ENCUENTRO

ENCUENTRO “VIOLENCIA Y DISCAPACIDAD”

En el Decenio para superar la violencia, las iglesias en busca de reconciliación y de paz

En la ciudad de Córdoba, Argentina del 23 al 25 de octubre del 2006, dando respuesta a la convocatoria efectuada por: Red E. en defensa de las personas con discapacidad (EDAN), Centro E. Cristiano de Córdoba – CECC, Consejo Latinoamericano de Iglesias – CLAI, Decenio para Superar la Violencia DSV, Iglesia Evangélica del Río de la Plata – IERP, e Instituto Universitario – ISEDET, nos reunimos personas con discapacidad, familiares, hombres y mujeres que trabajamos con relación al tema, de los países de: Argentina, Brasil, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, Nicaragua, paraguay, Perú y Uruguay, con el objetivo de hacer visible la problemática de la violencia en relación a la discapacidad, tanto en las iglesias como en la sociedad y que desde la perspectiva de la fe cristiana intercambiemos experiencias, propongamos y asumamos acciones y compromisos por la inclusión y no violencia.

Hablar de discapacidad en América Latina, es hablar de pobreza, exclusión, abandono y una falta casi absoluta de oportunidades para vivir una vida digna.
Este panorama se vuelve mas violento cuando hablamos de discapacidad en la población indígena, mujeres, ancianos y niñez. Es fácil, entonces, que las personas con discapacidad sean consideradas como inferiores, incapaces e innecesarias pues en este mundo globalizado, competitivo e individualista no hay espacio para la diferencia, lo que trae como consecuencia un trato injusto, inferioridad en los puestos de trabajo; en los salarios; en los niveles educativos; una falta de representatividad y voz en la mayoría de los lugares de decisión.

Históricamente las iglesias en su mayoría, hemos sido cómplices de formas de exclusión, opresión y violencia, entre cuyas víctimas han estado una vez más las personas con discapacidad.

Tomando en consideración esto se hace necesario una reflexión desde la ética cristiana, desde la solidaridad, la justicia y esperanza y levantar nuestra voz de denuncia para las situaciones de violencia e injusticia; pero también anunciar la buena nueva de reconciliación y paz.

Reconocemos:

  • Que como iglesia de Jesucristo tenemos el compromiso de trabajar la temática de la violencia, toda vez que la violencia afecta a todas las personas independientemente de la etnia, clase social, edad, credo o religión.
  • Que las personas con discapacidad se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, aumentando de esta forma el riesgo de sufrir violencia. Las personas con discapacidad también pueden convertirse en violentas, haciéndose aun más necesario trabajar el tema de la violencia a partir de sí mismas.
  • Que muchas situaciones de violencia son complejas y exigen actitudes de cuidado, orientación, confidencialidad, confianza, responsabilidad y mucho amor.
  • Que como Iglesia de Jesucristo, somos iglesias cuya acción y diaconía es de acogida y acompañamiento, la falta de esto es una negligencia y puede constituirse una forma de violencia y como iglesia no podemos admitir ninguna forma de violencia.
  • Que en sentido general, el lenguaje usado tanto a nivel institucional como popular en relación con las discapacidades constituye un modo de desvalorizar y/o invisibilizar a las personas que las poseen, lo cual es obviamente lesivo a la dignidad humana de las mismas.
  • Que la pobreza es un factor que refuerza la discapacidad y la exclusión social, por lo tanto la iglesia debe asumir la agenda política como parte de su misión, y la defensa de los Derechos Humanos como un compromiso cristiano.

    Recomendamos:

  • Que las Iglesias proporcionen y promuevan actividades y espacios de convivencia, pues a través de ella, los prejuicios y tabues sobre discapacidad pueden ser superados. Espacios de convivencia, son espacios en los que relaciones de confianza pueden ser establecidos.
  • Que las iglesias sean este espacio donde las personas que sufren violencia encuentren un lugar seguro de apoyo y, respaldadas por este apoyo puedan sentirse seguras para denunciar cualquier forma de violencia.
  • Que las iglesias adopten un lenguaje inclusivo y dignificante en relación con las personas con discapacidad, a partir de las actualizaciones hechas en torno a los conceptos asociados a la discapacidad por parte de los organismos rectores internacionales.
  • Que cada persona pueda realizar una mirada introspectiva analizando las actitudes que pudiera poseer y que podrían ser indicadores de violencia.
  • Que las iglesias proporcionen herramientas a sus miembros laicos así como a su liderazgo a través de capacitación, sensibilización, concientización, formación de redes de apoyo entre iglesias, grupos y movimientos sociales, sobre temáticas como: Violencia, autoestima, políticas públicas y económicas, sexualidad y afectividad, derechos humanos, resolución de conflictos. etc.
 
Asumimos:

  • Que la participación social constituye una herramienta de exigibilidad y cumplimiento de las leyes, a fin de lograr, sociedades más solidarias, justas e inclusivas.
  • Que la gracia de Dios y el movimiento de su Espíritu nos desafía constantemente para transformar actitudes de violencia en actitudes de no violencia, es Dios mismo que nos llama y envía para un servicio de paz y reconciliación, de esta manera, asumimos el ejemplo de Jesús frente a la mujer adúltera para neutralizar formas de violencia, orar y vigilar, reconciliar y compartir, anunciar y denunciar.
 
14 Nov '06

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