PARA LOS ARGENTINOS LA FAMILIA ES CLAVE

PARA LOS ARGENTINOS LA FAMILIA ES CLAVE

Mientras se escucha hablar desde hace tiempo sobre la crisis del concepto tradicional de familia y de la ampliación de esta noción a través de adjetivos como ensambladas o monoparentales en nuestro país sigue fuerte como institución pilar de la sociedad la familia tradicional.
Para el 80%, de los argentinos, la familia fundada a través del matrimonio es el eje en el que debería estar centrada la sociedad. Incluso, el 48% de las personas opina que la solución de fondo para problemas sociales como la delincuencia juvenil, las adicciones y la violencia, se encuentra en que el Estado adopte políticas que promuevan la vida familiar. Mientras que un 38% mencionó como segunda medida el aumento de presupuesto destinado a problema sociales.
Las conclusiones surgen de un estudio de opinión sobre Matrimonio y Familia que la Universidad Austral encargó a la consultora Gallup por segunda vez (la primera fue en 2000). La muestra tiene carácter nacional y reúne la opinión de 1000 adultos que fueron entrevistados durante noviembre último.
Paralelamente a la importancia que la sociedad atribuye a la familia como factor de cohesión social, el 69% de los individuos considera que la calidad de vida familiar es más débil que hace treinta años, mientras que el 46% piensa que se debilitará aún más en el futuro.
Tradición más flexible:
De la comparación entre la encuesta de 2000 y la actual, que se dio a conocer ayer en la sede de la Universidad Austral, se desprende que si bien siguen siendo mayoritarias las opciones por familias unidas en matrimonio, entendiendo por este concepto la unión de un hombre y una mujer, que otorgan alta importancia el hecho de tener hijos y a la seguridad económica, ciertos indicadores mostrarían algunos cambios en la concepción de las relaciones familiares.
Por ejemplo, creció el porcentaje de personas que piensan que el divorcio es en general la mejor solución cuando un matrimonio no puede resolver sus problemas conyugales: del 69% en 2000 pasó al 79% hoy, y disminuyó el número de personas que piensan que es mejor para un niño crecer en un hogar donde la madre y el padre están casados (del 80% en 2000 al 74%, hoy).
Y, a pesar de que criar y tener hijos sigue teniendo una importancia alta para la calidad de vida familiar, la creencia sufrió un descenso: del 74% en 2000 al 67% en 2005.
“El segmento de los más jóvenes, entre 18 y 24 años, explica estas variaciones de valores. Los sociólogos hoy hablan del indicador de «la equidad generacional», que se refiere a lo que uno le transmite a otra generación. Y en esto tenemos una gran responsabilidad de transmitir valores humanos, vínculos sólidos”, explicó a LA NACION Cristián Conen, coordinador del estudio y director del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.
Otro dato en este sentido es el incremento de opiniones acerca de que tener hijos interfiere mucho con la libertad de los padres (del 37% en 2000 al 48% en 2005). Al respecto, Conen estimó que esta tendencia se da más en segmentos de mayor poder adquisitivo. “Observamos que sectores sociales de más bajos recursos no sienten que los hijos interfieran con su libertad. El mayor poder adquisitivo lleva a un mayor consumismo y, por lo tanto, a un mayor individualismo”, consideró.
Si bien hay un incremento del pesimismo respecto de 2000 acerca de la calidad de vida familiar, ésta ya no depende en primer lugar de la seguridad económica, como se creía en 2000, sino de un matrimonio duradero. Los porcentajes de ambos aspectos se invirtieron en cinco años.
La importancia del aspecto económico también decreció en cuanto a la solidez que puede otorgar a un matrimonio. Mientras hace cinco años era relevante para el 12% de los encuestados, ahora lo es sólo para el 4%. La seguridad económica está apenas por encima de la satisfacción sexual que representa el 2%.
Sin embargo, los motivos económicos siguen siendo la razón principal a la hora de explicar por qué los matrimonios no tienen hijos o no los tienen en mayor cantidad. Así piensan 6 de cada diez argentinos que, en segundo lugar, esgrimen razones de salud con el 24 por ciento.
¿Cuáles serían entre varios aspectos los que contribuirían a que las parejas tuvieran más hijos? En primer lugar, el aumento de las asignaciones familiares y, en segundo lugar, la posibilidad de trabajar desde la casa. Y para un 34% de los encuestados, si la jornada laboral fuese más limitada, la madre podría dedicarle más tiempo a sus hijos.
Si bien el 57 por ciento piensa que las políticas de gobierno en la Argentina desalientan a las familias a tener hijos, este porcentaje disminuyó respecto de 2000 cuando alcanzaba un 76%. “La encuesta de 2000 se dio en un momento de crisis profunda y ahora la coyuntura económica hace percibir que estamos un poco mejor y por eso bajó este indicador”, opinó en forma preliminar Conen.
El sondeo también indagó acerca de las relaciones entre el ámbito laboral y el familiar. Entre varias opciones en vistas a mejorar la vida familiar se mencionó mayoritariamente la limitación de la jornada laboral de la madre y el padre para que puedan estar en sus casas en momentos clave del día de la vida familiar.
Por Laura Casanovas – Redacción de LA NACION



Mientras se escucha hablar desde hace tiempo sobre la crisis del concepto tradicional de familia y de la ampliación de esta noción a través de adjetivos como ensambladas o monoparentales en nuestro país sigue fuerte como institución pilar de la sociedad la familia tradicional.
Para el 80%, de los argentinos, la familia fundada a través del matrimonio es el eje en el que debería estar centrada la sociedad. Incluso, el 48% de las personas opina que la solución de fondo para problemas sociales como la delincuencia juvenil, las adicciones y la violencia, se encuentra en que el Estado adopte políticas que promuevan la vida familiar. Mientras que un 38% mencionó como segunda medida el aumento de presupuesto destinado a problema sociales.
Las conclusiones surgen de un estudio de opinión sobre Matrimonio y Familia que la Universidad Austral encargó a la consultora Gallup por segunda vez (la primera fue en 2000). La muestra tiene carácter nacional y reúne la opinión de 1000 adultos que fueron entrevistados durante noviembre último.
Paralelamente a la importancia que la sociedad atribuye a la familia como factor de cohesión social, el 69% de los individuos considera que la calidad de vida familiar es más débil que hace treinta años, mientras que el 46% piensa que se debilitará aún más en el futuro.
Tradición más flexible:
De la comparación entre la encuesta de 2000 y la actual, que se dio a conocer ayer en la sede de la Universidad Austral, se desprende que si bien siguen siendo mayoritarias las opciones por familias unidas en matrimonio, entendiendo por este concepto la unión de un hombre y una mujer, que otorgan alta importancia el hecho de tener hijos y a la seguridad económica, ciertos indicadores mostrarían algunos cambios en la concepción de las relaciones familiares.
Por ejemplo, creció el porcentaje de personas que piensan que el divorcio es en general la mejor solución cuando un matrimonio no puede resolver sus problemas conyugales: del 69% en 2000 pasó al 79% hoy, y disminuyó el número de personas que piensan que es mejor para un niño crecer en un hogar donde la madre y el padre están casados (del 80% en 2000 al 74%, hoy).
Y, a pesar de que criar y tener hijos sigue teniendo una importancia alta para la calidad de vida familiar, la creencia sufrió un descenso: del 74% en 2000 al 67% en 2005.
“El segmento de los más jóvenes, entre 18 y 24 años, explica estas variaciones de valores. Los sociólogos hoy hablan del indicador de «la equidad generacional», que se refiere a lo que uno le transmite a otra generación. Y en esto tenemos una gran responsabilidad de transmitir valores humanos, vínculos sólidos”, explicó a LA NACION Cristián Conen, coordinador del estudio y director del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.
Otro dato en este sentido es el incremento de opiniones acerca de que tener hijos interfiere mucho con la libertad de los padres (del 37% en 2000 al 48% en 2005). Al respecto, Conen estimó que esta tendencia se da más en segmentos de mayor poder adquisitivo. “Observamos que sectores sociales de más bajos recursos no sienten que los hijos interfieran con su libertad. El mayor poder adquisitivo lleva a un mayor consumismo y, por lo tanto, a un mayor individualismo”, consideró.
Si bien hay un incremento del pesimismo respecto de 2000 acerca de la calidad de vida familiar, ésta ya no depende en primer lugar de la seguridad económica, como se creía en 2000, sino de un matrimonio duradero. Los porcentajes de ambos aspectos se invirtieron en cinco años.
La importancia del aspecto económico también decreció en cuanto a la solidez que puede otorgar a un matrimonio. Mientras hace cinco años era relevante para el 12% de los encuestados, ahora lo es sólo para el 4%. La seguridad económica está apenas por encima de la satisfacción sexual que representa el 2%.
Sin embargo, los motivos económicos siguen siendo la razón principal a la hora de explicar por qué los matrimonios no tienen hijos o no los tienen en mayor cantidad. Así piensan 6 de cada diez argentinos que, en segundo lugar, esgrimen razones de salud con el 24 por ciento.
¿Cuáles serían entre varios aspectos los que contribuirían a que las parejas tuvieran más hijos? En primer lugar, el aumento de las asignaciones familiares y, en segundo lugar, la posibilidad de trabajar desde la casa. Y para un 34% de los encuestados, si la jornada laboral fuese más limitada, la madre podría dedicarle más tiempo a sus hijos.
Si bien el 57 por ciento piensa que las políticas de gobierno en la Argentina desalientan a las familias a tener hijos, este porcentaje disminuyó respecto de 2000 cuando alcanzaba un 76%. “La encuesta de 2000 se dio en un momento de crisis profunda y ahora la coyuntura económica hace percibir que estamos un poco mejor y por eso bajó este indicador”, opinó en forma preliminar Conen.
El sondeo también indagó acerca de las relaciones entre el ámbito laboral y el familiar. Entre varias opciones en vistas a mejorar la vida familiar se mencionó mayoritariamente la limitación de la jornada laboral de la madre y el padre para que puedan estar en sus casas en momentos clave del día de la vida familiar.
Por Laura Casanovas – Redacción de LA NACION


Mientras se escucha hablar desde hace tiempo sobre la crisis del concepto tradicional de familia y de la ampliación de esta noción a través de adjetivos como ensambladas o monoparentales en nuestro país sigue fuerte como institución pilar de la sociedad la familia tradicional.
Para el 80%, de los argentinos, la familia fundada a través del matrimonio es el eje en el que debería estar centrada la sociedad. Incluso, el 48% de las personas opina que la solución de fondo para problemas sociales como la delincuencia juvenil, las adicciones y la violencia, se encuentra en que el Estado adopte políticas que promuevan la vida familiar. Mientras que un 38% mencionó como segunda medida el aumento de presupuesto destinado a problema sociales.
Las conclusiones surgen de un estudio de opinión sobre Matrimonio y Familia que la Universidad Austral encargó a la consultora Gallup por segunda vez (la primera fue en 2000). La muestra tiene carácter nacional y reúne la opinión de 1000 adultos que fueron entrevistados durante noviembre último.
Paralelamente a la importancia que la sociedad atribuye a la familia como factor de cohesión social, el 69% de los individuos considera que la calidad de vida familiar es más débil que hace treinta años, mientras que el 46% piensa que se debilitará aún más en el futuro.
Tradición más flexible:
De la comparación entre la encuesta de 2000 y la actual, que se dio a conocer ayer en la sede de la Universidad Austral, se desprende que si bien siguen siendo mayoritarias las opciones por familias unidas en matrimonio, entendiendo por este concepto la unión de un hombre y una mujer, que otorgan alta importancia el hecho de tener hijos y a la seguridad económica, ciertos indicadores mostrarían algunos cambios en la concepción de las relaciones familiares.
Por ejemplo, creció el porcentaje de personas que piensan que el divorcio es en general la mejor solución cuando un matrimonio no puede resolver sus problemas conyugales: del 69% en 2000 pasó al 79% hoy, y disminuyó el número de personas que piensan que es mejor para un niño crecer en un hogar donde la madre y el padre están casados (del 80% en 2000 al 74%, hoy).
Y, a pesar de que criar y tener hijos sigue teniendo una importancia alta para la calidad de vida familiar, la creencia sufrió un descenso: del 74% en 2000 al 67% en 2005.
“El segmento de los más jóvenes, entre 18 y 24 años, explica estas variaciones de valores. Los sociólogos hoy hablan del indicador de «la equidad generacional», que se refiere a lo que uno le transmite a otra generación. Y en esto tenemos una gran responsabilidad de transmitir valores humanos, vínculos sólidos”, explicó a LA NACION Cristián Conen, coordinador del estudio y director del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.
Otro dato en este sentido es el incremento de opiniones acerca de que tener hijos interfiere mucho con la libertad de los padres (del 37% en 2000 al 48% en 2005). Al respecto, Conen estimó que esta tendencia se da más en segmentos de mayor poder adquisitivo. “Observamos que sectores sociales de más bajos recursos no sienten que los hijos interfieran con su libertad. El mayor poder adquisitivo lleva a un mayor consumismo y, por lo tanto, a un mayor individualismo”, consideró.
Si bien hay un incremento del pesimismo respecto de 2000 acerca de la calidad de vida familiar, ésta ya no depende en primer lugar de la seguridad económica, como se creía en 2000, sino de un matrimonio duradero. Los porcentajes de ambos aspectos se invirtieron en cinco años.
La importancia del aspecto económico también decreció en cuanto a la solidez que puede otorgar a un matrimonio. Mientras hace cinco años era relevante para el 12% de los encuestados, ahora lo es sólo para el 4%. La seguridad económica está apenas por encima de la satisfacción sexual que representa el 2%.
Sin embargo, los motivos económicos siguen siendo la razón principal a la hora de explicar por qué los matrimonios no tienen hijos o no los tienen en mayor cantidad. Así piensan 6 de cada diez argentinos que, en segundo lugar, esgrimen razones de salud con el 24 por ciento.
¿Cuáles serían entre varios aspectos los que contribuirían a que las parejas tuvieran más hijos? En primer lugar, el aumento de las asignaciones familiares y, en segundo lugar, la posibilidad de trabajar desde la casa. Y para un 34% de los encuestados, si la jornada laboral fuese más limitada, la madre podría dedicarle más tiempo a sus hijos.
Si bien el 57 por ciento piensa que las políticas de gobierno en la Argentina desalientan a las familias a tener hijos, este porcentaje disminuyó respecto de 2000 cuando alcanzaba un 76%. “La encuesta de 2000 se dio en un momento de crisis profunda y ahora la coyuntura económica hace percibir que estamos un poco mejor y por eso bajó este indicador”, opinó en forma preliminar Conen.
El sondeo también indagó acerca de las relaciones entre el ámbito laboral y el familiar. Entre varias opciones en vistas a mejorar la vida familiar se mencionó mayoritariamente la limitación de la jornada laboral de la madre y el padre para que puedan estar en sus casas en momentos clave del día de la vida familiar.
Por Laura Casanovas – Redacción de LA NACION

Fuente: Aciera
31 Dic '05

Deja un comentario

*