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El defensa central del Sao Caetano ´Serginho´ murió en el hospital paulista de Sao Luiz poco después de sufrir un ataque cardiaco durante un partido ante el Sao Paulo. ´Serginho´, de 30 años, fue asistido sin éxito sobre el césped y el árbitro se vio obligado a
suspender el partido.
Paulo Sergio de Oliveira Silva, ´Serginho´, fue trasladado de urgencia al hospital Sao Luiz tras caer desmayado en el campo de juego mientras sus compañeros lloraban y oraban, según imágenes de la televisión. La mayoría de los jugadores del Sao Caetano (un equipo revelación en la Liga de fútbol brasileña) son de confesión evangélica, incluido el jugador fallecido.

Silvio Luiz dijo a los periodistas que su compañero “tenía problemas cardiacos”, pese a lo cual la comisión técnica lo mantenía como titular. “Estaba siguiendo un tratamiento en el corazón, pero los riesgos de sufrir algo (una ataque) eran de más o menos el uno por ciento. Todo eso fue descubierto en los exámenes periódicos que cumplimos”, añadió el guardameta.
Los exámenes médicos ya habían detectado en su corazón alguna anomalía unos meses antes, como denunciaba ayer su antiguo entrenador Mario Sergio: “Se le había encontrado una arritmia, y probablemente había firmado una cláusula de responsabilidad para continuar en el equipo. Por la supervivencia de su familia, habría firmado cualquier cosa”.

EL CORAZÓN ROTO DE UN MISIONERO
´Serginho´ había nacido el 19 de octubre de 1974 en Vitória, capital del estado de Espíritu Santo. Jamás soñó con formar parte de la selección más potente del mundo. No fantaseaba con fichar por alguno de los grandes clubes de su país ni con un traspaso al fútbol europeo. Con 30 años ya no tenía metas mayúsculas, pero Paulo Sergio de Oliveira, Serginho, se sabía respetado en Brasil.

En el São Caetano, club modesto que ha logrado trepar hasta la élite del fútbol brasileño, Serginho era una auténtica bandera desde que llegó en 1999, con el equipo en Segunda. Había superado muchas dificultades para alcanzar el sueño del fútbol profesional, codiciado salvavidas para las legiones de meninos que malviven por todo el país. Un intermediario le sacó de su Vitoria natal, en el estado de Espíritu Santo, donde Serginho combatía las penurias familiares trabajando en una marmolería con 19 años y abocado a una existencia marginal.

Fundado en 1989, sin historia y sin jugadores conocidos, el São Caetano, ese pequeño club del cinturón industrial de São Paulo, consiguió en 2000 el ascenso a Primera y llegar hasta la final del campeonato brasileño, cayendo ante el Vasco da Gama, entonces liderado por Romario. Al año siguiente, el São Caetano también se hizo un hueco entre los grandes del continente:
perdió la final de la Copa Libertadores ante el Olimpia paraguayo, y fue de nuevo subcampeón brasileño.

Se convirtió en un equipo muy querido en Brasil, por su condición de modesto que le plantaba cara a los grandes y porque su paciente y ambicioso juego de toque respondía a la más autóctona sensibilidad futbolística.
Serginho integraba la columna vertebral de aquel conjunto. En lo personal, había abrazado la fe evangélica durante la convalecencia de una lesión craneal en 1998. Casado, con un hijo, e integrante de la asociación Atletas de Cristo, solía proclamar que su función en la vida era ser “un misionero en el reino de Dios a través del fútbol”.

Fuente: AP / ACPress.net

13 Nov '04

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