RELATOS INÉDITOS DE VIAJEROS ANGLOPARLANTES

RELATOS INÉDITOS DE VIAJEROS ANGLOPARLANTES

 

Los escritos de los visitantes anglohablantes, entre ellos el que luego sería presidente de EE. UU. John Adams, reflejan el enfrentamiento entre España e Inglaterra

Un choque de culturas. Así se puede describir los relatos que Jacobo García ha reunido en el libro Viajeros angloparlantes por la Galicia del siglo XVIII . El periodista e historiador ha reunido en su libro seis relatos de otros tantos visitantes, entre los que se encontraba el que posteriormente sería el segundo presidente de la historia de EE. UU., John Adams.

La crítica ácida y despiadada es, salvo en el caso de Adams, la norma de los escritos recuperados por un García que ha contextualizado los textos al comparar la situación de Inglaterra con España, y explicar las circunstancias de unos viajeros que “no sentían la menor empatía por los habitantes del país que visitaban” y que, en muchos casos, eran militares que a modo de espías visitaban bases de tropas de cara a una posible invasión de España. “Hablaban por ejemplo de la gente con pies descalzos, que era algo que se podía ver también en lugares como Escocia o Irlanda, o expresaban ideas de tufo racista, ya que comparaban a los gallegos con los judíos que vivían en Gibraltar”, explica un García que ha visto editado su libro por la Fundación Pedro Barrié de la Maza.

Un plan para invadir Ferrol y La Habana
James Bruce es, cronológicamente, el primer viajero de la lista de los seis únicos angloparlantes que pasaron por Galicia en el siglo XVIII. A Coruña recibió en 1757 a este caballero escocés con la misión de levantar un plano de Ferrol que posteriormente sería presentado al Gobierno británico como parte de un plan para invadir el puerto gallego. Finalmente el estudio sirvió para atacar La Habana cinco años después, cuando Bruce se preparaba para un periplo africano que lo llevaría a las fuentes del Nilo. Las impresiones del escocés hablan de posadas infames en las que «la práctica habitual» es dormir en el suelo. Viaja a Santiago, en donde contempla una catedral que califica de «elegante», aunque señala también que en su interior «no hay nada digno de mención, ya que es extraordinariamente oscuro». Tras salir de Galicia por Tui, Bruce se despide del lugar calificándolo como «uno de los países más desagradables que vi en todos los sentidos».

El nombre erróneo de la torre de Hércules
El reverendo Edward Clarke pasó por Galicia como capellán del conde de Bristol, el nuevo embajador británico en Madrid en 1760, de camino a la capital. Menos duro que alguno de sus compatriotas, define A Coruña como «bien edificada y populosa», aunque «al igual que la mayoría de ciudades españolas, tiene un olor ofensivo». El reverendo tampoco retiene su verbo ante lo que considera una falta de información de los habitantes del país. «Los españoles llaman con un nombre erróneo a la Torre de Hércules». Según el párroco, existe una inscripción en el monumento que prueba que es la «Torre de Marte». «Es asombroso que sean tan perversos como para atribuirla a Hércules», añade sin rubor. Clarke también pasa por Lugo, «una ciudad antigua y notable», en donde «los nabos tienen fama de alcanzar un peso de cincuenta libras».

Un espía militar sin pelos en la lengua
William Darlymple parte de Gibraltar en 1774 con la misión de espiar todas las guarniciones militares que pueda. En Galicia una de sus primeras visitas es Lugo. Allí describe la catedral como “un antiguo edificio gótico al que le han añadido una fachada nueva; los adornos de los frisos han sido muy mal escogidos, con un gusto típicamente español, ángeles con alas, etc”. Mejora a la hora de describir a las féminas, sobre todo, en la Ciudad de los Caballeros. “Las mujeres de Betanzos son de cutis frescos, con bonitos ojos y cabellos negros”. También elogia Darlymple las defensas militares de Ferrol, en donde presencia “la expulsión de quince prostitutas, atadas en escaleras con el cabello y las cejas afeitadas”. Sobre Santiago explica, con un prejuicio que proviene del enfrentamiento entre protestantes y católicos, que “rebosa de curas, que gozando de pingües beneficios, viven en el lujo y la disipación, alimentándose de la debilidad, locura e incluso bribonería de sus prójimos”. El militar trata mejor a Vigo, al que señala como «una gran ciudad pesquera» y en la que se avergüenza de las fechorías cometidas por el Ejército británico décadas atrás.

Adams, el futuro presidente de EE. UU.
John Adams es el viajero que más empatía demuestra con los gallegos. El futuro segundo presidente de EE. UU. y en ese momento diplomático, se desvía a Galicia de camino de Francia debido a una avería en su barco en 1779, y disfruta con la “buena comida” y el trato de la gente, aunque se asombra de que alguien le cuente que los parricidios se castiguen encerrando al culpable en un tonel con una víbora, un sapo, un perro y un gato que luego es lanzado al mar.

Bajos y gruesos por llevar pesos en la cabeza
El militar británico Alexander Jardine, que entra por Ribadeo en 1788 elabora una sutil teoría científica, según la cual los gallegos son bajos y gruesos debido a su costumbre de llevar pesos en la cabeza, mientras que el escritor Robert Southey describe en 1795 de forma racista a unos “hombres de raza parecida a los judíos” y le recomienda al pintor Opie que si “pinta otra bruja debe visitar Coruña”. Encantador.

La Voz de Galicia / www.iglesiaenmarcha.net
 
20 Feb '07

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