MISION A SRI LANKA


MISION A SRI LANKA

El Proyecto “Objetivo Sureste de Asia” (OSA), tuvo como antecedente la experiencia de una brigada médica uruguaya en la misión Ayuda para El Salvador.
En febrero del año 2001, cinco uruguayos viajaron a la república de El Salvador en el marco de un proyecto lanzado por el director de OM, Operación Movilización de Uruguay.

Frente a la nueva experiencia de la “Misión a Haití”, hemos entendido importante reflotar el informe que nos enviara el Dr. Alvaro Pandiani, líder de la iniciativa del año 2005.
Esperamos que más corazones misioneros surgan al ver los resultados de estas
experiencias misioneras y que se repitan tantas veces como sea posible, en nuestro mundo tan necesitado.
¡Desde Iglesia en Marcha saludamos estas iniciativas!


 
Informe Final:

La mañana del lunes 18 de abril de 2005, a la hora 7, partió del Aeropuerto Internacional de Carrasco el equipo del proyecto Objetivo Sureste de Asia (OSA). Los integrantes del equipo médico fueron: Dr. Alvaro Pandiani CI: 1.881.201-9, médico internista, docente (grado 2) de Clínica Médica 2, Facultad de Medicina, Hospital Pasteur; Dr. Eliezer Damotta, CI: 3.084.906-4, médico generalista, posgrado de psiquiatría; Dra. Silvia Texeira, CI: 1.424.182-5, médico residente de medicina familiar; auxiliar de enfermería Lázaro Sánchez, CI: 1.932.736-4; auxiliar de enfermería Aldo Mendieta, CI: 2.679.794-8; Lic. Sheila Ferraz, CI: , enfermera universitaria; auxiliar de enfermería Pablo Vázquez, CI: 1.962.341-; auxiliar de enfermería Karina Martínez, CI: 2.002.995-1.

La primera escala fue Río de Janeiro, donde sufrimos un retraso de seis horas debido a un desperfecto en una de las turbinas del avión de Air France que debía cumplir el vuelo Río de Janeiro – París. Este retraso alteró las siguientes conexiones, sometiéndonos a un tiempo de tránsito de cerca de diez horas en el Aeropuerto Charles De Gaulle, y un tiempo de tránsito aún más prologado, quince horas, en nuestra siguiente escala, Dubai (Emiratos Arabes Unidos). Como resultado de estos retrasos debimos cumplir la última etapa del recorrido, el vuelo Dubai – Colombo, en una avión de Srilankan Airlines, en vez de hacerlo en una aeronave de Emirates, como estaba previsto, llegando a la capital de Sri Lanka con veinte horas de atraso respecto a la fecha y hora de arribo según el itinerario original. Este providencial cambio de aerolínea nos permitió tomar contacto anticipado con dos aspectos de la cultura del país al que nos dirigíamos. En primer lugar pudimos apreciar que el uniforme de las azafatas difería notoriamente del utilizado por las aerolíneas occidentales, estando compuesto por un estupendo y muy elegante saree, vestimenta característica del sur de Asia, sobre todo India y Sri Lanka. En segundo lugar está la comida que sirvieron en el avión, compuesta fundamentalmente por arroz con salsa de curry, el aderezo intensamente picante, más que cualquier condimento usado en occidente con el que, por lo menos, nosotros hubiéramos tomado contacto, que llevó a que algunos miembros del equipo no pudieran comer casi nada.
Arribamos al Aeropuerto Internacional de Colombo a las 5:20 horas de la madrugada del jueves 21 de abril (20:20 horas del miércoles 20 de abril, hora de Uruguay). Apenas descendimos del avión fuimos abrumados por un calor húmedo que ya a esa hora y siendo aún noche cerrada, era agobiante. Esos primeros momentos en el aeropuerto fueron nefastos. Luego de larga espera en migraciones para que chequearan nuestra visa de ingreso, de la que teníamos solo un fax enviado desde Sri Lanka, pues ese país no tiene representación diplomática en ningún estado de América Latina, fuimos a recoger nuestros equipajes. Entonces comprobamos que al Dr. Eliezer Da Motta y a mí la aerolínea nos había extraviado el nuestro. En el caso del Dr. Da Motta, al ser una única valija que constituía todo su equipaje (exceptuando el de mano), hecho el reclamo, la aerolínea le entregó U$S 50; a mí en cambio, al haber perdido uno de dos bolsos, y pese a que aclaré que en el bolso perdido estaba toda mi ropa, no me dieron nada. No recuperé dicho bolso de ropa sino hasta el domingo 8 de mayo. Demás está decir que arreglarme durante tres semanas solo con lo que llevaba puesto, más lo que pude conseguir prestado y un par de prendas que compré con dinero local, fue bastante difícil.Como contrapartida, cuando concurrimos al sector de Aduana, al identificarnos como equipo de ayuda médica humanitaria nos hicieron pasar sin revisarnos absolutamente nada de nuestro equipaje.
Salimos del aeropuerto acompañados por un anciano enviado por las autoridades del Healthcare Christian Fellowship para recogernos, cuyo nombre no recuerdo y que apenas sabía hablar inglés. Una vez fuera nos comunicamos con Madrid, para reclamar al seguro de Universal Assistance, contratado antes de salir de Montevideo, por nuestros equipajes. Esta comunicación telefónica fue un nuevo balde de agua fría, pues nos contestaron que ninguno de nosotros figuraba en sus registros. Por lo tanto, en ese momento, siete de nosotros estábamos sin cobertura de seguro de ningún tipo (el Dr. Da Motta tenía cobertura de seguro aparte del resto del grupo).
El viaje del aeropuerto al hotel fue otra experiencia chocante. El tránsito en Sri Lanka es por la izquierda, al estilo británico, pero allí no está lo peor. El modo de conducir de aquella gente es veloz, imprudente y demencial, a nuestros ojos. Tocan bocina continuamente, siempre quieren pasar primero, se meten en espacios mínimos entre vehículos que van en la misma dirección, o en sentido contrario, a veces con separaciones de muy pocos centímetros, y todo a gran velocidad. No respetan bocacalles ni cruces peatonales (ser peatón allí es un riesgo mortal) y apenas respetan los semáforos, de los que vimos muy pocos. El viaje de una hora desde el aeropuerto al hotel fue paralizante. Nos alojamos en el Sivayoga, en realidad una especie de pensión con tres pisos de apartamentos de muy aceptable comfort, ubicado en la calle Attapathu Mawatta, casi Galle Road, Dehiwala, periferia de Colombo. Los cinco varones del grupo ocupamos un apartamento del segundo piso, y las damas otro en el tercer piso.
Extenuados por más de sesenta horas de viaje, profundamente impactados por el choque cultural, permanecimos perplejos y sin saber muy bien qué hacer, hasta que sobre las once de la mañana recibimos la visita del Dr. Arul Anketell. El Dr. Anketell es líder regional para Asia de la Unión Médica Evangélica Internacional, y fue nuestro contacto en el Hospital Christian Fellowship. Nos dio la bienvenida a Sri Lanka, ya desde ese momento nos agradeció profusamente por haber ido desde tan lejos para ayudar a su pueblo, y nos brindó palabras de ánimo, haciendo luego oración junto a nosotros. La visita del Dr. Anketell nos hizo volver el alma al cuerpo. Personalmente, después del profundo estado de consternación provocado por el agotamiento, el clima agobiante y el ambiente tan distinto y chocante, yo reaccioné, cobré ánimo y recordé porqué y para qué había ido allí, luego de la visita de ese excepcional hombre de Dios, aquella mañana. Luego de un muy frugal almuerzo, todo el equipo se retiró a descansar, descanso que se prolongó varias horas.
La tarde de ese día, recibimos la visita de una hermano de la National Christian Evangelical Alliance of Sri Lanka (NCEASL), llamado Shanta, quién habló largamente con nosotros, entregándonos directivas sobre un tema que notamos le preocupaba sobremanera: la forma en que otras organizaciones evangélicas de ayuda llegadas a ese país tras el Tsunami habían predicado el evangelio, una forma desajustada con la cultura local que había, según él, provocado más daño que beneficio a la obra. Luego le acompañamos Aldo Mendieta, Sheila Ferraz y yo hasta un local de la Alliance Development, dependiente de la NCEASL, a pocas cuadras de nuestro alojamiento, realizando en ese lugar el primer trabajo de clasificación de insumos médicos, con vista al inicio de nuestro trabajo en la zona del Tsunami.
A pesar de nuestra insistencia en comenzar el trabajo tan pronto como fuera posible, no nos movieron de Colombo hasta el siguiente lunes. El día sábado 23 en la mañana participamos en una reunión de oración del Hospital Christian Fellowship, en la Bible House, junto al Dr. Arul Anketell, el hermano Raja John, administrador del hospital, y cerca de treinta hermanos más, y el domingo en la mañana estuvimos en el culto (en inglés) del Tabernacle Colombo Gospel. Visto con la perspectiva que dan las semanas transcurridas, una vez terminada la misión, pienso que tal vez ellos consideraron que necesitábamos esos cuatro días para descansar, antes de lanzarnos hacia el otro lado de la isla, al trabajo que allí debíamos enfrentar. En esos días recibimos en el Sivayoga la visita del hermano Markus Gabriel, un misionero de Nueva Guinea que trabaja con OM Sri Lanka, acompañado del pastor Seggar, el que sería el coordinador general de nuestro trabajo, en el norte del país.
Permanecimos, pues, en Colombohasta el lunes 25 en la mañana; a la hora 7 partimos hacia Trincomalee en camioneta, en una travesía que nos llevó aproximadamente 6 horas y media, arribando a las 13:30. Allí nos encontramos con el pastor Seggar y su hermano Ravi, quien fue el que nos acompañó constantemente, estando a cargo de la coordinación en cada lugar de trabajo. Luego del almuerzo fuimos al local de la Alliance Development of Sri Lanka, realizando una ardua tarea de clasificación y ordenamiento de material médico, insumos y medicamentos, por espacio de aproximadamente 2 horas. Nos alojamos en el New Silver Star, un hotel media estrella en el cual permanecimos once días, ocupando dos cuartos a U$S 30 cada uno. Este día se repitió el impacto sufrido al llegar a Colombo; los cuartos del hotel tienen vista a un cementerio cristiano, teniendo a cincuenta metros un templo hinduísta enorme, y un poco más allá un templo budista desde el cual se escuchaban los rezos todos los días a las 5 de la madrugada y a las 7 de la tarde. La primera impresión fue la Babilonia espiritual de este país, más marcada aquí que en Colombo. En la noche recorrimos la calle principal buscando infructuosamente algo que comer, regresando al hotel donde comimos pan con manteca.
Martes 26 de abril. Primer día de trabajo. Atendimos en el local de la Foursquare Gospel Church, en China Bay, próximo a Trincomalee, trabajando entre las 9 y las 18 horas. Dicha iglesia había sido alcanzada por el Tsunami, inundándose hasta una altura aproximada a los 2,30 metros. El sistema de trabajo fue: 3 lugares, en cada uno de los cuales había un médico, un enfermero y un traductor. La Dra. Silvia Texeira se hizo cargo de la consulta pediátrica; el Dr. Eliezer Da Motta y yo de la consulta de adultos. Un enfermero se hizo cargo de la farmacia permanentemente, rotando cada día, y Lázaro Sánchez circulaba entre los lugares de consulta, ayudando en enfermería y traducción. Ese día se atendieron 76 adultos y 35 niños. Cabe destacar la presencia en el equipo de traductores de un musulmán de 73 años de edad, de nombre Sid, que habla inglés, tamil, cingalés y saudí, y nos acompañó todo el tiempo que trabajamos en Trincomalee. En ese día se compartió el evangelio con una paciente, de los que se acercaron a recibir atención, y se habló con afectados por el Tsunami, algunos de los cuales habían perdido sus casas, y otros sufren aún enfermedades derivadas de aquel desastre.
Miércoles 27. Nuevamente China Bay. Salimos del hotel hora 8:30, comenzando la atención a las 9, hasta las 17. Se atendieron 51 adultos y 39 niños. Se compartió el evangelio con dos heroinómanos que llegaron pidiendo ayuda para abandonar la droga. Las condiciones de higiene en las que trabajaba el equipo fueron deteriorándose progresivamente, haciéndose difícil la higiene de manos y bucal, dadas las características del lugar. Ese día uno de los miembros del equipo sufrió un desvanecimiento que obligó a retirarlo del trabajo por espacio de media hora, debido al intenso calor.
Jueves 28. Se trabajó en la localidad de Neelapola, dependiente del distrito de Mutur. El equipo se levantó a las 4:30 de la mañana, no pudiendo partir hacia el lugar sino hasta las 9:30, debido a la necesidad de esperar en Trincomalee hasta las 9 para que la Alianza comprara medicación con que surtir la farmacia. Llegamos a las 13:30, tras 4 horas de viaje por carreteras sumamente accidentadas y en mal estado, bordeando constantemente la selva. Se trabajó en una escuela budista, atendiéndose un total de 72 adultos y 32 niños, bajo condiciones ambientales difíciles, con un calor que llegó a 42 grados a la sombra. Ese día otro de los miembros del equipo sufrió un malestar que obligó a su retiro transitorio del trabajo. Se hizo oración por un niño y su madre, budistas, y se compartió el evangelio con uno de los choferes, de religión hindú, llamado Suki. Finalizamos a las 17:30, regresando al hotel a las 21:30.
Viernes 29. Trabajo en localidad Somapora, distrito de Mutur; salimos 7:30, iniciando el trabajo a las 10, el cual se extendió hasta las 17:30. Se atendieron 60 adultos y 40 niños. El equipo almorzó en la casa de una familia budista (llevados allí por los contactos cristianos locales), siendo la primera vez que esta familia recibe extranjeros en su hogar. Volvimos al hotel a las 20:30.
Sábado 30. Este día el equipo se levantó a las 5 de la mañana, pero otra vez por desajustes de los locales, salimos hora 9, iniciando el trabajo hora 13. Se trabajó nuevamente en el local de Neelapola, atendiéndose 74 adultos y 38 niños. Dado lo tarde que se empezó el trabajo, algunos del equipo no almorzaron para continuar la atención; se trabajó nuevamente bajo condiciones ambientales difíciles, con un calor a la sombra de 40 grados. Uno de los miembros del equipo volvió a sufrir un malestar intenso que obligó a retirarlo del trabajo por el resto de la tarde. Al intenso calor se unió la dificultad de obtener agua fría para mantenernos hidratados; esa gente no lograba comprender nuestra necesidad de tomar agua fría, y los primeros días nos ofrecieron agua natural, que con esos calores estaba tan caliente que provocaba náuseas beberla (el hermano Pablo Vázquez preparo mate con esa agua).
Domingo 1 de mayo. Ese día el equipo concurrió al culto de la Foursquare Gospel Church en Trincomalee, celebrado en Tamil, en una iglesia donde todo el mundo entra descalzo y se sienta en el suelo. Participamos junto a ellos de la Santa Cena. Pese a lo ininteligible del tamil, algunos miembros del equipo se quebrantaron durante la celebración de la Santa Cena, señal de la unidad de Espíritu y de fe entre ellos y nosotros, más allá de diferencias étnicas o culturales. En la tarde tuvimos libre para descansar y comunicarnos con nuestras familias.
Lunes 2. Salimos a las 8:30 hacia Palathoppur, localidad del distrito de Mutur, más lejano que Neelapola. Iniciamos el trabajo a las 12:45, finalizando a las 17, con la asistencia de 73 adultos y 40 niños. Ese día fuimos 6 miembros del equipo, dado que no se consideró conveniente que viajara al campo uno de los miembros que había sufrido malestares reiterados, y otro miembro del equipo quedó para acompañarlo. Cabe destacar ese día la peoría de las condiciones ambientales, en cuanto a calor e higiene, pero también debe destacarse las características de esta gente; su calidez, su simpatía y hospitalidad, la perenne sonrisa en el rostro que irradia alegría. Estos hermanos fueron los primeros que nos ofrecieron carne roja en Sri Lanka. Ese día se atendió pacientes provenientes del campo de refugiados de Mutur (afectados por el Tsunami). Otro hecho a destacar es la gran afluencia de musulmanes, hombres y mujeres, a la atención que se hizo en el mismo local de la Foursquare Gospel Church. Luego del trabajo nos alejamos más aún para realizar una visita de observación a dicho campo de refugiados, donde discutimos la posibilidad de un día atender allí mismo, no encontrando eco en los locales. Mientras tanto, los miembros del equipo que quedaron en Trincomalee realizaron evangelismo y oración con algunos de los miembros del personal del hotel.
Martes 3. Salida 8:50 hacia Palathoppur. Inicio del trabajo a las 12, notando una mejoría de las condiciones, proporcionado por los hermanos de la iglesia. Se atendieron 86 adultos y 51 niños. Más personas del campo de refugiados de Mutur, y muchos musulmanes. Finalizamos la asistencia a las 17, llegando al hotel sobre las 21 horas.
Miércoles 4. Este día se trabajó en Kantale, una ciudad a una hora de Trincomalee, en el templo de la Foursquare Gospel Church. Se inicio el trabajo hora 9:30, atendiéndose 92 adultos y 56 niños, finalizando a las 18:30. Este dia, se atendieron dos emergencias, debiendo derivar una paciente de 32 años al hospital de Trincomalee, donde quedo internada por una grave afección pulmonar. El esposo de dicha paciente volvió al lugar para narrar lo sucedido y agradecer. Al final todos los pastores y colaboradores se reunieron con el equipo, manifestando que era la primera vez que se hacía una actividad de este tipo en esa iglesia, siendo de mucha bendición para ellos, por lo cual agradecieron en forma reiterada. Después se hizo una oración conjunta, finalizando la actividad y retirándonos de regreso a Trincomalee, bajo una lluvia torrencial.
El jueves 5 el equipo OSA descansó en Trincomalee por indicación de los coordinadores locales. Dado que teníamos el día libre, intentamos nuevamente que fuera coordinado el traslado al campo de refugiados del Tsunami en Mutur para realizar atención médica en ese lugar, pero otra vez no hallamos eco en los locales. En la noche de ese día el equipo tuvo una reunión de trabajo, en la que cada miembro debió ofrecer una respuesta individual a una doble pregunta planteada por mí en el devocional de la mañana: cómo evaluaban la marcha del trabajo, y si volverían a participar en una misión médica humanitaria del tipo de la que estábamos desarrollando en Sri Lanka. Cinco de siete miembros del equipo manifestaron su conformidad, satisfacción y entusiasmo con el trabajo realizado, así como la disposición a volver a participar en una misión de este tipo. Los dos miembros restantes manifestaron diversas dudas en cuanto a volver a participar, dado que un trabajo de estas características no correspondía a lo que entienden como su llamado al ministerio de las misiones. Merece destacarse el hecho de que estas dudas se manifestaron en miembros del grupo de enfermeros, quienes debieron sufrir un proceso de selección, ya que cuando se lanzó la convocatoria para integrar el equipo OSA en Sri Lanka se presentaron enfermeros en mayor número del que el equipo podía admitir. No hubo dudas entre los médicos, lo que no deja de ser llamativo, pues entre los médicos la situación fue inversa: se presentaron menos de los que originalmente se pensó llevar (queríamos que fueran 4 médicos y fuimos 3, pues no se pudo conseguir la participación de un cuarto médico). La posición subordinada del enfermero respecto del médico en este tipo de equipos pareció influir en parte en estas dudas, por lo menos en uno de los casos, pero no creo que fuera el único factor. La discusión se prolongó hasta casi la una de la mañana.
Viernes 6 de mayo. Ese día realizamos el viaje de Trincomalee a Vavuniya. El equipo estuvo en pie a las 6:30 de la mañana; realizamos el devocional conjunto, como cada mañana mientras estuvimos allá, y luego de desayunar aguardamos la partida. Salimos a las 8:30. El viaje fue una verdadera travesía, jalonada por varios hechos cuya observación es digna de mención: 1)El incremento de la presencia militar, ya notado en Trincomalee Town y carreteras diversas de la Eastern Province, donde habíamos trabajado; 2)La espesura de la selva que atravesamos, mayor a la vista hasta entonces, hecho significativo, pues en las profundidades de esa selva se ocultaban los guerrilleros; y 3)Las huellas de la guerra, visibles bajo dos formas; los campos minados, que llegaban hasta el mismo borde de la carretera, y las casas destruidas y abandonadas, en las que todavía podía verse, sobre las paredes aún en pie, los orificios de decenas y decenas de disparos, vestigios inequívocos de los duros combates que allí habían tenido lugar. La presencia y magnitud de estas huellas de la guerra civil de Sri Lanka se incrementó más y más conforme nos adentramos en la Northern Province, la tierra de los tamiles. Durante 25 años azotó este país la guerra civil entre el gobierno cingalés y la guerrilla del LTTE (Liberation Tigers of Tamil Eelam; Tigres de Liberación de la Patria/tierra/país Tamil, más conocidos como los tigres tamiles). Aparentemente una guerra étnica entre los cingaleses autóctonos de Sri Lanka, y los tamiles venidos de la India en siglos pasados por dos vías: corrientes de invasión militar tamil a la isla, y emigración hacia los campos de cultivo de té, favorecida por los británicos que mantuvieron la isla como colonia durante siglos; esta guerra se detiene hace 2 años por virtud de un tratado de cese el fuego que inicia un proceso de paz. Este proceso de paz es sumamente débil; los tamiles hierven por la desatención del gobierno en lo que respecta a la ayuda para las víctimas del Tsunami, por ejemplo. Ellos dicen que los únicos que les ayudan son los extranjeros. Durante nuestros últimos días en Trincomalee, fueron asesinados en Batticaloa un líder intelectual tamil, y un policía del gobierno. Sus propios observadores y comentaristas políticos dicen que el proceso de paz es endeble; desafortunadamente, toda Sri Lanka espera que en cualquier momento la guerra estalle otra vez.
Nosotros llegamos a Vavuniya aproximadamente a las 14 horas, hospedándonos en el Balmoral Hotel, un hotel de calidad superior al de Trincomalee. Ese día recibimos en la tarde la visita del Pastor G. Vincent, un srilankés misionero en Alemania durante 12 años, que estaba de visita en su país por espacio de 2 meses. Una vez caída la noche, Ravi vino a nuestro cuarto (el de los varones) para decirnos que se proponía traer un alto líder del LTTE que venía “to see the doctor” (y me señaló a mí). La sorpresa fue mayúscula, pero no hubo tiempo para conjeturas o nerviosismo, pues a los pocos minutos Ravi volvió con un individuo de 37 años de edad, que dio un nombre breve, en voz baja, que nadie pudo luego recordar. Era un hombre de aproximadamente 1 metro 75 o 1 metro 80, algo rollizo, de barba y bigote, cutis oscuro habitual entre los tamiles, que habla poco inglés, amable pero cauteloso; habló en todo momento en forma suave y controlada, sin los abruptos arranques de los tamiles, que lanzan cataratas de palabras en un tono y volumen que los hace parecer enojados, cuando en realidad no lo están. Me tocó atender a este hombre, ayudado en el interrogatorio por Ravi y Lázaro, y luego lo examiné, discutiendo el caso con Eliezer. Durante su visita llegó el pastor Seggar, quién nos explicó que este líder guerrillero había sido el hombre clave para que la Foursquare Gospel Church pudiera entrar a la zona controlada por el LTTE para brindar ayuda a las víctimas del Tsunami. La iniciativa había partido de este hombre, quién llamó al pastor Seggar pidiendo ayuda para su gente. La entrevista terminó en una media hora, quedando en volver a encontrarnos para ver los estudios paraclínicos que ya le habían sido hechos. Luego que se fue, supimos que mientras él estuvo reunido con nosotros en el cuarto, todo el hotel estaba rodeado por sus guardaespaldas. Según nos dijeron Seggar y Ravi, los funcionarios del hotel se preguntaban quiénes seríamos nosotros, que apenas llegados, este hombre había venido a vernos. Cabe acotar que mientras estuvimos en ese hotel, el trato que nos dispensaron los funcionarios del mismo fue de primera. Nunca más vimos a ese hombre; varios días después pregunté a Ravi porqué no había vuelto. Con cara seria, Ravi solo dijo “problem”, e hizo con la mano un gesto que evocaba un arma de fuego. Nadie preguntó más nada.
Sábado 7. El comienzo de este día fue jalonado por el escándalo que a partir de las 5:30 de la mañana llegó desde una mezquita cercana: rezos, cantos, campanadas y una música estridente e ininteligible. Definitivamente, la cultura es muy diferente; esta gente tolera que los budistas, los hindúes, los musulmanes, armen escándalo a cualquier hora con sus ceremonias religiosas. Aparentemente, nadie dice nada. Salimos a las 8 de la mañana en dirección del Distrito de Mannar, en el noroeste de la isla; trabajamos en la localidad de Sirukkandal, de dicho distrito, una zona alejada de las áreas afectadas por el Tsunami. Esto nos generó a algunos bastante disconformidad, pues no comprendíamos porqué nos llevaban allí, y no habían incluido en el programa el campo de refugiados de Mutur, por ejemplo, siendo que nosotros estábamos allí por el Tsunami. Cuando estuvimos en Sirukkandal comprendimos; el distrito de Mannar es uno de los más afectados por la guerra. Las personas allí, con poca o ninguna asistencia del gobierno, están en una situación sanitaria realmente desgraciada. Atendimos en un salón comunal, viendo varias emergencias, así como personas con cicatrices de heridas recibidas en la guerra. Allí vimos las primeras víctimas de las minas antipersonales, con miembros protésicos que sustituyen piernas perdidas. Comenzamos a las 10:45, parando sobre las 2 de la tarde; en el intervalo fuimos llevados en camioneta a una casona, un auténtico palacete, sumergido en la selva. Una vez allí nos dijeron que esa casa es propiedad del LTTE; en el lugar almorzamos. Luego del almuerzo retomamos el trabajo, y continuamos hasta que cayó el sol; a la luz de las linternas recogimos las cosas y nos fuimos, pues allí no había energía eléctrica. Atendimos 120 adultos y 56 niños, en total, 176 personas. Sobre las 21 horas llegamos al hotel.
Domingo 8. En la mañana estuvimos en el culto de la Foursquare Gospel Church, donde pastorea Seggar. El equipo fue presentado a la congregación, explicándose el trabajo que estábamos haciendo allí en Sri Lanka. Cabe destacar que la predicación, a cargo del pastor Seggar ese día, hecha en tamil, tenía traducción simultánea al cingalés e inglés. Al mediodía compartieron el almuerzo con nosotros en el hotel el pastor Seggar, su familia y los jóvenes del grupo de alabanza de su iglesia. Por la tarde visitamos un orfanato en construcción perteneciente a una misión alemana, la Christliche Lebenshilfe de Berlín. A cargo de la obra, además del personal local, estaba un joven de 20 años, de nombre Benjamín Seeland, el cual llevaba 7 meses en Sri Lanka, debiendo cumplir un período de un año. El hermano Benjamín nos pidió permiso para acompañarnos en las siguientes etapas de nuestro itinerario de trabajo, y de hecho se quedó con nosotros hasta el final, siendo uno de los que nos despidió cuando salimos hacia el aeropuerto. Benjamín fue de gran ayuda y mucha utilidad durante esos días que estuvo con nosotros, tanto en el trabajo como en el esparcimiento mostró un gran espíritu de compañerismo fraternal, dejando en los miembros del grupo una impresión memorable. Ese día por último visitamos el hogar del pastor Seggar.
Lunes 9. En la mañana de ese día cada uno se comunicó con su familia, y a las 14:30 tomamos la ruta del norte. Ese día se inició la travesía hacia la zona de territorio bajo control del LTTE. Cruzamos una frontera en armas. Primero la frontera del gobierno, donde los soldados revisaron todo nuestro equipaje. Luego de recorrer aproximadamente un quilómetro de tierra de nadie, llegamos a la frontera del LTTE, donde en mi carácter de líder de grupo debí pasar a la “oficina” (cuatro palos y un techo de chapa) con los pasaportes de todos, y esperar allí el chequeo de los mismos y el llenado de formularios, todos en tamil, que gracias a Dios hicieron Ravi y uno de los choferes. Luego de un largo rato pudimos seguir hacia el norte. Cenamos en Killinocchi, en un restaurante espectacular en el que comimos una mescolanza de grasa y harina que cayó mal a varios. Sobre las 10 de la noche fuimos alojados en el Ilanthendral Lodge, una misérrima pensión cuyos cuartos no tenían baño privado, salvo dos (varios de nosotros debimos pedir prestado el uso del baño a los que tenían, o recurrir a los baños compartidos); además, por dos noches consecutivas los ventiladores de techo se apagaron porque el “hotel” se quedaba sin energía eléctrica, y esas fueron noches de calor insoportable. Tampoco había mesa para comer, ni platos, ni cubiertos, ni vasos, salvo lo que nosotros (gracias a Dios) habíamos llevado.
Martes 10. Salimos a las 10:30, llegando a las 11:40 a la zona de trabajo. Antes de llegar recorrimos la costa de un lugar llamado Kudarappu, donde el Tsunami barrió con todo. Fue una experiencia escalofriante; íbamos todos en silencio, observando los restos de las casas derrumbadas. Mirábamos el océano tratando de imaginarnos todo eso de pronto levantándose y viniéndose encima de uno, pero no era posible. Ese día trabajamos en el campo de refugiados de Kattakadoo, a un quilómetro de la costa. Atendimos a la intemperie, debajo de un árbol, lo que me trajo emotivas reminiscencias de nuestro trabajo en El Salvador, el día del terremoto y el siguiente. Entre el mediodía y las 16 vimos 81 adultos y 33 niños. Otra experiencia extraña fue el regreso, por un camino de tierra bordeado a ambos lados por campos minados. Varios cráteres en esos campos señalaban el lugar donde las minas habían detonado. Volvimos al “hotel” a las 17:30; y no hubo más remedio que cenar a las 18:30, con el sol todavía alto, porque sino el arroz con pescado preparado temprano en la mañana, en un lugar sin ningún tipo de refrigeración, se habría podrido.
Miércoles 11. Este fue el último día de asistencia. Trabajamos en el sector costero de Kudarappu; antes de iniciar el trabajo recorrimos la costa sacando fotos. Destacaba una iglesia católica de la que solo quedó la fachada. La historia reciente de ese templo cristiano es destacable; en realidad destruida por la guerra, estaba en proceso de reconstrucción cuando llegó el Tsunami y barrió todo. En la fachada, lo único que quedó en pie, podían verse múltiples orificios de bala. Vimos 60 adultos y 25 niños, atendiendo en un salón comunal que resistió el Tsunami. Destacaron ese día dos niños, Vilsani, de 5 años, que luego del Tsunami quedó con un cuadro depresivo muy severo, y nunca más jugó, y Kovindan, de 12 años, que fue llevado por las aguas, pudo volver a la costa al cabo de algunas horas y pasó dos días en un árbol hasta que fue rescatado. Kovindan tenía el cuerpo lleno de cicatrices de las heridas recibidas ese día, y en Vilsani vimos un rostro de tristeza y melancolía que partía el corazón. Nos quedamos allí hasta que no vino más nadie a la asistencia; a las 15:30 nos retiramos. Esa misma tarde fuimos a un lugar llamado Taliari, donde las olas del Tsunami alcanzaron una altura de entre 10 y 15 metros. Todas las casas, todas, quedaron arrasadas hasta los cimientos; en ese lugar no quedo ni una pared en pie. Caminamos por dentro de las ruinas de las casas, donde aún podían verse ropas, zapatos (hasta una tapa de mamadera); en los árboles y en los alambrados encontramos restos de ropas, que según nos dijeron eran de gente que trató de escapar del Tsunami y no pudo, muriendo allí. Fue una sensación muy, muy rara, es imposible describirlo con palabras. Parado allí en la playa, otra vez traté de imaginarme el mar avanzando sobre la costa, pero es muy difícil visualizar con la mente algo así. Los de aquí nos dijeron que el Tsunami avanzo con tal rapidez que no dio tiempo ni para correr. Aquello debe haber sido terrorífico. En Taliari murieron mas de mil personas, y en toda Sri Lanka, 45000 personas perdieron la vida. En Kudarappu todavía quedan algunos pescadores, pero Taliari parece una zona fantasma; allí no queda nadie.
Jueves 12. Visita a la ciudad de Jaffna, en el extremo norte de la isla, y regreso a Vavuniya, alojándonos nuevamente en el Hotel Balmoral.
Viernes 13. Visita a la ciudad de Kandy.
Sábado 14. Despedida de Vavuniya. Entregamos tarjetas con paisajes de Uruguay al pastor Seggar, así como a sus hermanos Ravi y Kumar, colaboradores que estuvieron permanentemente con nosotros. Luego emprendimos el regreso a Colombo, viaje que iniciamos a las 11:30 horas, llegando a la capital a las 17. Esa noche cenamos con Raja John, administrador del Hospital Christian Fellowship.
Domingo 15. Por la mañana fuimos al culto (en inglés) del Tabernacle Colombo Gospel. Luego del almuerzo recorrimos Colombo. Esa noche conocimos al hermano Gary Dean y su esposa, con quienes cenamos.
Lunes 16. Por la mañana vinieron el Dr. Arul Anketell, Raja John y Gary Dean con su esposa. El Dr. Anketell nos entregó como presentes libros de su autoría, enviando uno para el Dr. Casas Morales. Raja John nos entregó un certificado del trabajo realizado en Sri Lanka por el equipo (el cual nosotros habíamos solicitado) cuyo original quedará en la oficina de OM Uruguay. A las 9:10 de la mañana oramos todos juntos en el hotel y nos despedimos, saliendo para el aeropuerto. A las 12:30 abordamos el avión de Emirates, que despegó a las 12:55, dejando definitivamente Sri Lanka.
Tras sesenta y dos horas de viaje, el equipo OSA arribó al Aeropuerto Internacional de Carrasco el miércoles 18 de mayo, a las 13:30 horas, con 75 minutos de retraso respecto al itinerario original, debido a un atraso del avión de United Airlines que debía cumplir el vuelo Ezeiza – Carrasco. Luego de pasar por migración y aduana, salimos hacia donde una gran cantidad de gente estaba aguardando nuestro regreso. Entonces, cada uno se reunió con su familia, y el equipo OSA finalmente se separó.
 
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Durante el trabajo realizado en Sri Lanka el equipo OSA funcionó en líneas generales conforme a la estructura prevista antes de salir de Uruguay, según se detalla en el anexo 1 del proyecto, y cuyo lineamiento es el siguiente: jefe de equipo: Dr. Alvaro Pandiani; coordinadores: Dr. Eliezer Da Motta, Dra. Silvia Texeira; encargado de relaciones públicas.: auxiliar de enfermería Lázaro Sánchez; encargados de insumos médicos: Lic. Sheila Ferraz, auxiliar de enfermería Aldo Mendieta; encargados del día: auxiliares de enfermería Karina Martínez y Pablo Vázquez. La función de encargados del día, que incluía estar interiorizados acerca de dónde, qué y a que hora el equipo iba a comer, qué agua se iba a tomar, lugar disponible para el alojamiento cada noche, recursos para la higiene corporal e higiene de ropas, e implementación de las medidas profilácticas frente a los insectos, no fue estrictamente necesaria en su totalidad dada la coordinación realizada por los contactos locales, y el hecho de estar siempre alojados en hoteles, por lo que los auxiliares de enfermería afectados a esta tarea se ocuparon de otras relacionadas con el trabajo, fundamentalmente cooperando en el área de insumos médicos.

En un mes el equipo OSA realizó asistencia de pacientes durante 11 días, no consecutivos; los intervalos estuvieron dados fundamentalmente por los días domingos, en que los locales no coordinaron trabajo asistencial, así como por días en que los traslados entre ciudades y provincias insumían varias horas, y también días de descanso, de los cuales los locales indicaron más de los que nosotros esperábamos. En esos 11 días de trabajo, el equipo OSA atendió un total de 1290 pacientes; 845 adultos y 445 niños. Este número de pacientes incluyó, como ya se refirió, varias urgencias (crisis convulsiva, crisis asmáticas, neumonía con insuficiencia respiratoria, angina inestable), así como enfermedades respiratorias y enfermedades infecciosas cutáneas, sobre todo en personas afectadas directamente por el Tsunami del 26 de diciembre de 2004; también vimos múltiples personas con heridas y mutilaciones recibidas durante la guerra (fueran o no combatientes), siendo en algunos casos la persistencia del sufrimiento o molestia provocada por dichas mutilaciones el motivo de consulta. En la mayoría de los casos el motivo de consulta era banal, como suele suceder en la atención primaria en salud, y muchas veces la multiplicidad de síntomas aquejados surgía, según nos dijeron algunos de los colaboradores locales, del deseo de llevar medicamentos para tener en sus hogares. Pudimos comprobar en numerosos casos, efectivamente, que cuando la patología referida como único motivo de consulta daba lugar a medidas higiénicas, explicaciones propias de educación sanitaria, o derivación no urgente al hospital, pero no a la entrega de un cargamento de pastillas del medicamento que fuera, emergía entonces otro síntoma, en procura de obtener algún fármaco. Esta actitud de dependencia de la entrega gratuita de alguna “medicina”, esta “cultura del medicamento”, también presente en el Uruguay aunque en menor grado, me parece sintomática del inmenso desamparo que desde el punto de vista sanitario y de atención de salud adecuada padece esta gente. Situación de desamparo dada sobre todo por el escaso poder adquisitivo de estas personas, su extrema pobreza, así como por la distancia a los centros poblados con servicios de salud de segundo o tercer nivel (progresivamente más dotados de técnicas de diagnóstico y tratamiento), sin olvidar la influencia de una pauta cultural primitiva que los hace ver en el medicamento, en la “pastilla”, la solución a sus enfermedades, ignorando y/o no llegando a comprender el desarrollo actual de la medicina en lo que tiene que ver con la necesariedad de procedimientos diagnósticos y terapéuticos más sofisticados. Este problema no deja de estar presente en el Uruguay, en las franjas de población menos afortunadas desde el punto de vista socio económico y educacional. No debemos olvidar que en Sri Lanka (como antes en el El Salvador) nosotros hicimos atención en lugares y entre personas que viven en la extrema pobreza, habitando no ya ranchos sino chozas, sin servicios de agua potable ni saneamiento, sin refrigeración, y con una alimentación en muchos casos deficiente. Caben destacar las enfermedades de la piel que afectan los pies y tercio inferior de piernas, en personas que nosotros sabíamos andan descalzas todo el día debido a una pauta cultural (se descalzan sistemáticamente al entrar a lugares cerrados, inclusive en las ciudades, como norma). Pero en la selva, andan descalzos sobre la tierra, entre los matorrales, o con los pies hundidos en el agua de las plantaciones de arroz (que abundan). Además, se bañan y lavan sus ropas en las corrientes de agua que por decenas de quilómetros acompañan las carreteras y caminos, donde también se bañan los animales, vacas, búfalos, sin contar víboras y multiplicidad de insectos. Lo admirable es que a pesar de sus carencias, procuran higienizar sus cuerpos y ropas. Esa pobre gente hace lo que puede con lo que tiene. Y lo que no tiene, lo necesita; debe dársele, pero también debe enseñársele.

¿Cómo evaluaron ellos, los hermanos de Sri Lanka, nuestro trabajo?


Frente a dudas expresadas en las reuniones internas por los miembros del equipo, se presentaban continuamente las opiniones de los coordinadores y colaboradores locales respecto a la bendición que representó para ellos el trabajo del ministerio médico realizado por el equipo OSA. En Palathoppur y Kantale los pastores de la Foursquare Gospel Church refirieron que era la primera vez que en sus iglesias se realizaba un ministerio médico de esta clase, e insistieron en la gran bendición que para ellos había representado. Una misionera holandesa que llevaba cuatro meses trabajando con la NCEASL como observadora nos habló una tarde en el hotel de Trincomalee acerca de la honda significación que tenía para esa gente que extranjeros de piel blanca como nosotros fuéramos a ellos para ayudarlos, atenderlos, saludándolos y tocándolos, lo que no hacían las clases social y económicamente superiores de su propio país, y que este hecho obligaba a recapacitar y revisar su conducta a esas “clases superiores”. Las manifestaciones acerca del impacto que iba teniendo el trabajo del equipo continuaron. El día que estuvimos en Kandy, ya finalizado el trabajo, cuando nos llevaron a un lugar adecuado para comprar recuerdos para nuestras familias, Ravi, nuestro más estrecho colaborador, nos instó a elegir todo tipo de cosas; cuando llegamos a la caja para pagar, Ravi se negó a que nosotros pagáramos. La Alliance Development pagó todo; la razón que dio Ravi para ese gesto fue que era una atención para nosotros, pues nosotros habíamos dedicado tiempo de nuestras vidas para ir desde tan lejos, con el fin de ayudarles. El último día en Vavuniya, antes de salir hacia Colombo, cuando me despedí del pastor Seggar, él me dijo: “Voy a hablar con el Dr. Arul y con Raja John para que vuelva a enviar este equipo médico”. La noche del día siguiente, 15 de mayo, Gary Dean nos dijo que incluso el tiempo en el que llegamos había sido adecuado, pues muchos equipos de ayuda médica humanitaria habían arribado a Sri Lanka inmediatamente después del Tsunami, permaneciendo por espacio de algunas semanas, para luego irse, y en el tiempo que nosotros estuvimos, no había más nadie para dar continuidad al trabajo de asistencia médica. No quiero olvidar lo escrito por Raja John en el certificado que nos entregó; refiriéndose al equipo OSA dice: “ellos trabajaron con compromiso, dedicación y sacrificio en áreas remotas con facilidades mínimas. Su servicio es altamente recomendable, y la gente fue en gran manera bendecida por su amor y cuidado”. Personalmente, nunca voy a olvidar las palabras finales del Dr. Arul Anketell: “gracias por venir a Sri Lanka”.
Un punto relacionado con lo anterior se perfiló como una sospecha entre nosotros al promediar el trabajo, confirmándose al final, el último día de tareas en Kudarappu, por boca de Ravi. Aún en Trincomalee, cuando Ravi nos mostró el programa de trabajo previsto en la Northern Province, nos dijo que algunos lugares eran zona bajo control del LTTE, preguntándonos si estábamos dispuestos a ingresar a esos sitios. Después de hablarlo con el grupo (no me pareció que yo pudiera decidir por todos algo tan delicado), estando todos dispuestos a ir, accedimos. Una vez en Vavuniya, alojados en el Balmoral Hotel, surgió entre nosotros la interrogante acerca de los gastos que los locales estaban afrontando con nosotros, alojándonos en hoteles de ese tipo, y dándonos dinero para que lo administráramos y manejáramos a nuestro criterio (durante nuestra permanencia en Sri Lanka, el equipo recibió del Hospital Christian Fellowship y la Alliance Development la cantidad de 126000 rupias srilankesas, alrededor de U$S 1280, que fueron utilizadas en su totalidad para los gastos derivados del trabajo: comida, combustible para las camionetas, salario de algunos chóferes, alojamiento en algunos casos; ese dinero fue administrado en forma fiel, cristalina y férreamente disciplinada por los tesoreros del grupo, los doctores Da Motta y Texeira). Pero contando los días que se perdían en traslados y descansos, nos preguntábamos qué justificaba ese gasto en nosotros. Entonces surgió la hipótesis acerca de la gran necesidad que tenían de alguien que atendiera a su gente, y el hecho de no tener quién fuera a realizar ese trabajo. Esto se confirmó, como dije, el último día; en Kudarappu, hablando sobre un contingente de 65 médicos que llegarían en julio de este año procedentes de los Estados Unidos de América, Ravi dijo que allí donde nosotros habíamos ido (zona bajo control de la guerrilla) solo lograría que fuera “alguno de gran corazón”. Al continuar hablando, vimos que nuestra suposición era correcta: nosotros habíamos ido adonde muy pocos o ninguno querían ir.

Al terminar este informe, quiero reiterar algunos conceptos que vertí en el informe final sobre la misión humanitaria que desarrollamos en El Salvador hace 4 años. Fundamentalmente, aquellos que tiene que ver con la continuidad de un trabajo de este tipo:

La misión Ayuda para El Salvador (y la misión a Sri Lanka) constituyó para nosotros una experiencia enriquecedora como pocas. Me pregunto si esta misión será una experiencia aislada para los uruguayos. Fundamentalmente, para los uruguayos evangélicos. Una misión de ayuda humanitaria organizada y enviada por la Iglesia Cristiana Evangélica del Uruguay a un país lejano en situación de desastre, es un hecho que no debe registrar muchos antecedentes (ahora, la misión a Sri Lanka, tiene como “antecedente la misión a El Salvador). Quiera Dios que seamos nosotros, los cristianos evangélicos, en este caso, los uruguayos, quienes participemos en esta clase de novedoso trabajo misionero: la ayuda humanitaria. Que lo organicemos mejor, con tiempo; quizás hasta preparándonos antes que surja la necesidad, reuniendo fondos, estableciendo contactos, convocando candidatos interesados en participar de algo así. Tal vez sea una idea descabellada; tal vez, por eso, sea una de esas ideas que le gustan a Dios.

Quizás, incluso, sea un ministerio; una forma particular de servicio a Dios, a través de este servicio de atención médica al prójimo, en situaciones tan particulares como las que surgen después de un desastre natural, o provocado por el hombre. Tras un terremoto, un maremoto, o una guerra. Algunos ya lo ven como tal. El inicio de un ministerio; algo nuevo, por lo menos para nosotros los uruguayos. No un trabajo misionero tradicional; un ministerio de predicación, evangelismo, plantación de iglesias o apoyo a la iglesia local.
Más bien, un servicio de amor puesto en marcha ante la emergencia. Ante la emergencia del sufrimiento, la enfermedad, el desastre y la tragedia. Un ministerio que consista en poder salir a cualquier punto del planeta para tender la mano a quién ha sido golpeado por una realidad devastadora y cruel, sin importar su cultura, nacionalidad, religión, ni siquiera su idioma, porque siempre hay una manera de comunicarse. El amor de Dios en acción, llegando a cualquier lugar del mundo desde este pequeño país; porque no olvidemos que el proyecto Objetivo Sureste de Asia, que puso a 8 uruguayos en Sri Lanka durante un mes, hasta donde nosotros sabemos es lo único que Uruguay ha hecho por las víctimas del Tsunami.
Se pudo en El Salvador hace 4 años. Ahora se pudo en Sri Lanka, porque esta idea loca está, creo yo, en el corazón de Dios. Por eso sé que lo hecho no fue en vano, que fue útil, que dará frutos. Pero no solamente dará frutos en Sri Lanka. También en Uruguay debe dar frutos. Pero además del enriquecimiento personal de aquellos que participaron en el equipo OSA, del enriquecimiento de aquellos que conozcan y sepan lo que este grupo de cristianos evangélicos uruguayos hizo allá en el sur de Asia, del testimonio para la Iglesia Evangélica ante nuestra sociedad, el fruto más importante será la continuidad de este ministerio médico humanitario. Su continuidad dentro de fronteras, con el Ministerio Médico Itinerante de ACUPS que dirige el Dr. Eliezer Da Motta, y tanto apoyo necesita de personas e instituciones; y su continuidad fuera de fronteras, allá donde la necesidad surja y podamos ir, como parte del Cuerpo de Cristo, tendiendo una mano que alivie el sufrimiento y enjugue las lágrimas, donde sea.

Por ahora, una utopía. En manos de Dios, ¿quién sabe?

Dr. Alvaro Pandiani

www.iglesiaenmarcha.net

28 Ene '07

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