TESTIMONIO

TESTIMONIO

ENCABEZADO
Una mujer, cristiana, madre, esposa, un testimonio valiente, duro y mucho de amor a la vida.
Por tu fuerza, por tus ganas, por tu fe, por tu comprensión, por tu ayuda y por muchas cosas más… Gracias Nelda, por enseñarnos una vez más a no bajar los brazos.
Queridas y queridos en tantas partes :
Quiero corresponder a tanta carta,oración,llamado ,simpatía, con una palabra de testimonio que me permita expresar la gratitud a Dios y a Uds., y a la vez compartir algunas cosas que voy aprendiendo.
Va con todo mi cariño y el deseo de poder ser útil desde ésta mi nueva condición.
Nelda.
En una visita domiciliaria el enfermero ,muy joven ,que acompañaba a la médica, tenía su cabeza rapada, como yo. Le dije que seguramente íbamos a la misma peluquería y nos hacían el mismo peinado. Entonces me contó que hace cuatro años que comenzó su tratamiento por cáncer… Al salir, me dijo: “por la persona que nos quiere, vale la pena luchar; por esa persona que nos quiere, hay que hacer todo y no bajar los brazos…”
Sus palabras dichas y acompañadas con un beso de “colegas”, quedaron resonando en mis oídos…
¡Vaya si tengo por quién luchar…!
Fraternalmente
Nelda

”3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
4el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,
para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.
5Así como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo,
así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.
…Si somos consolados es para vuestra consolación …”
San Pablo, II a los Corintios 1

Sobre el hogar del living de nuestra actual casa pastoral, luce un cuadro con un texto de Helder Cámara que, para mí, tomó en este tiempo un nuevo significado. Dice:
Acepta las sorpresas que deshacen tus planes,
anulan tus sueños, y dan un giro totalmente diferente
a tu jornada y quizás, a tu vida.

“Señora: en las radiografías de sus pulmones aparecen unas manchas, que pueden ser líquido o partes fibrosadas, o cualquier otra cosa, tal vez de poca importancia; tenemos que averiguar qué es. El próximo día hábil (20 de abril) se hace una tomografía computada”. Así fue, y quedé internada durante 10 días, durante los cuales conocimos el diagnóstico… Y muchas veces voy a hablar así en plural, porque mi esposo y yo anduvimos en todo juntos: entrevistas y estudios médicos, internación, atención,… Con su amor, su fe y su fortaleza, puedo afrontar de manera distinta todos los obstáculos.
Es difícil aceptar que hay intrusos en la casa interior, silenciosos y crueles, que tratan de destruirla. Y una vez que se sabe, aparecen las preguntas: ¿dónde están, cómo son, cuál es el arma que puede destruirlos, por qué y cómo llegaron allí?
Desde el exterior se hacen investigaciones médicas, a menudo agresivas, fuertes, que nos hacen concientes que ahora por diferentes motivos, la “casa”está siendo atacada desde el interior y el exterior, y eso ocasiona fatiga y desazón.
Es frecuente que, cuando nos preparamos para visitar a alguien afectado por una enfermedad “de cuidado”,vayamos pensando en frases que creemos pueden tranquilizar a la enferma…y a nosotros, como
-“hay que tener paciencia, pronto pasará…”
-“y bueno hay que aguantar un poquito, a todos nos toca algo…”
-“no hay que ponerse triste, todo va a andar bien…”
Bueno, pensemos que para quien está siendo tratado por cáncer u otra afección seria, el “pronto” no existe. El “poquito de paciencia” no tiene sentido .Y qué significa “todo va a andar bien”? El dolor no se maneja con consejos bien intencionados .Hay un intruso atacando mi organismo, poniendo entre paréntesis todos mis planes ,afectando a todos los que me aman y disminuir su importancia ,o pretender disimularla con una charla liviana ,no va ayudarme en esta lucha.
No me aconsejen nada, sólo necesito que estén ahí, que me brinden su cariño como saben hacerlo (un abrazo, un llamado, una tarjetita, una flor, una golosina…), que oren por nosotros, que me brinden su compañía cuando vean que la necesito, su silencio cuando vean mi cansancio, y se retiren amablemente cuando reconozcan que necesito soledad. Parece caprichosa esa conducta mía, pero así lo requieren el proceso de la enfermedad y las consecuencias de la aplicación de las drogas.

“No le prometo curarla, sólo mantener la enfermedad bajo control”, dijo la oncóloga al comenzar el tratamiento. Respondimos: haremos todo lo que esté a nuestro alcance, confiando en que ustedes como equipo y Dios, harán el resto. Ella respondió: “Dios es el jefe del equipo”.
Cuando contamos esto a la familia, uno de nuestros hijos acotó: si Dios es el jefe, ella es uno de sus ángeles. Me hizo bien verla así.
Las largas y cansadoras aplicaciones de quimioterapia y sus efectos no deseados, la disnea, la alopecía, las limitaciones (no salir por el frío; al tener las defensas bajas hay que evitar ir adonde hay mucha gente a causa de los virus que pueden propagar, y no tener contacto con personas resfriadas o con tos, etc.; a menudo falta la energía necesaria para levantarme y andar); los malestares bronquiales, la tos persistente a través de los meses, ocasionalmente el temblor de las manos, los mareos o la inestabilidad, todo me hace una dependiente (a veces absoluta) de los demás. Tomo conciencia de mi fragilidad, y lucen mejor los verdaderos valores del ser humano. Se tornan mucho más importantes la amistad y sus múltiples manifestaciones, el amor de la familia y sus grandes o pequeños gestos, las oraciones de los demás son fuente de contención y ánimo, y Dios se hace casi tangible.
Al saberme tan cerca de lo que comúnmente llamamos muerte, y que en tantas personas produce temor, llanto, angustia, yo vi los brazos de mi Dios extendidos, diciéndome: “no temas, estoy contigo, y un día vendrás conmigo al lugar que te tengo preparado”. Entonces respondí: sólo me apena dejar a mis seres queridos y el dolor que esto les puede ocasionar. Él me dijo: “también ellos están ante mis ojos y bajo mi cuidado; tú sólo confía, yo te amo y los amo”. Le dije: ¡en tus manos, Señor, en tus manos…! Alguien me dijo: ¡las pruebas que nos manda Dios… ¡ Repliqué: ¡no! las pruebas no las manda Dios, vienen como consecuencia de las leyes de la naturaleza; pero el Padre de Jesucristo es un Dios de amor, que nos sostiene en medio de las pruebas, que está presente en nuestras alegrías y dolores, nos anima y fortalece; Él no quiere nuestra enfermedad, y nos ayuda para la mejor calidad de vida, y estoy agradecida por ello.
Es importante vivir cada día con fe, disfrutando en ese día de las cosas que podemos recibir y dar.

3 Dic '04

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