linaje de hombres entregados a una superstición nueva y maléfica; prohibió las chanzas a los aurigas, los cuales, amparándose en una tolerancia que venía de tiempo, se arrogaban el derecho de vagabundear por toda la ciudad estafando y robando por vía de entretenimiento…

Vida de Nerón, XVI.

El argumento del silencio de los apologistas, cristianos que escribían en defensa de su fe frente a los romanos (fundamentalmente los emperadores, que dictaban los decretos de persecución), es otro recurso pobre. Además de que es difícil pensar en congraciarse con un emperador, recordándole que quién antes ocupó su puesto cometió inconcebibles crímenes contra la humanidad (el incendio de Roma y la acusación contra los cristianos, con la consiguiente persecución), mal podía servir a los intereses de los cristianos utilizar los escritos de alguien (Tácito) que consideraba a los cristianos “detestables por sus abominaciones”, y a la religión cristiana “detestable superstición”. Además, los apologistas no necesitaban, ni tenían por objetivo, demostrar la existencia histórica de Jesús de Nazaret. Yo nunca esperaría encontrar a Tácito citado por los apologistas. Creo que debemos entender que Tácito es atacado, porque ofrece evidencia extrabíblica de la existencia histórica de Jesús, al hablar de un tal Christus, de quién venía el nombre de los cristianos; pero Tácito no era cristiano, ni le simpatizaban los cristianos. No obstante eso, y por el hecho antes mencionado, él, como Josefo, y hasta Suetonio, se ponen en la mira de este infame individuo. En otro artículo titulado Cómo fue creado Jesús, Zindler dice: “Aunque Josefus, [4] Tacitus, [5] Suetonius, [6] y otros autores antiguos a menudo son citados como evidencia para un Jesús histórico, es claro que sus relatos (aún si se pudieran probar auténticos) son derivados, no originales.” (énfasis mío).

Es claro que son derivados, no originales; bueno, uno podría poner en duda probablemente toda la literatura del mundo antiguo. Sobre todo si lo que dice no nos conviene, y es innegable el testimonio de los textos acerca de la vida y los hechos de un personaje de la antigüedad, que queremos negar que haya existido. Y si la convergencia de dichos testimonios históricos es irrefutable, siempre queda el recurso de echar dudas sobre la autenticidad de los documentos, y acto seguido manifestar que es imposible probar que sean auténticos.

En suma, es la negación a ultranza, la negación hasta el delirio; y su método: prejuicios, tergiversaciones y mentiras. Se puede aplicar a estos infames individuos lo que dice un forista identificado como patoace en la página (católica) Es justo y necesario:

Si mi objetivo es convencer a una madre de que su hijo es un ladrón, las pruebas que voy a necesitar tienen que ser extraordinariamente claras y convincentes, e incluso las pruebas que convencerían a una persona normal no serán suficientes, pues ese es un hecho que ella no está dispuesta a aceptar en su visión del mundo. Así, por ejemplo, si le presentamos la cinta de una cámara de seguridad donde aparece su hijo asaltando una joyería, ella creará explicaciones que son compatibles con lo que se le presenta, como que la imagen no es clara, que se trata de otra persona que se parece a su hijo o que la policía alteró las cintas para inculparlo.

El problema con los ateos es que normalmente insisten en pedir pruebas, pero en realidad no están dispuestos a ser convencidos, como la madre del ladrón. Luego, te piden que construyas un argumento, pero no reconocen las herramientas adecuadas para hacerlo, llegando a negar la posibilidad misma de la existencia del mundo o la posibilidad de conocerlo.

Por ejemplo, al hablar acerca de la existencia histórica de NSJC se les muestra que otras figuras históricas, de cuya existencia no se duda, se encuentran mucho menos documentadas, pero como ya han decidido que no hay pruebas suficientes, no dudan en cuestionar la certeza de todos los hechos históricos. En otras palabras, la historia es una víctima que vale la pena sacrificar, con tal de negar a NSJC.

Ante ese nivel de convicción, no hay prueba que valga.

 

Entonces, es necesario continuar en la tarea de mostrar que la fe cristiana tiene bases tan firmes, que ningún argumento, negación u oposición puede sacudir siquiera. Eso haremos, más adelante. 

Dr. Alvaro Pandiani

Iglesia En Marcha.Net

20 Jun '07

Deja un comentario

*