CREU – EN DEFENSA DE LA VIDA


Comisión de Representatividad Evangélica del Uruguay

MONTEVIDEO, Julio de 2002.

A modo de presentación.
Los cristianos evangélicos de esta nación, la República Oriental del Uruguay, estamos muy preocupados por las intenciones de despenalizar el aborto. Por ello presentamos este documento que tiene como bondad en si mismo un enfoque pastoral y bíblico que consideramos pertinente a nuestro tiempo.
Una pregunta que todos debemos responder con honestidad es: ¿debiéramos prestar protección legal a cada uno de los seres humanos de esta nación, desde el comienzo de la vida hasta la muerte natural de cada individuo? O bien, ¿la ley deberá establecer una discriminación contra clases enteras de seres humanos, permitiendo que se las mate?
Nuestra Constitución reafirma en diversos enunciados el valor de la vida humana y como el Estado a través de sus Poderes, y toda la ciudadanía en general, deben proteger el derecho de cada ser humano a la vida.
Nunca en los tiempos de nuestra post-modernidad, con contadas excepciones, se ha considerado la utilidad económica o social de una vida humana individual como requisito para justificar o no la continuidad de su existencia.
Nunca en los tiempos modernos, el Estado ha otorgado a uno de sus ciudadanos el derecho legal absoluto de decidir la muerte de otro con el fin de resolver sus propios problemas personales, sociales, económicos o de vergüenza por los desórdenes de su conducta inmoral.
Lo importante no es aceptar vagamente que la vida humana es más humana luego de nacer que antes de nacer. Lo crucial es decidir si se trata de vida humana o no. ¿Habrá quien tenga la autoridad de tomar esa tremenda responsabilidad?
La despenalización del aborto puede abrir las puertas a otras consecuencias negativas para nuestra nación.
Preocupados por toda esta situación, presentamos el siguiente documento.
COMISIÓN DE REPRESENTATIVIDAD EVANGÉLICA DEL URUGUAY
Montevideo, Julio de 2002.

EN DEFENSA DE LA VIDA Y SU DIGNIDAD

Introducción
“Para el médico, el hombre es carne y hueso; para el maestro, es cerebro e intelecto; para el predicador es el alma forrada por el cuerpo; pero para Dios es ‘mi imagen’, un ser creado para escalar las alturas o para perderse en el polvo”.
Con este párrafo comienza el libro “Tesoros en el cielo”, de M.Lunn. Y es ese ser creado por Dios a su imagen, el que nos ocupa ahora; su comienzo, su fin, los distintos estadios de su vida, y, especialmente, qué lugar o derecho puede caberle al mismo hombre para intervenir en ellos con el propósito de acelerarlos, retardarlos, reducirlos o concluirlos.
Como cristianos evangélicos, queremos pensar con la base siempre cierta de la Biblia, la Palabra de Dios. Y, particularmente ahora, en el tema de la despenalización del ABORTO. Debemos decir que no tenemos en la Biblia un mandamiento que diga: “No abortarás”. Pero, aunque no se encuentra en las páginas bíblicas, y tendremos que argumentar con el espíritu del Libro y no con las palabras propiamente dichas, también es cierto que hay mucho para decir.

El valor de la vida
Si el hombre fue creado por Dios, significa que antes de él, como criatura divina, hubo vida (la del Creador) y que la suya es sólo una consecuencia de aquella que es eterna. Por lo tanto, aún su capacidad de procrearse es sólo un don del Creador del cual un día tendrá que dar cuenta ante Él. Reconocemos la vida desde antes aun de la concepción de un nuevo ser en el seno materno por la unión física de un óvulo y un espermatozoide; sin el respaldo de Dios, esos elementos físicos no producirían ningún efecto con su acercamiento.

Toda vez que el acoplamiento físico se produzca en el momento y la circunstancia adecuados, se inicia una nueva vida.
¿Tiene el hombre derecho de interrumpirla en algún momento? Creemos que no. Ese embrión recientemente formado ya fue visto por Dios y en el registro divino ya “estaban escritas todas aquellas cosas que luego fueron formadas, sin faltar ni una de ellas”(véase Salmos 139.16). ¿Será el “mapa genético”, el ADN?
Si vamos a la etimología, “abortar” significa terminar anticipadamente un plan o programa que ya se había iniciado.
El vocablo se usa comúnmente en las películas con acción bélica cuando un ataque que está programado y en proceso de ejecutarse, recibe la orden de ser dejado sin efecto. Abortarlo significa entonces que el plan original se interrumpe y se lo deja sin efecto.
Con el embarazo la vida YA había comenzado; abortar significa el fin de la vida, se le mata. Entendemos que no existen etapas en que el embrión aún no fuese un individuo único y diferenciado; por lo tanto no hay etapa en la cual ese embrión no fuese un ser en sí mismo.
Terminar con él sería matarlo, y eso sí está expresamente legislado en las páginas bíblicas: “NO MATARÁS”. Por eso decimos NO a la despenalización del aborto.
Hay argumentos que se esgrimen como “razones” sociales, económicas, biológicas y culturales para pretender justificarlo. Preguntamos: si Dios ha planeado algo, ¿quién es el hombre para pretender entrometerse en esos planes?
Tal vez nuestros esfuerzos no debieran canalizarse hacia la interrupción de esos embarazos, eufemísticamente llamados “no deseados”. El óvulo y el espermatozoide no se encuentran por casualidad en la calle, en un centro de estudio o trabajo u otra circunstancia semejante. Cuando un hombre y una mujer se encuentran en las situaciones que pueden dar por resultado un embarazo, el comienzo de una nueva vida, tienen conciencia de lo que hacen y en alguna forma “lo desean”.
Tal vez nuestros esfuerzos, SÍ, debieran di rigirse a educar con valores morales y espirituales a nuestros semejantes, que son nuestro “prójimo”, dándoles elementos positivos que los orienten. Al decir del teólogo contemporáneo John Stott, “nuestra tarea será ayudar a las madres embarazadas a superar aquello por lo cual se niegan a tener el bebé y asegurarnos de que reciban todo el apoyo personal, médico, social y económico posible”. Y que ellas lo sientan así, añadimos. Un buen consejo y orientación profesional, sea de un médico, de un asistente social o sicólogo, o de un consejero espiritual, surtirá, en la mayoría de los casos, el efecto de que el intento abortivo cambie.

Un planteo positivo
Hay diferentes modos de presentar un frente de ayuda a esas madres, que, por el propio estado de embarazo, pasan por diversos momentos de inestabilidad emocional, y quisiéramos dedicar el resto de este documento a plantear algunos.

1 – Sin desmedro de lo que a nivel estatal se pudiera hacer (¿o se debiera hacer?), en las Iglesias deberíamos dedicar más tiempo, energías, dinero y personal, a solucionar el problema que pueden estar enfrentando estas futuras mamás, justamente respecto al futuro de sus hijos. Si se concretara la formación de equipos multidisciplinarios cristianos en los cuales se traten las situaciones que se presenten, o a los que se pudiera enviar a tales mujeres, habríamos adelantado mucho camino.
2 – Tal vez haya quienes no podrían sobrellevar la carga de otro hijo por diversas circunstancias; también es cierto que
generalmente hay listas de parejas casadas, estériles, que ansían adoptar un niño. Como dice la Madre Teresa: “combatimos el aborto con la adopción”. Los profesionales de la salud y de las normas legales, y los legisladores del sistema político, debieran buscar fórmulas más ágiles para que se pueda lograr la adopción en tales casos.

3 – Algunos de los argumentos favorables a la interrupción del embarazo se basan en los casos de fetos en los cuales se hayan detectado anomalías más o menos graves. Si bien, dentro de éstos, hay casos de malformaciones muy graves, lo que más necesitan estas madres es la orientación y apoyo personales y aún la ayuda de los distintos movimientos que se ocupan particularmente de ellos. Al decir de la fundadora de uno de estos movimientos, “en lugar del aborto, ofrecemos ayuda; creemos en la creación de un mundo mejor para los bebés que lleguen, en vez de matarlos”.

4 – De ninguna manera debemos olvidar que como cristianos evangélicos, tenemos la mejor alternativa para hombres y mujeres en cualquier situación que se encuentren: es el Evangelio de Jesucristo. Él, Jesucristo, es la solución para la problemática del ser humano en todas sus circunstancias. Él provee a cada persona que crea en Él, de vida nueva, vida eterna, y la capacidad para vivirla en toda clase de situaciones, tanto favorables como desfavorables, con la victoria que proviene del hecho de una cruz vacía, porque hasta la muerte fue vencida.

Y esto no se agota aquí; la iniciativa puede seguir en otras formas de expresión como programas radiales o academias
culturales, que enfoquen la paternidad responsable y el fortalecimiento de la figura materna.

A modo de conclusión
Hay finalmente, dos conceptos que creemos los cristianos evangélicos, son de valor determinante en la reflexión de este
importante tema en defensa de la dignidad de la vida.

Primero: sea quien sea que aborde el tema, debe considerar los aspectos éticos y morales del mismo. Estos dos aspectos debieran ser más trascendentes a la hora de tomar decisiones que los mismos réditos políticos. Debiéramos todos, como sociedad, acercarnos a este tema con profundo respeto por el valor de la vida y su dignidad. El profesional de la salud, el administrados del sistema legal del país, los señores legisladores de la República, todos los ciudadanos del país, debiéramos considerar que nuestras madres decidieron no abortar en nuestra propia gestación. Nuestros padres asumieron la responsabilidad de la gestación y de la consiguiente maternidad.
Segundo: siendo que hay muchos compatriotas que en momentos de desesperación y frustración, llegaron a la terrible decisión de abortar o interrumpir la vida iniciada, y que hoy sufren de sentimientos de culpabilidad y no pueden mitigar el dolor y la carga de conciencia por la decisión tomada, queremos como pastores y líderes de las Iglesias Evangélicas, indicarles que hay un camino de restauración y sanidad interior. Hay consuelo y nueva orientación en las enseñanzas y principios cristianos, claramente expuestos en las páginas de la Biblia, Palabra de Dios, el Autor de la Vida.
Este documento EN DEFENSA DE LA VIDA Y SU DIGNIDAD, ha sido el fruto de la reflexión de muchas personas que trabajaron bajo la cobertura de la CREU (Comisión de Representatividad Evangélica del Uruguay), y cuenta con el apoyo moral y espiritual de una comunidad integrada por varias instituciones de servicio, y por más de setecientas Iglesias Cristianas Evangélicas en el Uruguay.

Iglesia En Marcha.Net

3 Sep '04

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